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¿LA TARANTELA CONTRA LA TARÁNTULA?
Naomi Felaz


A pesar de las leyendas y patrañas que corren en torno a la picadura de la tarántula, la verdad es que el veneno de esta araña sólo es mortal para los insectos de los que se alimenta. Fue en Europa, concretamente en los siglos XI y XII, cuando las historias y los casos de picaduras ponzoñosas por arañas proliferaron como hongos. Y fue también en el medioevo cuando aparecieron las primera referencias de la tarántula (Licosa tarentula) y su fama como artrópodo venenoso.

Los síntomas que, según se creía, derivaban de los mordiscos de esta araña peluda, de apenas tres centímetros de longitud, eran de lo más variopintos; insomnio, llantos, convulsiones, alucinaciones, alteraciones de la percepción del color, estados melancólicos, etc. Manifestaciones patológicas que podían acabar en un fatal desenlace. Incluso el conocido baile de San Vito, una afección nerviosa, se atribuyó a la picadura de la tarántula.

El segundo término de su nombre científico, tarentula, hace referencia a la ciudad de Tarento, en el sur de Italia, en cuyas cercanías fue descrita la araña. Los habitantes de esta localidad hacían bailar a los atarantados una danza frenética, llamada tanatela, para que de esta forma se librasen del mal al sudar.

La música de este baile era muy rápida, al compás 3/8 o 6/8. Lo mismo puede valer las jotas aceleradas, los fandangos o las folias. Al ritmo que marcan las castañuelas y el tambor, los envenenados danzaban agitados como manojos de nervios, hasta que caían exhaustos con las ropas empapadas de sudor.

En 1787, el doctor Javier Cid, en su obra Tarantismo observado en España, recogió numerosos testimonios de mordeduras y curaciones en todo el territorio Español. Es interesante observar en todos los casos, que la tarantela se manifiesta involuntariamente. La Junta Gubernamental de Medicina, en 1875, llegó a reconocer los poderes curativos de la tarantela y animaba a los músicos para que la hicieran sonar.


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