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Un poco de historia


La existencia de "elefantes"1 extinguidos dentro de  territorio Centro y Sudamericano es un hecho que se conoce, por lo menos para los blancos europeos, Cuvieronius, mastodonte americano extinguidodesde la época de la conquista, cuando se descubrieron en varias partes, sobre todo de Sudamérica, los primeros restos fósiles, principalmente a manos de sacerdotes jesuitas y más adelante militares y naturalistas interesados en la historia natural de este todavía por descubrir y entender "nuevo" continente.
Fueron atribuidos, en un primer momento, incluso por médicos de la época, a restos de gigantes enterrados por el diluvio universal, historia compartida por restos de otros megamamíferos pleistocénicos extinguidos, principalmente del grupo de los grandes perezosos terrestres2. Unas ideas que, para esas épocas encajaban perfectamente con los contenidos de las escrituras bíblicas3 y sobre todo, con el desconocimiento de la historia natural.

Una historia simplificada del grupo de los elefantes y sus  migraciones


Según los datos que aporta el registro fósil, la historia del grupo de los proboscídeos comienza en el norte de África durante el Eoceno4 temprano, hace unos 50 M.a. con animales relativamente pequeños que no poseían las "trompas" que conocemos hoy día.
Progresivamente, y posiblemente a causa de hábitos dietarios e impedimentos mecánicos, hubo una progresiva migración de las aperturas nasales en el cráneo hacia una posición más dorsal, juntamente con el desarrollo y aparición de la probóscide (trompa) que es una de las principales características de estos  animales. En algunos linajes se produjo también un progresivo aumento de la longitud y robustez del segundo incisivo superior, lo que más tarde daría origen a las defensas en algunos grupos, como el que nos ocupa5.
Juntamente con un aumento progresivo de tamaño, fueron  diversificándose en territorio africano y dispersándose hacia Asia, Europa y Norteamérica hacia principios del Mioceno, hace unos 20 M.a., siendo el número de especies e individuos, muchísimo mayor que  lo que conocemos hoy día hacia esa época del terciario medio.
Uno de los proboscídeos fósiles mejor conocidos y particulares, el género Mammuthus, particularmente exitoso dado que presentaba una serie de adaptaciones a los climas fríos de épocas pleistocénicas6, entre las que incluíaElefante africano (Loxodonta africana) una gruesa capa de pelo, de una extensísima distribución por toda Eurasia, Norte de África, Norteamérica y parte de Centroamérica, además de un permanencia  temporal hasta épocas recientes.
Algunas teorías postulan su extinción a manos de cazadores humanos a causa de sobreexplotación.
Una de las lineas ancestrales dió origen al actualmente conocido como elefante africano (Loxodonta africana) y otra linea, mucho más derivada aún, es decir con más cambios evolutivos en su haber, dio origen al conocido actualmente como elefante indú o asiático (Elephas maximus), junto con con Mamuts y Mastodontes, todas estas últimas formas de mucho más amplia dispersión durante el Mioceno7, que las africanas.
Algunas de las formas que se dispersaron desde Africa conservaron el mismo género, como Mammuthus, que en el resto de los continentes que, dado su éxito adaptativo, alcanzaron rebaños de miles de individuos que pastaron por las llanuras pleistocénicas de Eurasia y Norteamérica, tal como lo atestiguan los numerosos hallazgos fósiles siberianos, canadienses y estadounidenses.
Durante el pleistoceno evolucionaron diversas formas adaptativas respondiendo a la distribución latitudinal y al ordenamiento de los glaciares que cubrían buena parte del hemisferio norte, explotando como recursos alimentarios las extensas estepas herbáceas.
Elefante asiático (Elephas maximus)Hay autores que sostienen que algunas poblaciones de Mamuts sobrevivieron hasta épocas históricas como relictos8 en apartados lugares de la tundra siberiana y de Alaska, lugares que hasta hoy conservan, de cierta manera, las condiciones imperantes durante el pleistoceno glacial.
La historia del grupo de los proboscídeos, por lo menos dentro de Sudamérica comienza con la migración de los mastodontes, desde Centro y Norteamérica durante el suceso geológico y faunístico que ocurrió durante el Plioceno9(entre unos 4 a 3 millones de años al presente) y que se actualmente se denomina "Gran intercambio faunístico americano".
Durante ese periodo de tiempo y hasta entrado el Pleistoceno se produjo, por cuestiones geológicas, una comunicación terrestre a la altura de lo que hoy conocemos como Panamá. El levantamiento de este actual istmo junto con la baja del nivel del mar, permitió, con la comunicación de estos dos continentes, la invasión (en ambos sentidos, pero básicamente de norte a sur) de gran cantidad de grupos animales que ampliaron sus areas de distribución, provocando profundos cambios (sobre todo en Sudamérica) en la evolución de los grupos invasores e invadidos así como en la historia faunística de ambos continentes.
Entre las principales familias de mamíferos que migraron desde el norte, junto con cánidos, félidos, artiodáctilos, perisodáctilos, prociónidos, algunos roedores y mustélidos10llegaron los mastodontes, grupos todos que juntos con otros se extendieron hacia el sur, abarcando rápidamente gran parte de Sudamérica.
Los mastodontes hallaron un continente hasta ese momento sin depredadores tales que pudiesen hacer frente a presas de semejante porte. Sin embargo entre los inmigrantes que venían del norte, también llegaron los mismos depredadores que los acosaban en su territorio original. Me refiero precisamente a los grandes félidos con especializaciones en ese tipo de grandes presas.
Bastante más tarde, con la llegada de otro predador, el hombre, se encontraron con un enemigo mucho más difícil aún, del cual, tal vez, no sobrevivieron.

