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“Hay
que reconocer que ningún fenómeno
(César
Lombroso, 1836-1909)
MODO DE INTRODUCCIÓN
Cuando hablamos del lado fraudulento de los fenómenos paranormales
siempre nos viene a la mente toda esa legión de estafadores psíquicos,
falsos profetas, futurólogos charlatanes, etc. Ardua labor tiene la
Parapsicología para librarse de una vez por todas de esos indeseables
intrusos que oscurecen la imagen sería de la investigación de los fenómenos
anómalos 1
.
Aún más complicado resulta descubrir los fraudes inconscientes,
distinguir lo paranormal de lo patológico y lo auténtico de lo patomímico.
Miles de personas, aparentemente honestas, sin ánimo de notoriedad, sin afán
de lucro, y sin ningún tipo de interés, aseguran haber vivido un episodio
de carácter paranormal. Si no encontramos ningún indicio aparente de
fraude ¿cómo podemos dudar de sus testimonios?... Aún así, un porcentaje
de esta gente mienten: son los pseudólogos fantásticos (también conocidos
como mentirosos patológicos). La moderna Psicopatología tiene mucho que
decir sobre estos individuos y los trastornos ficticios y de simulación que
padecen 2.
Hoy día, los parapsicólogos más críticos atribuyen el movimiento
del vaso, en las sesiones de “oui-ja”,
a automatismos musculares inconscientes: “Son
movimientos automáticos, inconscientes, realizados por las personas que
colocan los dedos sobre el vaso. Lo que el inconsciente piensa, sabe,
imagina, supone, inventa... o adivina parapsicológicamente, lo manifiesta
por movimientos inconscientes” (González Quevedo, 1977). Otros parapsicólogos, aún más
racionalistas, consideran que el vaso es movido deliberadamente por alguien:
“El
fenómeno de la ‘oui-ja’ en su versión de vasografía nunca ha
existido, y el movimiento de la copa es una impostura de algún bromista”
(Jordán Peña, 1991) 3.
¿Explican ambas tesis definitivamente todos los casos de práctica
vasográfica?... No es justo generalizar, pues como bien apunta el Prof. Germán
de Argumosa, “así
como de un hecho verificado no podemos afirmar a priori que todos los demás
sean auténticos, resulta igualmente anticientífico asegurar que todo es
fraudulento porque se hayan comprobado lamentables casos falsos”.
Si bien la “hipótesis
espiritista” -es decir, que un espíritu desencarnado es quien causa
el desplazamiento del vaso hacia las letras para componer un mensaje- puede
parecernos, a estas alturas, tremendamente inverosímil (ya, en 1956, el
eminente parapsicólogo René Sudre
señalaba que “el
análisis psicológico de la teoría espiritista, referido a los hechos en
los que se funda, contribuiría a evidenciar su gran debilidad, que linda a
veces con lo absurdo”), no podemos negar la posibilidad de que
-ocasionalmente o no- el vaso se mueva por una acción telecinética
conjunta de los participantes (fenómeno polipsíquico), como propone la
Parapsicología Animista. El ambiente, la concentración, el estado de ánimo,
el deseo compartido de que se mueva el vaso, etc. pueden servir como
factores desencadenantes de un nivel mental propicio que ocasione, por vía
psicocinética, el desplazamiento del vaso.
Los mensajes recibidos, dicen los parapsicólogos animistas, procederían
de la mente inconsciente de los participantes; de hecho, se ha descubierto
una sospechosa relación entre la mentalidad de éstos y la información
obtenida a través de la “oui-ja”
(nivel cultural, calidad gramatical, conocimientos...)
Algunas escuelas psicológicas también comparten la idea de que, a
través de este sistema de canalización –como en otros 4
-, se manifiestan los contenidos de la parte inconsciente de nuestra psique 5.
