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    "¡Buenas ¡ ¿A dónde?". Con esas palabras cómo si de un abracadabra urbano se tratará se inicia el recorrido por los misterios de los taxis. Pocas personas se habrán parado a pensar quiénes antes que ellos se habran sentado en los sillones traseros de esos vehículos de alquiler, dispuestos en cualquier momento a llevarles a dónde lo necesiten. Y muchos menos se habran preguntado algo acerca de lo que pudiera pensar, haber vivido, haber visto, ese señor que continuamente ejerce la profesión de aferrar fuerte y prudentemente un volante, por lo que terminamos creyéndenos que meramente es identificable por su espalda y cogote, el cual obligadamente nos debe dar durante todo el trayecto.

    Sin embargo ni que decir tiene que muchos de los profesionales del taxi, además de carnet , un bonito taxímetro y una sonrisa cordial poseen experiencias, vivencias que podrían sorprendernos.

    Quizá la conexión cliente-conductor esté barrada igual que las cristaleras de muchos de estos vehículos. El tiempo, la vida de cada cual hacen que pocas veces se puedan llegar a los puntos cordiales necesarios para la confidencialidad. !Lástima¡, ese señor no podrá explicarnos lo que sintió mientras le robaban a punta de navaja la semana pasada en una céntrica calle de la metrópolis. Nunca sabremos que un niño fue parido y abrazado por primera vez en esos mismos asientos donde hacemos nuestro trayecto. La culpa, la larga distancia o esa lenta circulación. No sabremos que ese taxista fue testigo mudo de un romance ilícito y apasionado entre dos personas desconocidas o famosas; o como lloró viendo a aquella pareja de yonkis tan jóvenes...Circunstancias cotidianas que cada día se repiten en nuestras calles y carreteras, por dónde circulan los taxis y sus leyendas privadas.

    Pero más allá de lo cotidiano también se suceden las extrañas anéecdotas, seres extraños que utilizan este medio público de transporte. También se nos pasarán desapercibidos casos de testimonio ovni, observaciones de objetos desconocidos durante largos trayectos en el que el cliente y profesional se ven obligados a compartir experiencia. Puertas que se abren sin que nadie entre en el habitáculo trasero.

Clientes que desaparecen en marcha sin que se hayan abierto las puertas.Un mundo de misterio que al parecer también viaja en taxi. Pero del que no sólo es testimonio activo el taxista, los casos en que clientes han vivido una alucinante historia también se han dado. Taxis que aparecen por un determinado trayecto a la misma hora repitiendo un fantasmal viaje. Rostros de personas desconocidas que aparecen en el retrovisor delantero del auto. Taxistas "especiales".  

    Cómo producto del desarrollo demográfico y económico, al que venía apoyando el tecnológico, surge a principios de siglo XX un tipo de transporte nuevo personalizado a cuatro ruedas. Es hijo de la obligación. Cuando los medios más voluminosos y de mayor capacidad como el tranvía cierran sus puertas a horarios establecidos y los trenes duermen en sus estaciones, las personas que no disponen de vehículo deben solventar su problema llamando a un taxi. Y eso ocurre en las ciudades, en los pueblos incomunicados en ese albor de siglo, sin otros medios, se les hacen igualmente imprenscindibles. Siempre hay una urgencia y siempre alguien al volante de un taxi. Los más vetustos y antiguos resultan los británicos, siendo además en ellos donde más fenomenología de lo extraño se ha podido reportar.  Los más famosos de coloridos tan chillón como amarillo se pasean por New York, a ellos se les atribuye los casos más intrigantes (a parte de que también sufren un mayor ataque violento por parte de los usuario).

    Blancos como osos polares recorren los taxis Madrid. A veces  son los más anecdóticos. Al parecer -según los profesionales del volante de esa zona- son los que transportan gente de lo más enigmática. Los canarios enlutados de Barcelona son igualmente reconocibles por los usuarios de todo el mundo. Y todos ellos con mayor o menor medida ofrecen esa "historia oscura" a quién quiera pararse a escucharla.

Nosotros lo hacemos rescatando los fenómenos más recurrentes, las anécdotas más extrañas, los mitos más arraigados. Pero también intentando buscar una explicación

lógica a la leyenda, que cómo todo guarda un punto de partida.

