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La
encarnación del mal
Todos hemos sufrido, en mayor o en menor grado, la existencia del mal en nuestra historia personal y colectiva, sin embargo su personalización en una entidad es producto de un criterio cultural. Así lo señala Margaret Murria: “La idea de dividir el Poder entre dos, una bueno y el otro malo, pertenece a una religión avanzada y sofisticada. En los cultos más primitivos la deidad es en sí misma el autor de todo, ya sea malo o bueno. El monoteísmo de las antiguas religiones está muy marcado, cada uno de los pequeños asentamientos o grupo de ellos posee una deidad masculina o femenina, cuyo poder está limitado a sus adoradores. El politeísmo aparece con la amalgama de tribus, cada una con su propia deidad. Cuando una tribu cuyo dios es masculino se coliga a otra que adora a una diosa, la unión de los pueblos se simboliza por el matrimonio de los dioses.
Cuando
por infiltración pacífica un nuevo dios desplaza a otro antiguo, se dice
que es hijo de su predecesor. Sin embargo, cuando la invasión es fruto
de una guerra, la deidad de los vencedores queda investida de todos los
buenos atributos mientras que el dios de los vencidos queda remitida a
los lugares más bajos y vista por los conquistadores como la productora del
mal, en consecuencia es más temida que su propia deidad legitimada. En el
antiguo Egipto la caída de posición de un alto dios a la condición de
“demonio” está bien ejemplificada por el dios Setekh (Seth o Set), quien en
una época era tanto como Osiris
“el dador de los dioses”, pero luego fue tan execrado que, con excepción de la ciudad de su culto
especial, su nombre e imagen fueron rigurosamente
destruidos”(1)
Cuando
M. Murray escribió este libro en l931 había un concepto de “evolución
lineal” en la historia de las creencias religiosas que hoy a ha sido
definitivamente abandonado, no hay teologías que sean más “primitivas “
que otras; todas
tienen el mismo nivel en esta ciencia social. Sin embargo, el proceso de
personalización del mal en una entidad dentro del complejo religioso lo
describe con claridad.
Una
muestra clara de que hoy por hoy este razonamiento,
vulgarmente lineal, carece de sentido, lo demuestra la evolución de la teología
judía tal como lo señala Aaron Ross en “The Devil and the Pathology of
History - El demonio y la patología de la historia”: “La posición del
diablo en la teología hebrea no
era central, con el tiempo, devino a ser una mera metáfora de la inclinación
hacia el mal del alma humana. En esencia,
el concepto judío del mal revirtió hacia la antigua doctrina yahavistica de
Dios como de Unidad, ambivalente y misteriosa “(2)
El
Pir Dr. M. Othman indica que con el Sheij Adi bin Musafir ingresa a la religión
yezida una concepción de Dios propia del Islamismo y con ella el criterio sufí
de Lucifer (vale una aclaración, más que del sufismo en general, conviene
especificar de la tariqá o camino sufí que seguía el Sheij Adi). Según la
misma no se concebía que Dios siendo infinitamente omnipotente pudiera haber
creado alguien o algo permanentemente opuesto a su voluntad.
¿Cómo
resolver la espinosa cuestión de la presencia del mal en el mundo?
Al
respecto hay una leyenda, no sé si de la autoría del Sheij Adi
pero que muestra muy claramente su punto de vista.
“Tras
su caída, Lucifer, toma consciencia de lo que hizo y se arrepiente. Durante
40000 años llena con sus lágrimas
siete mil grandes cántaros y con ellos apaga el fuego del infierno, acto
seguido, ese lugar de castigo eterno desaparece.
En
tanto, que el Izazil o Lucifer vuelve a su antiguo lugar en los círculos angélicos
y es el representante de Dios
en la historia hasta la consumación de los siglos”(3)
El
mal en sí mismo sería, entonces, una fuerza ciega presente dentro de los seres
humanos quienes deben dominarla.