Los "elefantes" como presas


En 1923 Spillman descubrió, en la aldea de Alangasi, a unos 13 Km al oeste de Quito, en la zona ecuatoriana interandina un esqueleto fósil casi completo de Haplomastodon waringi con la particularidad que poseía vestigios de puntas de lanza de piedra, restos de huesos carbonizados y fogones.
Otras características interesantes que presentaba el ejemplar en cuestión eran costillas faltantes de un solo lado del animal, así como una serie continua y articulada de vértebras cervicales destrozadas, posiblemente con una enorme roca. El detalle que se encontraran articuladas denota que la quebradura fue todavía con el músculo y tendones en su lugar. Quizás el "golpe de gracia" a el animal ya en el piso.
Todos estos datos no son sorprendentes tratándose de bandas de paleoindios cazadores-recolectores y ya han sido hallados cuadros similares con presas de gran porte a lo largo de las Américas. Distribución pleistocénica aproximada de los mastodontes
Lo realmente curioso del caso es el hallazgo de indicios de material cerámico en las cercanías con, al parecer, influencias mayas y datados para los siglos II, III y IV de la era cristiana.
Naturalmente estos restos fueron muy discutidos y desacreditados por científicos sosteniendo posturas oficiales, que dudaban tanto de la permanencia relictual de estos animales hasta tan entrado el holoceno (recordemos que estamos hablando de hace alrededor de 1700 años a.p.) como la convivencia con hombres del período cerámico, esto es, culturalmente muy avanzados.
Este tipo de restos demuestra, además de la convivencia del hombre con la megafauna11 pleistocénica y holocénica12temprana, así como tal vez hasta en períodos recientes, la distribución andina del género Haplomastodon, lo cual antes se consideraba válido sólo para Cuvieronius (que en su momento se había bautizado C. andium), de una distribución andina mucho más restringida.

Naturalmente cuando los primeros hombres llegaron a América se encontraron con una fauna que incluía animales muy parecidos a elefantes, que junto con otros animales como caballos y algunos pilosos y ungulados pudieron convertirse en importantes presas, trofeos de caza, iniciáticos y quizás hasta objetos de culto, veneración y respecto.

En muchos lugares de Europa y Asia y Nortamérica se encuentran en pinturas rupestres, tallas y esculturas con representaciones de los animales sobre los que estas primitivas bandas de cazadores predaban, entre las cuales se encuentran formas de animales relacionados con elefantes como mamuts, datos confirmados además con el hallazgo de asociaciones de restos de artículos fabricados por humanos con despojos de mamuts, además de puntas de flechas de cuarcita incrustadas en huesos de los mismos animales en vida, una prueba irrefutable que estos animales fueron objeto de caza de nuestros antepasados durante los períodos glaciales.

Y en Centro yEstela B de Copán (la flecha indica uno de los "elefantes") Sudamérica la situación no fué distinta...

