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La
policía estatal fue colocado en estado de alerta. Las unidades de la Guardia
Nacional siguieron el mismo camino.
La
orden fue terminante y concisa: “Nadie puede entrar o salir de Tomville sin
una orden previa y escrita”. ¿En dónde sucede esto? Pues en plena democracia
y en los Estados Unidos.
Un
estado de emergencia ha sido declarado. Los periódicos locales han sido
callados por loas “buenas mientras que las agencias informativas
internacionales declaran “desconocer” el caso Tomville. Los turistas y
viajeros que se acercan a Tomville son alejados a cajas destempladas por la pétrea
unidad especial colocada allí al efecto.
Nadie
puede acercarse en un radio de veinte millas que rodea a la pequeña ciudad como
una garra de acero y silencio.
Los
oficiales del tipo medio de la capital de Washington hablan en susurros sobre
Tomville. Para ellos la palabra es solo una. “Tomville no existe”.
Para
muchos es el escándalo más grande desde el Watergate, y lo peor de todo es que
ese escándalo aún no estalla. Se mantiene latente como un cáncer que crece
comiendo desde dentro hacia fuera.
Coloque
usted a Tomville en algún lugar del Medio Oeste, no importa exactamente la
situación porque ya se sabrá en su momento oportuno, o quizás no llegue a
saberse nunca. Hasta que la barrera oficial no sea eliminada, Tomville no
existe.
El
problema comenzó a manifestarse a principios de 1976. En aquella oportunidad,
el jefe de la policía local Bob Bixby se encontró de buenas a primeras con las
manos llenas de adolescentes que abandonaban sus hogares. Para un poblado
relativamente tranquilo, con poco crimen y en el cual casi todo el mundo conocía
al vecino aquello era increíble. Sólo en el mes de noviembre el jefe Bixby
tuvo más casos de “escapados” que durante los diez años anteriores.
Pero
esto sólo es el comienzo.
Para
el mes siguiente, diciembre, las cifras doblaron las estadísticas de noviembre.
Aquello se convertía en un caos. Para aquellos que no creen las cosas a no ser
que las vean impresas, aquí les va la prueba efectiva:
Por
aquel mes (cuando aún no se había establecido el silencio oficial) el periódico
Rocky Mountain News se refirió específicamente al caso de los escapados dándole
categoría de titular en primera plana. Tras de este periódico (el de más
circulación en el área) todos los otros publicaron la noticia. De la noche a
la mañana todo cambió. Era como si una cortina de cristal cayera sobre
Tomville. Podía verse pero no oírse.
Afortunadamente
nuestros reporteros fueron capaces de recoger la mayor parte de los hechos antes
de que la cortina cayera. La mayor parte de los datos directamente de ciudadanos
que lograron salir antes de que el pueblo fuera rodeado por una unidad especial
con uniformes sin insignias. La ley marcial fue declarada en Tomville.
Nadie
podía abandonar su casa pasadas las diez de la noche. Las calles eran
patrulladas toda la noche. Todo lo que se oía era ominoso resonar de las botas
militares en el asfalto y la piedra. Los “clicks” de los rifles y las voces
de “alto”.
Tomville
comenzaba su reinado de terror.
De
acuerdo con los datos extraídos de los archivos no menos de dos mil
adolescentes y niños desaparecieron de Tomville en aquellos meses. De acuerdo
con el almanaque de 1975, Tomville tenía una población de 6.500 personas. ¿Se
imaginan lo que es la desaparición de una tercera parte? Hoy en día no hay niños
en Tomville. También existe el caos. A pesar de los impenetrables muros de la
censura y la ley marcial, se ha podido saber que los residentes están a punto
de formar una revuelta para demandar su libertad. Quieren entrar y salir de
Tomville con la libertad a la que estaban acostumbrados y en la cual fueron
educados. La libertad de la democracia representativa. Y de aquí y de allá
comenzaron a correr el rumor, sólo un rumor. Se decía que Tomville estaba
tomada por extraterrestres. Por seres de otros mundos. Esto explicaría muchas
cosas; la ley marcial, el círculo de armas y hombres alrededor de la población.
Lo cierto es que el gobierno hasta el momento no hace la menor alusión a lo que
sucede en Tomville.
¿Cómo
puede suceder algo así en pleno siglo veinte y en el país de la libertad? Quizás
un simple dato geográfico ayude a explicar la situación.
Los
Estados Unidos poseen más de la mitad de su territorio con una densidad de
población de menos de cinco habitantes por milla cuadrada. Estamos
acostumbrados a las grandes ciudades, al movimiento de los aviones, a la
televisión y el periódico diario. Pero hay lugares remotos, lugares como
Tomville.
