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El parapsicólogo George Nugent Merle Tyrrell decía: "Sueños e impresiones se dan en número infinito. Entre ellos seguro que existen unos cuantos debidos al azar que, considerados por sí solos, perecen muy notables. Sólo se recuerdan éstos, mientras que los demás se olvidan, y así se obtienen una serie de casos que erróneamente consideramos precognitivos, pero realmente sólo son lo más llamativo de las coincidencias debidas al simple azar". Lo cierto es que la parapsicología ha ido con mucho cuidado mientras estudiaba estas aparentes casualidades sorprendentes, más concretamente en los casos de premoniciones y sueños proféticos, sobre todo cuando han enriquecido a la persona que los ha tenido.
Desde el comienzo de las primeras investigaciones, los que después recibirían
el nombre de parapsicólogos, se sorprendieron ante los sujetos que veían los
números ganadores de sorteos, pues parecían desafiar las leyes del azar
nombradas por Tyrrell. Uno de los más famosos, el filósofo F. W. J. Schelling,
siempre preocupado por el origen último de la realidad, se maravilló ante el
caso del doctor Cristopher Knape quien en 1768 soñó el premio de la lotería y
gano dinero con su premonición. Ocho años más tarde volvió a repetirse el
sueño, pero esta vez un ruido le despertó y nada pudo "ver" las
primeras dos cifras. Adquirió todos los boletos que vio con ellas y volvió a
ganar dinero. Doce meses después el sueño se repitió, pero la serie completa
de la lotería había sido devuelta y no pudo hacerse con ella ¿Podía acaso el
azar producir casos como éste que se repetían en la misma persona?.
Tradicionalmente siempre se ha afirmado que los "poderes paranormales" no deben ser usados para beneficio propio, sobre todo si uno trata de enriquecerse con ellos. Sin embargo, el tema de los sueños parece no ser incluido en la tradición. Se trata de un fenómeno que el individuo sufre por medio de su inconsciente y por lo tanto sin intención lucrativa. Algunas veces se han dado casos extremos como el estricto John H. Williams, un hombre de religión enemigo de la bebida y el juego. El 31 de mayo de 1933, despertó a las ocho y media de la mañana, en su cabeza resonaban todavía los nombres de dos caballos ganadores: Hyperion y King Salmon. A sus 80 años Williams no creía en los sueños precognitivos, pero se lo contó a dos personas. A las dos de la tarde se celebró la carrera con el resultado soñado.
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Hyperion se hizo famoso por ser un gran caballo. Entre los parapsicólogos, tras investigar el caso H. E. Saltmarsh, cobró fama al haber sido protagonista de un sueño que se convirtió en realidad |
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Otros sueños han tenido como protagonistas las carreras de caballos. Un tal Freeman soñó haberse perdido la primera carrera del Lincoln Handicap, y que alguien le decía el nombre del ganador. De nuevo lo soñado se transformó en realidad. El potro Outram, pese a no estar entre los favoritos, gano tres meses más tarde la famosa carrera. Aunque estos casos aislados podrían entrar en las consideraciones sobre el azar de Tyrrell, existen casos cuyas circunstancias van más allá de todo lo esperado.
La historia protagonizada por John Godley, después lord Kilbracken, es de la más curiosas. El 8 de marzo de 1946 soñó que leía los resultados de las carreras. Dos caballos, Brindal y Juladin, llegaban campeones a la meta. Algo que ocurrió y Godley, junto a sus compañeros de estudio, gano cierta cantidad de dinero. El 4 de abril se repitió la historia con el caballo Tuberose que en su sueño aparecía como Tubemore. El 26 de junio sonó con el nombre Monumentor y apostó con éxito al caballo Mentores. Un año más tarde sucedía lo mismo con The Bogie, en realidad el animal se llamaba The Brogue, y con el equipo hípico Gaekwar de Baroda que le hizo apostar por Baroda Squadron. El 29 de octubre de 1947 falló en su sueño premonitorio. Dos años más tarde volvía a acertar el 16 de enero con Timocrat. El 11 de febrero daba de nuevo en la diana con Pretence y erraba con Monk's Mistake. Nueve años después realizó su último acierto con Mr. What al que había soñado con el nombre de What Man. Este animal le proporcionó más dinero que cualquier otro.
