|
|
||
|
VISITA A NUESTROS PATROCINADORES |
|
|
||||
|
|
||||
| ¡HE VENIDO
A JUGAR MI ÚLTIMA PARTIDA!
|
El
relato que a continuación les describo me sucedió hace un año en la casa donde
actualmente viven mis papás.
Antes
de esto, les puedo decir de mí que no soy muy creyente de estos sucesos pero
desde esa vez no lo tomo a la ligera.
Yo
me encontraba en mi casa viendo la televisión cuando oí una voz fuera de mi
cuarto. Salí a ver quién era la persona que estaba allí, pero fue grande mi
sorpresa al observar que no había nadie.
No
le di mucha importancia, pensé que había sido mi imaginación y volví a
entrar en mi cuarto. Después, cuando me acosté en la cama, volví a oír una
voz. Esta vez salí muy molesto ya que pensé que era uno de mis amigos, pues
esa tarde quedamos en vernos en mi casa. Pero nadie me contestaba cuando
preguntaba quién era. El miedo empezó a apoderarse de mí y corrí para cerrar
la puerta, ya que la aseguré con un candado. Me sentí un poco más tranquilo y
volví a subir. Esta vez ya no
escuche nada. Al poco rato llegaron mis amigos.
Ya
estando ellos reunidos en la sala, dispuestos a pasarlo bien un rato, llegué y
me reuní con ellos. En ese momento les pregunté que si alguno de ellos llegó
más temprano de lo previsto y me estaban jugando una broma. Antes de darles
oportunidad de contestarme les anticipe que en buena onda me habían asustado
muchísimo, y que si era broma, había sido de muy mal gusto.
Ellos
se miraron unos a otros y me contestaron uno por uno que no lo habían hecho y
que ninguno se atreveráa a hacerlo ya que así no nos llevábamos, dicho esto,
yo les creí, por que en efecto ninguno de nosotros sería tan desconsiderado
para jugar una broma de esta magnitud, y menos llevando una amistad desde que
teníamos la edad de ingresar al kinder. Así que consideré verdad su
respuesta.
Después
de un rato de jugar a las cartas y tomarnos unas copas, recordamos nuestros días
en la primaria, cuando a diario iban
a mi casa y nos poníamos a jugar al escondite, después un compañero hizo una
propuesta que al principio se nos hizo un poco infantil, pero después la
consideramos una muy buena idea, lo que propuso es que volviéramos a jugar a
las escondidas en el patio de mi casa, como antes.
Todos
nos dispusimos a jugar y así lo hicimos. Luego de un rato de jugar, me tocó el
turno de contar a mí, y pues con todo y lo que me disgustaba hacer eso, acepté.
Empecé
a contar y todos se escondieron. Inicié la búsqueda de mis compañeros y los
fui localizando poco a poco y uno por uno. Después, cuando me faltaba sólo uno
por encontrar, fui a la cocina ya que, de pequeño, ese era el lugar favorito
del que faltaba. Entré a la cocina, busqué por todos lados y no lo encontré.
Me desanimé y me dispuse a retirarme cuando en el vidrio de la ventana vi la
silueta de alguien parado afuera, y con toda la confianza del mundo, grité:
“un, dos, tres, por Julián”. Al gritar esto, Julián salió de arriba y
gritó: “equivocación”, al oírlo fuera, yo sentí un miedo enorme y salí
corriendo de la cocina. Ya un poco calmado, les comenté a mis compañeros lo
que había visto y ellos se quedaron sin palabras al oír todo eso.
Decidimos suspender el juego y mejor pasar a la sala a seguir con la partida de cartas, pero un compañero no se quiso quedar con la duda y dijo que se iba a fijar quién era la persona que yo había visto. Nosotros decidimos quedarnos en la sala a esperarlo y ya pasado un buen rato, Daniel regresó corriendo y pálido. Al verlo tan alterado le preguntamos que había pasado y él, casi mudo, sólo dijo: “Martín esta afuera” (martín era un compañero que había fallecido un año antes de esta reunión). Nosotros le dijimos que eso era imposible porque martín estaba muerto. Él nos contestó: “ya lo sé, pero él está afuera”. Todos nos salimos a ver si lo que nos decía era cierto, y cuando llegamos al lugar donde lo había visto, sólo encontramos un anillo que yo le había regalado en uno de sus cumpleaños. Todos nos quedamos en silencio sin decir nada absolutamente. Sólo atinamos a meternos otra vez a mi casa, y ya adentro, Luis dijo: “después de todo Martín cumplió su promesa”. Y en efecto, él había prometido que antes de irse iría a jugar su último juego de escondidas con todos nosotros, como en los viejos tiempos, y después de todo, así lo hizo, aunque ya hubiera fallecido hace un año.
|
|
||||
|
|
||||
|
Reservados todos los derechos. Prohibida la reproducción parcial o total.
Fotomontajes, textos e imágenes procedentes del archivo del Grupo Editorial
Bitácora, Publicaciones Electrónicas. Envíenos un e-mail y solicite
autorización. |