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LA NAVIDAD, UNA PATRAÑA HISTÓRICA
Sucho Topf
Generalmente no nos detenemos en pensar por qué creemos lo que creemos y el por qué de determinadas costumbres, pero las aceptamos sin vacilar. Usar conceptos de confección es más cómodo que cuestionarse sobre los mismo, entonces se atiene a normas establecidas por fórmulas consagradas y costumbres remanidas, sacrificando lo personal en lo gregario, porque pensar implica esfuerzo y dolor, y para evitarlo se prefiere la rigidez del dogma aceptando lo que otros pensaron, y por no repensar, se acepta como indiscutible; y así participamos de piadosas mentiras orquestadas, las que -es de reconocer- suelen ser más gratas que verdades insulsas, naturalmente y sobre todo para quien así las necesita. Como la impureza de la atmósfera hace más bella la puesta del Sol, la poética y mágica mentira de los Reyes Magos ¿no gratifica más a los niños que la triste y desleída realidad?
Además, ¿si todos lo creen? ¿por qué anteponer espíritu crítico? ¿Para qué recalentar el seso con búsquedas personales y enfrentarse con dudas, cuando con sólo aceptar un dogma o un slogan se consigue desplazar la responsabilidad, además del aislamiento? Y así, más que la mentira, la ciega convicción y la negativa a cuestionar, son los mayores enemigos de la verdad. Porque paralelamente a la historia convencional confeccionada para que encaje en nuestros esquemas culturales, hay otra historia maldita que revela verdades insólitas, no sospechadas: y la Navidad es precisamente una de las grandes patrañas de la historia.
El comienzo del calendario usual está determinado por la celebración (correspondiente al 8º día del nacimiento) de un ritual judío, el cual es precursado con la celebración de la natividad.
¿Pero, la celebración de la noche de cada 24 de diciembre corresponde realmente al nacimiento de Jesús?… Ante convicciones tan sagradas, las objeciones pueden ser sacrílegas; pero veamos como que se trata sólo de un convencionalismo y un simbolismo.
Navidad es un apócope de natividad (natalicio); este festejo lo instituye el Papa Telesforo en el año130, el cual ya se venía conmemorando desde el 98, fecha que sufrió diferentes variaciones, pasando del 28 de marzo al 2 de enero, o bien el 2 y el 19 de abril, como al 20 de mayo o el 29 de setiembre, según estimaciones o inclinaciones de quienes lo interpretaban, quedando fijada finalmente en el 6 de enero, fecha en que la siguió festejando la Iglesia cristiana de Oriente. Surgió primeramente en la Iglesia Católica (Catholicus, su significado: Universal), de donde se extendió, incluso al protestantismo. ¿De dónde lo obtuvo la Iglesia? No fue, por supuesto, de las enseñanzas del Nuevo Testamento, sino que se introdujo en la Iglesia Católica Romana durante el siglo IV, proviniendo del paganismo (!)… La primera noticia de la Natividad en el 25 de diciembre aparece durante el papado de San Julio (337-352)
Reflexionando: Si a la fecha de la Inmaculada Concepción (8 de diciembre) sumamos los 270 días (9 meses) de gestación, de ninguna manera va a coincidir con un 25 de diciembre (!)…
Los Evangelios describen detalles de lugar y circunstancias, pero no determinan fecha alguna. Además relatan acerca de las costumbres de los pastores con sus rebaños, hábitos que correspondían a la época estival, no así al invierno en que éstos los guardaban, protegiéndolos del frío y las lluvias, estación que se avecinaba. Siguiendo el relato bíblico, los pastores aún no habían recogido sus rebaños, lo que hace suponer que el mes de octubre no había comenzado aún, con lo que puede conjeturarse acerca de la posible ubicación en el año de ese acontecimiento pero, de todas maneras, la fecha cierta es total y absolutamente desconocida.
El propio Papa Juan Pablo II, no obstante -recordemos- haber dispuesto en 1983 la celebración de un Año Santo Extraordinario para rememorar el 1950º de la crucifixión, curiosamente en ocasión de la Navidad de algún año posterior, en Audiencia Pública General celebrada en el Gran Aula Paulo VI en el Vaticano declaró: "Por lo que se refiere a la fecha precisa del nacimiento de Jesús, no existe ninguna seguridad, las opiniones de los expertos no son concordantes, por lo que la fecha del 25 de diciembre no es histórica, sino simbólica".
