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LA PESADILLA DE BORODINO |
Cuando
los ejércitos de Napoleón avanzaban sobre Rusia en 1812, la esposa de un general
ruso, el conde Toutschkoff, tuvo un sueño. Se vio a sí misma en la habitación
de una posada, en una ciudad desconocida.
Su padre entró en la habitación llevando de la mano al hijo pequeño de la condesa.
Entristecido, le dijo que su marido había muerto a manos de los franceses. «Tu felicidad ha terminado», le dijo. «El ha caído; ha caído en Borodino.»
Dos veces más tuvo el mismo sueño y, al final, se lo contó a su marido. Juntos examinaron los mapas, pero no pudieron hallar mención alguna de una batalla en Borodino.
Sin embargo, el 7 de septiembre de 1812 los ejércitos rusos en retirada se replegaron y desafiaron a los franceses en la aldea de Borodino, situada a 112 km al oeste de Moscú, donde fueron completamente derrotados.
La condesa Toutschkoff y su familia permanecían en una posada a pocos kilómetros del frente, mientras su marido mandaba las reservas. A la mañana siguiente, su padre entró en la habitación llevando de la mano al hijo menor de la condesa.
«El ha caído», tartamudeó. «Ha caído en Borodino.»
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