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Muchos parapsicólogos (Gupta, Bose, Shrama, Mathur, Sahay, Sunderlal)
habían chocado con casos de niños que recordaban una vida anterior, pero gracias
a la meticulosidad y al rigor de Ian Stevenson, doctor en psicología de la Universidad
de Virginia, el fenómeno fue tomado en consideración por la comunidad científica.
Viajó a cualquier lugar del planeta en donde apareciera un caso. Hablando inglés,
francés, alemán, algo de español y portugués, en las ocasiones en que se necesita
traducir las entrevistas además de usar interpretes, grababa las conversaciones
para su posterior comprobación, asegurándose la fiabilidad de las declaraciones
mediante la repetición de los interrogatorios.
Cuando Stevenson preparaba en 1.973 la segunda edición de su libro más conocido, Veinte casos que hacen pensar en la reencarnación, llevaba recopilados cerca de 600 casos, de los cuales en colaboración con sus colegas había investigado personalmente un tercio. Aproximadamente la mitad procedían de la India, Ceilán, Tailandia y Burma; casi todo el resto de Turquía suroriental, Siria, Líbano, Europa y Brasil; siendo bastante escaso el fenómeno en Estados Unidos y Canadá, excluyendo a Alaska en donde se daba con asiduidad. El tópico de que la influencia cultural interviene en la aparente manifestación de la reencarnación parecía demostrado ante estas referencias.
En una primera instancia podemos hablar de dos fenómenos principales en los niños investigados: la memoria extracerebral, consistente en el aparente recuerdo de la vida anterior sin uso de la hipnosis; y las marcas de nacimiento semejantes a las heridas que causaron la muerte de la persona recordada, o cicatrices que éste llegó a tener en el cuerpo.
Un caso típico es el de Gnanatilleka Baddewithana, una niña nacida el 14 de febrero de 1.956 en Ceilán, y que a la edad de un año comenzó a hablar de otros padres. Doce meses después empezó a dar datos sobre su anterior familia, aunque era incapaz de determinar donde vivían. La niña afirmó que se encontraban en la ciudad de Talawakele tras hablar con unas personas que venían de allí. Entonces, dando la dirección y los nombres de sus padres anteriores quiso verlos. El venerable Piyadassi Thera y el Sr. H. S. S. Nissanka, de Kandy los localizaron con los datos aportados por la niña.
El 9 de noviembre de 1.954 había muerto un niño llamado Tillekeratne perteneciente a una familia de aquella localidad nacido el 20 de enero de 1.941. En 1.960 la niña viajó a la población, pero aunque reconoció varias edificaciones su anterior vivienda ya no existía y no se pudo encontrar a sus habitantes. Volvió de nuevo al año siguiente. Tras verificar sus recuerdos de varias personas relacionadas con su antigua vida, el venerable Piyadassi Thera, en una habitación del segundo piso de una posada, junto con sus padres, tres testigos ajenos a las dos familias implicadas, y el Sr. D. V. Sumithapala, profesor del niño fallecido, hizo pasar ante Gnanatilleka diferentes personas preguntándole simplemente: "¿Conoces a esta persona?". Los aciertos fueron espectaculares, llegando a distinguir a su salida de la posada a dos personas mezcladas entre la multitud.
No sólo se acordó de hombres y mujeres, también dio referencias de objetos y situaciones como el paso por Talawakele el 15 de abril de 1.954 del tren de la reina Isabel; la falta de cocoteros cerca de la ciudad; costumbres diferentes a las que conocía, como verse obligados a comprar la leña; narración de una leyenda enseñada por el profesor al difunto. Sin embargo, al igual que ocurre en la dramatización del trance de un médium las demostraciones subjetivas sobre particularidades de su identidad anterior, eran las que más impactaba a sus familiares: el cariño demostrado al reconocer a sus padres, la preferencia por una hermana mayor y la hostilidad con su hermano, una clara inclinación por el color azul, el apasionamiento hacia su antiguo maestro de escuela.
Por otro lado, la niña mostraba pese a su corta edad tendencias viriles. Una vez les había dicho: "Era chico. Ahora soy chica", y al propio Stevenson le llegó a asegurar que cuando era chico deseaba ser chica, y cuando se le preguntó cómo era más feliz respondió que como chica.
