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LA CIENCIA DE LOS ANTIGUOS
Luis Ramón Cajal


 

Dibujo original
de
Wilhelm Koenig

¿Constituye la historia de la humanidad un movimiento de progreso, irregular pero constante, desde del salvajismo hacia la civilización? ¿O acaso sólo estamos redescubriendo prodigios que nuestros antepasados ya conocían miles de años antes del nacimiento de Cristo?

En China ha sido hallada una hebilla de cinturón fabricada con un aluminio de alta calidad; y se supone que el aluminio fue descubierto en 1803 y no fue aislado hasta 50 años más tarde. La hebilla fue examinada por los arqueólogos, quienes determinaron que tenía cerca de 1700 años de antigüedad.

Los egipcios y los palestinos de hace 5000 años poseían instrumentos, utilizados para la construcción y la fabricación de ornamentos, hechos de un bronce endurecido hasta un punto que aún hoy no ha podido lograrse.

Se han encontrado utensilios, herramientas y ornamentos de una antigüedad de miles de años, procedentes de Asia, Europa, América del Norte y del Sur, cuya manufactura demuestra una habilidad y una exactitud que actualmente requerirían maquinada de precisión y a veces fundiciones a temperaturas extremadamente altas.

Una leyenda de los antiguos hebreos habla de una joya brillante que Noé colgó en el Arca para dotarla de una fuente permanente de iluminación. Otra leyenda menciona un objeto similar que adornaba el palacio del rey Salomón, unos 1000 años antes de la era cristiana. Otras leyendas del Oriente Próximo se refieren a joyas que iluminaban las tumbas, como si estuvieran dotadas de una fuente de energía de duración casi ilimitada. Estas historias parecen sugerir que, durante toda esa época, pudo haber sido utilizada alguna forma de energía atómica.

En Egipto e Irak se han encontrado ornamentos cuya fabricación se remonta a 4000 años atrás; mostraban evidencias de que habían sufrido un proceso de galvanización, aunque siempre se había pensado que ese procedimiento sólo se había desarrollado a partir del siglo XIX.

Poco antes de la Segunda Guerra Mundial, un arqueólogo alemán, el doctor Wilhelm Koenig, descubrió en Iraq una sede de vasijas de barro con una antigüedad de 2000 años. Cada una de ellas de hierro; estaban selladas con betún. Los análisis mostraron que las vasijas habían contenido algún tipo de ácido. El doctor Koenig llegó a la conclusión de que las vasijas eran una especie de generadores eléctricos; y luego, cuando las sometió a pruebas con una solución ácida produjeron de uno y medio a dos voltios de electricidad.

A medida que los arqueólogos realizan descubrimientos cada vez más sorprendentes, aumenta la necesidad de reflexionar si nuestros talentosos ancestros no habrían llegado, en algunas ramas de la ciencia, a un grado de desarrollo que el hombre del siglo XX tiene dificultades para igualar.


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