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En todos los pueblos marineros se cuentan historias de buques fantasmas que aparecen repentinamente en el océano por la noche, haciendo que un escalofrío recorra la espalda de los honrados marinos, y también de capitanes que están aliados con el diablo y que están condenados por ello a navegar contra el viento por toda la eternidad.

Es famosa la leyenda del Buque Fantasma, a quien Heinrich Heine dio la forma literaria que inspiró a Richard Wagner su ópera del mismo título. La oportuna investigación ha demostrado hace tiempo que nunca existió el Buque Fantasma. Sin embargo, también comprobó que tras esta leyenda se ocultaban varios sucesos reales.

En el siglo XVII vivía en Holanda un capitán llamado Barent Fokke de quien se sabe que, aunque era terriblemente feo y siempre estaba blasfemando, tenía sus cualidades especiales como marino.

Fokke hacía la travesía desde Amsterdam a Batavia en mucho menos tiempo que sus competidores. En aquella época supersticiosa esto ayudó a darle fama de estar aliado con el diablo.

Cuando ni su barco ni su tripulación regresaron de una de sus travesías, para todo el mundo quedó claro quién se lo había llevado.

Otro capitán, van der Dekken, que vivió igualmente hacia el año 1600, hizo un juramento petulante. Aún cuando tardara toda una eternidad, dijo, no abandonaría el intento de doblar el cabo de Buena Esperanza, a pesar de los vientos en contra. Por ello fue condenado justamente a navegar por los mares por toda la eternidad. Un tercer capitán cometió el sacrilegio de hacerse a la mar en un Viernes Santo. Finalmente, se dice de un cuarto capitán que ningún puerto quiso acoger su nave porque había brotado a bordo una epidemia de beri-beri. Nunca pudo regresar a su puerto natal, y jamás se ha vuelto a saber nada más de él.

Las historias de estos cuatro capitanes son consideradas como el núcleo y el germen de la leyenda del Buque Fantasma -la historia de ese marino condenado a navegar eternamente contra el viento, y a quien sólo le puede salvar el amor de una mujer fiel-. Naturalmente, también hubo otras circunstancias que fomentaron la aparición de la leyenda, como por ejemplo el hecho de que en alta mar pueden aparecer a veces espejismos que representan ante el espectador una ilusión engañosa, o también relatos de naves abandonadas por su tripulación, cuyos cascos destrozados hicieron inseguras las rutas marítimas durante largo tiempo.

La historia de Ahasver, el judío errante, se encuentra estrechamente emparentada con la leyenda del Buque Fantasma.

Según la tradición, Ahasver fue un zapatero de Jerusalén que negó su ayuda a Jesús cuando éste recorría su camino hacia el Gólgota y que fue condenado por ello a tener que estar siempre caminando y a no poder morir nunca. La leyenda parece haber nacido en el siglo XIII. Recibió cada vez más aditamentos, porque en el transcurso de los siglos, con una curiosa regularidad, se hallan relatos sobre la aparición de Ahasver. Al parecer, se dejó ver en Holanda en el siglo XVI y apareció en España con una venda negra sobre la frente que cubría una cruz ígnea. En varias ciudades se enseñó al público los zapatos de Ahasver, prueba material de la existencia física del caminante fantasma. Mientras tanto se ha comprobado que Ahasver nunca existió.

Pero, ¿qué ocurre con las amazonas, ese pueblo de mujeres guerreras de la Antigüedad, entre quienes debió de ser costumbre matar a los hijos varones, conservando sólo a las hijas? La leyenda de las amazonas se desarrolló en muchas partes del mundo e independientemente -en el Mediterráneo y en Escandinavia, en los mares del Sur y en el Japón-; se conocen tradiciones sobre amazonas procedentes incluso del norte de Alemania. Casi siempre se dice que las mujeres guerreras -que al parecer se hacían amputar un pecho para poder disparar mejor el arco- habían vivido en una isla.

Posiblemente se encuentra aquí la solución al enigma. En las islas de escasa productividad agrícola existió la costumbre de separar radicalmente a ambos sexos para evitar una amenazadora superpoblación y, con ello, el hambre.

Los hombres y las mujeres sólo se podían encontrar a grandes intervalos de tiempo. En los comentarios antiguos se habla incluso de islas separadas para hombres y para mujeres. De acuerdo con esto, la leyenda de las amazonas habría nacido de una especie de «autolimitación biológica» en tiempos históricos. La semejanza con la actual problemática del control de nacimientos es evidente.

Los cuentos, leyendas y mitos de todos los pueblos están repletos de gigantes.

En nuestros días también existen hombres de gran estatura. Las estadísticas han determinado que la altura media de los alemanes es de 168 cm. El holandés Jan van Albert alcanzó 269 cm, el siberiano Kazanioff 283 cm, pero el récord se lo lleva el persa Sia Khad con 327 cm.

Así pues, siempre ha habido gigantes, al igual que enanos -aunque no precisamente con las dimensiones que nos han transmitido los cuentos y leyendas. Sólo hace poco tiempo se ha hablado de la suposición de que antiguamente navegantes espaciales de aspecto gigantesco podrían haber llegado a la Tierra ya habitada por sus diminutos habitantes; pero por el momento esta versión no puede ser tomada en serio.

El hombre de las nieves, llamado Yeti o Kangmi, también es descrito como una especie de gigante que se supone existe en el Himalaya y en otros parajes. Los alpinistas han informado sobre un monstruo de unos 250 cm de altura y varios quintales de peso, de andar erecto y pelo similar al mono. Los científicos escépticos pueden no creer en una especie, no extinta aún, entre el mono y el hombre. Se inclinan más bien por considerarlo como un oso, un mono o simplemente como alucinaciones. Pero los nativos de las zonas del Himalaya juran y aseguran que el Yeti existe.

¿Acaso no ha atacado, matado y mutilado a personas que ellos conocían?

Existen figuras legendarias más simpáticas que el Yeti. Una de ellas es la sirena, con su cola de escamas plateada.

Ningún hombre ha conseguido hasta ahora «pescar» una sirena, aunque, no hace muchos años, todavía se ofreció un premio en Inglaterra a quien consiguiera pescar una viva. Los legendarios seres marinos se sustrajeron a todo acercamiento. Y los científicos afirmaron que las sirenas no eran más que focas o algún animal similar.


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