Las causas de la muerte del niño habían sido oscuras, ya que padeciendo un tipo indeterminado de infección en las vísceras su enfermedad se complicó con las heridas producidas al caer de un carro. Tras ser hospitalizado murió al cabo de unos diez días. Gnanatilleka mostraba un miedo especial a los médicos y procuraba no subirse a sitios que le hicieran correr el peligro de caer.
Siendo consciente de que cuando se plasman antiguas cicatrices y señales del difunto en el niño recién nacido, la verosimilitud de la reencarnación se acrecienta de modo notable, Stevenson se encontraba al corriente de la herencia genética de lunares y señales corporales estudiando los escasos trabajos publicados en sus días, incluyendo los del español C. A. Maruri. En diferentes países y culturas dio con el fenómeno sin que, como en el estudio de los indios tlingit, las explicaciones genéticas no parecían ser las más plausibles.
En Alaska además de los tlingit otros pueblos creían en la reencarnación (Tsimsyans, Athapaskans, Haidas). Durante las guerras contra los invasores blancos su ferocidad en la lucha se debía a la fe en retornar a una nueva vida libres de desgracias anteriores. Según el pueblo tlingit la reencarnación sólo se produce entre individuos de una misma familia, interesándose especialmente por las señales en la piel del recién nacido.
Víctor Vincent, un indio tlingit,
habló con su sobrina la Sra. Chotkin diciéndole que volvería a nacer como su
próximo hijo. El hombre deseaba tartamudear menos, y como verificación de sus
palabras el bebe vendría al mundo con dos marcas de nacimiento en los lugares
en donde el había sufrido dos operaciones (espalda y cara). Vincent falleció
en la primavera de 1.946, y el 15 de diciembre de 1.947 nació el niño con las
señales anunciadas. Contaba su madre que a los trece meses de edad, en
presencia de algunos familiares quiso oír al niño decir su nombre (le habían
puesto Corliss), pero sus palabras fueron: "¿No me conoces?, Soy Kahkody"
(nombre tribal de Vincent). Como en otros casos efectuó reconocimientos de
personas y lugares relacionados con su existencia anterior.
A los nueve años comenzaron a disminuir sus recuerdos, y a los quince desaparecieron por completo. Corliss había heredado formas de actuar, costumbres y el tartamudeo corregido por la logoterapia a los diez años, aunque volvía a aparecer en momentos de nerviosismo. Stevenson investigó el ingreso de Vincent, en 1.938, en el Hospital de Servicio para la Salud Pública de Seattle, en donde se le eliminó el lagrimal derecho. La cicatriz de la espalda podría responder a una pleuresía o al drenaje del pulmón cuando el hombre volvió en 1.940 al hospital aquejado de tuberculosis.
En los años sesenta los indios tlingit comenzaron a occidentalizarse y su creencia en la reencarnación estaba desapareciendo. Los ancianos seguían manteniéndola, los maduros no se reían de ella, y los adolescentes pensaban en general que se trataban de historias de viejos. Stevenson llego a hablar con un joven enterado de que en la India se creía en la reencarnación y que desconocía las leyendas de su propio pueblo. Muchos tlingit no querían ser entrevistados por miedo a las burlas que ocasionaban sus creencias tribales. Algunos de ellos se negaban a hablar siguiendo la tradición de sus antepasados pues hacerlo podía modificar negativamente sus vidas.
La xenoglosía también fue un fenómeno observado en los niños que recuerdan vidas pasadas. En el caso de Swarnlata, una niña hindú nacida el 2 de marzo de 1.948, se manifestó en el conocimiento de danzas y canciones interpretadas en bengalí pudiéndose identificar dos de ellas como poemas de Rabindranath Tagore.
Stevenson se mostró claramente partidario de la hipótesis reencarnacionista, pero en diferentes ocasiones insistió en que su investigación no la demostraba, sino que sólo acrecentaba la posibilidad de su existencia. Reexaminando su trabajo es sencillo averiguar el origen de sus dudas.
EL RECELO DE STEVENSON
Es una norma establecida por los parapsicólogos defensores de las teorías espiritistas, presentar como evidencia de sus principios las pruebas homogéneas de Stevenson, dejándose en el olvido los casos incómodos muy difícilmente encajables dentro del arraigado concepto filosófico del que disponen algunas disciplinas sobre la reencarnación.
