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Los
megalitos se pueden encontrar en muchos lugares de Europa Occidental, pero también
en Oriente y en África. Se trata de antiquísimos documentos pétreos de
enormes dimensiones; de testigos de la religión de un pueblo del que apenas se
sabe nada; de reliquias de un culto del que sólo se supone que existió.
¿Quién construyó las
gigantescas instalaciones de Stonehenge, en la pelada llanura de Salisbury, y
las poderosas calzadas empedradas en Bretaña? ¿De quién proceden las tumbas
prehistóricas del norte de Alemania o las casas de culto de Jutlandia oriental?
¿Quién transportó bloques
de piedra de hasta más de 50 toneladas de peso a través de cientos de kilómetros?
¿Y qué representaban estas construcciones gigantescas? ¿Lugares de culto? ¿Templos
de un pueblo desaparecido? ¿Tumbas colectivas? ¿Observatorios solares?
Se sabe con seguridad que los
megalitos son los testigos milenarios de una o varias religiones del Neolítico
y de la subsiguiente Edad del Bronce cuyo avance se puede seguir, desde la India
y Palestina, a través de las islas mediterráneas de Malta, Cerdeña y Córcega,
hasta Francia meridional, España, la Bretaña, Irlanda, Inglaterra, Alemania
del norte y Escandinavia. Fue una religión de adoración a los antepasados, de
culto a los muertos y de enormes cementerios, de altares y templos con el
antiguo culto al Sol como punto central, de la «magna mater», la divinidad
materna, diosa de los muertos, símbolo de la fertilidad y de la vida.
Los constructores de los
llamados dólmenes llegaron probablemente por el mar. Sus construcciones se
encuentran en las costas de la Península Ibérica, de la Bretaña, Irlanda y
Dinamarca.
Aunque las distancias entre
ellos son muy grandes, permiten establecer ciertas relaciones comunes. ¿Se
encuentran en relación los esfuerzos de expansión de sus creadores con los
yacimientos minerales de España y Europa Occidental? El desarrollo de las
grandes tumbas colectivas con numerosos enterramientos, ¿fueron la expresión
de un rasgo básico de su religión, caracterizado por rituales de sacrificios
de expiación por el alma de los muertos?
Los dólmenes de Los
Millares, en España sudoriental, muestran el camino seguido por su desarrollo,
desde los comienzos, en los que una pequeña entrada conduce a una cámara casi
circular revestida de grandes planchas de piedra, hasta la construcción de las
«verdaderas» tumbas que con su túmulo en forma de panal de abeja recuerdan
los tholoi de Grecia y Micenas y poseen un «agujero para el alma».
En Cerdeña, la «isla del
silencio», se hallan desparramadas unas l0.000 construcciones megalíticas
circulares (nuraghas). No se sabe nada sobre sus constructores, sus habitantes,
las costumbres y la cultura de éstos. La nuragha más famosa, Sa Nuraxi, cerca
del pueblo de Barumini, procede probablemente del siglo XIII a. de C.
¿Cómo consiguieron la
instalación de dólmenes los hombres megalíticos? ¿Fueron arrancados de las
rocas de los alrededores más o menos cercanos con ayuda del fuego y el agua,
siendo después transportados durante kilómetros por medio de troncos de árboles?
Sólo podemos presentar suposiciones.
El mayor lugar de culto del
enigmático pueblo, cuyo nombre no conocemos, se encuentra en Bretaña, entre la
península de Quiberon y el golfo de Morbihan. El centro del gigantesco campo
funerario, en el que evidentemente fueron enterradas las personas nobles durante
muchos siglos, se encuentra en las cercanías de Carnac. En una faja de terreno
de casi 8 km de longitud se extiende un campo de menhires actualmente
interrumpido con más de 3000 piedras de todos los tamaños. Están colocadas en
hileras, de hasta diez en fondo, que forman círculos o semicírculos y en cuyo
punto central se debió de encontrar sin duda alguna el santuario o lugar de
culto, rodeado de los más poderosos menhires de esta instalación.
