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EL NAVEGANTE
Alejandro Chataing


Cuento aquí la historia del principio de mis aventuras, ya desde aquel lejano día en que partí con mi navío y algunos marineros a mi cargo de mis queridas tierras de Venezuela.

Me llamo Alejandro Chataing, hijo del escudero mayor del Capitán general Alfonso Pereiras. Navegante, pescador, aventurero o como la diosa Fortuna quisiese dejarme nombre.

Mi historia empieza aquí, fui yo a salir de mi amada tierra natal y aventurarme en lugares extraños, donde algún otro navegante había llegado. Salí, despidiéndome de mis queridos y allegados; así como de algunas agradecidas cortesanas y dejando patente la ya conseguida gloria de mi abuelo como buen marino, partí del principal puerto con no poca gloria, valor, corazón y libertad.

No es menester que aquí explique las consabidas dificultades que llevaron mis viajes durante los años siguientes, hasta que a orillas de las costas Escandinavas y en una tormentosa noche, perdí la orientación de mis instrumentos de navegación y quedamos, yo y mis marineros, dejados a la desventurada mano de la deriva y penetramos hacia el interior del vasto Océano Atlántico, donde allí, poblaban los monstruos marinos.

Perdidos, pues mis aparatos de navegación era inútiles en aquella situación mis mapas, un sentimiento sobrecogió a mi tripulación y aun a mi y por lo tanto dimos por perdida la expedición, e incluso algunas sus vidas, sobre todo cuando después de numerosas semanas las bodegas del navío comenzaron a vaciarse.

Y así siguieron pasando días y días y las esperanzas mermaron aun más. Ahora el miedo, no sólo ya a los monstruos, si no a morir de hambre, se había ensañado con nosotros.

Así como digo que nos ocurrieron todas estas malas andanzas, una mañana y estando yo entonando algunos de los sonetos propios de mi tierra; con los cuales en vano yo probaba fortuna de levantar los ánimos de mis marineros, nos llego la voz del vigía diciendo que veía barcos con banderas comerciantes o transportistas. Tal noticia levanto los ánimos de mis marineros y debo decir que lo mismo sucedió conmigo.

Nos reunimos, hablamos y decidimos, que valiéndonos de algunos cofres de oro que guardábamos bajo la cubierta, podríamos comprarles víveres con las que poder llegar a tierra, pues la deriva sin saberlo debió de llevarnos a costas americanas de nuevo.

Di orden de izar velas y nos acercamos al barco, que resulto ser considerablemente más grande que mi navío.

¡A del barco! - probé a decir. ¡Navegantes americanos os piden ayuda!, pero del barco nadie asoma. De hecho, nada se oía allá arriba en la cubierta y dado el deterioro de sus velas, dimos x supuesto que aquél barco estaba abandonado.

Mande a atar cabos a aquella extraña embarcación para que nuestro barco no se separase de esta. Después lance una escalerilla a la cubierta con la que yo pudiese trepar a bordo y pudiera indagar cual era la suerte de aquel siniestro barco.

Hice lo que dije, subiendo por la escalerilla y poniendo pie sobre la cubierta de aquella soberbia nave; pues su grandiosidad me dejo asombrado, digo pues, que vi en estos rastros de sangre y material de navegación, no destrozado e inservible como las velas del barco, sino todavía útil e incluso en buen estado.

Estando escamada por el extraño matiz de la situación, vino a suceder que oí movimiento bajo la cubierta del barco en la que debían ser las tripas de este.

Tal acontecimiento me exalto y pensé si abordo podía haber una epidemia de peste y aun así el barco debería estar en cuarentena en cualquier caso no había bandera alguna que lo indicara.

Acaricie nerviosamente con la punta de mis dedos el mango de mi espada x si escuchaba algún otro ruido. Allá abajo en mi navío, los marinos empezaron a dar voces preguntando que ocurría.

No prestaba yo atención a estas razones debido a la tensión y a lo angustiado que estaba, cuando me pareció volver a oír movimientos, esta vez más cercanos a la popa, donde allí había una trampilla. Desenvaine mi espada y espere.

Algunos de mis marineros empezaron a trepar x la escalerilla. La trampilla se abrió y de ella surgió una cabeza de toro, seguida de un musculoso cuerpo de hombre.

Iba fuertemente armado con extrañas y descomunales armas y finalmente se irguió  sobre la cubierta cuan alto era. Se trataba del monstruo que en la mitología griega lo denominaban como Minotauro, igual que la que encontró Teseo en el Laberinto de Creta.

La visión del monstruo me dejo estupefacto y aun empeoro la situación cuando detrás de él aparecieron x la trampilla otros minotauros. Tras de mí, ya en cubierta, mis marineros sacaron espadas y se unieron a mí.