En la película Pequeño Buda, una de las contradicciones metafísicas que acompañan a la creencia en la transmigración de las almas, recibe la solución ante el gran público. Si el ciclo de vidas se mantiene hasta que un sujeto consigue liberarse de los lazos terrenales, sería de esperar una disminución de seres humanos sobre el planeta, sin embargo ocurre todo lo contrario; cada día aumenta la población. El filme estipula la eventualidad de que un solo sujeto se reencarne en más de una persona (el lama fallecido de la historia lo hace en tres). Con ello, los abogados de la reencarnación occidentales han conseguido arrancarse una vieja espina clavada en lo más hondo de sus creencias, por muy impresionante que resulte la insinuación de que la personalidad puede disgregarse hasta límites inconcebibles, ya que si se siguiera esa línea, en media docena de generaciones nuestra identidad estaría repartida entre 2.187 individuos (seis más y llegaría a 1.594.323). Si la dispersión de la identidad personal puede parecernos ficción pura, los acontecimientos logran demostrarnos hasta qué posición la realidad puede desplazar a la fantasía.
El 16 de marzo de 1.964, Ian Stevenson viajó a Kornayel, un pueblo del Líbano, dando con Imad Elawar, un niño que al comenzar a caminar había llegado a decir: "Mirad, ahora puedo andar", pareciendo estar más contento por volver a andar que por dar los primeros pasos. Aseguraba haber pertenecido a la familia Bouhamzy, asentada en la localidad de Khriby. En un principio, ante lo que decía el niño, la familia llegó a la conclusión de que había sido un hombre llamado Mahmoud cuya esposa era Jamileh, y que murió por las heridas producidas por un camión (entre ellas la rotura de ambas piernas) tras discutir con el conductor. Además se acordaba de algunos detalles menos claros.
En este punto debemos detenernos con intención de comentar un hecho clave: la intervención de Stevenson. El investigador americano consideró que "los padres daban dichas por él algunas conclusiones sacadas por ellos", utilizando tiempo en inducirles (pienso que inconscientemente) a pensar que sus deducciones eran erróneas, ya que "...la investigación del caso de Imad encontró complicaciones desconcertantes y que en dos ocasiones dio la impresión de que iba a desmoronarse en fragmento inconexos y de poca importancia: una, cuando me enteré de que Mahmoud Bouhamzy no había muerto atropellado por el camión, y la otra cuando supe que la vida de Said Bouhamzy, el que había sido atropellado por el camión, no coincidía en los demás detalles con la información dada por Imad. Más aún, apareció también alguien que aseguraba ser la reencarnación de Said Bouhamzy".
Retornando de nuevo al caso. Stevenson llevó a término un estudio clásico de la historia narrada por Imad, viajando en diversas ocasiones a Khriby, en donde el niño recordó, como es habitual, personas y lugares. El problema se planteó muy pronto. A la circunstancia de que el niño aseguraba ser un hombre vivo y de que no se identificaba con Said, se unieron las descripciones sobre un hogar reconocido como el de otro familiar llamado Salim, en el que vivió un personaje de nombre Ibrahim, cuya mujer sí era Jamileh.
Aunque se mezclaban los recuerdos de los tres hombres (uno no había muerto), Stevenson se vio claramente obligado a pensar que el niño era la reencarnación de Ibrahim, siguiendo la hipótesis tradicional, pues de lo contrario el fenómeno parecía absurdo.
Imad aseguró haber tenido un amigo llamado Yousef el Halibi (el hombre todavía vivía pero aseguraba haber sido amigo de Said, no de Ibrahim); no reconoció a su supuesta madre; no mostró ningún sentimentalismo cuando se le presentó a la que debía haber sido su familia anterior. Stevenson siguió acumulando pruebas a favor de Ibrahim, pero el niño insistía en haber muerto en el accidente con el camión, mientras que Ibrahim había fallecido de tuberculosis.
El muchacho, a los catorce años
seguía estando seguro de recordar su vida anterior, pero al ser considerados
como erróneos los recuerdos de Mahmoud y Said se encontraba completamente
convencido de ser la reencarnación de Ibrahim. Durante nueve años se le fue
encaminando hacia este convencimiento, lo que se ve abiertamente en los cambios
experimentados con el paso del tiempo; por ejemplo, el disgusto por la muerte de
Lateife, su anterior madre, cuando la primera vez que la vio no mostró ningún
cariño especial. La púa duramente clavada en el caso de Imad siguió siendo
las afirmaciones sobre su muerte, cuando un camión le partió la columna y
ambas piernas. Incluso recordaba la intervención quirúrgica llevada a cabo
para intentar salvarle.