Considerando que la data de su muerte en la cruz se deduce del único dato conciso que dan los Evangelios: 33 años, es evidente que tal fecha tampoco puede ser ubicada con certeza en un determinado encuadre cronológico. El hecho en sí, tampoco es trascendental puesto que no se trataría de un problema teológico, sino cronológico, solución que no debe darla el Pontífice sino los historiadores, y en tal sentido tampoco pueden ser de ayuda los textos evangélicos o apostólicos, puesto que no son escritos históricos, sino teológicos y mediatizados por la fe y los dogmas, por lo que su función no pretende servir a la crónica histórica, lo que tampoco se esclareció en el Concilio de Nicea (325), con Eusebio, que fuera el primer historiador eclesiástico.
Al respecto es de interés mencionar la labor de un monje para el esclarecimiento de este hecho. Se debe a Dionisio el pequeño, así denominado por sí mismo: "exigus", este era un monje medioriental que vivió en Roma entre los años 500 y 545. Teólogo, estudioso de las Escrituras, astrónomo y matemático, como primera medida (en 533) abandonando la cronología del Imperio Romano (AUC=Ab Urbe Condita) que contaba los años a partir de la fundación de la Ciudad, para adoptar como punto de partida el nacimiento de Jesús que él determinó en el año 753 de dicha fundación. Cronología que se implantó durante Carlomagno, después del 800. Los cálculos distaron de ser exactos y según estudiosos el monje se equivocó quizá en algunos años. ¿Cuántos exactamente? Se estima que cuatro, otros sostienen que por lo menos seis.
Al respecto extraemos (y de una fuente por demás autorizada); la "Enciclopedia Católica" (edic. 1911): "La Navidad no estaba incluida entre las primeras festividades de la Iglesia… Los primeros indicios provienen de Egipto… Las costumbres paganas relacionadas con el principio de enero se centraron en lo que fue la fiesta de la Navidad". De la misma fuente enciclopédica, bajo "Día natal" dice que: "Según Orígenes (éste fue un santo que se castró para preservarse de tentaciones) "No vemos en las Escrituras que se haya guardado fiesta ni celebrado el día del natalicio, eso era costumbre de pecadores: Faraón, Herodes; por lo que la Navidad no se contaba entre las primitivas festividades de la Iglesia. No fue instituida por Jesús ni por sus apóstoles. Fue insertada siglos más tarde y adaptada, precisamente del paganismo. Jamás se celebró con éste.
Fue entonces que en el siglo IV, Honorio instituyó la celebración y en el 440 se hizo acatar la fecha por toda la Iglesia Occidental y en el 506 por el Concilio Agde se decretó la conmemoración obligatoria y para siempre en el mismo día de la FESTIVIDAD ROMANA EN HONOR DEL NACIMIENTO DEL NUEVO SOL, ya que se ignoraba la fecha exacta del nacimiento de Jesús, además que, simbólicamente para la nueva cultura que advino, éste era el "Nuevo Sol"…
Esta festividad dependió de la pagana Brumalia (25 de diciembre) el día del "Sol Invito", con que se celebra en todo el Imperio Romano el nacimiento de Mitra, el Dios Indo-Persa de la luz, con luminarias y comilonas y que había desplazado al del solar Apolo. Mitra niño, quien fuera -también- visitado por magos que le ofrecieron mirra, incienso y oro. Es decir, el día del solsticio de invierno según el calendario Juliano, que seguía a Saturnalia (17 al 24 de diciembre) y conmemoraba el día más corto del año en el hemisferio norte y el nacimiento del Nuevo Sol, señalando la declinación y comienzo de un nuevo año astronómico. Solsticio, en latín: "el Sol se detiene"; señala la victoria de la luz sobre las tinieblas que pretenden privar al planeta de su fuente de vida.