¿No
hay una reminiscencia yahavistica en esta argumentación?
¿Suena
extraño?
¿Es
este un criterio exclusivo de una tariqá sufí un tanto heterodoxa y del
judaísmo antiguo y contenporáneo?
¿Qué
sucede entonces si uno de los Padres de la Iglesia, como Zósimo, plantea
en el siglo VI de N.E. que la rebeldía de Lucifer proviene de no arrodillarse
ante Adán porque él sólo
se inclina ante Dios, quién sí es merecedor de todo honor y toda gloria
y no una simple criatura?
Frente
a tanto amor hacia Dios señala Zósimo que debería haber un culto especial
hacia Lucifer.
En
tal caso ¿Zósimo, un Padre de la Iglesia, sería un propulsor del satanismo?
Es
evidente que no. Porque no
reconocería al “antidios” sino a un ejemplo de amor a Dios más allá de
todo límite, capaz de llegar a la mayor iniquidad “ad majorem Dei
gloriam”(para la mayor gloria de Dios).
¿Influyó
Zósimo en el pensamiento del Sheij Adi?
El
Abraxas y el Malik Taús
Volviendo
a los yezidas, ellos siguieron teniendo como Dios al Malik Taús, es decir al
dios -sol (Mithra), quien es el dador de todo bien pero también el creador de
todo mal (Isaías,40) como el Yawhé hebreo (y sobre todo samaritano) o quizá
similar al Abraxas gnóstico.
C.G.
Jung en sus “Siete sermones a los muertos” (Seven Sermons to the Deads”
describe al Abraxas bifronte ,en una misma entidad: el buen dios y el demonio.
“Abraxas
es el Sol y también el eterno abismo de la vaciedad, del disminuido, del
disimulado; del Demonio.
El
poder del Abraxas es doble.
No
puedes verlo, porque ante tus ojos esta conjunción de poderes opuestos aparece
y desaparece.
Todo
lo dicho por el Dios-Sol es vida.
Todo
lo dicho por el Demonio es muerte.
Sin
embargo, el Abraxas, habla con palabras venerables y execrables al mismo tiempo,
las cuales son de vida y muerte a la vez.
El
Abraxas genera la verdad y la
falsedad, el bien y el mal, la luz y las tinieblas con la misma palabra y en el
mismo acto.
Por
consiguiente Abraxas es verdaderamente la terrible Unidad (4)
¿Es
realmente tan aterradora esta Unidad?
¿O
es tan fascinante que une la admiración y
horror, la repulsión y el amor; como “el contemplar de un ángel el rostro”
de Rainer Maria Rilke de la “Elegías de Duino”?
¿No
lo es mucho más una personificación del mal en una antigua deidad (en el
antiguo Egipto lo fue Seth, en occidente la imagen del dios griego Pan) o en lo
que sea y llamándola demonio para luego demonizar personas e incluso verdaderos
colectivos humanos y eliminarlos en la hoguera, en la cámara de gas, o la menos
cruel marginación por el sólo delito de pensar
diferente o pertenecer a una etnia distinta: brujas, heteredoxos,
librepensadores, judíos, armenios, yezidas, kurdos, musulmanes, inmigrantes del
subdesarrollo, etc. etc. ?
Pareciera
que la expresión de J.P. Sartre “el infierno son los otros” se
complementara con “El demonio es el Otro”.
Bibliografía
1.-
M.Murray citada por A. Ross en The Devil and the Pthology of History
2.-
A. Ross op.cit.up supra
3
Encyclopaedya Britannica “
Yezidism”
4.-
S.A. Hoeller The Gnostic Jung and the Seven Sermons to the Deads. Cit.
Por A. Ross
5.-
Libro de Isaías - Santa. Biblia
6.-
Pir Dr. M. Othman comunicación
personal
7.-
G. Messadié “El Diablo”
8.-
B. Nikitine - Kurdes et le Kurdistan
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