 

Los locos años veinte. Manchas de sangre y espíritus de famosos personajes viajando en taxi

    La ilegalidad del alcohol en Estados Unidos quizá fue la causante de una masiva sociedad de tráfico ilegal de productos etílicos. Los "fuera de la ley",  sabedores de los riesgos que corrían se agruparon en sociedades hamposas para poder tanto realizar su negocio como encontrar la protección a los mismos. Pero también la competencia entre estas "familias mafiosas" se convirtió en un peligro a evitar. Los asesinatos en las calles eran un hecho corriente y el sonido de las balas se transformó en un miedo social, so bretodo durante la noche.

    ...En el turno nocturno, los taxistas  -sobre todo los de Chicago- tenían que hacer de tripas corazón. Muchos taxis de esta ciudad empezaron a ser utilizados por los jefes mafiosos y sus secuaces. La idea era despistar así a sus contrarios que no seguirían estos transportes públicos. Se sabe que Al Capone los utilizaba frecuentemente en sus juergas nocturnas. Pero pronto el camuflaje dejó de funcionar y los taxis con sus polémicos ocupantes terminaron entrando en el juego de las persecuciones y de las balas. Naciendo una leyenda...La del mafioso muerto a bocajarro mientras viajaba en un taxi metropolitano. El taxi en cuestión llamado cariñosamente  Betty-fly terminó estando poseído por el alma de este "negociante". El dueño aseguraba que a veces mientras viajaba solitario escuchaba las risas macabras del difunto...terminó por vender el auto en 1927...cuando en uno de los trayectos realizados con pasajero vió como éste no era el que se reflejaba en el espejo retrovisor, sino la mirada amenazadora del mafioso Jossepe. Pero la historia no termina ahí. Betty-fly fue comprada por dos jóvenes hombres que vieron una ganga en su precio. Repartidos en turnos se dispusieron a continuar con el negocio del taxi, pues compraron también la licencia. Hacia Marzo de 1930 ocurrió algo muy curioso que relataron  los rotativos de la época: el más joven llamado Carlo Visotto conducía a intespestivas horas dándose prisa para recoger a un cliente cuando de repente oyó unas risas en la parte posterior del coche. Miró por el espejo sin lograr ver nada. Con el miedo en el cuerpo paró el auto. Bajó e inspeccionó la zona de pasajeros. Nada. Las risas volvieron a sonar estridentes cuando ya había recogido al pasajero, un testigo más que se unió a la difusión de la leyenda del mafioso fantasma. Este último añadió al contar el caso ante los periodistas que pudo ver nítidamente como junto a él se formó una fría neblina azulada.

    Pero si los locos años veinte fueron famosos por la ley seca y las fiestas nocturnas de lujo. También lo empezó a ser por el despuntar del mito del séptimo arte. Las princesas de las pantallas y los galenes de cine llenaban con su glamour las salas de los cines. Algunos incluso eran muy aficionados a viajar en taxi, tanto que después de fallecer seguían haciéndolo. Eso si ya décadas después. Es el caso del fantasma de Errol Flyn. Polémico actor que en  sus personajes de pirata y galán no mostraba su atormentada vida personal ni su adicción a los barbitúricos, alcohol y morfina que se aplicaba desde que sufriera unas fiebres africanas. Tomas L. Hommer era un taxista habitual de las estrellas holliwodienses y conocía perfectamente al actor, ya que en varias ocasiones lo había transportado en su taxi hasta los estudios. conociendo su carácter no le extraño que aquella fría mañana al hacerle el alto ni siquiera lo saludara. "Always, where always" (siempre, dónde siempre). Extrañado puso el contador básico de la época en funcionamiento. Pero para cercionarse del lugar de destino volvió a preguntarle. Nadie le respondió. Miró el retrovisor, no había rastro del actor. Pero, ¿cómo había bajado en marcha?. El hombre más que asustarse se enfureció, no le gustaban aquel tipo de bromas. Se lo diría la próxima vez que lo viera. Al comentarselo a un compañero, también taxista, éste  le sonrió "¡Cómo no vayas al más allá a pedirle explicaciones!...murió ayer. Efectivamente, Errol Flynn pereció el 14 de Octubre de 1959. El taxista no podía haberlo visto de ninguna forma el día 15, fecha en la cual él aseguraba haberlo cogido.

