|
VISITA A NUESTROS PATROCINADORES |
|
|
||||
|
|
||||
|
|
|
El profesor Lifante y J. F. Valero |
Desde que a
comienzos de siglo los hermanos Wilbur y Orville Wright realizasen sus famosas
hazañas de vuelo, la aeronáutica ha experimentado una vertiginosa evolución,
fruto de los continuos esfuerzos e investigaciones que diferentes individuos han
venido desarrollando a lo largo y ancho de nuestro planeta en los últimos cien
años.
Una de esas personas que trató de contribuir en el avance
tecnológico de la aviación, adelantándose en mucho a su tiempo, es José Lifante
Lozano. Este ex-profesor de Ciencias, nacido el 26 de marzo de 1924 y afincado
en Jumilla (Murcia), patentó hace cuarenta años, entre otros múltiples inventos,
un modelo de aeronave que, por sus características, coincide con los típicos
"platillos volantes". Se trata, sin duda alguna, de lo que algunos expertos en
Ufología han calificado como el primer "platillo volante" español -al menos
legalmente- ya que no se tienen noticias de ningún proyecto anterior de
semejante magnitud en nuestro país.
|
Antecedentes históricos |
Para conocer las primeras
tentativas -a nivel mundial- de fabricación de aviones con forma de platillo es
preciso remontarse a los años veinte, fecha en la que aparecen los diseños del
norteamericano H. Zimmerman o del británico Lee Richards. Poco más tarde, en los
lejanos años treinta, el científico alemán Víctor Schauberger planteó la
fabricación de aviones con forma circular.
Sería algún tiempo después, un
poco antes de la Segunda Guerra Mundial, cuando los alemanes Schriever,
Habermohl y Miethe, junto al italiano Bellonzo, realizarían independientemente
varios proyectos sobre "discos volantes". A pesar de que se ha escrito mucho
sobre las famosas máquinas que estos ingenieros desarrollaron durante la guerra,
diversas fuentes de información, tales como la revista alemana "Lufthart
International" (Navegación Aérea Internacional) desmentían en mayo de 1975
dichas afirmaciones, aclarando que únicamente se trató de proyectos teóricos y
que nunca se llegaron a fabricar aquellos artefactos con forma de platillo.
De cualquier modo, existe bastante confusión alrededor de todos los
proyectos diseñados antes de la década de los cincuenta, y es a partir de
entonces cuando ya se puede constatar a nivel oficial la inscripción de varias
patentes en Europa y Norteamérica, y donde se enmarca precisamente la "turbina
aérea" del científico español.
Es preciso destacar que, tanto los diseños
anteriores al de Lifante Lozano, como los presentados en años sucesivos, guardan
analogías con él únicamente en cuanto a la forma exterior del aparato y
recuerdan bastante a los famosos "platillos volantes" avistados en los primeros
tiempos de la Ufología, pero existen notables diferencias cuando se abordan
aspectos tales como los métodos de propulsión y navegación de los ingenios
voladores, o las características internas de estos aviones-platillo.
|
La "Turbina Aérea" |
En el caso concreto que nos ocupa
hay que indicar que toda la fundamentación física y matemática está recogida en
los seis folios que configuran el grueso de la patente que, con
el nº 224592, fue presentada en la Oficina de Patentes y Marcas de Madrid el 21
de octubre de 1955, siendo aprobada definitivamente el día 7 de noviembre del
mismo año.
El aparato, tal y como puede observarse en los planos, aparece
dibujado bajo tres perspectivas diferentes. En la primera figura, se muestra el
diseño en planta, viéndose claramente con superficie rallada los álabes que
imprimirán movimiento al objeto.
Más abajo, en la figura nº 2, se
distinguen la casi totalidad de los elementos que lo integran, diferenciándose
las dos partes principales que son, por un lado, la zona superior formada por
los citados álabes y los depósitos de combustible, y, por otro, la parte
inferior, donde se sitúa la cabina de mandos.
La idea básica en la que se
fundamenta este invento consiste en otorgar movimiento a los álabes, mediante
los oportunos motores a reacción colocados en ellos, consiguiéndose un continuo
giro circular de la parte superior del "disco volante" que, al ir absorbiendo grandes masas de aire, provocará el vacío y ocasionará la consiguiente
elevación, debido a la eliminación de la presión atmosférica sobre el objeto.
Evidentemente, como la citada presión atmosférica incide sobre todo el resto del
artefacto, excepto en la parte superior, éste adoptará altas velocidades en
vuelo, siendo posible la navegación aérea con el uso de los correspondientes
mandos de control y el necesario estabilizador que evitará el giro de la
cabina.
Para profundizar en los detalles, es preciso observar con
atención todas las partes que aparecen numeradas del uno al diez en el corte
seccional vertical de la figura nº 2, indicando paso a paso cuál sería el
proceso a seguir para lograr un vuelo experimental con la "turbina
aérea".
Como ya se ha dicho, los álabes que otorgan el movimiento
circular a la máquina están marcados con los nº 2 , 3 y 4, percibiéndose con
claridad el estrechamiento progresivo hacia la parte exterior. Durante el giro
de la turbina, el aire entrará por la apertura máxima -punto 3- y saldrá a gran
presión por el punto 4, donde se sitúan tanto una pequeña apertura del depósito
de combustible -punto 5- como los elementos que provocarán la correspondiente
ignición, creándose así el vacío como consecuencia de la absorción de aire que
realiza la turbina.