Los que participan en esas
sesiones espiritistas creen, erróneamente, que la información procede de
una fuente exógena... Cierto es que -como argumentan los defensores de la
hipótesis espiritista- hay ocasiones en que esos mensajes transmiten
información desconocida por los participantes, tanto a nivel consciente
como inconsciente, e incluso también se pueden dar predicciones sobre
hechos futuros que, aunque no siempre, al cabo del tiempo se cumplen... ¿Es
la prueba que evidencia el contacto entre nuestro mundo físico y un “más
allá”?... Pensamos que no. Los participantes, bajo ese estado
especial al que aludimos anteriormente, podrían obtener información por vía
extrasensorial y establecer no sólo una conexión telepática entre ellos,
sino con otras mentes inconscientes y ajenas 6.
“OUI-JA”:
UN ACCESO AL MUNDO PARANORMAL
Realizada la anterior y necesaria aclaración, quisiera confesar a
nuestros queridos lectores que la “oui-ja”
fue mi bautismo de fuego en estos temas. Esta práctica “espiritista” me
fue abriendo las puertas, a principio de los años ochenta, del ignoto y
apasionante mundo de los fenómenos paranormales. Participé en numerosísimas
sesiones vasográficas, y aún conservo con cariño buena parte de las
comunicaciones transcritas en folios. Recuerdo -y reconozco- que varios
compañeros de BUP estábamos obsesionados con el tablero “oui-ja”
que, por aquel entonces, considerábamos -ingenuamente- un medio para
conectar con “entidades
extrahumanas”. En aquellas frecuentes reuniones en torno a las letras
y al vaso, “contactamos” con personajes tan variopintos como Satanás,
San Pedro, Larra o Carlomagno...
Tampoco faltó la época en que se “colaron”, a través de la sutil
frontera que marca la “oui-ja”
y la predisposición mental de los reunidos, seres que decían proceder de
lejanos planetas...
Con el tiempo, y conforme fui investigando y documentándome a fondo
sobre los temas paranormales, terminé convenciéndome de la posibilidad de
que la mente humana, y no “entes
espirituales”, podría estar detrás de los contactos vasográficos.
Todo ello, sumado al aburrimiento y apatía que ya me producían las contínuas
sesiones, hicieron que la “oui-ja”,
para un servidor, quedase olvidada y hoy no sea más que un nostálgico
recuerdo del pasado. Mi particular búsqueda del misterio tendría trazados
nuevos caminos mucho más fructíferos...
Aún con la tesis defendida líneas atrás -es decir, que realmente no conectemos con entidades extrahumanas sino con nuestra mente inconsciente-, el riesgo sigue siendo el mismo, y todas las advertencias contra este tipo de prácticas son insuficientes. La obsesión y la sugestión son los principales ejes que convierten a la “oui-ja” en un peligroso juego 7 ...
EJEMPLO
DE UN FRAUDE ¿INCONSCIENTE?
Centrándonos nuevamente en el tema de este trabajo, los fraudes en
la “oui-ja”, podría citar
muchos casos en los que he estado presente, pero creo que uno que recuerdo
especialmente nos bastará para que el lector, cuando vuelva a participar en
una sesión de este tipo, abra bien los ojos, porque no sólo hay “espíritus burlones”...
Corría finales de 1991 cuando un amigo me insistió reiteradamente
que asistiese con él a una sesión de “oui-ja”
que un grupo de personas celebraban todos los viernes en Moguer (Huelva). Le
confesé que ya hacía tiempo que dejé de participar en tales prácticas y
que no tenía mucho interés en ir, pero él se empeñó en que fuera como
experto en estos temas para conocer mi veredicto sobre aquellas
comunicaciones que él consideraba sorprendentes. Me habló de la seriedad
de los participantes, del tono elevado de los mensajes recibidos y de la
armonía espiritual con la que se envolvían dichas reuniones... En fin, no
quise ser grosero y acepté; a fin de cuentas ¿qué podía perder?...
El punto de encuentro era un bonito chalet enclavado en las
inmediaciones de la conocida localidad onubense, cuna del insigne escritor Juan
Ramón Jiménez. Allí nos recibieron amablemente varios matrimonios de
edades comprendidas entre los 40 y 60 años. La exquisitez y elegancia de
estas personas eran fiel reflejo de la buena posición socio-económica que
gozaban. “¿Qué
ganarán haciendo la “oui-ja” un viernes por la noche?”, me
pregunté, pero no tardé en darme cuenta de que me hallaba entre personas
bastante crédulas en el contacto con el mundo de los espíritus...