 

Perdiendo pasajeros:

 

    Nadie sabe dónde nace la leyenda, pero tampoco porqué son tantas las personas que difunden un mismo mito. Será que algo de cierto se encerrará detras de cada historia. Que suceden cuando algunas se repiten, curiosamente, una y otra vez. Ejemplo de las leyendas más citadas en las sociedades de taxistas hace referencia a los pasajeros que desaparecen en medio del trayecto. En general son contadas en tercera persona: Fulanito de tal me contó que una carrera (trayecto del taxi) le pasó algo muy curioso, un pasajero se bajó en pleno viaje sin que él se diera cuenta. En ningún momento se oyeron las puertas. A veces de ser cierto los taxistas vuelven a ver si el ex-pasajero "gorrón" se ha lastimado, pues la velocidades y el lugar dónde se salió del coche hacían pensar eso. Ciertamente es algo que sucede con más normalidad de lo que se pueda imaginar; y efectivamente, los clientes morosos lo hacen para evitar pagar la tarifa del transporte. Pero en muchas circunstancias las historias muestran puntos misteriosos en los que comienza la leyenda de fantasmas que dan el alto. Piden destino y luego al pasar por ciertos lugares se esfuman del auto.

Personas de avanzada edad que no están ágiles para saltar del coche y salir corriendo.

O cabizbajos clientes absortos en su intimidad a primera vista que ni siquiera llegan a dialogar, simplemente dan la dirección. Queriendo hacer más real su experiencia Juan Ballesta, vecino de la Ciudad de México, aseguró que después de perder de este modo a un pasajero siguió hasta la dirección que éste le había dado. Al llegar encontró una residencia de ancianos una ambulancia y un cuerpo que salía en una camilla transportado por el servicio de urgencias. Pidió ver el rostro. El anciano desaparecido en su viaje era el difunto. Los de la residencia le refirieron que el óbito había sido taxista. Indagando un poco más Ballesta encontró que incluso habían compatido empresa..y taxi.

Taxis del más allá. Taxistas de lo invisible

 

    No sólo los conductores de taxi hablan de relatos fantásticos vividos en sus trayectos. Los propios ciudadanos que utilizan o conocen este transporte lo han impreso en más de una de sus leyendas.

   En el céntrico Londres es conocida la historia del famoso taxi-fantasma. Un auto típico de principios de siglo que cientos de personas creen ver perdiéndose en ciertas callejuelas. Incluso hay quiénes han querido darle caza, paracientíficamente por supuesto, pero los trabajos han sido infructuosos. En primer lugar porque cambia el recorrido de la historia y en segundo lugar porque cada testimonio describe un tipo diferente de auto. Una leyenda que podría estar entroncada con algo que parece no tener realación...la niebla y la perspectiva óptica del testigo. Donde es posible confundir un coche antiguo (todavía en funcionamiento entre el snobismo londinense) y capaz de recrear el juego visual de que el auto no corre sobre la calzada, sino flota. Un poco de imaginación pondrían el resto.

    El típico taxista al que por más que se le da el alto y pese a ir libre no para, también se le ha tomado para personaje de otro mito. Miran al cliente sin detener el auto con mirada vidriosa y sin inmutar su expresión. Suelen hacer presencia caida la noche.

Y una sensación fría recorre la espalda de los que querían contratar sus servicios . Pero los más lógicos de estos terminaron pensando que sólo eran taxistas que acababan de terminar su turno o que no quisieron parar simplemente. Y es que en la noche -sobre todo- , eso lo sabe cada profesional del taxi, las precauciones deben de tomarse más que nunca.

    Los atracos se suceden estadísticamente en horas elevadas de la madrugada con mayor frecuencia. Los ciudadanos violentos. Las malas historias. Y de eso si que tienen una enciclopédica experiencia.

    Miralba Caballero es emigrante hispano. Trabaja en los taxis barceloneses y cuenta que hablando con otros compañeros descubrió que muchos de ellos habían visto en viajes de largo recorrido por nuestro país...OVNIS. Tanto en viajes solitarios como con pasajero. En muchas ocasiones no solían comentarlo por miedo a las propias empresas que podían acusarle de ingestion de productos no permitidos para su labor de conductores profesionales. Y siempre ese miedo al ser tildado de loco. Sin embargo, pese a todo luces extrañas han sido vistas en nuestros cielos por taxista.