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El sonriente y afortunado lord Kilbracken muy bien acompañado por la explosiva actriz Jayne Mansfield, y tres de los resultados acertados. |
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Los sueños "económicos" son más cotidianos de lo que pensamos y tan antiguos como la misma historia ¿Qué es después de todo el sueño del faraón interpretado por Jacob como años de riqueza y años de pobreza? Existen de todas clases y aunque se centran en loterías, sorteos y carreras, no siempre es para acertar el resultado. El parapsicólogo francés Camille Flammarion dio con un caso curioso: El fantasma se había presentado para guiar a su viuda hasta una chaqueta y así poderle indicar que en su bolsillo se encontraba un décimo premiado de lotería. Este sueño era bastante común en la época y solía llevar a los herederos hasta un testamento escondido.
No
siempre el soñador consigue hacerse rico aunque lo soñado sea verdad. Existe
una historia escrita por el militar y buscador de tesoros Harry E. Rieseberg
sobre este tema que siempre me ha gustado de una forma especial, por su mezcla
de sueño premonitorio, aparición de fantasmas y leyenda pirata. El 12 de
febrero 1789 el galeón español San Vicente fue asaltado por el pirata Pedro
Figueira "el portugués". En él se transportaba un substancial tesoro
y viajaban personajes muy importantes. Los piratas apresaron la embarcación
cerca de Port d'Ilheo en Sandwich Harbour, África del Sur, actual Namibia. Tras
apoderarse de todo lo que tuviera valor degollaron a la tripulación y a los
pasajeros. Para su desgracia aparecieron dos fragatas españolas de guerra. Al
percatarse de lo ocurrido abrieron fuego sobre los asesinos hundiendo su barco
que arrastró el tesoro hasta el fondo del
mar.
Los piratas sobrevivientes fueron muertos por disparos de armas cortas mientras
nadaban entre las maderas flotantes y otros restos. En 1923 un nativo llamado
Gulab Lal contó un sueño a Willem van Oyen, un buscador de diamantes. En él
los piratas asesinos le indicaban el nombre del barco, su fácil localización y
la existencia del tesoro; pero también le advertían sobre una maldición.
Van Oyen se rió del sueño ¿Cómo no se había encontrado el galeón si estaba según Gulab casi a la vista? Un día el nativo volvió corriendo y muy excitado. "¡Encontré una nave... una nave grande!" gritaba. El viejo buscador hizo caso y pese a ser de noche tomaron una barca. Pronto las linternas descubrieron una proa a poca profundidad en la zona señalada por Gulab. Inmediatamente se acercó al pueblo contrató a varios nativos y comenzó el rescate. En pleno trabajo el barco se deslizó por el banco de arena hundiéndose un poco más, lo que les obligó a proseguir cuando pudieran contar con la luz del Sol. A primera hora regresaron al lugar. Una oscura nube se situó sobre ellos, era una nube de polvo que desató su furia contra aquellos hombres. La fina arena y el aire recalentado impedían la respiración. Cuando pasó la tormenta el galeón y su secreto habían desaparecido.
Volvamos a la parapsicología. En las recopilaciones de sueños espontáneos siempre se dan varios que han hecho ricos a los soñadores, y se podría escribir una interminable lista de ellos. No obstante, existen otra clase de sueños. John William Dunne (1875-1949) veterano de la guerra boer, pionero de la aviación inglesa que diseñó para Geoffrey Hill el ala volante "Pterodactyl" y filósofo admirado por José Luis Borges, nos enseñó otra clase de sueños que hoy en día se han puesto de moda: Los sueños lucidos.
Mediante este sistema para inducir sueños, un conocido mío, J. L., intentó "ver" el número que saldría en la lotería de navidad. Durante semanas se entrenó para obtener el resultado previsto y al final soñó con el décimo premiado. Cuando fue a la administración más cercana le dijeron que el número sólo se vendía en una localidad muy lejana. Ni corto ni perezoso tomó el coche y fue en su búsqueda. En la segunda administración se enteró que todos los décimos habían sido vendidos al dueño de un bar, y se fue al bar. Una nueva sorpresa le esperaba. El hombre había hecho participaciones con recargo incluyendo otro número. J. L. compró todas las que pudo. Llegó el día del sorteo, pero los bombos de la suerte dieron un premio menor al número, de tal forma que sólo consiguió cubrir los gastos del largo viaje.