Existen una serie de monumentos e inscripciones hallaDetalle esquemático de la parte superior de la estelados en distintos lugares de Mesoamérica que dan testimonio, no sólo que se tuvo exacto conocimiento de la existencia de animales parecidos al elefante, sino que jugó un importante papel en la simbología de culturas como las mayas o incluso algunas más antiguas aún, y no solamente, como le asigna la historia oficialmente aceptada, una simple presa de las etapas más tempranas del poblamiento de América por parte de paleoindios.

En la fotografía de la izquierda, que muestra la enigmática y polémica estela B de Copán, donde la flecha indica claramente una de las dos figuras que representan "elefantes" perfectamente tallados en la roca. Otras reproducciones provenientes de Copán

A la derecha se muestra un dibujo del aspecto que presentaba a poco tiempo de "descubrirse", donde bien se pueden apreciar los detalles del "elefante" junto con las proporciones respecto a humanos e implicitamente su utilización (debidamente amansado?) como bestia de carga. Nótese la presencia de otra forma elefantina semidestruída del otro lado de la figura simétrica.

De elefantes y dragones


Examinemos desde otro punto de vista las posibilidades que pudieran haber tenido los mayas, o pueblos más antiguos que ellos mismos, de poder habido imaginar el aspecto de un elefante.
Tomemos para ejemplificar el caso de los dragones chinos :

Desde la más remota antiguedad los boticarios chinos tuvieron conocimiento de la existencia de "dientes de dragón" que los campesinos recogían en los abundantes afloramientos13 mesozoicos14 a lo largo de todo el territorio chino.
Estos dientes, y estamos hablando de fósiles posiblemente de dinosaurios terópodos (los carnívoros bípedos) y quizás hasta pterosaurios eran usados por la antigua medicina china (aún hoy se usan en algunos lugares), previa reducción a polvo, para curas de varias enfermedades, vitalizantes  y aún hasta como afrodisíacos.
Resulta ser que los yacimientos fosilíferos en cuestión, son en muchos casos excepcionales en cuanto a la fineza de la preservación de los restos, incluyendo en algunos casos cráneos o ejemplares prácticamente completos de los reptiles en cuestión, es fácil intuír la reconstrucción en vida que la imaginación de los antiguos artistas chinos otorgaban a los dragones, que, salvando algunos detalles estructurales, son bastante similares a las reproducciones de dragones que pueden ser vistas aún en las pinturas y murales, en comparación con dinosaurios terópodos y más aún, con pterosaurios.
Ahora bien, en el caso de tener a la mano un fósil de pterosaurio o terópodo, tal vez un objeto tomado como sagrado, un artista con imaginación podría reconstruir con bastante exactitud el aspecto aproximado de un "dragón" ya que estos reptiles no presentan, en general, demasiadas otras estructuras córneas15 o carnosas que se alejen demasiado del perfil del hueso, por lo que la recontrucción es, hasta cierto modo, relativamente fácil, aún sin conocimientos anatómicos.
Veamos que ocurre si el artista dispusiese de un cráneo, aún en perfecto estado, de un mamífero, en particular un elefante o mastodonte.
Reconstrucciones en vida  A: Cuvieronius, B: Stegomastodon, C: HaplomastodonLo que más llamará la atención de nuestro artista Cráneos de Mamut y mastodontes A: Mammuthus B: Elephas C: Loxodontaen intento de reconstrucción posiblemente sean las dos defensas (vulgarmente llamados "colmillos") aunque en realidad se trata de los incisivos superiores fuertemente modificados, casi rectos, o con una ligera curvatura en forma de helicoidal. Estas robustas estructuras, como todos los dientes tienen, en general, mucha mayor posibilidad de conservarse durante el proceso de fosilización y son frecuentemente halladas incluso insertadas en sus lugares correspondientes, los alvéolos del maxilar superior.
El problema se presenta de aquí en más, ya que la pobóscide ("trompa") no se fosiliza, ya que no posee nigún tejido preservable y tampoco deja ningún rastro de inserción en el cráneo, salvo que nuestro artista indígena poseyera unos finos conocimientos anatómicos, ya que no es fácil para alguien sin estos conocimientos, determinar si un animal, cuando se cuenta sólo con su cráneo, posee o no próboscide. Ver ilustraciones de cráneos y reconstrucciones de perfiles.
Otro detalle a considerar es la correcta ubicación de los ojos, es decir la altura de las órbitas. Me refiero a esto porque el cráneo de un elefante o mastodonte no tiene órbitas cerradas, o casi, como la poseen otros grupos de mamíferos, con lo cual se permite predecir la ubicación casi exacta de los ojos en vida del animal.
Respecto de las orejas, también corresponden en tamaño y ubicación) a las reconstrucciones de los mastodontes centro y sudamericanos (sin olvidar al elefante indú como han postulado ciertos autores, producto de contactos humanos interoceánicos).
Por último, y en referencia a las proporciones corporales de estos "elefantes" respecto a los humanos que los acompañan en la estela las mismas corresponderían aproximadamente a las de los mastodontes, sin embargo no puede determinarse si uno de ellos andaría a pie junto al mismo, llegando a la altura de su cabeza, lo que constituiría el único error proporcional en que incurrió el artista.
Pasando el limpio esta información, nuestro artista se vería en un serio problema al intentar reconstruir correctamente a partir de un fósil o subfósil, por perfecto que sea su estado de conservación, sin conocimientos anatómicos o relatos de terceros (o leyendas?) sobre el aspecto que presentaría el animal en vida.
Siendo poco probable que pueda imaginar al animal con tanta exactitud, podemos pensar que, o vió en persona al animal como los cazadores del hemisferio norte pudieron ver y reproducir en pinturas y grabados a gran cantidad de fauna extinguida como elefantes, mamuts, rinocerontes lanudos, etc, o tuvo que poder tener acceso a alguna crónica de viajeros o algún grabado que representara a los "elefantes" en cuestión.
Las posibilidades que se nos presentan para poder determinar de donde sacó la información acerca del aspecto del animal tampoco son demasiadas...