    Algunos que no han querido ser fotografiados, y por lo tanto salir a la luz pública, han aportado su personal  y anónimo testimonio afirmando que en ciertas ocasiones al llevar pasajeros a Montserrat, justo al lugar donde los forofos de los ovnis se reunen tuvieron visiones de luces extrañas. En ninguno de los dos casos se conocen. Y se da la circunstancia de que los objetos luminosos que vieron no lo fueron mientras participaban en una de estas confluidas reuniones en Montserrat. Puesto que a pesar de ser el mismo lugar, sucedió en días distintos, los que habían decidido sus clientes.

Taxista A: (29 años Sant Boi de Llobregat. Empresa de Barcelona. Cobró por su viaje 7.500 pts). Cuenta que el día 3 de Marzo de 1998 transportó a tres mujeres de mediana edad a Montserrat. En el viaje charlaron. Hablaron de los avistamientos Ovnis de la zona. Dos de ellas confesaron que precisamente iban a ver el lugar por este motivo. Eran canarias y no podían esperarse al día 11, que es cuando de la mano del conocido contactado catalán Luis José Grifol suben bastantes personas a "ver ovnis" a la montaña mágica de Montserrat.. Vieron el lugar dónde les mostró la tercer mujer, barcelonesa, lo que otrora fue un lugar de peregrinaje contactista. Terminada la visita volvieron a tomar el camino de curvas que les conduciría a la carretera, pero justo entonces una de las ancianas, la que se sentaba en el lugar del acompañante, creyó notar algo raro en los cielos. Durante un par de metros más la euforia fue creciendo entre los ocupantes del taxi. Hasta que él mismo pudo ver una luz pasar rasante sobre el auto.

Taxista B: (41 años San Andrés de la Barca. Empresa de Barcelona. Cobró por su viaje 9500 pts). Transportaba una pareja de novios y la madre de la chica. Cuando al dejar la carretera,  rodear el hotel Bruc y adentrarse en la sinuosa carretera se les paró el taxi. Vieron tres luces o esferas del tamaño de un huevo sobre sus cabezas..."fue visto y no visto"...Ocurrió en 1996, desde entonces sube cada mes los días once a Montserrat, intentando repetir la experiencia.

 

Bucear en el misterio. Antes de los taxímetros existió la leyenda

 

    Efectivamente podríamos haber comenzado sondeando en la historia para habernos hecho eco de los misteros que antecedieron a los taxis de motor. Y es que los hubo. Diligencias y carrozas llenas de misterio, pero sobre todo humano. Los decretos de las diferentes monarquías europeas eran muy estrictos al respecto de quiénes podían hacer uso o no de estos medios de transporte. En principio podía viajar en ellos, posterior pago estipulado, las personas intachables de carácter y que no ensuciasen con el atuendo de su oficio. Así que de entrada ya tenemos excluidos a un buen número de personas de épocas anteriores al siglo XVIII, cuando las diligencias estaban en pleno uso. Prostitutas, reos, por un lado no tenían la normalidad aceptable para aposentarse en el interior de los medios. Los pobres que no pudieran pagar la tarifa (igual que sucede en nuestra actualidad social) seguían utilizando otros metódos, como las caminatas. Los harapientos, aceiteros, carboneros y otros trabajos "sucios" seguían siendo expulsados. Al fin de cuentas el transporte seguía siendo privado del estado. Y éste también prohibía transportar enfermos o heridos a los hospitales. ¡Cosas de la historia!, fomentándose leyendas y relatos entorno a estas figuras rechazadas. El minero que no pudo subir en la diligencia tras su dura jornada de trabajo y quedó en la parada muerto de frío durante una nevada. Un minero cuyo afán por subir continuó después de la muerte, esperando cada día a la misma hora la diligencia. Algo así como el rechazo social a esta discriminación de un elevado porcentaje de la población debió de causar leyendas como la de la prostituta que degollaba cocheros o la del asesino de pasajeros que era un fugado de alguna prisión. La peligrosidad de los territorios por dónde pasaban estas diligencias crearon mitos de accidentes en ciertas cuestas, pero sobre todo el del asalto y robo. A veces la realidad de un caso anecdótico, en España nuestro salteador de caminos, podría provocar el temor y el relato.

