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Las
monjas del convento de ursulinas de Auxonne, presuntamente endemoniadas
desde 1658 hasta 1663, son menos conocidas que sus hermanas de Loudun (1634),
pero su historia es parecida y casi igualmente espeluznante.
La diferencia fundamental radica en que aquellas
muchachas hambrientas de sexo no acusaron de conducta deshonesta a sus
confesores, sino a la madre superiora, sor St. Colombe (Barbara Buvée), de
cuarenta y siete años de edad. No era frecuente que trascendieran las
acusaciones de lesbianismo en los conventos. Sin embargo, al ser posteriores a las, demás
demostraciones de posesión demoníaca, los acontecimientos de Auxonne
fueron sometidos a una investigación más rigurosa, a consecuencia de la
cual se declaró inocente a la madre superiora, y varios médicos
testificaron que la posesión era una farsa.
La historia fue desarrollándose
durante cinco años, pero no salió a la luz hasta 1660, fecha en que
Barbara Buvée fue acusada de brujería. Uno de los dos confesores del
convento, el padre Nouvelet, feo pero joven, estimulaba sexualmente a ocho
monjas. Una de ellas, Marie Borthon, “sufrió grandes tentaciones de la
carne por su causa”. Otras tenían fantasías eróticas, sobre todo
durante la menstruación. La única causa posible era la brujería. Como el
sacerdote estaba ligado a las tentaciones de las monjas, llegó a la
conclusión de que también él había sido hechizado. Apresaron y acusaron
de brujería a dos campesinos, pero como no se pudo presentar ninguna
prueba, los jueces los condenaron únicamente al destierro. Sin embargo,
cuando abandonaban el palacio de justicia, una muchedumbre los linchó. El
siguiente paso fue el exorcismo.
El padre Nouvelet celebró
diversos servicios religiosos en la capilla, en la que se pudieron
presenciar espectáculos verdaderamente increíbles. Con sólo dos dedos,
sor Denise levantó un pesado jarrón que dos hombres fuertes apenas podían
mover; otras monjas adoraron el sacramento tumbadas sobre el vientre, con
cabeza, piernas y brazos levantados del suelo, formando un arco. El padre
Nouvelet llevó a cabo otros exorcismos acostado en la cama con las
muchachas, tan cerca de ellas que “sólo el velo de la hermana separaba su
rostro de la cara del sacerdote”.
El confesor también pasó
mucho tiempo viajando con sor Claudine Bourgeot; dormían en la misma
habitación pero, según aseguraron, en camas distintas. Barbara Buvée,
madre superiora desde 1651, había reñido con el predecesor del padre
Nouvelet, el padre Borthon, cuyas tres hermanas se encontraban en el
convento. Por su insubordinación, la castigaron a la flagelación. Como
también se opuso a los exorcismos del padre Nouvelet, parecía ser ella la
causa de la posesión demoníaca de las monjas. El 28 de octubre de 1660,
sor St. Colombe fue acusada formalmente de brujería; el 13 de noviembre la
confinaron a una celda solitaria, cargada de pesadas cadenas, y el 5 de
enero de 1661 la llevaron a juicio acusada de brujería ante el Parlamento
de Dijon.
Las monjas atacaron unánimemente a sor St. Colombe. Sor Henriette Cousin declaró que, en una ocasión, Barbara Buvée le había puesto la mano en el pecho y la había besado apasionadamente. Ante las protestas de sor Henriette, la madre superiora (siempre según el testimonio de Henriette) le había contestado que creía estar besando una efigie sagrada. Sor Humberte Borthon tenía visiones del infierno, en las que la madre superiora se ponía “un serpent dans les parties” y abrazándola “yacía sobre ella como lo haría un hombre sobre una mujer”. Sor Charlotte Joly había visto a la madre superiora besar con la lengua a sor Gabrielle de Malo y meter la mano bajo sus enaguas, mientras ambas se entregaban a “caricias recíprocas”.
Sor Françoise Borthon,
que había sido violada en repetidas ocasiones por el demonio Asmodeo, juró
que Barbara Buvée “la había obligado un día sentarse en sus rodillas y
había introducido un dedo en sus partes íntimas igual que lo hubiera hecho
un hombre”. Además, Barbara Buvée dijo que la monja estaba embarazada y
“había puesto su mano sobre ella y le había abierto sus partes más recónditas,
con lo que salió mucha sangre, líquida y coagulada”. Otra religiosa tuvo
una visión de Barbara Buvée, que se le apareció llevando en una mano una ostia
consagrada que había robado, sobre la que descansaba “la partie
honteuse” de un hombre, y en la otra mano un falo artificial de tela con
el que “cometió actos impuros”. Todos los testimonios seguían este
mismo modelo, pero el 18 de marzo de 1661, el Parlamento de Dijon ordenó
que se iniciara otra investigación. Por último, en agosto de 1662,
desestimó las acusaciones. Sor St. Colombe se cambió de convento y la
histeria de las monjas se desvaneció poco a poco.
Durante aquellos años,
varios médicos examinaron a las religiosas. En cierta ocasión, uno de
ellos declaró que todas ellas mentían, aunque era posible que algunas
estuvieran enfermas; otro opinaba que estaban realmente poseídas por los
demonios, y un tercero pensaba que no podía demostrarse nada demoníaco. El
15 de junio de 1662, el doctor Bachet redactó un informe oficial para el
canciller, en el que decía lo siguiente:
Puedo asegurar a su señoría que las religiosas no han dado ninguna muestra convincente o legitima de verdadera posesión demoníaca en ninguno de sus actos, pues ni comprendían lenguas extranjeras, ni conocían secretos ocultos, ni sus cuerpos levitaban en el aire, ni se movían de un lugar a otro, ni realizaban contorsiones extraordinarias ni fuera de lo normal.
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