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¿Invadieron
nuestro mundo, en el principio de los tiempos, razas extranjeras que nos
formaron a su imagen y semejanza? ¿O llegaron, de arriba o de abajo, con la
primitiva raza humana para crear un hombre nuevo?
En las viejas mitologías aparecen los héroes, seres de raras cualidades de inteligencia y fuerza, hijos de dioses y humanos. En las Sagradas Escrituras se encuentra este pasaje, al que en tantos trabajos se alude, por su misterioso contenido:
“Existían
entonces los gigantes en la Tierra, y también después, cuando los hijos de
Dios se unieron con las hijas de los hombres y les engendraron hijos. Esos son
los héroes famosos muy de antiguo.” (Génesis 6, 4).
“La
interpretación del lugar es difícil –dice una llamada a pie de página, en
la Biblia de Nácar Colunga, a continuación de este párrafo-; la opinión más
corriente es que trata de las uniones conyugales de los descendientes de la raza
elegida. Los hijos de Dios, con las mujeres de la raza de Caín, las hijas de
los hombres; uniones que aún en aquellos llevaron a la más profunda corrupción.”
¡Extraña explicación!
Von
Däniken sustenta la teoría –particularmente en sus libros “Recuerdos del
Futuro” y “Regreso a las Estrellas”-, de la existencia de una civilización
superior que, mediante una tecnología mucho más adelantada de lo que podría
esperarse en los tiempos en que parece haber dejado sus huellas, visitó la
Tierra y nos dejó su memoria y sus conocimientos. Pero comparto plenamente la
opinión al respecto de Juan G. Atienza (Los Supervivientes de la Atlántida)
cuando dice que es prematuro afirmar que tal civilización superior fuera la de
una raza extraterrestre, ya que antes sería preciso desechar –para lo cual no
tenemos base-, la posibilidad de una civilización superior originaria de
nuestro propio mundo.
Se
ha aventurado la teoría de que la vida en la Tierra fue sembrada por seres
superiores. De que a través de muchos ensayos, dentro de una complicada
ingeniería genética, esos entes, nuestros dioses, llegaron a la creación de
las especies antecesoras de las actuales y del homo sapiens.
También
se ha hablado de razas gigantes, mencionadas como acabamos de ver, en la Biblia,
que un día poblaron la Tierra, procedentes quizá de su interior (razas de cuya
existencia hay muchas pruebas) que fueron maestras de la Humanidad o, tal vez,
sus precursoras.
¿Somos
descendientes de “dioses” y humanos? ¿Somos híbridos? ¿Tratan de cruzarse
actualmente esos seres originarios de otro mundo con nosotros?
Se
llama híbrido, en Genética, al organismo producido de la unión de dos razas,
especies o géneros diferentes. Parece que, al menos como regla, no hay hoy día
procreación posible entre animales de especies distintas, en nuestro mundo;
aunque no hay regla sin excepción: es bien conocido el caso del cruce del asno
y la yegua, del que nacen el mulo y su hembra la mula; y del cruce del caballo
con la hembra del asno, del que nace otro animal, poco común: el burdégano.
Ambos animales son estériles.
Existen,
sin embargo, dentro de la esfera científica, conceptos como el de híbrido
derivado (obtenido por el cruce de dos híbridos, o por el de un híbrido con
uno de sus padres); híbrido estructural (organismo en el que las dos series de
cromosomas en el complemento diploide son de composición diferente); híbrido
falso (planta que se desarrolla después del cruce, pero que sólo posee los
caracteres de un ascendiente); híbrido heterodinámico (el que se parece en
muchos de sus caracteres al padre o a la madre); híbrido homodinámico (el que
tiene una agrupación de caracteres derivados de sus padres, difiriendo así de
ambos en apariencia); híbrido permanente (el que engendra individuos de pura
raza porque ciertos tipos de descendencia posible no puede desarrollarse por
actuar factores letales) o híbridos recíprocos (par de híbridos opbtenido
cruzando las dos mismas especies, en el que el padre del uno pertenece a la
misma especie de la madre del otro).
