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En
el verano de 1947 un joven beduino descubrió una cueva en el desierto de Judea
mientras buscaba una cabra que se le había perdido. En la cueva había varias
vasijas de arcilla que contenían rollos de cuero, cubiertos de signos escritos
por todas partes, que olían a moho, pero que al parecer habían sido
cuidadosamente guardados. La cueva está situada en wadi Qumran, no lejos de las
ruinas de un antiguo monasterio, frente al Mar Muerto.
El joven, sin sospechar el
tesoro que había descubierto, decidió venderlo. Sin embargo, nadie tenía
interés en comprarlo. Finalmente, el metropolitano sirio del monasterio de San
Marcos de Jerusalén, Mar Athanasius Jeshue Samuel, aceptó cuatro de los rollos
mejor conservados. La guerra egipcio-israelita de 1947-1949 hizo que los rollos
cayeran en el olvido.
Sin embargo, unos beduinos
descubrieron más rollos en una cueva situada en las costas del Mar Muerto. Se
trataba de dos vasijas de arcilla con seis rollos.
Fueron adquiridos por un
arqueólogo de la Universidad de Jerusalén. Este conocía la existencia de los
rollos del primer descubrimiento, pero no podía estudiarlos porque el
monasterio de San Marcos se encontraba al otro lado de la línea de demarcación,
en la zona árabe de la ciudad. Cuando los pudo conseguir, en enero de 1948,
reconoció en uno de los manuscritos el libro del profeta Isaías, del Antiguo
Testamento. Otro de los manuscritos lo descifró como el Manual de la vida
espiritual, de una secta judía.
Y a partir de entonces, los
acontecimientos se sucedieron rápidamente. Todavía no había terminado la
guerra cuando los sabios de todo el mundo estaban de acuerdo en que los
manuscritos del Mar Muerto habían sido el mayor descubrimiento de manuscritos
de la Edad moderna. Los primeros manuscritos descifrados demostraron ser una
colección de los Himnos de Gracias, procedentes de la secta judía de la Nueva
Alianza; un trabajo con el título de Guerra de los hijos de la luz contra los
hijos de las tinieblas; y partes del Libro de Isaías.
De repente, la cueva
desconocida había alcanzado celebridad mundial. Llegaron a intervenir incluso
las Naciones Unidas para volverla a encontrar. Sin embargo, cuando se encontró
la cueva, 12 Km al sur de Jericó y a 2 Km de distancia del Mar Muerto, estaba
vacía.
Los beduinos lo habían
saqueado. Las excavaciones posteriores solamente descubrieron los restos de 56
tinajas. Las tinajas indicaban que antiguamente la cueva debía de haber
contenido toda una biblioteca de 200 a 250 rollos.
Durante el transcurso de las
posteriores y más detalladas investigaciones se descubrieron otras diez cuevas,
todas ellas situadas en las cercanías de las ruinas, conocidas desde hacía
tiempo, del monasterio de Khirbet Qumrán, en el noreste del Mar Muerto; una
zona que el erudito romano Plinio (24-69 d.
de C.) había descrito como
sede de una numerosa colonia de esenios, una secta judía del siglo I a. de C.
que se llamaba a sí misma Nueva Alianza.
Las excavaciones realizadas
en las ruinas entre 1953 y 1955 confirmaron los datos de Plinio, pero también
condujeron a descubrimientos que asombraron a la ciencia. Tras el primer
descubrimiento, una tinaja muy parecida a las encontradas en la cueva, los arqueólogos
encontraron monedas de la época de los procuradores romanos, de lo que se podía
deducir que el monasterio había sido ocupado por los romanos en el año 68 d.
de C. Al acercarse la décima legión romana, que tenía la misión de reducir a
los rebeldes judíos (66-67 d. de C.), los esenios huyeron, no sin haber
ocultado antes su biblioteca en las cuevas de los alrededores.
Pero las ruinas desvelaron
otros secretos: una gran sala de reuniones con cientos de cuencos y fuentes de
arcilla, un molino de trigo, un taller de alfarería y almacenes para las
provisiones.
