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Thor Heyerdahl pensó que los antiguos habitantes de Polinesia procedían del continente
americano, pero otros especialistas aseguraban que aquellos aborígenes sólo poseían
rudimentarias balsas con las que resultaba imposible cruzar el Pacífico. Heyerdahl no se
contentó con exponer sus hipótesis y construyó la hoy legendaria Kon-Tiki. Junto con
cinco compañeros realizó lo que parecía imposible y pasó a la historia como el hombre
que en 1947 había demostrado la auténtica capacidad que tenían nuestros antepasados
para la navegación. Desde entonces, nadie se atreve a asegurar que con sus pocos
conocimientos y rudimentarias barcas los pueblos antiguos no podían abandonar la
costa.
De nuevo, en 1969, durante un congreso celebrado en Argentina, Heyerdahl escuchó los mismos argumentos aplicados a los egipcios. Por muchas similitudes que existieran entre las culturas africanas y americanas era imposible que Egipto poseyera naves capaces de cruzar el Atlántico. Los egipcios sabían construir barcos con tablas de madera por lo menos 2.700 años A. C., si hubieran cruzado el océano las naves de madera serían conocidas en América, pero sus antiguos pobladores sólo habían conocido las naves de tallos y con ellas era imposible realizar la travesía. Después de todo si los egipcios enseñaron a los americanos a fabricar ladrillos, papel o realizar gigantescas construcciones era impensable que no les hubieran enseñado a construir barcos de madera. Por lo tanto no podía existir semejante viaje. Cuando alguien aseguró que los egipcios habrían cruzado utilizando naves fabricadas con tallos de papiro mucho antes de saber usar la madera en grandes embarcaciones más de un escéptico se rió. En medio del mar los tallos se hubieran deshecho en diez o quince días como mucho. Aquello estaba claro, sin madera la idea resultaba absurda. Así que Heyerdahl retomó el desafío y decidió construir una nave de tallos y cruzar el Atlántico.
USANDO LAS SOLUCIONES DEL ANTIGUO EGIPTO AL PROBLEMA DE LA CONSERVACIÓN DE COMIDA |
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La galleta egipcia, sabrosa y fácil de conservar, fue cocida siguiendo una receta del Museo del Cairo. Una capa de cal impedía el deterioro de los huevos frescos. |
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Los peces voladores resultaron una sorpresa. Caían a bordo siendo fritos para el desayuno o usados como cebos. |
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Los movimientos de la cubierta de papiro rompieron varias jarras (la mascota, Safi, parece encantada con ello). La carne seca y salada se remojaba en el agua antes de su consumo. |
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Muchos indicios señalaban hacia el uso de naves de tallos para realizar grandes travesías; por ejemplo, en las islas Galápagos situadas a 600 millas de la costa existían cerámicas de origen tiahuanaco ¿Cómo habían llegado hasta allí?. Incluso los más escépticos reconocían que este tipo de embarcaciones poseían una considerable resistencia. Con ellas debieron ser transportadas las gigantescas piedras usadas en las construcciones cercanas al lago Titicaca. Olvidadas por el hombre moderno habían sido muy comunes en todo el mundo y Heyerdahl buscó a quien todavía las supiera fabricar.
Heyerdahl recorrió distintos lugares en donde el uso de los tallos era corriente, lo que unido a su experiencia anterior reafirmó sus impresiones preliminares. Sobre todo, años atrás, había quedado sorprendido con la isla de Pascual en donde dedujo que únicamente el uso de barcas de tallos había permitido al ser humano alcanzar la isla más solitaria que se conoce. Cada cosa que veía le convencía cada vez más de estar en el camino correcto. Ya no lo dudó y comenzó el trabajo de reconstruir y traer a la época moderna un barco de papiro desde el pasado más lejano del ser humano. Curiosamente fueron elegidos por sus cualidades y tradiciones ancestrales los tejedores de los lagos del Chad, en lo más interior de África, aunque jamás habían trabajado en la confección de una embarcación de grandes dimensiones y menos todavía pensada para navegar en mar abierto.