El caso se complicó en extremo cuando apareció otra supuesta reencarnación de Said en un sobrino suyo nacido en diciembre de 1.943 llamado Sleimann, tan sólo seis meses después de su muerte, y que vivía en Raha, Siria. Imad y Sleimann compartían rasgos comunes, entre el que es de destacar el miedo a los automóviles y camiones.
Si el caso de Imad resulta desconcertante desde todos los ángulos, no es el único que hace tambalear muy seriamente la hipótesis de la reencarnación.
En el verano de 1.961, Stevenson comenzó a investigar las afirmaciones de Jasbir, un muchacho que aseguraba ser la reencarnación de Sobha Ram, un joven brahmán muerto el 23 de mayo de 1.950 a la edad de veintidós años, en un accidente con un carro al regresar de una boda. No faltaron los habituales reconocimientos como en otros casos, pero el psicólogo encontró en éste algo muy fuera de lo usual: ambos habían coincidido en vida durante más de tres años.
Jasbir nació a finales de l.950, cuarenta y dos meses antes de que muriera Sobha, su "anterior identidad". Entre de abril y mayo de 1.954 (la fecha exacta no pudo ser establecida), Jasbir, que padecía viruela, fue dado por muerto dejándose su entierro para la mañana siguiente pues ya oscurecía. Durante la noche el padre observó movimientos en el niño, que poco a poco le devolvieron a la vida. Cuando pudo hablar aseguró ser otra persona.
La familia de Sobha no conocía algunos elementos de su vida descritos por Jasbir. Entre ellos se encontraba una deuda monetaria, y la afirmación de haber sido envenenado por ella. El supuesto criminal llegó a devolver a Jasbir las 600 rupias que debía a Sobha. Hasta tal fue el punto que los conocidos y familiares del fallecido lo identificaron con el joven muerto que Jasbir fue consultado tanto para la boda del hijo de Sobha como para la de una de sus hijas.
La historia de Jasbir no es única. Stevenson recogió en más ocasiones el fenómeno: uno en la India, en el que el niño y su anterior "reencarnación" coincidieron en el tiempo cuatro días y medio; en Tailandia dieciocho horas; y en Alemania cinco semanas. En 1.973 se encontraba estudiando un nuevo caso de las mismas características.
Un niño poseedor de la historia de la vida de tres hombres (uno de ellos vivo), y a su vez otro niño se entremezcla rememorando la existencia de uno de ellos, otro que renace tras una grave enfermedad como si fuera un muchacho de veintidós años que no había muerto cuando él nació. Los casos investigados y analizados por Stevenson tan sólo son pruebas de que estos niños, en apariencia, poseen una información imposible de ser obtenida gracias a los sistemas conocidos, pero de ninguna forma demuestran la reencarnación.
Así como suelen existir los amigos imaginarios durante la niñez, tema cuyo origen es atribuido a cuestiones puramente psicológicas, en los lugares donde la reencarnación es tomada en cuenta el niño podría encaminar sus fantasías hacía una vida anterior. En sociedades menos enraizadas en el inhibidor materialismo cientifista un niño por medio de la percepción extrasensorial sería capaz de captar sucesos de la vida de otras personas adoptándolos como propios. Esta clásica hipótesis no resuelve las ocasiones en que un bebe nace con marcas de su anterior existencia, y tampoco debemos olvidar que hasta donde se suponía la percepción extrasensorial en ninguna circunstancia era capaz de producir la completa absorción de una personalidad ajena.
AMIGOS IMAGINARIOS
El terrorífico socialismo soviético de los años treinta persiguió a los intelectuales, llevando a cabo purgas en universidades y centros de investigación. Lev S. Vygotsky, que se había percatado de la importancia que tenía el hecho de que muchos niños de corta edad hablaran solos, fue tachado de renegado por su trabajo, pero antes de que pudiera defenderse ante el partido murió en 1.934, y dos años más tarde quedó prohibida la divulgación de sus investigaciones.