Los minotauros, dando muestra de inteligencia en el combate, nos rodearon. Su número nos aventajaba mucho.

En esto que hicimos cara a los monstruos y amenazábamos con pelear; Así fuese hasta la muerte, otro minotauro salió de la trampilla, este mas alto y fuerte que los demás y correctamente vestido a la forma de capitán.

Los minotauros dejaron paso a tal figura, dando muestras de gran respeto hacia él. El extraño minotauro nos hablo en un tosco y basto idioma y en esto me sorprendió casi comprender tal lenguaje, pues era muy parecido al de algunas tribus bárbaras germánicas; Las cuales conocí en algunos de mis viajes x casualidad, salvo x algunas variaciones en los acentos.

Tal hecho me sorprendió y tras unos momentos, me arriesgue a hablar en tal idioma, con la esperanza de que me entendieran - somos simples navegantes, no queremos pelear; Probé costosamente y x cierto que me debieron de entender, pues ellos mismos se sorprendieron, dando muestras de asombro y mis marineros también se asombraron.

Entonces el minotauro jefe se adelanto y bajando la hoja de su extraña arma, dijo solamente - mi nombre es Chot, soy capitán de este barco, ¿quienes sois vosotros, extranjeros? - Me llamo Alejandro Chataing, dije al mismo tiempo que bajaba mi espada e hice una seña para que mis marineros hicieran lo propio y esta es mi tripulación. Somos navegantes extraviados.

Chot dio la orden a sus marineros que bajaran sus armas y vigilaran sus alrededores. Tal hecho me extraño y enfundando mi espada le pregunte que donde estábamos y que era lo que sucedía en el barco.

-          Cierto es que estáis extraviados. Contesto este lanzando una risotada y envainando también su espada. – Pues tranquilo no temáis extranjero, que vuestra situación esta algo al noroeste del Mar Sangriento de Istar. ¿O acaso dudabais? Volvió a reír. Respecto a vuestra segunda pregunta, no la creo de vuestra incumbencia.

Me sorprendió la arrogancia del minotauro y más aun lo hizo la información que me dio sobre aquel mar sangriento del que me había hablado.

Aun así y debido a nuestra posición, me decidí a pedirle que nos vendiera unos víveres y algunos mapas marítimos, si pudiese y que hecho esto le dije que nos iríamos y no les molestaríamos más. Dijome que si, que nos ayudaría y nos cobro x unos pocos víveres una gran cantidade de oro.

Proteste x aquel abuso de precio y me explico que en Ansalon el oro no valía demasiado, que lo que mas valor tenia era el acero. Impresionado quedé, x lo visto existía al oeste de ese mar sangriento un continente, desconocido para mi y mi tripulación.

No tuve mas remedio que fiarme, pague con nuestro oro y di orden a mis marineros de que transportaran los víveres a nuestro navío, mientras yo ojeaba los mapas que medio Chot.

Ahora pienso que debió extrañarle en sumo mi falta de conocimientos acerca de tal moneda de acero y x lo visto volvió a preguntarme de nuestra procedencia ante lo que respondí – No es menester, méase Chot, desvelar yo aquí mi procedencia y la de mis hombres, pues al igual que yo respeto sus secretos, debe Ud. respetar los míos. Hizo callar, así, su curiosidade y respeto mi deseo mostrándome así su honor y nobleza de caballero a pesar de su arrogancia.

Pero en esto sucedió, en tanto que los marinos cargaban los víveres en nuestro barco, un desgarrador alarido vino a sobrecogernos a todos. Corrimos hacia el lugar del que provenía el grito y encontramos en el suelo, muerto, a uno de mis marineros.

Tenia desgarrado y ensangrentado el cuello como si se lo hubiesen arrancado de un mordisco. Quedé desolado y tras unos segundos la furia me arrebato el conocimiento tal era la deshonra para un capitán dejar morir a un marinero a su cargo por fallo suyo.

Digo pues, que la primera impresión que tuve fue que uno de esos monstruos debió de haberle matado y me maldije x haberme fiado de ellos. En esto que me volví hacia Chot echando mano de mi empuñadura de mi espada, cuando se vino a producir otro alarido, esta vez en la proa del barco, esta vez, un bramido de minotauro. Salió Chot hacia la proa y con gran pesar, encontró a uno de sus minotauros muerto, con las mismas heridas en el cuello. 