Usando 12 toneladas de papiro y gracias a las indicaciones del mayor experto en naves antiguas que por casualidad se encontraba por aquellas fechas en Egipto, el historiador sueco Björn Landström, fue construida la primera Ra, con sus 17,7 m. de eslora y 5,5 de manga. Si construir la embarcación no fue una tarea sencilla, reunir a la tripulación y poner el barco en el mar fue toda una odisea repleta de problemas técnicos, económicos, y políticos, pero por fin el 25 de mayo de 1969 comenzó la aventura de demostrar los verdaderos conocimientos sobre navegación que les permitió a nuestros antepasados llegar hasta los confines más remotos del planeta.
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LOS PROTAGONISTAS DE UNA EXPEDICIÓN INTERNACIONAL |
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Nada más comenzar la primera jornada las cosas se complicaron. La gripe había atacado a Norman y su temperatura era de 38,7 grados. A Santiago, que presentaba un eccema en la cintura, parecía que el mar la empeoraba y pensaron que podría ser tiña. A principios de la tarde se rompieron las dos espadiñas que servían para gobernar la nave, quedando prácticamente a la deriva.
Un tipo de embarcación que nadie había pilotado en cientos o miles de años y la falta de experiencia marinera de los hombres que componían la expedición resultó una combinación desastrosa. Pasaron los días dejándose arrastrar por la corriente que les impulsaba hacia América. Las tormentas azotaron al Ra repetidas veces. Ninguno desfalleció. Incluso en estas circunstancias, cuando al cuarto día una pequeña flota de pesqueros chocó con ellos, la linterna de Heyerdahl transmitió en plena noche "Ra. OK. Ra. OK". Los barcos hicieron caso al mensaje en morse y continuaron.
Contrariamente a lo que habían afirmado los expertos el papiro no se descompuso en el mar. Los tallos secados en el desierto cambiaron su color amarillo-grisáceo por el de un brillante dorado dejando su aspecto quebradizo y frágil. Ahora eran duros y elásticos como la goma. A las tres semanas seguían flotando sin ningún problema.
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Transcurrido un mes se encontraban a mitad del recorrido programado. El Ra destrozado tuvo que ser abandonado y la tripulación rescatada por el yate Shenandoah. |
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Tras sufrir un sinfín de calamidades y la última gran tormenta, para el 16 de julio el Ra era una sombra de sí misma. Casi partida por la mitad y con su mástil bípode cortado resultaba ingobernable. Los tiburones hicieron su aparición junto al yate Shenandoah que acudía a rescatarles. Los informes del tiempo avisaban de nuevas tormentas. Incluso tras la última el Shenandoah había sufrido averías en sus bombas y un motor diesel no funcionaba. Urgía subir al yate e irse lo antes posible, pero los hombres del Ra querían continuar y terminar la travesía. Para Heyerdahl no resultó sencillo tomar la decisión de abandonar.
Habían recorrido 5000 km. bordeando África y adentrándose lo suficiente en el Atlántico como para demostrar que los egipcios podían haber llegado hasta América con un barco similar. Después de todo la hazaña del Ra era extraordinaria, pese a los fallos en su fabricación y la inexperta tripulación. Si en lugar de comenzar la aventura desde el puerto de Safi en Marruecos lo hubieran hecho desde el Senegal, mucho más al sur, habrían atravesado el Atlántico y estarían navegando por el Amazonas, pues la distancia que separa a los dos continentes es de unos 3000 km.
Traspasaron todo lo que pudieron al Yate y dejaron su embarcación de tallos flotar a la deriva. No merecía la pena arriesgar ninguna de sus vidas. La tristeza les envolvió. Pese a todo, en el fondo sentían el amargo sabor de la derrota. Sabían perfectamente que los escépticos no admitirían su experiencia como una demostración. Así que era imprescindible comenzar la construcción del RA-II lo antes posible.
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