Este fenómeno astronómico es exactamente opuesto en nuestro hemisferio
sur, donde las festividades paganas tenían una mayor coherencia que las de la cultura que las sucedió, porque eran el festejo de acontecimientos astronómicos y astrológicos y tenían que ver con la siembra: las cosechas, las estaciones del año. Estaban demasiado arraigadas en las costumbres populares desde tiempos inmemoriales para ser suprimidas sin más por el sólo advenimiento del cristianismo el que, incluso se impuso por decreto con Constantino a partir del año 324. Pese a que predicadores cristianos protestaron contra la frivolidad indecorosa con que se celebraba el supuesto nacimiento de Cristo, en tanto los cristianos de Mesopotamia acusaban a sus hermanos occidentales de idolatría y culto al Sol por aceptar como cristiana una festividad pagana.
Pero sucedió que al impugnar tales festividades paganas, el cristianismo desanimaba a muchos prosélitos que las vivían como una necesidad y se impuso un criterio sincretista asimilando fiestas, creencias, supersticiones, costumbres y mitos paganos como patrimonio de la nueva fe, convirtiendo dioses locales en santos, vírgenes, demonios o ángeles y transformando ancestrales santuarios en iglesias de culto cristiano.
Téngase en cuenta que el mundo romano había sido educado en las costumbres paganas, siendo la principal aquélla del 25 de diciembre. En cambio los pueblos cristianos de Oriente adoptaron (como se señaló) el 6 de enero para esta celebración, quizá por una reminiscencia pagana también, puesto que ésa era la fecha de la aparición de Osiris entre los egipcios y de Dionisio entre los griegos. Esta fecha era la que se consagraba al culto de Mitra, dios solar de origen persa cuyos ritos se habían difundido por todas las colonias romanas. El Mitraísmo, fue adoptado por el Emperador Cómodo y combatido por los cristianos, justamente por su gran semejanza con el cristianismo. Fue apoyado por Juliano que llevó los misterios de Mitra a Constantinopla, segunda Capital del Imperio.
Con el Mitraísmo se aprecian sorprendentes analogías: Mitra es el mediador entre Dios y los hombres. Asegura la salvación mediante un sacrificio. El culto comprende: bautismo, comunión y ayunos. En el clero hay quienes cumplen con el voto de celibato. Los fieles se llaman hermanos entre sí.
La Iglesia Romana paganizó y romanizó a Jesús. La incorporación del paganismo al cristianismo o, el cristianismo al paganismo, o simultáneamente, está evidenciado claramente en el desplazamiento del descanso bíblico sabático (último día de la semana, luego de los seis laborales) -que se venía observando hasta después de la muerte de Constantino (337)- al primer día: domingo (de Dominus: "el Señor", es decir, el Sol), día consagrado por los paganos para adorar al Dios Sol, contraviniéndose según el calendario la norma bíblica, comenzando la semana con el día del descanso(!) Muchas iglesias, congregaciones y comunidades siguen guardando el sábado aún al día de hoy.
Un decreto del Conciliode Laodicea en 365 demuestra que entonces aún se guardaba el sábado, dicho canon señala: "Los cristianos no deben judaizar, han de laborar ese día, dando honor más bien al día del Señor. Pero si se encontrare algún judaizante, sea anatema de Cristo" (Lo que significaba una sentencia de tortura y/o muerte).
Esto nos demuestra cómo la influencia pagana hace identificar al Hijo de Dios con el Sol, y así se acomodó a esa fiesta pagana, día del Nacimiento del Hijo de Dios, modificando sólo la significación, pero manteniendo idéntico culto. Cristo reemplazó, pero constituyendo el mito solar equivalente, secundado por los doce apóstoles. (Curiosa y sugestivamente; 12, coincidente con el número de las constelaciones). Nacido en el solsticio de invierno, su resurrección se produce durante el equinoccio de primavera, completándose su personificación e identificación con el mito solar que lo precedió.
Quedando establecido un Nuevo Orden afianzado desde Constantino, cuando decretó al Cristianismo como religión oficial del Imperio, elevándolo al poder. Luego, libres de toda opresión, los hasta entonces perseguidos se convirtieron en perseguidores. Los miembros de la Iglesia que se atrevían a oponerse a las doctrinas de los padres de la Iglesia Oficial quedaban tildados de herejes y dignos de castigo. En ese nuevo orden se consolidaban nuevas normas. Complementando las analogías astronómicas: la estrella de Belén sería la conjunción de Júpiter con Saturno en la constelación de Piscis en el año 7 aC, con apariencia de una gran estrella.