En Occidente, desde los años veinte, Jean Piaget, que había estudiado los soliloquios infantiles en el Instituto J. J. Rousseau de la Universidad de Ginebra, consiguió convencer a la mayoría de sus colegas de que el habla solitaria de los niños se debía al egocentrismo de mentes inmaduras. Con la llegada al poder en la antigua Unión Soviética de Nikita S. Khrushchev, y gracias a su política más liberal, la labor de Vygotsky dejó de estar vedada a mediados de los años cincuenta. Durante 1.962 se publicó una recopilación de sus trabajos en Estados Unidos bajo el título de Reflexión y Lenguaje, que le valió a Lawrence Kohlberg de la Universidad de Harvard para comenzar junto a su equipo una investigación que respaldó las hipótesis del pionero soviético.
Aquí tenemos dos buenos ejemplos de la subjetividad de la ciencia: en política el "imperio de terror" de Stalin valió para que muchos niños terminaran en manos de psicólogos, y el peso de Piaget como autoridad científica impidió a los especialistas en la mente percatarse de que abordaban una cuestión natural que no debía ser tomada como un tipo de desajuste mental. En otras áreas del saber humano nadie conoce hasta qué punto la política y la autoridad habrán impedido el desarrollo de ideas, conduciéndonos por senderos erróneos y consiguiendo una pérdida de conocimientos quizás imposibles de recuperar. El caso de los soliloquios ha llegado a ser dramático para muchos niños reprendidos por sus "fantasías" y sometidos a tratamientos que han marcado su vida de adultos.
Por suerte, el trabajo de Vygotsky no fue destruido ni ocultado como ha sucedido con otros muchos a lo largo de la historia. A mediados de la década de los ochenta, cincuenta años después de su muerte, los estudios sobre el habla privada infantil habían confirmado su investigación.
Entre un 20 y un 60% de los comentarios que llegan a hacer los niños menores de 10 años pertenecen a conversaciones con ellos mismos, que pueden ser divididas de diferentes formas, por ejemplo: frases sin sentido para los demás, dirigirse a objetos como si fueran seres vivos, expresiones de sentimientos promovidos por experiencias pasadas, descripción de tareas dándose instrucciones a sí mismo para realizarlas, leer en voz alta, modular palabras intentando pronunciarlas bien, y murmullos no entendibles. Las investigaciones llevan a la conclusión momentánea de que existe una ceñida unión entre habla privada, relación social y aprendizaje, pues se ha observado una influencia interdependiente de los tres factores.
El hecho de hablar solos resulta fundamental para que los pequeños dirijan sus actuaciones, obtengan habilidades nuevas y se enfrenten con éxito ante situaciones a las que no están acostumbrados, es decir, para moldear su personalidad. El soliloquio parece ser esencial para la autoorientación infantil, hasta que el contacto con los adultos y su sociedad establece las normas por las que los mayores nos dirigimos, aunque hablarse a uno mismo puede surgir a cualquier edad o en cualquier momento en que se necesite la autoafirmación.
Los niños educados en la cultura occidental hablan de manera solitaria con mayor frecuencia que los de otras culturas. Las investigaciones de Laura E. Berk, de la Universidad estatal de Illinois, y sus colaboradores con los indios apalaches, chocó con que sus hijos utilizaban más tardíamente el soliloquio. Esto es debido a que los padres de mentalidad occidental conversan con mayor asiduidad con sus hijos que los padres apalaches, los cuales además de hacerlo en menor medida suelen utilizar gestos más que palabras.
El habla privada también sirve para llamar la atención de los adultos, siendo muy común su utilización en casos de celos por el nacimiento de un hermano o cuando las obligaciones de la vida separan las relaciones naturales entre progenitores e hijos (en la literatura infantil es corriente encontrarlo). En niños con deficiencias de atención y problemas de aprendizaje se ha observado una mayor utilización del habla privada audible por los investigadores, así como un retraso en transformarla en interior, que a la vez de servirles de autorregulación y autodesarrollo vale para reclamar el interés de los adultos. Cuando reciben ayuda hablada que les suministrar orientación o información para resolver un problema llegan a incorporar las palabras del educador a su soliloquio.
Dentro de las culturas en que la
reencarnación es tomada en cuenta, la figura de los padres (sobre todo la del
padre) suele encontrarse revestida de un trato cismático hacia sus hijos, y los
niños, si desean llamar la atención de los adultos, se ven obligado a que sus
hablas privadas contengan algo que les interese en extremo (aunque sea para
reprenderlos). Esta relación entre ascendientes y descendientes ha sido
descrita por parapsicólogos en las manifestaciones de diversos fenómenos
paranormales (visiones en el momento de la muerte, experiencias cercanas a la
muerte, apariciones) atribuyéndole algunas diferencias halladas entre culturas
no relacionadas, pero pese a que Stevenson llegó a considerarla no le prestó
una atención suficiente.