Cuestión de tiempos


Se sabe, a través del registro paleontológico, que los mastodontes se extinguieron en Centro y Sudamérica hace cerca de 10.000 años, esto es, unos 8.000 años a.C., junto con una importante cantidad de mamíferos tanto nativos como "inmigrantes" del hemisferio norte, lo cual nos plantearía varios interrogantes, entre ellos :

- Fueron los constructores de la estela B de Copán contemporáneos con, por lo menos alguno de los tres géneros de mastodontes Centro y Sudamericanos conocidos?. Otro monumento (obsérvese las primera y segunda figura de la columna derecha)
De ser así, podríamos pensar que, fueron estos habitantes humanos americanos mucho más antiguos de lo que la historia oficial está dispuesta a aceptar, teniendo en cuenta que la antigüedad asignada a la estela es el periodo preclásico (con mucho, más reciente que la extinción de los proboscideos).

- Sobrevivieron en América o en ciertas zonas de la misma mastodontes a las extinciones finipleistocénicas que afectaron al resto de sus congéneres del continente?
Estos relictos, se conservaron, suponiendo que así haya sido, debido a unas condiciones especiales climáticas del lugar o debido a la intervención del hombre en su cuidado y cría como animal venerado o relacionado con algún ente sagrado? Recordemos que sobre la escultura se ha especulado su pertenencia a "alguien importante" a quien glorificar.

- Como contracara, y sin considerar la posibilidad de fauna relictual, es decir tomando como 10.000 años a.p. la extinción de los mastodontes. Tendríamos que pensar en la posibilidad de correr hacia atrás unos 8-9.000 años la fecha de la construcción de la estela? O que los habitantes de Copán no sean sus constructores y ya hubiese estado allí cuando ellos llegaron?
Un caso parecido es la erronea atribución, según algunos autores, de Cuzco y Tiahuanaco a los Incas, cuando en realidad, ni siquiera ellos mismos se la atribuyeron. Habiendo leyendas indígenas que le asignan una antiguedad "incalculable".

-Por último, algunos autores partidarios de los contactos precolombinos entre América , Oriente Medio y el sudeste asiático, argumentan con una todavía por probar teoría de contacto entre pueblos centroamericanos e hindúes, la "herencia" de figuras de deidades con cabezas de elefante y que los artistas precolombinos habrían copiado los diseños a partir de modelos y relatos traídos por navegantes.