Dunne, cuando publicó en los años veinte su libro Un experimento con el
tiempo, describía por primera vez cómo controlar los sueños y el resultado
obtenido en sus intentos por adentrarse en la visión de los acontecimientos
futuros. Sus conclusiones fueron a favor del viaje de la mente hacia
acontecimientos futuros. Sin embargo, no vio en estos sueños un fenómeno de
premonición. Comenzó a crear una nueva línea de pensamiento que culminaría
en el concepto de sincronicidad del psicólogo Carl Gustav Jung, lo que le
valdría para ser apartado, prácticamente, de la parapsicología y su historia.
En parapsicología nadie puede poner en duda la existencia de la percepción extrasensorial ni la
influencia de la mente sobre la materia, pese a que jamás se ha demostrado que
exista
ninguna de las dos "facultades". Una cosa es el fenómeno observado y
otra la explicación admitida sobre su origen.
Jung se centro en describir los fenómenos sin intentar explicarlos. Así lo que parecía telepatía podía ser traducido como coincidencias producidas más allá de lo que cabría esperar. Otro investigador apartado por los parapsicólogos clásicos, el biólogo Paul Kammerer, después de pasar años recopilando estas coincidencias había llegado a la misma conclusión. Jung lo tuvo muy en cuenta y se basó en ambos trabajos para explicar los resultados de las pruebas de telepatía de Josehp B. Rhine, en donde los sujetos intentaban "adivinar" un símbolo que otra persona les transmitía. Los tres llegaron a las mismas conclusiones: existían sujetos progenitores de una mayor cantidad de hechos similares y las coincidencias se producían continuamente, aunque los sujetos ni se daban cuenta de la mayoría o no les prestaban demasiada atención al no tener importancia. Únicamente aquellas que se revisten de un carácter especial eran las recordadas. Por ejemplo, si un sujeto soñaba con una corbata azul y por la mañana veía que su compañero de trabajo la llevaba, si no había olvidado ya el sueño, pronto borraba la situación de su memoria; pero si soñaba con la muerte de un ser querido no olvidaba en ningún momento el sueño. Su mente tendía a grabarlo y recordarlo con firmeza. Idénticamente ocurría con un número de lotería o la localización de un tesoro. Solamente cuando nosotros separamos los sueños de este tipo y los guardamos en un archivador distinto del resto parecen apartarse de los acontecimientos cotidianos.
Tanto Kammerer como Dunne se habían dado cuenta de esto porque escribían sus
sueños y eran por lo tanto capaces de repasar lo que veían las noches
anteriores mientras dormían. En muchas ocasiones descubrieron que algo que no
permanecía en su consciente y sólo en sus libreta un tiempo antes, había
sucedido ese día. Kammerer llamó serielidad al modo con el que la naturaleza
parecía ordenarse entorno a las coincidencias. Para él era la punta del iceberg
que escondía un inmenso secreto no desvelado todavía por el hombre. De la
serielidad surgiría una nueva imagen del mundo y de cómo se origina la
realidad física sin depender de la relación entre causa y efecto. Por desgracia el desprestigio de las investigaciones en
biología del hombre que llegó a ser comparado con Darwin, unido a un problema
amoroso y los apuros económicos, lo llevaron al suicidio en las montañas de su
Austria natal. Nada más nos quedó su libro La ley de la
serie.
Si Dunne, Kammerer y Jung están en lo cierto, el tema de soñar con algo que nos enriquezca, no es una cuestión de clarividencia o precognición. Obedecería a ese orden más profundo de la naturaleza que da como resultado series de asombrosas coincidencias, y que de forma especial se centra en los sujetos predispuestos a ellas o que se entrenan para conseguirlo. Después de todo, en los casos como el de Godley existe un continuo entrenamiento al preocuparse por sus sueños y obtener resultados.
¿Desea hacerse rico con los sueños? Puede esperar que un día un sueño le diga el número de la lotería, o puede seguir el método de Dunne e intentar entrenarse para lograr que una noche la diosa fortuna le susurre sus secretos...
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