Algunos
osados reporteros trataron de conocer lo que pasaba en la capital. Todo lo que
lograron fueron elusivas y educadas respuestas de secretarias “no sabemos de
qué habla”.
Los
representantes de la prensa controlada guardaban (y guardan)
el más pétreo
silencio. Un intento de acercarse a Tomville por carretera fue detenido
abruptamente a veintidós millas exactas de su centro. Cuando soldados vestidos
con un curioso uniforme de campaña y sin insignias detuvieron el auto y cortés,
pero enérgicamente le indicaron a punta de rifle que diera la vuelta.
Otro
intento en avioneta Cessna sólo mostró un poblado con las calles vacías y en
plena tranquilidad.. ni un alma a la vista.
Rápidamente
hubo que alejarse cuando un jet de medios oficiales describió dos pasadas
tronantes que estremecieron el Cessna desde las hélices hasta la cola. Sin
embargo aún quedaba la fuente de los que habían logrado escapar antes de que
el círculo de acero cerrara la población. Sus palabras fueron grabadas en tape
y retenidas como prueba de que Tomville no es una fantasía.
Joe
Bert, 85 años, retirado, veterano de la Guerra Mundial.
-No
entiendo nada de esto, hijo. Vi desaparecer a mis nietos de la noche a la mañana.
Mis nietos se llaman Bob y Jim. Sus edades de 16 y 17 años si mal no recuerdo.
Cuando se es viejo falla la memoria. Me reunía con los viejos amigos en la
tienda de Sarah. Allí comentábamos lo que pasaba. Nadie podía encontrar una
explicación. No sabíamos de Bob y Jim desde meses atrás. No había razón
para que Bob y Jim desaparecieran de la noche a la mañana. Todas sus notas en
el colegio eran
buenass y practicaban como regulares en el equipo de pelota local.
No entiendo nada. Quizás me esté haciendo muy viejo.
Aarón
Heines, 47 años, principal de la escuela secundaria.
“Mis
aulas estaban vacías. No había alumnos. Todos mis muchachos desaparecieron de
la noche a la mañana. Y no estoy hablando de un aula específica, no, hablo de
todas mis aulas. Posiblemente quedaban 50 0 60 niños en la ciudad, pero los
padres los tenían guardados bajo llave como si fueran de oro. Todo el mundo temía
y nadie hablaba. ¿Dónde estaban los niños? Nadie lo sabía. La ciudad estaba
volviéndose loca, realmente loca. A veces sentía una risa a mis espaldas en la
calle. O un llanto. Eran mujeres que caminaban solas por la calle. Mujeres
buscando a sus hijos. Todo el mundo comentaba que había extraterrestres en el
pueblo. Nadie los había visto pero algo estaba mal, muy mal.”
El
periodista interviene:
“¿Se
han visto platillos voladores últimamente?”
“¿Platillos
voladores? ¿Cómo esos que ponen en las películas? No. Realmente creo que no.
Ese es el problema menor en Tomville. Nadie pensaba en platos volando en el
cielo. El problema era real, y estaba entre nosotros allí mismo. Nadie confiaba
en nadie. Amigos de la víspera se negaban el saludo en la calle, todos se
miraban con desconfianza. ¿Quién era quién? Nadie podía saberlo. A lo mejor
el tipo que nos ofrecía la mano estaba tratando de raptarnos. Quién sabe.
Fue
por esto que decidí marcharme de la ciudad. Se lo dije a mi esposa. Le dije
“vámonos antes de que nos toque el turno” eso le dije.
Nueva
interrupción del periodista:
“Pero
¿no eran niños los que desaparecían?
“Niños?
Claro que desaparecían los niños, pero esto era distinto. A los mayores los
tiroteaban. Disparos que partían del aire. Nadie sabía cómo ni cuando.
Personas que caían al suelo ensangrentadas. Los hospitales se negaban a
permitir visitas para aquellos tiroteados. Todo esto hasta que llegó el ejército,
la locura.”
El
principal rompió en sollozos. El tape registró sus desesperados sollozos por
un minuto largo. Quedamos en silencio.
Joe
Cavalas, 20 años, estudiante, reportero aficionado.
“No
quiero verme envuelto en esto. Como tengo sólo 20 años sé que me están
buscando. Estoy en la edad precisa. Puedo desaparecer en cualquier momento., por
eso escapé de Tomville. También porque todo estaba cambiado. No sé cómo
explicarlo. El poblado estaba allí, eran las mismas calles y los mismos
edificios, pero en el fondo no era así. ¿Usted ha visto una decoración en el
teatro? ¿Cosas que parecen reales y no lo son? Esto era la impresión que yo
sentía en mi pueblo. Allí tiene el ejemplo de Charlie Hawkes el cartero. Lo
conozco desde que nací prácticamente, me llamaba Bud. No es mi nombre, pero
siempre me decía Bud. Día a día hasta que un día de repente dejó de
llamarme Bud. En realidad ni siquiera me miraba cuando abría el buzón.
