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Las
rocas de la Bruja en Lindau en las orillas del lago de Constanza, se dice que
los primeros que llevaron hasta allí la santa verdad de la religión de Cristo
fueron san Columbano y san Galo. Y por eso el primero es el Patrón de
Rocschars, y el segundo, de Sankt Gallen. Se cuenta que una noche en que san
Galo tendía sus redes a orillas del lago -redes que él mismo tejiera en tardes
de trabajo y paciencia- oyó la voz de un demonio que salía de la espesura de
un bosque cercano. Este demonio, en tono agudo y chillón, llamó por su nombre
a otro espíritu que estaba en lo profundo del lago. Este último, que se
acercaba, contestó también, con voz potente:
-¡Aquí
estoy!
De
nuevo el santo oyó la voz del primero, que gritó, como un lamento:
-¡Ven
pronto en mi ayuda, oh espíritu hermano, y lucha conmigo contra unos malditos
extranjeros que llegan de lejos, derribando mis imágenes y haciendo que
abandonen mi culto los habitantes de las orillas del lago! ¡Ven conmigo y
juntos lucharemos hasta que, aterrorizados, huyan fuera de los límites de
nuestro país!
El
que estaba dentro del lago contestó;
-¡Ay,
cómo has dicho verdad! Por mí mismo la estoy sintiendo en este momento; uno de
ellos se ha apropiado de mis dominios y los convierte en un desierto. Por mucho
que haga, y por muchos medios que intente, no consigo desgarrar sus redes, ni
siquiera engañarle. Nada puedo, pues en los labios de este hombre, de ese
maldito extranjero, flota constantemente el nombre del Dios verdadero.
Entonces
el santo recobró su valor, se resguardó y se persignó y con el nombre de
Cristo en los labios exorcizó a los demonios y corrió al lado de su amigo y
maestro para contarle lo que le había sucedido. San Columbano llamó a capítulo
aparte a todos los hermanos que componían la comunidad, y apenas comenzaron a
entonar sus cantos y sus oraciones oyeron un terrible griterío que venía del
lago. Las aves volaron espantadas, y las aguas se agitaban como si soplase una
terrible tempestad. Era que los demonios huían ante el poder de las oraciones
de los monjes. Uno de los demonios, que en una bruja, en tres saltos voló sobre
el lago y escapó.
En las cercanías de la ciudad hay unas rocas que aún hoy llevan el nombre de Rocas de la Bruja. La más pequeña se encuentra cerca del balneario; la otra, cerca de la estación, y la última, que es la mayor, se ve cuando el lago está bajo, hasta cuatro pies por debajo del nivel normal. Según la leyenda, la bruja saltó apoyándose en las tres rocas, hasta ganar la otra orilla en un santiamén. Se cuenta también que hasta hace poco tiempo podían verse en las rocas huellas de pies humanos deformes.
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