Como antecedente, en Egipto siempre fue creencia que el hijo de Isis (Reina del Cielo), nació precisamente un 25 de diciembre; y más aún, -vemos cómo esta fecha se mantuvo siempre reservada para aquello a lo cual se ofrece culto-. Coincidentemente también es el hecho que de las tradiciones iniciáticas del Antiguo Egipto, el culto a Isis, diosa de la Naturaleza, es la más importante de todas. Unas veces, madre; otras, virgen que se hará fecundar de alguna manera sobrenatural para engendrar un Dios-Hijo. La historia no termina, o más bien, no comienza allí. Ya viene de mucho más atrás, tiene sus raíces en la Antigua Babilonia de Nimrod -bajo cuyo reinado nació Abraham- (Siglo XII AC.), y Semíramis su madre, gobernantes del Imperio en relación edípica; lo cual se repite en el cristianismo con el binomio "la virgen y el niño". Los mitos son asombrosamente coincidentes: Semiramis, luego "Reina del Cielo" (!) y Nimrod, "Divino Hijo del Cielo" (!), la "madre y el hijo", se convirtieron en objetos de adoración, antecedente de la veneración de la "Madonna" (!)…
Tal culto a la "virgen" también lo hallamos entre los celtas, en cuya civilización, los druidas (sacerdotes) predicaban el culto basado en un Dios único, una Trinidad, la resurrección, la inmortalidad del alma y además una divinidad femenina: una Diosa-Madre o Tierra-Madre o una Diosa-Tierra también madre y virgen a la vez, que estaba destinada a dar a luz un Dios encarnado.
Este culto a la "virgen" se encuentra reiteradamente en muchas de las religiones y mitologías, incluso en las civilizaciones precolombinas como en numerosas mitologías africanas y en todas las sectas iniciáticas orientales. Cibeles, la diosa grecorromana, es también la Cibeles asiática, diosa de la Naturaleza. Démeter es la diosa griega de la fertilidad que los romanos identificaron con Ceres. Démeter, Cibeles o Ceres, no son otra cosa que la versión grecolatina de la misma virgen Isis. Se deja ver que el culto a María tiene numerosos precedentes antiguos del culto tributado por los paganos a la Reina del Cielo y Madre de los Dioses.
Este concepto, de una Reina del Cielo que da a luz un Niño-Dios y Salvador, además de responder a un arquetipo básico del psiquismo humano, tiene su origen en fenómenos astronómicos. En época de Alejandro, los griegos celebraban, como luego lo hicieron los cristianos, durante el solsticio de invierno, el nacimiento de Eon, nacido de una virgen divina.
Enviado por un Ser Supremo, que es el Padre, el Hijo asume supliendo al padre; como en el judeo-cristianismo, también se da en las sagas griegas, indoeuropeas y de diversas culturas. Coincidentemente es un patrón constante que expresa idénticos propósitos: hacer del hijo el héroe quien, además de acatar, cumple con el mandato del padre con lo que, por consecuencia lo reemplaza por destitución y el héroe se hace cauce de un ideal prístino que se mueve a lo largo de la historia como moldeadora de una cultura.
Diversos autores han señalado cómo, aún en sus menores detalles, la versión del nacimiento y la infancia de Jesús son la repetición de lo que otros muchos salvadores, avatares y dioses de la humanidad. Así también la matanza de los inocentes, de la cual no hay aseveración histórica, reitera un tema universal y obsesivo: la infancia arriesgada y aventurada de héroes y dioses, todos ellos convergen en esta característica: Zeus, Edipo, Moisés, Paris, Perseo, Rómulo y Remo, Horus, Zoroastro, quienes en todos los casos evaden y superan su suerte.
La idea de la Trinidad aparece con notable antelación en el Brahmanismo primitivo y el posterior Hinduismo (después de los Vedas). La teogonía de esta religión es el culto a la Trimurti, cuya divinidad es, precisamente, una trinidad compuesta por tres instancias: Brahma, Vishnú y Siva. Y no sólo, sino que, además, los Evangelios transcriben en sus versiones, adaptaciones de antiguas leyendas indias, caldeas y persas; como ser las Leyendas de los Vedas. Las Leyes de Manú, las Fábulas de Christna, la vida de Budha y -asombrosamente- el Lalitavistara (vida de Sakya Muni), llamado el Evangelio del Budismo el que, por su semejanza con los Evangelios cristianos delata un origen común.