Recuerdo perfectamente que Charlie era derecho, y al final se volvió zurdo.
¿Qué
quiere usted implicar? –analiza el periodista.
“Quiero
decir que ese no era Charlie, caminaba como él y hablaba como él, pero no era
Charlie. Y lo mismo podía aplicarse a varias personas como la maestra Hélice
Dobbs y el fotógrafo del periódico llamado Jean Picker. Quizá yo esté
equivocado. Quizá todo lo que veía era producto
de mi imaginación y aquellas personas seguían siendo las mismas...
quizás...
La voz te interrumpe.
Hay
una pausa V Por fin la voz del periodista.
"¿Cuándo
dejó el poblado...?"
"Hace
dos semanas (esta entrevista se hizo durante las primeras semanas de Diciembre
1977)... me marché cuando fui testigo de un asesinato en la calle. Allí
frente al periódico. Un hombre al que conocía de vista llamado Pete... cayó
al suelo ensangrentado. Oí los disparos pero no se sabía de donde provenían...”
"¿Vio
usted algún asesinato directo...?"
"Sí...Maude
Gackson, trabajaba como camionero en una fábrica de cerveza cercana. Sus cinco
hijos en edad escolar desaparecieron sin dejar rastros. Edades entre 13 y19.
Maude se volvió como loco. Se paraba en todas las esquinas diciendo que su
vecino era un extraterrestre...hasta una noche en que arremetió contra la casa
de Harold Peterson...este es el nombre del vecino... o era...Maude destrozó el
portal y de paso aplastó a Ethel la esposa de
Harold. Después tomó una escopeta de dos cañones y le voló los sesos
a Harold...esto fue lo último que aguanté.
"Usted
cree que los muchachos han sido raptados por extraterrestres...?"
"No
sé... antes de marcharme hablé del asunto con el editor del periódico... Angie
Benson, éste quedó de acuerdo conmigo en una cosa...
si los
extraterrestres estuvieran buscando muchachos saludables esos estaban en nuestro
pueblo..."
"'¿Por
qué...?"
"Tenemos
un adecuado programa de salud social. Somos una especie de ejemplo para la
comunidad... creo que un programa experimental o algo así... lo cierto es que
la comida era la correcta, el ejercicio controlado, inmunización contra
enfermedades gratis, exámenes físicos periódicos... todo.
"De nuevo..,¿por qué extraterrestres...
? ¿y que harían con los
muchachos...
?"
"No
tengo idea."
"¿Vio
usted algún platillo volador?"
"No..,pero
una noche antes de marcharme decidí subir a los tejados del periódico con
Angie. Pensábamos pasar la noche en vela para ver platillos o lo que sea. Poco
después de medianoche apareció en la azotea nuestro fotógrafo, Jean Picker,
¿recuerda que le hablé de él...?, bueno...Jean nos miró burlonamente y después
Señaló el cielo estrellado. Señores... nos dijo, ésta noche no hay platillos en
el cielo. Nos quedamos asombrados. Jean no hablaba de aquella forma...
y muchísimo
menos nos trataba de señores... ¿entiende?"
Aún
faltaba el testimonio más importante de todos. El segundo jefe de la policía
en Tomville, Richard Lawes. Este abandonó la fuerza de policía compuesta de 11
hombres tras de presentar su renuncia. Está convencido de que el jefe Bixby es
un extraterrestre, o por lo menos que está en contacto directo con ellos.
He
aquí su declaración :
"Todo
el mundo se marchaba a la cama bien temprano en Tomville. Era parte de ese
experimento de salud por parte del Gobierno. Era la noche de Diciembre 5 1977,
Me encontraba de patrulla en la perseguidora. Por las afueras de la ciudad. Todo
estaba tranquilo y en el cielo la luna brillaba intensamente.
Recuerdo
que eran las 12 y 30 porque a la una en punto tenía que llamar al cuartel y
reportar.
De
repente vi que aquello que parecían estrellas cercanas estaban en movimiento.
Era como si cinco de ellas se desprendieran del cielo acercándose a mí. Cinco
luces que se tornaron gigantescas según se acercaban a una meseta distante una
milla de mi lugar. Cuando llegaron sobre la meseta ví que su color era blanco
brillante, Giraban en una especie de círculo gigantesco. Tomé el micrófono y
me comuniqué con el cuartel.
"Jefe...
no me va a creer, pero a una milla de aquí tengo un platillo volador"-
grité.