El niño incorpora como suyos los observables inducidos por sus mayores, que en el caso de creer en la reencarnación ya comenzaron con anterioridad su estructuración física (señales en el cuerpo). Desde el momento en que se empieza a fusionar la propia estructuración con la producida por los demás la personalidad surge bífida, siendo por un lado la de una persona independiente y por otro la que el pequeño comienza a colapsar como un sujeto ya fallecido. Siendo la realidad una reedificación constante e ininterrumpida del mundo, desde que se comienza a investigar la supuesta reencarnación los acontecimientos se acoplarán para que la línea hacia el pasado resulte coherentes con la realidad común. Así los casos en que coexistieron dos sujetos durante meses o incluso años, y aquellos en que varios niños recuerdan una misma existencia son un producto del propio acto de indagación.
Los pequeños educados bajo la mentalidad occidental presentan un escaso índice de recuerdos de una vida anterior por varios motivos, de los que destacan una mayor comunicación con los padres y por lo tanto menor deseo de llamar su atención; y la no existencia en el pasado de una inducción directa o indirecta sobre la reencarnación, aunque con su divulgación comenzaron los casos y es de esperar un aumento dada la popularidad alcanzada por el tema. El mejor ejemplo que hemos visto puede ser el de los indios tlingit de Alaska, en donde el proceso se invirtió al ir entrando en la educación del hombre blanco.
CONCEPTO DE REENCARNACIÓN
Gnanatilleka no supo decir dónde había vivido en su anterior existencia hasta que recibió la visita de unas personas procedentes de Talawakele, la Sra. Chotkin estaba segura de que su tío Vincent se reencarnaría en su hijo, Imad se acordaba de las vidas de tres hombres; y no lo olvidemos, uno de ellos vivo, Jasbir coincidió en vida con su anterior identidad durante más de tres años. Viendo todo esto es comprensible que Stevenson dudara en afirmar categóricamente que la reencarnación estaba probada.
Mientras se forma la personalidad, siempre dentro del colapso establecido con su sentido del tiempo, la identidad del sujeto es estructurada por el conjunto de los seres vivos. Si se trata de una persona adulta la que adquiere una nueva personalidad la línea colapsada hacia el pasado puede pertenecer a una vida ficticia como el caso de Bloxham que recordó una historia perteneciente a una novela, o formar parte de hechos históricos auténticos. En los niños, debido a la falta de datos a su alcance, incluso un personaje de televisión como le sucedió a Mariam. Siempre la línea hacia el pasado dispondrá de coherencia dependiendo ésta si la estructuración se realiza en la realidad privada o en la compartida.
Los soliloquios son una muestra de como el niño entabla contacto con el mundo exterior incorporando en su carácter las estructuras de sus mayores. Los diálogos privados quizás no tengan demasiada importancia para los adultos en occidente, pero cuando el niño que los realiza se encuentra en una cultura que tiene en cuenta la reencarnación no tardará en llamar la atención. Como sujeto perteneciente al mundo material su estructuración comenzará a colapsar siguiendo una dirección marcada por las personas que lo rodean, y que comenzó cuando todavía era un feto. Por ello los parapsicólogos creyeron encontrar un fuerte lazo telepático entre madre e hijo durante el embarazo que iba desapareciendo después del parto con el transcurrir del tiempo.
Los adultos somos responsables de la personalidad infantil en mucha mayor medida de lo que creemos, aunque los pequeños como entidades individuales son a su vez edificadores de la realidad, y como tales responden a los patrones que impulsan a otros grupos a modificar el colapso establecido. De nuevo debemos volver a considerar los traumas provocados por padres que maltratan y abusan de sus hijos. Si en occidente el índice de estos sucesos es alarmante pese a los castigos impuestos y la consciencia social que intenta reprimirlos, el países en donde los abusos no son perseguidos el tanto por ciento se incrementa espantosamente. En muchas de estas culturas los niños no son respetados en más de un sentido, la mortandad infantil nos llega a estremecer, a lo que se añade la miseria y unas pésimas condiciones de vida. ¿Quién no querría ante esto transformar la realidad?.