Por el orden seguido, se cree
poder reconocer ciertas relaciones con los solsticios y los equinoccios. Sin
embargo, ¿quienes fueron los constructores de estos lugares de culto? Su
cultura, fascinante como la hitita y enigmática como la etrusca, fue aceptada
en parte por los celtas, siendo continuada por éstos. También ellos
practicaban el culto al sol, a la divinidad materna, la «magna mater».
Una de las más importantes
tumbas del grupo megalítico se encuentra en el valle de Boyne, cerca de Dublín.
Hace poco relativamente se excavó en Tara, cerca de allí, el «túmulo de los
rehenes», una tumba intacta cuyo contenido original permanecía tan intacto
como las numerosas ornamentaciones secundarias que contenía: una gran cantidad
de huesos calcinados y rotos que eran los restos de las incineraciones. La
decoración funeraria estaba compuesta de pequeñas imágenes de piedra,
pendientes en miniatura en forma de hachas, bolas de piedra, agujas de hueso,
perlas de todas clases y una cerámica que permite fijar la fecha en el año
2000 a. de C.
Los hombres de la cultura
danesa de los dólmenes practicaban la agricultura y la ganadería. Su bienestar
se reflejó en la grandeza de su pueblo y en la posición predominante que ocupó
dentro de los demás grupos étnicos.
Adoraban a sus muertos en
extrañas «casas de culto», que formaban parte de los dólmenes, construidas
sobre pedestales de piedra y compuestas por postes de madera.
Aparte del desarrollo de los
gigantescos cementerios, en las islas del Mediterráneo aparecieron además
formas específicas de construcciones megalíticas de culto que posiblemente
estuvieron influidas por las de la Península Ibérica. Todavía en la
actualidad se elevan al cielo grandes templos, silenciosos y extraños, cuyos
bloques están compuestos de piedra caliza. En sus atrios se llevaban a cabo los
rituales de los sacrificios de expiación por el alma de los antepasados. En
ellos no se enterraba a ningún muerto. Los bloques del templo de Hagar Quim
estaban adornados en todas partes con pequeños orificios ¿Por qué? Nadie lo
sabe. Sobre sus altares en forma de hongo se sacrificaba a los animales.
Sin embargo, en el frío
norte, en la pelada llanura de Salisbury, se elevan los trilitos de Stonehenge,
el más moderno monumento megalítico sobre suelo inglés, cuya fecha ha sido
fijada con ayuda del método del radiocarbono en el año 1.600 a. de C.
(principios de la Edad del Bronce). Se trata del famoso monumento de piedra que
tiene un diámetro de 88 m y forma circular, que contiene 30 grandes menhires
cuidadosamente labrados que están en contacto unos con otros mediante piedras
superpuestas. ¿Fue Stonehenge un santuario tribal del norte que sirvió tanto
para el culto al Sol como para honrar a los muertos? ¿Observaban los sacerdotes
la salida de las estrellas desde aquí? Contamos con un testigo de la época
griega. El historiador Hekateo de Abdera anotó en el año 300 a. de C.
aproximadamente lo siguiente sobre el lugar de culto de Stonehenge en cuyos
alrededores se descubrieron 483 tumbas de principios de la Edad de Bronce:
«Frente al país de los celtas y al norte del océano limítrofe se encuentra una isla que no es menor que Sicilia. En la isla existe una suntuosa floresta consagrada al dios del Sol, así como un extraño templo de forma circular. Apolo llega a la isla cada 19 años, cuando el Sol y la Luna toman la misma posición con respecto al otro.» Stonehenge: testigo pétreo de una cultura desaparecida, de un pueblo extinguido, como los campos de menhires de Bretaña, los pasadizos funerarios de Los Millares y el túmulo de los rehenes. ¿Podremos solucionar algún día el misterio de los megalitos?
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