En estos libros sagrados se hallan las leyendas que el Pentateuco asimiló a través de la influencia caldea y que la Iglesia católica perpetúa. Es la Trinidad que la Iglesia llama "misterio" y es la reproducción de la Trimurtis o Trinidad India: Brahma, Siva y Vishnú. En Egipto y otros pueblos también aparece la Trinidad que deriva del mito indio. Osiris, el primero de los faraones, quien resucitó a Seti I, junto con su mujer Isis y su hijo Horus formaban la trinidad más amada de Egipto, el que moría y resucitaba eternamente.
Entre otras similitudes pasmosas, como los mitos hindúes precursaron los de la cultura judeo-cristiana. En ellos hallamos la versión del Paraíso terrenal (al que ubica en la isla de Ceylan), la Creación con Adima (!) primer hombre, en hebreo; Adam: hombre; Adamá: tierra y Heva (!) deseo ardiente. El espíritu del mal induce a Heva a conocer ese hermoso país (el Paraíso), etc. Dios los expulsa y sentencia condenándolos a trabajar, pero los consuela: "…vuestros hijos me olvidarán, pero enviaré a Vishnú, quien nacido de una virgen dará a todos la esperanza de una vida eterna" (!). También el diluvio (del que se cuentan unas cien versiones en distintas civilizaciones y culturas), el santo Vaivastava (que sería el Noé de esta versión), donde tampoco falta la paloma, y que finaliza esta epopeya desembarcando en la ladera del Himalaya (!). En otra epopeya, ésta de l desembarcó… Erigió un altar… realizó sacrificios… y partieron a Babilonia…" De aquel bajel encallado en Armenia, quedarían restos en los montes de los Cordyanos.
Como puede apreciarse, la tradición de una gran inundación tal como aparece en el Génesis es común a los babilonios, persas, egipcios, a las ciudades-estado de Asia Menor, Grecia, Italia y otras situadas en torno del Mediterráneo y el mar Caspio, en el Golfo pérsico, en la India e incluso en la China. Semejante versión de seres elegidos por la divinidad para sobrevivir a la catástrofe y perpetuar la humanidad mediante la construcción de un barco para tal fin, pudo quizá difundirse y perpetuarse por el Asia a lo largo de las rutas caravaneras. Más difícil sería el intento de explicar la similitud entre las antiguas leyendas célticas y noruegas. Y de qué manera se explicaría que los amerindios atesoren sus propias leyendas tan análogas sobre el tema, afirmando que sus salvación se debió a que arribaron a sus nuevas tierras navegando desde Oriente (!)…
Retomando el tema y transcribiendo de las tradiciones Brahmanas. En otra arte del relato, más adelante: "…cuando la virgen rezó, sonó música celeste, la estancia se iluminó y Vishnú (segunda persona de la Trinidad indostánica) apareció en el esplendor de su majestad divina. Y le anuncia que será la elegida para concebir al que será el Salvador. Devanaki (la virgen) cayó en éxtasis y después de haber recibido al Espíritu Santo, concibió". Versión de una coincidencia en un todo pasmosa con la tradición cristiana. El Dios indostánico se denomina Christna o Krishna, encarnación de la segunda divinidad de la trinidad hindú, hijo de virgen y carpintero, murió crucificado tras derrotar a la serpiente (!); remontándose estas versiones a la época de los Vedas, unos 4.000 años aC.
Muchos de los dioses de la antigua Grecia y Roma, tienen nombres sánscritos o de raíz sánscrita: Zeus, igual que el hindú; Minerva, de Manara-va; Centauro significa hombre/caballo; Ifigenia, de Aphagana, significa virgen sacrificada; Neptuno, de Napata-na: el que domina el mar; Italia: país de gente modesta; Aleman, de ala-mann: hombres libres, etc. (Según puede leerse en los estudios realizados por Jacoillot). Por lo que, al invocar Dios, evocamos una divinidad pagana, puesto que Dios deriva del latín Deus, y éste a su vez del Zeus griego.