Un alto porcentaje de los casos estudiados por Stevenson en el Tercer Mundo presentaban la peculiaridad de que la supuesta vida anterior pertenecía a una escala social más alta o mejor considerada. Por otro lado en un 5% se había dado un cambio de sexo entre una vida y otra, como en el caso de la viril niña Gnanatilleka que en su anterior vida había sido un niño con tendencias femeninas. Los recuerdos parecían otra vez intentar ser una válvula de compensación que permitía a los niños decir "ahora soy así, pero antes...", lo que sumado al respeto infundido a los adultos conseguía grandes mejoras en el trato y en el estilo de vida. Por ejemplo, Jasbir de la casta Jat que decía haber pertenecido a la superior casta Brahmán, logró que se le otorgaran signos de distinción: su comida se cocinaba separada del resto de la familia en cacerolas de metal, y se le dejaba comer el primero como muestra de respeto a su superioridad.
Aunque cualquier explicación
entra en el campo de la especulación algunos hechos son evidentes. En los
niños no se conocen casos en que sus recuerdos se remonten a vidas
transcurridas en la Roma del siglo II o la España del XII, ni que adopten
personalidades de personajes de la fantasía o la ficción si exceptuamos algún
caso como el de Miriam que adoptó la identidad de uno perteneciente a la
televisión, pero entonces nos negamos a relacionarlo con la reencarnación. Los
niños con problemas al igual que los adultos tienden a colapsar una realidad
diferente a la que les ha tocado vivir. Cualquier investigación bibliográfica
descubre fácilmente que ambos fenómenos, reencarnación y mediumnidad,
comparten tantas características comunes que resulta imposible separarlos:
estados transformados de consciencia, sueños premonitorios, trances, y
comunicación con espíritus elevados (la niña Sobha en su paso por la muerte
se encontró con un hombre santo, un sadhu que desde entonces guía su
vida en muchas ocasiones).
"Tan sólo una ilusión", dijo Einstein del tiempo haciéndose eco de una idea mostrada y enseñada por místicos y filósofos de todos los tiempos y todas las culturas. Pero sin tiempo no puede existir reencarnación. El antes y el después carecen de significado real, siendo únicamente un atributo de la mente consciente dentro del colapso establecido. Los recuerdos no son evocaciones de cosas pasadas, sino una estructuración de los acontecimientos retrospectivos.
Ningún instaurador de religiones o místico, cuya experiencia se haya fundamentado en la introspección contemplativa ha transmitido la idea de la reencarnación, pues resulta imposible de casar con la no existencia del tiempo, difundiéndola realmente aquellos personas que hablan de revelaciones efectuadas por entidades espirituales de cuya existencia no podemos tener constancia el resto de nosotros, pues pertenecen a una realidad particular que en contadas ocasiones puede ser compartida.
La personalidad humana no es un bloque compuesto de diferentes áreas asociadas a la memoria, sino el colapso de las ondas de probabilidad que da como resultado el mundo conocido. Todo lo que pensamos que ha ocurrido es el colapso establecido. Los acontecimientos, los hechos, los desplazamientos, el significado que les damos, lo que expresan y simbolizan para nosotros son "recuerdos" reedificados continuamente y enlazados por su sentido. Evocar una existencia anterior es reestructurar un pasado psíquico y físico acorde con el presente.
Este pensamiento resulta sorprendente e inquietante en principio, pareciéndonos algo imposible debido a que nos vemos como seres limitados y restringidos a llevar una existencia regida por una leyes exteriores a nosotros mismos. No sólo Jesucristo dijo "dioses sois", otros muchos también lo han afirmado, pese a que la imagen de verse a uno mismo como un dios no pueda ser fácilmente aceptada por el hombre corriente. Ha sido algo que no hemos podido asimilar, y por lo tanto resulta más sencillo dejarlo a un lado como una curiosidad filosófica, cuando en verdad aquellos que lo afirmaban podían muy bien saber lo que estaban diciendo.
Según esto, reencarnación no es sinónimo de vidas anteriores en el sentido que le damos comúnmente, lo es de estructuración de líneas hacia el pasado lógicas para la mente. Podemos pensar que dentro del colapso establecido y mientras uno lo recuerde como algo real, se tratará de un hecho tan auténtico como esta existencia, pero eso esconde el concepto de considerar al tiempo pues entonces la línea se dibuja de "atrás hacia delante", influyendo lo pasado en lo actual, cuando se trata de un "delante hacia atrás" fuera de cualquier marco temporal.
Para una mayor aclaración
La
teoría del colapso: Base para un nuevo paradigma
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