Como
quiera que sea, hay historias, ciertas o no, de seres nacidos de uniones
sexuales no naturales. Hace años se publicó un caso de zoofilia, en un pueblo
de España, del que resultó el nacimiento de unos niños con cabeza de perro...
La
Mitología nos habla de un sinfín de seres de constitución mixta, con
caracteres de distintos animales o de animales y humanos. Pasemos una breve
revista a los primeros.
En
Babilonia, en el pórtico de Ishtar, hay bajorrelieves que representan una
especie de dragón, de cuerpo escamoso, fuerte cabello y larga cola. Sus patas
anteriores son de león y las traseras de ave; su cabeza es de reptil, con una
cresta, y presenta un cuerpo único, recto, como el del rinoceronte. ¿Procede
de este monstruo la leyenda del unicornio? ¿O tal vez el unicornio según se
representa ha existido realmente?
El
profesor alemán Robert Koldewey estudió los posibles orígenes del extraño
ser del pórtico de Ishtar y llegó a la sorprendente conclusión de que ese
animal pudo haber tenido existencia real... Parece que los sacerdotes lo tenían
encerrado en una oscura cueva del templo y que le llamaban sirruch.
La
quimera era que un pavoroso ser, de tres cabezas, mezcla de cabra, serpiente y
león, y el grifo –que pasó a ser figura heráldica- era híbrido de águila
y león.
Están
después los caballos alados. Y los leones alados.
¿Hasta
dónde llega la leyenda? ¿Dónde empieza la realidad? Como he expresado en
anteriores trabajos, estoy convencido, al igual que otros muchos autores, de que
la leyenda no es más que el recuerdo alterado, llegado hasta nosotros, de una
tangible realidad.
Ambroise
Paré cuenta en su libro “De monstres et Prodigues”, que en el mar Tirreno,
cerca de la ciudad de Castre, fue capturado un animal con forma de león,
cubierto de escamas, que tenía voz parecida a la humana. Fue llevado a
presencia del obispo Marcelo, que había de suceder como Papa a Pablo III. Lo
condujeron a la ciudad “con gran admiración”. Agrega que murió poco después,
al haber perdido su medio natural, según testimonia Philippe Forestus en el
tercer libro de sus Crónicas.
Belon,Gerner
y Paré, citan a un monstruo marino visto en el Atlántico, de cuerpo similar al
de los peces y cabeza, crines y parte anterior de caballo. Al parecer, su
representación gráfica fue llevada a Roma, al Papa reinante a la sazón.
El
aloés, animal visto “en el mar de la isla Española”, según Thevet
(Cosmografía, libro 22, capítulo 12, tomo 2), tenía cabeza parecidos a los de
una oca y aletas y cola de pez.
Existen
referencias de un hecho increíble: el caso de una oveja que concibió y parió
un león. Según Loys Celle, lo leyó en la obra de un reconocido autor.
Y
cuentan antiguas crónicas que en Amberes, en 1571, una mujer dio a luz un ser
de forma de perro, con cuello muy corto y cabeza de ave.
Entre los seres, al parecer, fantásticos, híbridos de hombre y animal,
se encuentran las sirenas u ondinas, los centauros y los faunos.
Pero
¿cuáles de estas especies o rarezas son simplemente imaginarias y cuáles han
tenido una base real? Porque existen muchas historias que parecen probar que no
todo es fantasía. La evolución de los seres vivientes sobre la Tierra ha
seguido caminos ignorados. Ha habido especies que se extinguieron; otras
evolucionaron en forma no siempre conocida por la Ciencia. Y tal vez otras
perduraron o se transformaron a partir de su forma original en este mundo o en
otro mundo hermano situado bajo la corteza terrestre.
