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S.O.S. EN ALTA MAR |
EL
capitán de un barco que cruzaba el Atlántico rumbo a Terranova, en 1828, miró
de soslayo por la puerta abierta del camarote inmediato al suyo y entrevió en
la oscuridad a un hombre al que no había visto antes.
No pertenecía a la tripulación y en aquel viaje no iban pasajeros. Convencido de haber atrapado a un polizón irrumpió en el camarote, pero en ese instante la figura desapareció de su vista.
La única evidencia que quedaba era el siguiente mensaje garabateado en la pared del camarote: «Navega hacia el noroeste.» El capitán quedó sumamente desconcertado pero, al mismo tiempo, tan impresionado por el mensaje del extraño visitante, que cambió el rumbo del barco siguiendo las instrucciones garabateadas.
Al cabo de pocas horas su barco avistó de repente un buque que había zozobrado. A bordo sólo había un hombre: el mismo que el capitán había encontrado en el camarote de su barco. Dijo que acababa de despertarse y que había soñado que estaba a punto de ser rescatado.
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