"Tiene
razón Lawes... no le creo una palabra" me contestó en una voz extraña.
Los
siguientes cinco minutos los pasé tratando de convencer al jefe de lo que sucedía.
"Lawes,
no me moleste más hasta que llegue aquí a las seis de la mañana" me dijo
y desconectó el radio.
Esto
me puso furioso. Allí frente a mí comenzaba una invasión de la tierra por
aquellos objetos y el jefe me tiraba el radio. Inmediatamente me comuniqué con
el otro patrullero que se encontraba en el extremo opuesto de Tomville.
"Lonnie
(su nombre era Lonnie Smith)... tengo un platillo volador posado en la meseta
Suroeste, ¿puedes llegarte hasta acá para que me sirvas de testigo...?"
pregunté.
De
nuevo aquel extraño, ominoso silencio.
"Estás
loco Lawes, no me molestes" y desconectó el radio.
"La
frustración casi me hace llorar. Me dieron deseos de sacar la pistola y
emprenderla a tiros con aquella cosa que brillaba a intervalos allí sobre la
meseta. Era como un inmenso animal que respiraba energía. Su resplandor crecía
y disminuía a intervalos...
le repito, tal parecía que aquello
respiraba"
"estaba
solo en el mundo contra una invasión y mis compañeros no me hacían caso."
Un
silencio...una especie de sollozo...
"...y
entonces se iluminó por completo. Era como si hubiesen transformado la noche en
día. Se elevó en el aire. Sus luces comenzaron a girar alrededor del
disco...
cuando estaba a unos quinientos metros de altura... desapareció! Así
sencillamente...de repente ya no estaba allí- Las estrellas brillaban en un
cielo despejado y claro como un espejo. Y la condenada cosa no estaba allí."
El
reportero produce un ruido de admiración y después hace una pregunta :
"¿Tuvo
usted otro encuentro con los extraterrestres, si así puede llamársele...
?"
"Si
fue cuando dos semanas después de esto patrullaba en el turno de día. Estaba
en la esquina de las calles Elm y Market. Frente por frente al colegio de
secundaria. Me habían trasladado para el turno de día desde aquel episodio.
Ah...
se me olvidaba decirle que el jefe Bixby y los otros policías me hacían
un silencio. Un vacío en el trabajo. Era como si yo fuera un apestado entre
ellos. Y desde aquel día me transfirieron al turno de por la tarde. No me
dejaron patrullar más de noche en las afueras. Pues bien...me encontraba
contemplando la Salida de los muchachos, cuando aquello aún no desaparecían en
grupos totales. Los ví a todos. A eso de las tres y cinco minutos, cuando ya
creía que todos se habían marchado arranqué el motor para patrullar otra
zona. Pero en eso vi a dos chicas que se quedaron rezagadas, tenían saliendo
del colegio...riendo y bromeando... de repente desaparecieron al igual que el
platillo. Un instante antes estaban allí y al siguiente no estaban. Me tiré de
la perseguidora llamándolas a gritos. Incluso me coloqué en el lugar en que
estaban mientras que registraba el aire con los brazos. Varios autos que pasaban
se detuvieron mirándome..."
Otra
pausa. El sonido de su sorda respiración agitada.
",.-eso
para mí fue suficiente. Yo tengo una hija de 15 años llamada Carol. y no
estaba dispuesto a que mi hija siguiera el mismo camino...le ordené a mi esposa
que empacara y aquella noche me despedí de Tomville quizás para siempre. Antes
de partir le envié una carta renuncia a Bixby por correo..,diciéndole en donde
había dejado los uniformes y mi arma...
eso es todo."
Hasta
aquí los testimonios en tapes grabados de aquellos que lograron escapar de
Tomville antes dela intervención marcial.
Poco
antes de cerrar la edición recibimos un sobre sellado en Tomville.
En
el mismo una simple nota firmada por Angie Benson, el editor del periódico
local.
A
QUIEN PUEDA INTERESAR. LOS NIÑOS DE TOMVILLE ESTÁN SANOS Y SALVOS. EN SU
MOMENTO DETERMINADO SERÁN DEVUELTOS A SUS PADRES.
Firmado...Angie
Benson.
Le
enseñamos la firma a Joe Cavalas que trabajó bajo las órdenes de Angie. El
mismo que pasara la noche con el editor en la azotea del periódico buscando
platillos voladores en el cielo.
-Es
su firma..,estoy seguro- después esconde la cara entre sus manos.
-Dios...
ya
es uno de ellos...
- susurra.
¿Qué
pasa en Tomville...
?
Esperamos la respuesta de las autoridades oficiales... y el retorno de los dos mil niños desaparecidos.
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