Noté que tenían mucho interés en conocerme. Ya mi amigo les había
hablado largo y tendido de mí y de mi dedicación a la investigación y
divulgación de los temas paracientíficos; además, les había facilitado
varios trabajos míos publicados en diversos medios escritos. Percibí
claramente que deseaban que yo saliera convencido y complacido de aquella
sesión de espiritismo.
Antes de comenzar, algunos de los participantes -otros se sentaron a
pocos metros de la mesa donde iba a tener lugar la sesión- entrelazaron sus
manos y con los ojos cerrados rezaron al unísono para alejar las posibles “interferencias
diabólicas” y, así, atraer la presencia de “seres
de luz”. A raiz seguido, me brindaron poder participar con ellos
colocando mi dedo índice sobre la base de la copa invertida, pero cortésmente
me excusé diciendo que yo estaba allí gustosamente en calidad de invitado
y que mi deseo era que aquella sesión se desarrollase como cualquier otro
viernes, participando sólo los que hasta ahora venían haciéndolo, así
que prefería, si no les importaban, estar simplemente como observador. Mi
decisión fue aceptada sin titubeos...
Todo dispuesto, y tras unos breves minutos de concentración por
parte de los que apoyaban levemente sus dedos sobre la copa, ésta comenzó
a deslizarse lentamente por el tablero... Las letras no se encontraban
ordenadas alfabéticamente, sino que estaban dispuestas aleatoriamente.
No recuerdo en estos momentos el nombre con el que se identificó la
supuesta “entidad” manifestada, pero sí que provocó cierta alegría
entre los componentes de la reunión.
Yo, a escasa distancia de la mesa, me dedicaba a observar con
detenimiento la presión de las yemas de los dedos en el borde de la copa,
los movimientos y velocidad de ésta, etc. Ya, la copa se desplazaba con
suma agilidad deletreando mensajes de claro contenido mesiánico que, en voz
alta, iba transmitiendo una de las señoras (a la que llamaremos Amalia) que tenía puesto su dedo en la copa. Otra persona, de entre
los allí presentes, tenía como misión ir transcribiendo aquellos mensajes
en una libreta.
Me llamó la atención que la señora Amalia transmitiera verbalmente
con tanta facilidad las palabras y las frases, sabido es que resulta
sumamente dificil que, mientras la copa se dirige a cada letra a cierta
velocidad, nuestra mente pueda ir formando, en ese mismo instante, la frase
correspondiente. Todo lo más es ir diciendo en voz alta las letras
indicadas por el vaso y luego, una vez transcritas, leer las palabras o la
frase que se haya podido formar. Podría ser sencillo en una breve
respuesta, de una sola palabra por ejemplo o cuando el vaso se desplaza
lentamente, pero ¿se imaginan que tras formularse una pregunta la copa señale
velozmente 30 letras? ¿cómo podemos ir separando y construyendo las
palabras y las frases con tanta rapidez?... Imposible, salvo que la
respuesta ¡ya la tenga preparada mentalmente un participante!... ¿Quién?:
obviamente aquel que va nombrando las palabras en voz alta. Primer
sospechoso que tenemos: la señora Amalia...
A
LA CAZA...
Centré mi atención en ella, y fui descubriendo como a veces incluso
se le escapaba anticipadamente de su boca las palabras o la frase ¡aún
faltando por señalar la copa varias letras! ¿Premonición, quizás?...
Por último, opté por el método que nunca falla. Los que no empujan
suelen centrar su atención más bien en la copa y repara en la letra una
vez es señalada por ésta. Amalia en cambio buscaba y fijaba su vista en la
letra que, a continuación, era señalada por la copa, y así sucesivamente.
En algunos momentos, la copa marcaba una letra ¡que no estaba en la palabra
dicha por Amalia!, y es que coordinar los movimientos del vaso a la vez que
inventar e ir diciendo en voz alta las frases es terriblemente complicado...