Mando que echasen el cadáver al mar y acto seguido se volvió hacia mí diciéndome – espero que esto aplaqué tus dudas, extranjero, pues como ves, uno de mis hombres a muerto de la misma forma que el tuyo y que la muerte de tu marinero no ha sido obra de ninguno de nosotros, tal como note en tus ojos que pensabas. Calle avergonzado – y nota también cual es el mal de esta embarcación, pues no es el primero de mis hombres que muere de tan extraña manera.

La situación se complicaba, x lo que Chot me contó que nadie había visto nunca al culpable de las muertes. Sin embargo, no podía dejar impune y sin vengar la muerte de uno de mis marineros, pues mi honor me lo requería.

Y cayó la noche……

Acorde con mis marineros que estos sé quedarán en nuestro navío, el cual estaba amarrado al barco y que allí estuviesen alerta a lo que pudiese suceder, pues yo decidí pasar la noche en el barco de los minotauros.

Me reuní con Chot en su camarote y una vez allí, decidimos, sin avisar a nadie, pasar la noche en vela, vigilando los pasillos del barco. Así, una vez estuvo bien entrada la noche y todo el mundo reposaba en sus camarotes, cogí un candil del camarote de Chot, la prendí y junto a el, en completo sigilo de la habitación, abrimos la trampilla de la cubierta y nos internamos en las sombras de las entrañas del barco.

Incontables fueron las vueltas que dimos x los innumerables pasillos que disponía el barco, buscando indicios de lo que allí pasaba. Nada extraño ocurrió durante la mayor parte de la noche. Nada, hasta q, al doblar una esquina, vimos al final de un largo corredor una pequeña sombra proyectada en la pared. Esta pareció moverse, para después desaparecer fugazmente.

Corrimos detrás de él, pero, llegando allí, no encontramos nada salvo otro corredor que patria hacia la derecha, aun más oscuro que los demás. – Aquí parece estar nuestro culpable, maese Chot y no creo que sea maldición lo que aqueja a tu barco, sino persona. ¿Adónde lleva este corredor tan siniestro?, pues parece aspirar la luz de nuestra lámpara de lo oscuro que es. – Así parece Chataing y si no fuese él más fuerte de los minotauros me asustaría al pensar que este corredor conduce a la bodega. La bodega!!!!!

¿Cómo no se me había ocurrido antes? Nos armamos de valor y con la espada en una mano y el candil en otra, nos adentramos en el pasillo. Llegamos a topar con una pesada y gruesa puerta con llave.

La oscuridad casi era palpable en la bodega. El aire, asfixiante, dejaba un sabor a vinagre y humedad que se agarraba a la garganta. Allí hasta donde llegaba a iluminar mi candil se extendían varias filas de toneles, así como numerosos cajones de madera, algunos gigantescos, apilados entre sí y formando una rede de pasillos enrevesados. Por lo visto, la bodega también hacia su uso de almacén.

Sacando una antorcha de una mochila, Chot, encendiéndola en mi candil, se aventuro a perderse entre los cajones. En sumo lo admire yo por su valor y con el arma presta, yo también inicie la búsqueda. Paso un rato sin que nada encontrara, ni ocurriese, pero, estando yo buscando entre los grandes cajones, se produjo un ruido a mis espaldas.

No poco sobresaltado me di la vuelta, presuroso a cargar un golpe contra lo primero que viese, pero cual fue mi sorpresa al no encontrar nada que me extrañase. Volví a oír otro sonido, insólito y susurrante y esta vez venia de detrás de un enorme cajón que reposaba contra la pared.

Con todos mis sentidos alerta, me acerqué sigilosamente al cajón. Me estreche contra él y pegue el oído; estaba seguro de que detrás de este había alguien escondido. Doble la esquina del cajón. DE detrás de la siguiente esquina había venido el susurro. Mi mano atenazo el mango de mi espada. Con el candil x delante y la espada preparada doble la ultima esquina. Nadie.

Una sensación extraña me sobrecogió. Dirigí mi candil al suelo. En el rincón que hacia el cajón con la pared, reposaba tirado en el suelo un extraño muñeco de paja y madera. Entonces observe una luz acercándose.

Era Chot que venia en mi busca. – No parece haber nada en la bodega. Susurro este. – No nos fiemos. “Lo que sea” parece escurridizo y silencioso. ¿Hay alguna otra salida en la bodega? Indague. – Sí pero…. Contesto el minotauro dubitativo. - ¿Cuál es?      – La hay. La compuerta del techo, por la que hacemos descender los cajones. Pero es inalcanzable. Ratifico Chot.

Dicho esto y con gran estruendo, sobre nuestras cabezas la compuerta se corrió, quedando ligeramente abierta. Ambos la miramos estupefactos. – Al parecer acabamos de ser de gran ayuda para nuestro enemigo. Declare burlón. – “Lo que sea” ha escapado. ¡Corramos a la cubierta! Exclame.