Persistiendo en el tema: en los libros sagrados de la antigua Persia, el Zendavesta (comentario de la revelación) que data del renacimiento sasánida, el Avesta está asociado con el nombre de Zarathustra (Zoroastro), legislador religioso del irán (el Khomeini de ese entonces). Según la leyenda sagrada, los ángeles le habrían conducido a Ahura Mazda quien le reveló sus leyes, por lo que el nombre del zoroastrismo fue dado a la religión del Avesta. La idea fundamental es la lucha del bien y del mal. El dios de la bondad Ahura Mazda u Ormuz ha creado el mundo, pero a cada beneficio, el espíritu que destruye Ahrimán o Angra Mainyú responde con un maleficio. Al final de los siglos Ahura Mazda enfrentará decisivamente a Ahrimán y lo vencerá finalmente… -y continúa la leyenda- "Una virgen concebirá entonces de Zoroastro un Mesías"
Saulo, docto rabino griego de Tarso (Grecia), San Pablo para el Cristianismo, familiarizó a sus discípulos con la idea de que Jesús, como Osiris, era un Dios que murió para volver a levantarse resicitando y otorgar a sus fieles la inmortalidad.
El concepto de una trinidad divina, se repite persistentemente y es muy anterior al cristianismo, tal como se ha visto en el Hinduismo y en el Antiguo Egipto varias divinidades babilónicas formaban tríadas. Aun, el dios del cielo, va ligado a Ea, dios del abismo y a Bel, dios de la tierra.
En el "Serapeum", en tiempos de Ptolomeo I se adoraba una especie de Trinidad de Dioses. Eran Serapis (Osiris-Apis), Isis y Horus, tres aspectos de un solo Dios. Además Serapis se identificaba con el Zeus griego, el Júpiter romano y el Sol-Dios persa. Serapis fue llamado el "Salvador de las almas", "Después de la muerte -decían los himnos- reposaremos tranquilos bajo el cuidado de la Providencia". Su imagen la mostraba en su templo como reina de los Cielos llevando en brazos al niño Horus.
Volviendo a repetirse ciertos arquetipos inscriptos desde lo antropológico, es sugestiva la repetida coincidencia, además de ser, en muchos casos, hijos de madres vírgenes, los nombres también se asemejan al de maría. Buda, de ascendencia real, también nace milagrosamente de la virgen Maia, sobre la que descendió el Espíritu de Dios, siendo anunciado y precedido por una estrella, proclamado por un coro de devas (ángeles) y adorado por pastores y sabios. Maia también se llamaba la madre de Hermes Trismegisto. Maya la del hindú Agni y el siamés Codom. Myrra la de Adonis y de
Baco-Dionisios.
No obstante, esta fabulación nos deja una incógnita en el mito histórico de la genealogía de Jesús y es que, siendo dicha genealogía proveniente del Rey David a través de su hijo Salomón, enumerando entre éste y Jesús 28 generaciones, con lo que Mateo daba cumplimiento a las profecías tradicionales, también se ocupa de arreglar la concepción de Jesús de acuerdo con lo anunciado por el profeta Isaías dejando en claro la no intervención de José en la paternidad… Lo cual resultaría paradójico puesto que no se explicaría cómo no siendo a través de José, de qué manera recibió genéticamente la estirpe que se le atribuye (!)…
Tampoco hay acuerdo entre los evangelios. La versión Lucas, a su vez lo hace descender del sacerdote Natán, hermano de Salomón, consignando 41 antepasados en idéntico período, por lo que los nombres de los ancestros en ambas cronologías tampoco coinciden, ni siquiera el del padre de José. Además la prolonga hasta Adán.
El sentimiento religioso es de dependencia respecto a voluntades que el hombre primitivo coloca en el universo. La idea de la inmortalidad con compensaciones y consuelos, fue ansiosamente recibida por un mundo en el que la vida corrientemente era desesperada, además de infeliz.