Permítame el lector un inciso para advertir que aunque las letras
estén colocadas desordenadamente, una vez transcurridos unos minutos de
sesión es fácil recordar la posición de las mismas, pese a estar
salteadas, y ya no es necesario que la copa tenga que desplazarse dando
vueltas en círculo hasta parar en la letra correspondiente, sino que los
desplazamientos de letra a letra suelen hacerse ya casi en diagonal. Así
pues, el método de colocar desordenadamente las letras para eliminar la
posibilidad de que alguien mueva la copa intencionadamente, creyendo
garantizar de ese modo la autenticidad de la sesión, es pura falacia, por
tanto, de nada sirve...
Había momentos en que Amalia apretaba con tanta fuerza su índice
sobre el borde de la copa que, cuando tenía que traerla hacia su posición,
ésta caía bruscamente sobre el tablero. Otro detalle es que aunque
colocaba su dedo en el borde, poco a poco lo llevaba casi al centro de la
base de la copa, de forma que los movimientos de ésta hacia cualquier
extremo del tablero se realizan con suma facilidad.
...
Y CAPTURA DEL IMPOSTOR
Cuando no tuve la menor duda de que Amalia era quien movía
conscientemente la copa, decidí no quedarme de brazos cruzados y -no sé si
fue lo más oportuno entonces- desmontar aquella farsa...
Comencé sugiriendo a Amalia que retirase su dedo de la copa. Al
hacerlo -eso sí, sin poder disimular su asombro ante mi peculiar deseo-, la
copa quedó inerte. Por más que los restantes participantes “invocaban”
a la “entidad” que hasta ese momento deletreaba con suma destreza largos
mensajes, ésta parecía haber sido “engullida” por otra dimensión
(nunca mejor dicho...)
Dije a Amalia que volviera a poner su dedo ¡y de nuevo la copa se
movió!... Insté a los demás, uno a uno, a que quitasen sus dedos, pero la
copa, mientras Amalia seguía teniendo su dedo sobre la misma, continuaba
desplazándose... Lo más anecdótico fue cuando dije a todos, menos a
Amalia, que retiraran sus dedos: ¡La copa siguió moviéndose, erráticamente
por supuesto, sólo con el dedo de Amalia!... ¿Estaríamos ante una “médium”?, se preguntaron, con gran inocencia, algunos de los
presentes. La verdad es que, más que el fraude en sí, me sorprendió que
algo tan evidente y que averigüé en pocos minutos, no fuese descubierto
por los asistentes a esas sesiones durante tanto tiempo que llevaban reuniéndose.
“El
mundo quiere ser engañado; pues que lo sea”, decía Petronio...
No pude contenerme y con voz segura dije a Amalia: “Creo que Vd. mueve el vaso”...
Un mutismo invadió el ambiente, pero antes que los que allí presentes me
increparan -supongo-, la principal “inculpada” me respondió, tras
reconocer el “éxito” que adquieren las comunicaciones vasográficas
cuando ella participa directamente (¿), que: “Bueno...
es que yo primero recibo en mi mente los mensajes y los manifiesto a través
de la copa”... Todos los reunidos se miraron un tanto perplejos, y
en algunos rostros
-entre ellos el de su marido- ya se reflejaban cierta desconfianza.
Yo, en un intento de suavizar aquel embarazoso instante, volví a interrogar
a Amalia: “Si
es así como Vd. dice, y teniendo esa supuesta capacidad mediúmnica ¿qué
necesidad tiene de practicar la “oui-ja”? ¿Porqué no comunica
directamente lo que le viene a la mente?...”
Su respuesta fue su propia “condena”: “Si transmito directamente esos
comunicados que vienen a mi mente ¿cómo iban a creerme los demás?...”
Ya todo estaba dicho... No obstante, traté de remediar, como mejor
pude, aquella desesperante situación, citando ciertos casos de
“paragnostas” que recibían mensajes psíquicos y que los descodificaban
a través de la “oui-ja” o la “psicografía”. No sé si sirvió esa explicación, pero aún así
los ánimos seguían crispados. Tal vez fui muy atrevido, pero creo que actué
correctamente e hice lo mejor que podía hacer...