- Sólo como dato anecdótico puede citarse también el caso de investigadores que atribuyeron las figuras de mastodontes a la cola o pico deformado de guacamayos, que los autores de la estela habrían exagerado en una "licencia artística".

Conclusiones y elucubraciones (con más dudas que certezas...)


Así hallan existido los mastodontes en Centro y Sudamérica hasta bien entrado el Holoceno (algunos autores sugieren como fecha de extinción unos 6.000 años a.p) y tomemos ese fechado como límite temporal de la extinción de los mismos, este dato echaría necesariamente hacia atrás el período temporal de existencia u origen de los mayas, o por lo menos de los contructores de la estela así como también hace necesaria la explicación a una serie de dudas que esto genera, como alguna de las que siguen:

- Qué valor simbólico tenía entre los mayas el "elefante"?

- Era un animal sagrado?

- Se consideraba también una presa o dada su escasez (animal en extinción y posiblemente reducido en número de ejemplares) se lo conservaba?

- Pudieron domesticar o por lo menos amansarlos para usarlos como bestia de carga tal como se hace todavía hoy en Asia?

- Era un medio de transporte de la nobleza?

- O un carro de guerra?

En todas la antiguas culturas Eurasiáticas y africanas el elefante no pasó desapercibido, ocupando una o varias de las funciones anteriormente citadas. Tuvo acaso alguna en la maya o anteriores, por lo menos durante algún tiempo?
Sorprende también la escasez de marfil en yacimientos arqueológicos mayas como material de construcción de utensilios. Esto no se puede atribuír a un sezgo en el registro, ya que es un material que se preserva de una manera excelente.
Fué debido a que era considerado tabú o simplemente en extremo escaso? Podemos acaso esperar encontrarlo en algún enterratorio?
Por último, otra hipótesis que vale la pena considerar es que alguna especie no conocida (y tal vez extinguida) de proboscídeo hubiera sobrevivido hasta épocas históricas, luego retrayéndose hacia zonas más inhóspitas (y con menos presencia humana) de la amazonia quedando como relicto hasta sus últimos días.

Si esto último hubiera ocurrido de esta forma deben haber desaparecido antes de la llegada de los españoles, ya que no hay ningún reporte ni siquiera de los primeros exploradores (que pudieron regresar para contarlo) de la presencia de animales o leyendas sobre seres semejantes. Cabe citar que sí hubo otros informes de criptofauna16 que luego se descubrieron o fueron citadas por otros exploradores en épocas más recientes, como los caso de los grandes boidos17del Amazonas, por Ulrico Schmidl en 1530 y Percy Fawcett en 192018.

En todos los casos, se trate de lo que se trate lo que halla pasado, se deberá contar con más material arqueológico para tener más elementos de juicio para poder seguir analizando la presencia de tan fascinantes animales en América y los tipos de contacto que tuvieron con humanos.

Bibliografía


A.S. Romer - Vertebrate Paleontology 3rd ed.- (1966) The University of Chicago Press (en Inglés).

R.L. Carroll - Vertebrate Paleontology and evolution - (1988) W.H. Freeman and Company (en Inglés).

C. de Paula Couto - Tratado de Paleomastozoología - (1979) Academia Brasileira de Ciencias (en Portugués).

V. Ziswiler - Zoología Especial Vertebrados - (1980) Ediciones Omega.

R. Pascual - Paleontografía Bonaerense - (1966) Comisión de Investigación Científica, prov. Buenos Aires.

H. Wendt - El Descubrimiento de los Animales - (1982) Planeta.

Autores varios - Paradigmas - (1986) P.Y.E.S.A. Chile.

Notas


1- El término elefante se emplea entrecomillado por no tratarse de verdaderos elefantes como los animales a los que hoy se llama así, a pesar de estar estrechamente emparentados, evolutivamente hablando, con ellos. Volver al texto

2- Existe un caso, muy citado, sobre el primer esqueleto de Megatherium americanum, un perezoso terrestre pleistocénico del porte aproximado a un elefante, que ocurrió sobre finales del siglo XVIII. Cuando el fósil se remitió a España para su estudio, el rey, sorprendiéndose de la existencia de semejante animal, pidió a las autoridades locales que le enviaran uno "vivo o al menos empajado" esto es, para la terminología de aquellas épocas, disecado. Desde luego que no pudieron cumplir con semejante pedido. Volver al texto