Los esenios parecen haber
realizado sus abluciones rituales diarias en cuatro grandes cisternas y siete
pequeñas. El refectorio, que todavía estaba lleno de vasijas, se utilizaba
como «sala de comunión» donde los elegidos tomaban sus comidas sagradas
comunes.
Lo único que no se
encontraron fueron viviendas. Los esenios vivían en cuevas, en cabañas o en
celdas, como los antiguos hebreos. Sólo se reunían en el monasterio para
realizar sus actos sagrados comunes, para orar y para las comidas. Practicaban
la humildad, según las prescripciones de su secta. Así pues, las tumbas de su
cementerio también eran humildes: de gran sencillez, sin adornos,
inscripciones, ni ofrendas.
Al principio, las
investigaciones realizadas en las otras diez cuevas sólo obtuvieron resultados
relativamente pobres.
En la segunda se descubrieron
tres rollos de cuero, dañados y muy corroídos, de unos 30 cm de anchura. Después
de grandes esfuerzos se consiguió descifrar un rollo de la primera cueva.
Contiene una paráfrasis
sobre los primeros diecisiete capítulos del Génesis.
En uno de ellos se describen
detalladamente los encantos de la hermosa Sara, la primera esposa de Abraham,
que aunque ya tenía 80 años, todavía fue cortejada por Abimelech. Es curioso
que precisamente los ascéticos esenios supieran describir tan sugestivamente
los encantos femeninos.
En la cuarta cueva, que había
sido construida artificialmente en la antigüedad, aparecieron los mejores
descubrimientos: los textos de todos los libros del Antiguo Testamento (a
excepción del Libro de Ester) en lengua hebrea, aramea y griega. Entre ellos
también se encontraban fragmentos de los comentarios de los profetas, similares
al de Habakuk y fragmentos de otros manuscritos pertenecientes al ya citado
Manual de la vida espiritual y del Documento de Damasco. Se contaron en total
fragmentos de 332 obras diferentes.
Y las excavaciones continúan.
La publicación de los textos
está siendo preparada por un equipo internacional, compuesto por investigadores
franceses, alemanes, ingleses y polacos. Deberán ser de ocho a nueve tomos,
cuya elaboración no está concluida aún. Allí donde la escritura, borrosa por
el paso de los siglos, ya no es legible, ayudan a descifrarlos los rayos
infrarrojos, los cerebros electrónicos y las computadoras.
Según la opinión de los
sabios, los orígenes del cristianismo ya no se deben buscar. Después del
descubrimiento de los textos del Mar Muerto, entre los fariseos y los
talmudistas, sino entre los esenios.
Gracias a estos informes
sobre las prescripciones éticas, los usos y costumbres de los esenios, el mundo
ha sabido por primera vez que existió un «maestro de la virtud». ¿Fue el «elegido
por Dios y el redentor del mundo» un predecesor de Cristo? También él predicó,
como el Hijo de Dios -y loo años antes que él-, la humildad, la caridad y el
amor al prójimo. Después fue condenado y ajusticiado a causa de la hostilidad
de los sacerdotes y de la «casta judía dominante» -como también le ocurrió
a Cristo.
Por tanto, los sabios opinan
que el esenismo fue un precursor del cristianismo y se dice que de los
manuscritos se «sacan numerosos y decisivos paralelos con los sermones de
Cristo». Es especialmente importante la similitud de los textos con el
Evangelio de Juan. Y en otro lugar se dice que el Mafiual de la vida espiritual
es de la máxima importancia para la imagen del judaísmo palestiniano durante
el siglo I a. de C. y el siglo I d. de C., así como para el origen del
cristianismo.
¿ Se puede ver el origen de
la comunión en las comidas comunitarias de los esenios? En un rollo descubierto
posteriormente se cita al profeta Habakuk como el «maestro de la virtud». ¿Fueron
sus palabras verdaderas profecías o sólo la descripción de los
acontecimientos de su tiempo? ¿Y qué clase de secta era ésta que fundara el
«elegido de Dios» y que después se llamó Nueva Alianza?
¿Se desvelará el último enigma con el desciframiento de los últimos signos escritos de los manuscritos del Mar Muerto?.
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