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FANTASMAL ADVERTENCIA |
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Lord Dufferin |
Hacia 1880, lord Dufferin, embajador británico en París, descansaba en la casa de campo irlandesa de un amigo. Una noche se despertó de repente de un profundo sueño, inexplicablemente sobresaltado.
Levantóse, miró por la ventana y, a la luz de la luna, divisó en el prado la figura encorvada de un hombre que se tambaleaba bajo el peso de un objeto semejante a un ataúd. Dufferin salió de la casa y gritó:
«¿Qué hace usted ahí?»
El hombre levantó la cabeza bajo su carga y lord Dufferin vio un rostro, enjuto y feo, que le resultó vivamente repulsivo. Al preguntarle a dónde llevaba el ataúd, la figura desapareció, al parecer pasando a través suyo.
A la mañana siguiente relató lo sucedido a su anfitrión, quien quedó igualmente confuso ante la extraña aparición.
Años después, hacia 1890, lord Dufferin se hallaba de nuevo en París y asistía a una recepción diplomática en el Grand Hotel.
Pero en el momento en que iba a entrar en el ascensor en compañía de su secretario privado, Dufferin retrocedió y rehusó subir. El ascensorista no era otro que el hombrecillo enjuto y feo que había visto años antes llevando un ataúd en la finca de su amigo, en Irlanda.
El ascensor subió sin lord Dufferin ni su secretario, mientras el embajador se dirigía al mostrador de recepción a averiguar la identidad del extraño hombrecillo.
Cuando el ascensor llegó al quinto piso se rompió el cable y, con ensordecedor estruendo, se estrelló contra el fondo del pozo, matándose todos los ocupantes.
Las circunstancias del accidente fueron publicadas por la prensa y registradas por la Sociedad Británica para la Investigación Psíquica, pero el embajador no pudo descubrir la identidad del ascensorista que resultó ser su salvador. Ni la dirección del hotel ni los investigadores del accidente averiguaron su nombre ni su procedencia.
Se diría que un demente protector velaba por el impresionable lord Dufferin.
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