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Vemos
probado actualmente que los mitos son fábulas cuando no
acertamos en su interpretación,
y son verdades cuando descubrimos
el real significado que los antiguos lo comprendieron.
Nuestra
ignorancia ha convertido en mítico lo histórico.
Pococke
Antes de la caída
en la Edad Tenebrosa, las civilizaciones disponían de sus
científicos, técnicos y magistrados; conocedores
de la Sabiduría Arcana, estos filósofos e iniciados
en general transmitían su conocimiento tanto a quienes
se iniciaban en los templos como al pueblo en general, a la sociedad
que servían y de quienes eran nobles guías, algo
tan extraño hoy día - debido quizá a la falta
de motivación que siente actualmente el ser humano - que
hasta provoca suspicacias. El recuerdo inconsciente de esa época
remota es fuente de inspiración del idealismo romántico.
H. P. Blavatsky en su obra Isis sin Velo afirma: "En la antigüedad la religión y la ciencia estaban tan estrechamente unidas como hermanas gemelas y fueron las dos una y cada una ambas, desde el momento de su aparición. De la propia suerte, mientras la religión y la ciencia constituyeron una dualidad unitaria acertaron infaliblemente, porque la intuición espiritual suplía la limitación de los sentidos corporales. Pero en cuanto se separaron por desdoblamiento, la ciencia desoyó la voz de la intuición, al paso que la religión degeneró en teología dogmática. Una y otra fueron desde entonces dos cuerpos sin alma.
Los mitos, en ocasiones, pueden parecernos algo arcaico y rudimentario cuando no fruto de la calenturienta imaginación de algún atrasado pueblo; la causa reside en que no somos capaces de descifrar más allá de lo que nuestros prejuicios nos permiten aceptar. Muchas veces los mitos - más allá de la estupidez de nuestra soberbia - se nos presentan como piezas de rompecabezas que forman inquietantes jeroglíficos de conocimientos tanto históricos como científicos; hasta que no descifremos el significado de la mayor parte de las piezas, no podemos comprender el sentido de los jeroglíficos que conforman.
Los mitos que encierran
hechos históricos o conocimiento científico, poseen
como norma general una
serie de indicios o detalles significativos
fuera de la lógica que le suponemos a la civilización
en que los encontramos. Estos enigmáticos
detalles van adquiriendo sentido y coherencia a medida que avanza
nuestro propio desarrollo y se amplían las perspectivas
en el campo de la interpretación; lo que nos hace pensar
en la existencia - en un remoto pasado - de civilizaciones tecnificadas
con un elevado nivel de conocimientos que desaparecieron seguramente
a causa de la irrupción de algún cataclismo geológico
o bélico.
Los textos antiguos, el legado de nuestra historia, han sido gravemente afectados por la ira de la ignorancia y el fanatismo. Multitud de Centros del Saber en Babilonia, Alejandría, Cartago, Bagdad, Jerusalén, Roma y Cuzco, entre otros sagrados lugares, fueron saqueados y arrasados, innumerables textos incendiados y destruidos siendo sus defensores torturados y asesinados; a menudos, estos mártires han pasado a la historia como peligrosos herejes y sus verdugos como santos.
Con todo esto, sólo
nos quedan esos detalles significativos que comentamos, ya que
la misma incomprensión de su significado los protegió
del fuego y la adulteración.
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