Cuando nos fuimos, el amigo que me invitó a aquella sesión se
disculpó ante mi por haberme llevado a aquella farsa que él, obviamente,
desconocía. Le dije que no se preocupara, pues casos así suelen ser, por
desgracia, frecuentes en estos temas... El nunca podía sospechar de una
mujer como Amalia, una señora seria y honesta donde las haya. Le aclaré
que esa tendencia a la simulación mostrada por esa mujer no tiene porqué
manifestarla en otros órdenes de la vida, salvo únicamente en ese contexto
espiritista. Además, le repetí que posiblemente era verdad lo que decía
Amalia de las “voces”, al margen de que ella moviese intencionadamente
la copa...
Cierto es que nunca sabremos si lo de las “voces mentales” fue
una mentira de Amalia para disimular, en cierto modo, su implicación en el
fraudulento movimiento de la copa, o si realmente, como ella confesó, “oía”
voces en su cerebro dictándole mensajes que luego “revelaba” a los
presentes a través de la “oui-ja”.
¿Era Amalia una impostora? ¿Se trataba de una mentirosa patológica?
¿Sufría alucinaciones auditivas y trastornos disociativos? ¿O realmente
conectaba su mente con otros “niveles de la realidad”?...
Sea lo que fuere, lo cierto es que en el ejemplo que aquí hemos
expuesto de supuesta comunicación vasográfica, el epicentro -lejos de ser
un “espíritu”- es, por enésima vez, el ser humano, ese gran
desconocido...
Como ya advertía hace setenta años el sacerdote jesuita Carlos
M. De Heredia, eminente investigador metapsíquico y descubridor de
numerosos fraudes espiritistas, “en
esta clase de experimentos entra un nuevo factor, el médium, el cual siendo
humano y muy humano, hay que andarse con cuidado extraordinario para que
dicho elemento no nos engañe”. Sus palabras, hoy más que nunca,
siguen vigentes. Tengámoslas muy en cuenta...
1 Para el lector interesado en saber más sobre esta clase de fraudes, le recomendamos el libro “LOS PELIGROS DEL ESOTERISMO”, de Manuel Carballal (Ediciones Constrastes, 1995).
2 El “Mentiroso Patológico” es definido como un sujeto que cree en sus fantasias y cuenta sus fábulas como si las creyera, con una tendencia persistente a mentir (“INTRODUCCION A LA PSIQUIATRIA”, Dr. J.A. Vallejo Nágera, Edit. Científico/Médica, 1981).
3 Consúltese el demoledor trabajo del psicólogo José Luis Jordán Peña, publicado bajo el título “LA OUI-JA”: ¿CÓMO DESENMASCARAR ESTE JUEGO?” (Revista “Psi-Comunicación”, nº 33-34, Ene-Dic.91).
4 Para ahondar en el fenómeno de la “canalización”, también llamada “channeling”, recomendamos la documentada obra “MENSAJES DEL MAS ALLÁ”, de John Klimo (Edit. Martínez Roca, 1994).
5 Los interesados pueden saber más sobre la memoria y el talento del inconsciente consultando “EL ROSTRO OCULTO DE LA MENTE”, de Oscar González Quevedo (Edit. Sal Terrae, 1971).
6 Una obra que toca en profundidad y con rigor el papel que juega las facultades del inconsciente en las sesiones espiritistas es “FRAUDES ESPIRITISTAS Y FENOMENOS METAPSIQUICOS”, del Padre Carlos M. De Heredia, S.J. (Edit. Acervo, 1993).
7 Dos interesantes artículos que advierten seriamente del peligro que encierra la práctica del mal llamado “juego del vaso” son “OUI-JA: ENGATUSANDO ADOLESCENTES” y “ATMOSFERA PERVERSA”, ambos de José Manuel Durán Martínez, y publicados en el Boletín “Investigación” nº 6 (Nov-Dic. 1994) y nº 13 (Ene-Feb. 1996), respectivamente.
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