Cuando salimos a la cubierta todo estaba en calma. Cerramos la trampilla y después la compuerta, con un recio candado; tal era nuestro interés de dejar atrapada a la criatura ya fuese dentro o fuera del barco. Hecho esto, permanecimos un instante, allí de pie, escuchando. Nada perturbaba la quietud de la noche.

Sin embargo, rompió mi concentración el avistar con el rabillo del ojo una pequeña figura descendiendo a mi navío x la escalerilla. Nervioso puse en alerta a Chot y le conmine, entregándole el candil, a que fuese a buscar raudo a su tripulación mientras yo, vigilaba la escalerilla y ponía en aviso a mi tripulación a voces.

Yo ante la escalerilla, apretando fuertemente mi espada con mis 2 manos, me puse a gritar a mis marineros que se pusieran en pie, que encendiesen todas las luces que pudiesen y que echasen mano a sus armas.

Al punto, pues ninguno de mis marineros debía poder dormir a causa de la inquietud, funcionaron como un solo hombre, en completo silencio y en pocos segundos todas las lámparas del navío estaban encendidas y todos los hombres permanecían alerta. Aguarde en silencio, gotas de sudor frío corrían por mi frente. DE repente, percibí un sonido susurrante en la escalerilla y acto seguido, algo ascendió x ella con rapidez endiablada y me golpeo en la barbilla, tirándome al suelo.

El muñeco me miraba con sus ojos pérfidos e inexpresivos. Las puntas de sus dedos se alargaron y se tornaron increíblemente agudas. Me levante de un salto y lance mi ataque, pero la criatura esquivó mi ataque y clavo sus garras en mi brazo.

Aúlle de dolor y me lo aparte de encima de un manotazo. El muñeco callo torpemente al suelo y se volvió a parar sibilante. Volví a atacar, lamentando no tener el candil para incendiar a la criatura y mi ataque volvió a ser esquivado. Esta vez hundió sus garras en mi pierna y empezó a trepar x ella buscando mi cuello. Antes de eso lo aparte golpeándola con mi espada. El muñeco volvió a caer para súbitamente saltar encolerizado hacia mí.

Fue el momento en que comprendí que mi vida dependía de una rápida y única estocada y con fugaz movimiento de media vuelta, le golpee cercenándole la cabeza. Aun así, el cuerpo de la criatura cayo sobre mí, hundiendo sus garras en mi espalda. Mi vista se nubló y perdí la conciencia.

Desperté dolorido y magullado en el camarote de mi navío una mañana tranquila. Tenía vendadas mis heridas, pero aun así me encontraba perdido y desorientado.

Después mis hombres me explicaron que había estado inconsciente varios días y que el capitán, como muestra de agradecimiento, nos había guiado hasta Ansalon y nos había obsequiado con víveres más que suficientes, así como un misterioso paquete rectangular que descansaba junto a mi escritorio. Dicho paquete señas de estar dirigido expresamente a mí por Chot.

Ordene salir a los marineros de mi camarote y dificultosamente me conseguí levantar del camastro. Me acerqué, casi arrastrándome al misterioso paquete y lo abrí, dentro permanecía una hermosa espada con una ligera curvatura en la hoja, la cual se mostraba afilada y resplandeciente. Era una Katana japonesa, símbolo de honor y gratitude en la civilización oriental, regalo de emperadores. Agradecido y en deuda quedé con aquel noble minotauro.

Enfunde la Katana y la colgué en mi cinto. Desde aquel momento ella y yo seriamos inseparables.

Días después y estando yo completamente restablecido, llegamos a orillas de aquel extraño continente al que llamaban Ansalon y nos lanzamos a la aventura de conocerlo, descubriendo sus gentes, razas y su hermosura.

Fueron unos meses después cuando, tras gastar todo nuestro oro debido a reparaciones en el barco, llegamos a Bahía Buena donde tuve que vender este para poder sobrevivir. La terrible perdida de nuestro barco me entristeció en sumo, pero repartí el dinero con mis marineros y estos decidieron adentrarse en el continente a buscar fortuna x separado. Así pues, ellos partieron y yo me quedé en Bahía Buena, durante varios años me gane la vida como pescador, aprendí el idioma común en todo el continente y me adiestre en el uso de mi Katana.

Y permanecí allí, solo, en las alegres costas de Bahía Buena, pero sin nunca olvidar mis orígenes, ni mi Venezuela. Y allí me quedé durante unos años, soñando con volver a conseguir otro barco, buscar al resto de mi tripulación y volver a salir a la mar, mi única pasión, para descubrir nuevos lugares donde ningún navegante hubiese llegado antes…………


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