En la parte inferior se puede ver lo que constituye
la cabina destinada a los pilotos -punto 1-, dentro de la cual se sitúan los
mandos para manipular la nave -punto 9-, controlando desde allí tanto el
estabilizador -punto 10- como las diversas entradas de aire que pueda tener el
aparato y que serán tantas como álabes sean dispuestos en él.
Las dos
partes -superior e inferior- que integran el cuerpo del objeto se unirán a
través del eje axial -punto 6- y unos rodamientos a bolas (cojinetes) marcados
con los puntos 7 y 8, que posibilitarán giros continuos de una parte sobre la
otra.
Suponiendo que el artefacto esté quieto en tierra, una vez
accionado el motor auxiliar de arranque -previo a los motores de reacción- y que
la turbina comience a girar, se producirá el arrastre de la cabina en el sentido
de giro de los álabes, motivado por las fuerzas de inercia que se crean. Para
evitar que esto ocurra se ha dispuesto de un estabilizador -punto 10- que
mantendrá la cabina sin girar, proporcionando a los tripulantes ciertas
garantías de integridad física.
|
Ciertos detalles puntuales |
El invento de Lifante Lozano,
lejos de tratar de emular a los famosos "platillos volantes", adoptó dicha forma
por sus buenas condiciones aerodinámicas. De hecho, a pesar de que este
científico español había oído algunas historias sobre Ovnis por aquellos años,
la génesis de su idea hay que buscarla mucho antes, en sus tiempos de niñez,
cuando un juguete -en forma de hélice- que le regaló su abuelo se convertiría en
el promotor del ulterior invento, que sería desarrollado más tarde cuando
adquirió una sólida base científica en las aulas de la Universidad de
Murcia.
Algo similar ocurrió pocos años antes con las mencionadas
"peonzas voladoras" del conocido ingeniero alemán Rudolf Schriever, quien
igualmente basó sus aviones circulares en juguetes de similares
características.
Al igual que posiblemente ocurrió con Schriever, el
invento de Lifante Lozano nunca llegó a materializarse físicamente, debido
quizás al planteamiento un tanto excéntrico que éste suponía en aquella época,
como a la escasez económica de la España de la posguerra. Aunque lo cierto es
que los comentarios que el inventor español recibió de parte de ingenieros y
pilotos experimentados apuntaban a la posibilidad de la implementación exitosa
de sus ideas, en tanto que los principios se atenían estrictamente a las leyes
de la física.
|
Otros proyectos sobre "Discos Volantes" |
Por las mismas fechas en que
Lifante Lozano patentó su proyecto, algo similar ocurría en otras partes de
Europa. En 1952, el citado Schriever solicitó en Alemania una patente sobre los
trabajos que había venido desarrollando durante once años. Poco tiempo después,
en 1954, tan sólo un año antes de la patente española, el italiano Scipione
Mattolin registró en la Cámara de Comercio de Génova una patente sobre un avión
con forma de disco. Ya después de Lifante Lozano, sería el físico teórico
Freeman Dyson quien hacia 1958 inició un plan para diseñar una nave espacial de
propulsión nuclear, en el marco del "Proyecto Orión", que reunió a un grupo de
científicos en La Jolla (California). Sería veinte años más tarde, en noviembre
de 1978, cuando la Oficina de Patentes y Marcas de España recoge nuevamente, con
el nº 475287, un proyecto de un objeto con forma de "platillo volante"
presentado por el malagueño Rafael Sánchez Garrido, quien atribuía a su invento
características y técnicas de propulsión distintas a las de la "turbina aérea"
del inventor murciano.
La complejidad inherente al tema de la fabricación
de los "platillos terrestres" se agudiza cuando vemos que en diferentes lugares
aparecen proyectos con elementos comunes, procedentes de individuos que
aparentemente no se conocen entre sí. A este respecto, Lifante Lozano denuncia
la aparición en la revista alemana "Kristall" -tiempo después de su patente- de
un artículo que recoge un proyecto similar al suyo y que podría constituir una
copia del citado invento español por parte de los alemanes. Aunque quizás la
explicación en esta ocasión haya que encontrarla en la excéntrica teoría de los
"campos morfogenéticos", enunciada por Rupert Sheldrake, según la cual existe
una zona, una especie de memoria colectiva jungiana, que recogería los
conocimientos y experiencias humanas y a la que ciertos individuos, de modo
inconsciente y accidental, tendrían acceso ocasionalmente a causa de las
resonancias mórficas, llegando a idear proyectos parecidos en lugares bastante
alejados entre sí.
De cualquier forma, podemos afirmar que desde entonces
hasta ahora, las investigaciones en diversos países en materia de navegación
aérea con artefactos en forma de platillo no han cesado, prueba de ello son los
experimentos con ciertos fundamentos similares a los de la "turbina aérea", que
en la ciudad rusa de Saratov, situada al sureste de Moscú, se han llevado
recientemente a cabo, bajo la supervisión del ingeniero Lev Schukin, y que
denotan que el último capítulo sobre la construcción de artefactos terrestres
que pretenden emular a los "escurridizos" Ovnis no ha sido escrito todavía
...
Entrevista publicada originalmente en
Tierra-2
|
|
||||
|
|
||||
Reservados todos los derechos. Prohibida la reproducción parcial o total.
Fotomontajes, textos e imágenes procedentes del archivo del Grupo Editorial
Bitácora, Publicaciones Electrónicas. Envíenos un e-mail y solicite
autorización. |