   Pero eso sería rebuscar mucho en el mito de los taxis actuales que ciertamente nada tienen que ver con aquellas diligencias ni decretos de Estado.

    En realidad el mito actual está más que nada entroncado a las otras leyendas urbanas del coche y la carretera. En primer lugar porque son exactamente eso, un auto. En segundo lugar porque utilizan las mismas calzadas y leyes que el resto de los elementos circulantes de nuestras urbes y geografías. En cierto modo, salvo excepciones como las ya comentadas, volvemos a ver recreados entre los mitos del taxi los terrores y miedos de cualquier otro conductor.

    * La chica de la curva. Un coche circula con total normalidad. Generalmente en una carretera secundaria o provincial. Tramos de curvas y rectas intercalados. Noche. Un día de niebla o llovizna. (elementos variables los de climatología, aunque los selecionados son la suma del consenso de causística más abundante). Una chica joven para el auto. Sube a la parte trasera. Charla animadamente. Es normal. Y llegados a la entrada de una curva advierte a los ocupantes del auto del peligro de la curva. Ya en el interior dice una frase contundente y enigmática "aquí me estrellé yo", "encontré la muerte", etc. Al salir de la curva miran los demás al asiento posterior y encuentran que la joven ha desaparecido. Casi todas las zonas del mundo poseen su chica de la curva. Y los conductores de taxi también tienen esta leyenda muy presente.

    * El autoestopista. Variante de la leyenda anterior. El que se recoge es un hombre joven y llegados a un punto, grita "!aquí me mataron¡". Desaparece igualmente. Historia muy típica en Texas, Utah  y Nuevo México.

    * El Solitario. Es el mito de un fantasma suicida que al parecer se siente solo. Da un alto a un auto dónde suele ir sólo el conductor. Selecciona sentarse de acompañante. Charla animadamente. Es normal...hasta que empieza hablar de su soledad, de donde vive. De repente coge el volante y el conductor pierde el control..."¡Vénte conmigo¡". Un relato que deja ver la desconfianza de nuestro género humano y el miedo a los extraños. Típicas de la campiña francesa y su costa.

    * La anciana atropellada. Pica en algunas ventanas de autos que se paran en carreteras desiertas. Cubierta de sangre rostro y cabeza da un susto tremendo a los del interior. Pero al salir estos no ven a nadie. ¿Ilusiones ópticas de los viajeros que reflejan sus miedos en los elevalunas que los separan de lo desconocido?. Suele encontrarse este mito en lugares rodeados de zona verde, como bosques. Por lo que no se puede descartar que algo chocara efectivamente contra el auto, por ejemplo un animal herido o con colorido rojo.

    * Los cruza calles. Son leyendas de fantasmas humanos o neblinas que cruzan las calles a intespestivas horas. Pueden provocar accidentes mortales al hacer esquivar el auto. Suelen ser imprevisibles. El conductor y su capacidad de reacción serán los autores del accidente si pretenden esquivarlos o si por falta de atención fallan en sus maniobras. Suelen suceder en zonas de poca visibilidad o entre curvas. Los científicos apuntan que podrían deberse a alucinaciones provocadas por la absorción del conductor en sus pensamientos, debido a la constante rutina de su monotono conducir. Esto explicaría que sucedieran durante trayectos largos, pero no en los tramos cortos o entre poblaciones de escasa distancia. Es cierto que cada conductor es un mundo. Pero cuando un fenómeno acontece repetidamente en un lugar se debe buscar explicaciones. ¿Animales que cruzan la calzada?, es posible sin duda miles de caso se dan al año en nuestros paises europeos. En Australia son los conejos y los canguros los que provocan accidentes y mitos entre los conductores. Que han terminado haciendo concurso de haber quién atropella a más de estos animales sin accidentarse y continuando su ruta.