¿Fueron
–por otra parte- esos seres mixtos producto de ,los ensayos genéticos de
seres superiores a nosotros o nacieron, como también se ha teorizado, del cruce
de especies distintas, incluida la humana, en épocas en que la Naturaleza, para
compensar los efectos de tremendas mortandades debidas a diluvios y otras catástrofes
hizo posible la fecundación entre seres diferentes?
Las
sirenas figuran en un sinnúmero de relatos y leyendas antiguos, desde los
filisteos hasta los habitantes de las islas Hawai. Hablan de ellas, Homero, Platón,
Alejandro Magno, Plinio, Paracelso... Su posible existencia ha sido investigada
por la ciencia. Se asegura que han sido vistas en muchos mares y en muchas épocas
distintas y hasta Cristóbal Colón nos cuenta en su diario que su expedición
se encontró con tres sirenas el 8 de enero de 1493.
Se
ha escrito que cuando Mena gobernaba en Egipto, un día al amanecer, salió de
las aguas del Nilo un monstruo con medio cuerpo de mujer, de largos cabellos y
dulce rostro.
Dijo
haber visto claramente una sirena el célebre explorador y descubridor inglés
capitán Henry Hudson. Y fueron muchos los testimonios que dijeron haber sido
seducidos por el canto de la sirena de Lorelei, en una peligrosa zona de
arrecifes de un meandro del Rhin.
Cerca
de Borneo fue capturado un extraño ser, parecido a una sirena, que vivió
cuatro días y siete horas en un recipiente lleno de agua. Lo vio personalmente
Miner. Van Der Stell, gobernador de las Molucas, según contó en 1728.
La
escultura de una bella sirenita que se admira sobre una roca, en la bahía de
Copenhague, no es más que el recuerdo de uno de estos seres misteriosos visto
por decenas de marinos, que dio lugar a una investigación de una comisión
nombrada por el gobierno danés en 1723, cuyo resultado fue pasmoso: los
investigadores aseguraron que efectivamente habían escuchado el canto de una
sirena y que, más aún, la habían visto jugueteando entre las olas...
El
célebre empresario de circo americano P.T. Barnum presentó en el verano de 1842 en el Concert may, de Broadway,
Ohio, un show en el que se ofrecía a la contemplación de los espectadores ¡una
verdadera sirena! De hecho, era un
extraño ser marino que parecía mitad mujer, mitad pez, capturado con red por
un pescador chino, que no medía más de medio metro de largo.
Pero
no olvidemos a la llamada “sirena de Djíbouti”, que destrozaba las redes de
los pescadores y que fue finalmente apresada. Se exhibe actualmente su
pretendido esqueleto. Estudiado éste por algunos científicos, bautizaron al
extraño ser con el nombre de Ichtyanthropus (mitad pez, mitad especie humana).
El
francés Benoît de Maillet sugirió en una obra publicada en 1755 que las
sirenas u ondinas pueden ser supervivientes de una raza humana primitiva y señalaba
la existencia de las mismas de la Tierra de Fuego a Madagascar.
Hay
mitos de hombres-toro, de hombres-lobo, de seres humanos con cabeza de perro, de
hombres-leopardo, de hombres-tigre y de hombres-dragón...
Hay
historias de centauros, que ocupan muchos siglos, desde Grecia hasta la India, y
por lo que respecta a los sátiros o faunos, de cabeza y cuerpo humanos y patas
de cabra, han asegurado la realidad de sus existencia Santo Tomás de y San
Agustín. Y también San Antonio Abad, el asceta egipcio, creador del espíritu
monástico del siglo III, que se encontró en el desierto, cuando hacía
penitencia, con un espantable ser de poca estatura, con hocico en forma de
bocina, cuernos en la frente y miembros semejantes a las patas de las cabras.
En
tiempos de Constantino, un ser de esta misma clase, contemplado por numerosos
testigos, fue llevado vivo a Alejandría para su exhibición y, cuando murió,
fue embalsamado su cuerpo con sal y presentado así en Antíoco, para que
pudiera verlo el emperador. San Jerónimo menciona una criatura semejante. Y el
“demonio” que, según Collins de Plancy, se apareció a Abel de Larua, tenía
piernas de vaca.
