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| UNA
VISITA INESPERADA |
A
nuestra revista, acaba de llegar un e-mail de una amiga de El Salvador. Su historia,
aunque trágica en muchos aspectos, ofrece un interés considerable, muy en la
línea de ésta sección. Su caso, aunque ciertamente espectacular como ustedes
podrán comprobar, no es nuevo en la casuística paranormal y forteana. Estos
hechos se producen con más asiduidad de lo que parece. En breve, publicaremos
otros sucesos de similares características, que han sido bien documentadas y
confirmadas a lo largo de la historia de la Parapsicología. Pero ahora, sin
más preámbulos, pasemos a leer la carta de nuestra lectora y testigo, no sin
antes agradecerle profundamente el haberlo compartido con nosotros.
Esta es una historia verídica. La he mandado tres veces para poder publicarla en bitácora. Leo su pagina web diariamente y siempre tengo la esperanza de ver esto publicado porque en verdad ¡sucedió! Gracias por tomar en cuenta mi petición.
Estudiando mi carrera universitaria en México, pasaba hasta seis meses sin volver a El Salvador a ver a mi familia, y hasta semanas sin tener noticias de ellos. Un día en clase, vi a mi hermano asomarse a la puerta de mi aula. Hacía al menos un año que no lo veía porque la última vez que había ido a mi país de vacaciones, él estaba en Madrid con unos amigos de la escuela. Me levanté de inmediato y fui a la puerta.
-¿Qué haces aquí? -le pregunté con una gran emoción.
Mi hermano era como un amigo incondicional para mí. Me abrazó, y me dijo:
-Me hacías falta, flaca, vente para que platiquemos.
Entre
las cosas que hablamos, empezó a soltar lentamente una
noticia:
-Nuestro
tío Sam se murió hace dos días y mamá esta
inconsolable. Pensé que era mejor decírtelo en persona y aprovechar para
verte.
Yo sabia que su viaje tenia doble sentido. El haberme dicho "mamá esta
inconsolable" era un pequeño chantaje emocional para hacerme ir a verla y
estar con ella. Le dije que arreglaría mis clases para poder regresar con él,
y pasar unos días con la familia en estos momentos tan duros. Al día siguiente
salimos para El Salvador.
Desde que mi hermano llegó a México, hasta el aterrizaje del avión en el aeropuerto “El Salvador”, tanto él como yo estuvimos hablando de muchas cosas debido al tiempo que hacía que no nos veíamos. Apenas dormimos en el avión.
En el trayecto del aeropuerto a la ciudad, mi hermano me comentó que iríamos directamente a la funeraria porque ese día llevaban el cuerpo de mi tío al cementerio. Cuando por fin llegamos, yo bajé del taxi que habíamos tomado en el aeropuerto y mi hermano se quedó en el coche para pagar al conductor. En el momento en que pagaba, me dijo:
-El señor no tiene cambio de mi billete, voy a ir a cambiarlo aquí, a la esquina. Ya entro.
Ingresé en la funeraria y caminé por sus pasillos pensando cuáles serian mis primeras palabras para mamá. Me dolía la muerte de mi tío, pero me dolía todavía más pensar en el sufrimiento de mi madre. Cuando entré en la habitación mortuoria, busqué a mi madre y la ubiqué sola, al lado del ataúd. No saludé a nadie y me dirigí directamente a ella. Antes de saludarla, agaché mi mirada para ver a mi tío, al tiempo que aprovecharía para abrazar a mi madre, cuando casi me caigo al suelo: ¡¡¡El del ataúd era mi hermano!!!!
No supe qué decir. No podía ni respirar, lo mire fijamente como asegurándome que era él. En ese momento fue mi madre la que me ofreció sus brazos para consolarme. Luego me dijo:
–Te llamamos anoche para avisarte pero no estabas en tu departamento, pensamos que habías salido a tus trabajos de campo y no tuvimos forma de contactarte. ¿Quién te avisó?
Yo
no sabia qué responder. No entendía lo que estaba pasando. Pensé que estaba
soñando, hasta llegue a pensar que era una broma horrible.
Salí de allí no sé a qué; creo que a buscar a mi hermano o al taxista que
había compartido con nosotros la media hora de camino... No encontré a nadie.
Lo más increíble de esta historia real, es que al llegar de nuevo, días después, a mi aula de clases, le pregunté a mi profesor:
-¿Recuerda el día que alguien vino a la puerta y luego le expliqué a usted que era mi hermano y que debía ausentarme de clases por unos días?
-claro –me respondió.
Le mostré una fotografía de mi hermano, sólo para asegurarme que era la persona que él recordaba.
-Claro. Es él - me confirmó.
No sé cómo explicarles esto. He tratado de revivir cada detalle para compartirlo por escrito por primera vez. Jamás volví a ver a mi hermano, ni siquiera en sueños. Mi hermano había muerto dos horas antes de llegar a la puerta de mi aula en México, atropellado en una calle en San Salvador. Murió al instante. Creo que en las 8 horas que pasamos juntos desde su llegada por mí a la Universidad, hasta la bajada del taxi en la funeraria, agotamos los temas. Hablamos por horas, sin parar. Nos reímos. Nos contamos secretos como siempre. Tal vez lo más peculiar sea que jamás me dijo adiós. Nunca, en su conversación, dio muestras de una despedida. Fue un día normal. Común. Pero inolvidable.
AmaGirl.
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