    Quizas estemos mezclando y englobando demasiadas cosas. Si revisamos esta leyenda de los cruza-calles. Encontramos lugares dónde se afirma que lo que allí cruza no es humano, ni animal, ni físico descriptible o conocido. Más bien una neblina o forma nebulosa. Un lugar concreto lo encontramos en una localidad de Barcelona. Sant Andrés de la Barca. Allí una curva con el sugerente nombre de la Curva de los Gitanos, y con ellos el inicio de un relato basado en hechos reales. Una familia de seis personas viajaban camino a Barcelona provenientes de Montserrat cuando en esa curva el carro tirado por caballeriza, no se sabe porqué motivo se descarriló al espantarse los animales. La familia al completo pereció bajo la forja y los hierros. Eso sucedía a principios de siglo XX. Hoy entrados en otra centuria, los coches siguen descarrilándose en esa mortal curva, que se cobra un elevado número de víctimas. Es cierto que es una curva peligrosa junto al río donde otro carro poco después de descarrilar el primero, siguiendo al primero en estilo y suerte, terminó ahogando a sus ocupantes. Nuestros coches de motor que toman aún más deprisa esa peligrosa curva, con más motivo son mortales. Lo curioso es que algunos supervivientes de estos descarrilamientos actuales y muchos conductores que circulan a diario por la zona afirman haber visto la neblina, aparecer rápida y cruzar la calle, sin dar tiempo a nada, ni a reaccionar. Lo anecdótico es que cruz roja tenga un puesto de urgencias en ese lugar, justo en frente de un árbol dónde se ven ramos de flores recordatorias a difuntos.

    Cuatro pueblos más arriba siguiendo el curso del río encontramos San Boi de Llobregat, con otra curva peligrosa dónde también se produce el fenómeno de los cruza-calles. Y que curiosamente comparte como decimos la ribera del Llobregat

¿tendrá algo que ver esto con el agua?. Lamentablemente muchos jóvenes circulando a altas velocidades sin las prudencias de los conductores más expertos terminan empotrándose en la curva o ahogándose en el río.

    * Los choca-techos. Cierto es que no es la primera vez que a un conductor le ha caido un meteorito en su auto estando circulando con él. Últimamente están más de moda los aerolitos de hielo. Los meteoritos aumentan el peso de la Tierra cada día en cientos de toneladas. A pesar de que no los vemos es natural que los conductores que hayan topado con ellos, suponiendo que sean de tamaño pequeño, hayan fomentado la leyenda.

    Con anterioridad y de un gusto más enigmático encontramos otro mito. Cosas que caen de los cielos abollando los techos de los autos y luego desapareciendo ante la incredulidad y el fastidio del dueño del auto.

    Mitos son todos desde los más misteriosos a los más prosaicos. Engloban nuestra vida urbana y forman parte de nuetras existencias diarias. Como en cada lugar, el auto, sea propio o de alquiler, ha creado su glosario de enigmas y anécdotas. La abeja, la avispa puede provocar un accidente y fomentar nuestro miedo a igual medida que lo desconocido, es decir que todo lo que queda fuera de nuestro control, más allá del automóvil. Abrir una puerta, mirar hacia afuera por el cristal, oir ruidos golpear el chapado exterior, montar a desconocidos, andar por parajes peligrosos o desconocidos...son cosas a las que no te enseñan a enfrentarte en los manuales de conducción.

   Los taxistas, expertos conductores, saben bien que cualquier cosa puede suceder al poner en marcha el motor de su vehículo. Lógicos en su mayoría, con la preocupación de ganarse el sustento poco tiempo tienen para plantearse lo que van viviendo. Precaución, cualquier cosa es posible. Una frase que todos ellos suelen repetir.

    Saben que el coche es su herramienta. A veces afirman que tiene vida. Sentimientos. Funcionan cuando quieren y se les trata con cariño. Reaccionan ante las circunstancias adversas.

    Una amiga gallega me contó que una  conocida suya viajó a Fátima, todos los ocupantes creían en el milagro de la aparición a escepción del conductor. El coche se negó a encender el motor una vez quisieron volver. Las risas del dueño del auto se esfumaron y terminó por hablar con el coche, al que los mécanicos dice no encontraron nada :"¡Vale se apareció la virgen a los pastorcillos¡". Decirlo y enchegar fue una. Mientras me lo contaba mi amiga sonreía y le pregunté: ¿era taxista el conductor?. Su respuesta fue afirmativa. Por eso aceptó el milagro. ¡Lo que fuera para que su trabajo se realizase y su coche estuviera contento!...Una leyenda simpática entre tanta historia oscura y delicada.

    Que sería de nuestras ciudades sin leyenda urbana y sin taxistas dispuestos a contarnos sus cosas, si les escuchamos. Sin ellos no sería lo mismo.


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