3- Recordemos que para esas épocas todavía, en occidente ni siquiera se habían planteado esbozos de teorías evolucionistas, y hasta para los naturalistas, las únicas ideas válidas eran las interpretaciones textuales de las escrituras, como el génesis, respecto a la creación de los organismos y su destrucción por la ira divina (diluvio) para su extinción. Volver al texto

4- Eoceno es, en términos geológicos, un perído de tiempo que abarca desde hace 55 hasta 34 millones de años a.p.Volver al texto

5- En otras formas, de linajes africanos, europeos y asiáticos como Deinotherium, Platybelodon y una variedad más de familias y subfamilias, el desarrollo no fué de los incisivos superiores sino de los inferiores en algunas especializaciones parecidas a cucharas fuertemente aplanadas, con una probóscide posiblemente reducida por un lógico impedimento mecánico. Volver al texto

6- Pleistoceno es, en términos geológicos, un período de tiempo que abarca desde aproximadamente 1.7 millones de años hasta 10.000 años a.p. Volver al texto

7- Mioceno es, geológicamente un perído temporal que comprende desde 24 hasta 5 millones de años a.p. Volver al texto

8- Relicto es una denominación que se emplea en biología para una población, generalmente reducida en número de ejemplares que se encuentra al borde de la extinción u oficialmente se consideraba ya extinguida (en el momento de su "redescubrimiento"). Volver al texto

9- Plioceno, es el período geológico que abarca desde 5 hasta aproximadamente1.7 millones de años a.p. Volver al texto

10- Como ejemplos actuales de estas principales familias y órdenes, aunque hubo más, podemos citar los zorros y perros para canidae; jaguares, "tigres" de dientes de sable, pumas y pequeños gatos para felidae; ciervos, llamas, guanacos, pecaríes para artiodáctilos; tapires y caballos americanos (Hippidion fósiles, extinguidos hace unos 8.000 años) para perisodáctilos; coatíes y mapaches para procyonidae; zorrinos, hurones y nutrias para mustelidae, etc. Volver al texto

11- Se le llama megafauna a los grandes mamíferos, de más de una tonelada de peso que dominaron durante el pleistoceno y terminaron de extinguirse (como fecha generalmente aceptada entre hace unos 10.000 y 6.000 años atrás). Volver al texto

12- Holoceno es el periodo temporal que empieza hace 10.000 años y en el que todavía nos encontramos. Volver al texto

13- Afloramiento es un término geológico que designa una exposición, en un terreno dado, mediante la erosión, plegamiento u otros motivos, de un estrato geológico de una antiguedad reconocida que representa algún lapso temporal de interés. Volver al texto

14- Mesozoico es, geológicamente, una era que comprendió desde unos 250 a 65 millones de años a.p., caracterizada faunísticamente por el dominio del grupo biológico conocido como dinosaurios, además de otras variadas formas reptilianas, así como el origen de los mamíferos y algo más tardíamente, las aves. Volver al texto

15- Córneo se refiere al cuerno, o más correctamente queratina, que es la sustancia nitrogenada de la cual se componen las uñas, pelos, plumas, escamas y ornamentos (de reptiles) y, desde luego, los estuches de cuernos. Volver al texto

16- El término criptofauna se refiere a fauna todavía no descripta oficialmente por la ciencia (significa fauna oculta), pero existente en leyendas indígenas o con avistamientos por parte de viajeros o exploradores, además de fauna supuestamente extinguida, que permanece como relicto en algún apartado lugar. Estos seres son estudiados por la todavía no aceptada del todo disciplina de la Criptozoología. Algunos de los casos más importantes, y luego descriptos por la ciencia, lo constituyen el Okapi (Okapia johnstoni), un jiráfido africano y el Celacanto (Latimeria chalumnae), un pez considerado extinguido desde hace milones de años, "redescubierto" desde los años 30. Volver al texto

17- Boidos, en referencia a miembros de la familia boidae, que comprenden boas y anacondas, de amplia distribución ecuatorial. Volver al texto

18- Ulrico Schmidl, Viaje al Río de la Plata (1534) Ediciones Nuevo Siglo 1995 y Percy H. Fawcett, A través de la selva amazónica (1953), Ediciones Rodas España. Volver al texto

Pablo A.Chiarelli


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