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¿SONIDOS SOBRENATURALES?
José
Revert
En
numerosas historias de casas y castillos encantados se hace mención de ruidos
siniestros, risas cavernosas y maquiavélicas, que durante la noche resuenan
con frecuencia en las salas vacías. No hay duda de que existen tales fenómenos;
pero no tienen nada que ver con los fantasmas. La causa es el viento, o una
corriente de aire, que produce estos ruidos como en una flauta o un tubo de
órgano.
En cuanto a los «ruidos sobrenaturales de la naturaleza»- las dunas que cantan, las cavernas que sollozan, las montañas que hablan no han provocador jamás ningún espanto. La ciencia ha esclarecido con facilidad estos misterios. El roce de millares y millares de millones de granos de arena, provocado por bruscos cambios de temperatura o por el viento, es la causa de estos curios, los fenómenos sonoros, que se pueden observar especialmente en el Sahara y en Libia. Todos los sonidos se hallan representados, de los agudos a los más graves.
En Chile existe una montaña llamada «El Bramador», que emite sonidos de campana cuando se realiza una escalada. Lo mismo cabe decir del «Atonte de las Campanas», en el Sinaí.
La música natural producida por los órganos rocosos, fenómeno «maravilloso» que ha dado lugar a muchas leyendas, se debe al desplazamiento del aire a través de las hendiduras de las rocas. Con frecuencia, como en el caso de la música de Ben Macdhui, en las montañas de Escocia, se percibe una verdadera sinfonía de sonidos, parecidos a los que produce un órgano. Junto a Singen, en Turingia, se levanta la famosa “montaña que canta” donde en ciertos momentos se percibe un bramido potente o un canto melodioso. Geólogos y físicos han aclarado el misterio. Esta montaña de 600 metros reposa sobre un sustrato de arcilla impermeable; cuando caen lluvias abundantes el agua se abre camino a través de la roca calcárea, practicando galerías y aberturas por la que se derrama, provocando estos curiosos fenómenos acústicos.
En el desierto de Tebas se levantan los milenarios colosos de Memnón. Desde que aparecen los primeros rayos solares resuena una música suave, que sale de las piedras. «Memnón, príncipe de Etiopía, saluda a su madre Eos, la diosa aurura», dice la leyenda que se relata a los viajeros. Alexander von Humboldt fue el primero en encontrar una explicación a este fenómeno: al recibir los rayos del sol el aire se calienta en las hendiduras de las piedras y escapa por las pequeñas lisuras, produciendo sonidos semejantes a los conseguidos a través de las boquillas de los instrumentos musicales.
La «Puerta de las Lamentaciones» nos es conocida con el nombre de Bab-el-Mandeb, como el estrecho en que al se termina el mar Rojo. Los vientos que soplan allí tempestuosamente hacen vibrar los rocosos muros agrietados de las montañas de Arabia y producen sonidos quejumbrosos, lastimeros y dolientes. Esto nada tiene que ver con los sollozos de los esclavos de África conducidos allí en otro tiempo para ser vendidos.
En Nubia crecen ciertos árboles que producen curiosos sonidos cuando el viento sopla a través de sus ramas. Los indígenas creen que esto se debe a la intervención de los espíritus de los muertos, ocultos bajo las hojas. Pero la realidad es que los insectos practican en estos árboles una multitud de agujeros minúsculos y que el viento, al soplar a través de ellos, produce sonidos misteriosos.
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