En la conversión en masa al cristianismo, durante los primeros siglos, los prosélitos llevaban consigo a la nueva fe sus antiguas creencias bajo las nuevas denominaciones. Semejante, más recientemente a como se dio la hibridación del catolicismo con los centenares de cultos afro-brasileños en el Brasil durante la esclavitud y aún actualmente. Proceso semejante se observa en plena actualidad en que el Vaticano, con el propósito de ganar a El Zaire al catolicismo, incorpora a la Iglesia y legaliza las liturgias adaptadas a los ritos locales de los fieles zaireños con sus ritmos, danzas, instrumentos musicales e incluso armas. Alterando a la vez el simbolismo de blanco por pureza y lo oscuro, por pecado…
Cuando las religiones florecen unas junto a otras, cada una propende a tomar de la otra el ceremonial y demás particularidades formales externas, sobre todo se hace imprescindible, cuando alguna procura superponerse sobre la existente, puesto que es de total imposibilidad imponer una religión "nueva" a un pueblo, a menos que la misma asimile características rituales y festividades de la "vieja".
Procurando adherentes, en el ir y venir de conversos, la Iglesia Romana, pretendiendo ser universal fue incorporando como propios los exponentes de muchos otros cultos. Muestra de lo cual: la tonsura de los sacerdotes, las ofrendas votivas, los altares, el encendido de velas, frases de devoción, ideas teológicas, las guirnaldas, imágenes de los cultos de Alejandría y en gran parte -como quedó dicho- del Mitraísmo: la toca que lucen el Papa y otros dignatarios eclesiásticos, obispos y cardenales se denomina, precisamente, mitra (!), el intercambio de regalos, etc. Lo demás es la consolidación de tradiciones y costumbres.
Siglos después irrumpió en la escena navideña un misterioso personaje foráneo: un rubicundo anciano, de larga barba blanca, casaca roja con el cuello de armiño y gorro con pompón que repartía juguetes en la nochebuena… El origen de este papá Noel o Santa Claus parece ser muy discutido. Hay pocas evidencias y muchas opiniones. Los primeros antecedentes de un personaje llamado Papá Noel pertenecen al Siglo XIII. Personificaría quizá a los señores feudales que distribuían regalos entre los labriegos, o la transformación de San Nicolás que, según tradición de la Iglesia es el Patrono de los marinos y los niños, siendo su celebración el 6 de diciembre. De todas maneras el Klaus de los germanos, Noel de los franceses o Father Christmas de los anglosajones, es un personaje más, incorporado a la tradición. Así como los festejos de la noche de San Juan.
Las religiones son como una especie de guiso, cocinado y sazonado según normas de la época y del grupo humano, y bajo cuya moral predominante están regidas. Integrado por los componentes más heterogéneos y fundamentalmente con los sobrantes de guisos anteriores…
A Francisco de Asís se atribuye la preparación del primer pesebre en 1223, realizado en una gruta cercana a Greccio, Italia.
Otro elemento fundamental es el árbol. Además del antecedente tan idéntico que acababa de referirse. En Europa las tradiciones de Alsacia lo vinculan a la Navidad por el año 1521. En el siglo XVII se hace mención de árboles engalanados con flores y en el XVIII se los describe iluminados con velas. Se difunde la costumbre por las distintas regiones germanas donde toma el nombre de abeto, árbol de luz o árbol de Cristo. Costumbre que sería una resurrección del culto al árbol proveniente de las más antiguas religiones.
Son los ritos que complementan y revisten a los mitos. La incesante necesidad de generación de mitos, que son sueños grupales, y que fueron la filosofía del hombre primitivo y sigue siendo un aspecto de nuestro psiquismo infantil, inscripto desde lo antropológico.
Mitos que una vez difundidos, no sólo cobran la apariencia, sino la consistencia de verdades y realidades indiscutibles, terminando por ser aceptadas como si fuesen auténticamente históricas, entonces se integran e incrustan en la mentalidad cristiana como en la de todos los hombres que viven en una cultura tradicional cristiana.
Tema éste que daría para más de una historia, así considerada su gestación, como el análisis de cómo la humanidad, deseosa de inmortalidad y con la íntima y descorazonante angustia ante una suprema e inexorable verdad que, sabiendo muy amarga, no dejó nunca de fabular quimeras, que son expresiones de deseos con las que pretende contradecir esa inexorable y siniestra realidad de su finitud, expresado en la manifiesta necesidad de venir repitiendo los mismos y eternos mitos…
Pero esto, ya sería para otra historia…
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