Las
“huellas del diablo”, las señales repetidas una y otra vez en la nieve de
dos pezuñas, en una región del sur de Devonshire, en Inglaterra, en la noche
del 7 al 8 de febrero de 1855, que desasosegaron a los científicos, no fueron
las únicas atribuibles a fauno. Se vieron ya huellas idénticas en las arenas
de penzance, Cornualles, ¡tras un seísmo! (¿Seres de un mundo interior?) El
15 de julio de 1757; en Escocia, en 1839-1840; en la isla Kerguelén, océano Índico,
en 1840; y se han visto en Polonia, en 1855; a lo largo de la costa de Nueva
Jersey, en Estados Unidos, entre Newark y el cabo May, en 1908; en Bélgica, en
1945; en la costa oeste de Devon, en octubre de 1950, y en Pe de Garrafa,
Brasil, en 1953. El fenómeno ha sido estudiado por Charles Fort, Rupert T.
Gould, Bernard Heuvelmans, Erick Franck Russel, William Chapman White, Leutscher,
Burton y Jacques Bergier.
En
el libro “The Haunted Universe”, de D.Scott Rogo (1977), aparece el
siguiente testimonio (versión española de Jorge Binaghi, ediciones Martínez
Roca, S. A., Barcelona, 1981):
“No
sé exactamente cuál era mi edad... Lo más aproximado que puedo decir es
alrededor de los seis o siete años. Estaba acostado en mi cama cuando me sentí
atraído y horrorizado al mismo tiempo por una presencia fuera de mi dormitorio.
Me levanté, magnetizado por el invisible horror, y abrí la puerta de mi
habitación. Lo que vi me quedó grabado para siempre. Primero distinguí su
rostro, más pequeño que el de un ser humano, pero con las mismas proporciones.
Aparecía cubierto por un espeso pelaje de color azul grisáceo. Brotaba de él
una luz azulada. El color, el aura, la piel pegajosa no eran nada comparados con
lo diabólico de su sonrisa, no sólo demoníaca, sino también expresando una
especie de bienvenida. Su cuerpo se asemejaba al de un hombre, pero de
constitución más delgada y menor peso.
“Se
inclinaba hacia delante, en una postura congraciadora. La misma piel azul grisácea
le cubría de pies a cabeza, y el aura azulada le rodeaba por completo. Sus
piernas eran muy extrañas. No tenía pies humanos, sino que las piernas se
prolongaba en una especie de finos muñones; pero yo estaba tan hipnotizado por
su rostro y por su diabólica sonrisa que no me detuve a mirarlos. Ahora sé que
se trataba de pezuñas.”
Se
dice en el libro que, aunque tal narración parezca extraída de un proceso por
brujería del siglo XV, la escribió en 1972 el doctor Arthur Guirdham, uno de
los más prestigiosos psiquiatras ingleses. ¿Aparición diabólica? ¿Visitante
de otro mundo? ¿Fauno?
¿Realizan
actualmente nuestros visitantes experimentos genéticos con los humanos? Hay
datos que permiten suponerlo así.
¿Hay
criaturas de apariencia humana, procedente de otro mundo, establecidas entre
nosotros? Las Sagradas Escrituras hablan ya de seres extraños que nos visitan,
y a ellos aluden igualmente otras tradiciones religiosas y el folklore de muchas
civilizaciones, como la mexicana, la peruana y hasta el de las tribus
polinésicas.
¿Y hay entre nosotros seres nacidos por un proceso de mestizaje entre ellos y
especies animales terrestres, entre estas especies o entre ellos y nosotros?
“De vez en cuando –dice Hans Holzer en “The Ufonauts”-, se dan
esos casos de seres insólitos, que alarman a la población y originan la
sospecha de que no todos los hombres son necesariamente humanos”.
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