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1) Introducción. Constructivismo y Realismo.
Quizás, podríamos argumentar que este fenómeno es producido justamente por el colapso de las ideologías, al mostrar pretendidos sistemas de valores absolutos su ineficacia, dando pie a un millar de subculturas que venden un buen número de realidades con sus respectivos sistemas de creencias, y encima el desarrollo de los sistemas de comunicación permite que los sistemas de creencias miren alrededor y tomen conciencia de los otros. Así, como nos diría W.T.Anderson, podemos hablar de un importante “mercado de realidades sin regulaciones, donde se ofrece toda clase de sistemas de creencias para el consumo propio”[1]
En este contexto es necesario hacerse unas preguntas ¿es posible aprehender la realidad?, ¿podemos hablar de una realidad objetiva independiente?, ¿sería posible dentro de esta sopa de creencias descubrir las que son verdaderamente objetivas y por lo tanto incuestionables?, ¿es un puro problema de adelanto científico el que podamos descubrir los valores que son realmente absolutos e imperecederos.?.
Las respuestas a estas preguntas podrían ser enmarcadas dentro un binomio, las que estarían dentro de las que defienden una realidad absoluta, como los fundamentalistas religiosos o los científicos a ultranza y las relativistas y constructivistas que defienden que toda verdad es una invención humana. A lo largo de esta línea, con un extremo para el objetivismo y otro para el relativismo, encontramos puntos intermedios, pero me atrevo a decir siempre con un pie más cerca de un extremo que otro.
Las dos visiones mantendrían argumentos que dotarían de una importante coherencia a su fundamentación, estos argumentos podrían venir tanto de las denominadas ciencias sociales como de las ciencias naturales. Antes de describir alguno de los ejemplos, conque se justificaría las posiciones antes señaladas, quiero adelantarme a la posible objeción que se me podría hacer de que al hablar de sistemas de creencias estoy incluyendo la ciencia, cuando lo que realmente definiría a esta es su objetividad al margen de cualquier sistema de valores. Pues bien, claro que en esta posible polémica no sería neutral y me alinearía con las tesis constructivistas, dándole a la ciencia el status de constructora de la realidad, por lo menos en una parte sustancial. Dentro de esta visión encontraríamos a un buen número de científicos que sin subestimar la importancia del desarrollo científico como elemento que nos permiten interactuar con la realidad e incluso manipular ésta, excluiría la posibilidad de pretender que la ciencia hiciera calcos de esa realidad, siempre habría una traducción y esto implicaría una cierta construcción. Un ejemplo de estos lo podemos encontrar en una figura como Heinz von Foerster (1981), poco sospechosos de su simplicidad, donde conjuga en su trabajo tanto la labor como matemático y cibernética como la de físico y filósofo.
Podemos citar una argumentación a favor de las posiciones que defienden el valor de la objetividad, esta hace referencia a la Evolución y como desde esta perspectiva sería poco razonable no pensar que los organismos mejor adaptados no son los que de alguna forma han sabido captar mejor la realidad y adecuarse a sus exigencias, habiendo especializado un buen número de receptores que nos permiten conocer esa realidad, sin embargo los constructivistas podrían contraatacar haciendo referencia a como solo una porción del cerebro se ocupa de la percepción y la mayoría de órganos del cerebro están conectados entre sí y no con el exterior, por lo tanto parece ser que fisiológicamente nuestro cerebro está más dotado para relacionarse con el mundo interno que con lo exterior.
Lo que en estos momentos resultaría difícil de defender, desde mi punto de vista, es la neutralidad del observador, el desarrollo de determinadas disciplinas como la física cuántica ha demostrado como el diseño es fundamental en la observación de las partículas subatómicas (Heisenberg, 1963), como vemos algo no muy alejado de determinadas doctrinas como la budista que desde tiempos inmemorables nos hablan de la cierta ilusión de la realidad material y como el pensamiento se encarga de construir esa realidad, también encontramos esta visión en el pensamiento chamánico como cuando D. Juan Matus adiestra a su discípulo C. Castaneda y le habla de la percepción que ha sido acordada. Dentro de la biología actual encontramos a un importante investigador H. Maturana (1983), este biólogo sostiene que las explicaciones científicas no necesitan un “lenguaje objeto”. Aboga explícitamente por definir los enunciados como dependientes del sujeto que los enuncia y, por unir al observador y sus observaciones.
Cualquier
cosa que es dicha lo es por un observador a otro observador, que puede ser
él mismo.
H.
Maturana.[2]
Para este biólogo una predicción científica, como todas las predicciones, no predice lo que sucede en el mundo objetivo, es más bien la predicción de nuestra experiencia, y así un observador sería un sistema con componentes y propiedades que permite realizar aquellas operaciones que son necesarias para observar. Así el dominio de las observaciones posibles queda determinado por las propiedades del sistema que observa. Es claro que dentro del sistema del observador es fundamental para el constructivismo señalar el papel del lenguaje, los observadores viven en el lenguaje del mismo modo que los humanos necesitan del aire para vivir. El lenguaje utiliza símbolos para representar cosas y para poder llegar a esa representación se necesita de un acuerdo entre observadores. Lejos de que el lenguaje describa de forma objetiva la realidad se convierte en un puro intermediario que intenta dar cuenta de ella, al mismo tiempo que la mediatiza por sus propias construcciones.
En la psicología podemos encontrar de igual forma la dualidad constructivismo-realismo, que señalamos en este trabajo. Dentro de la primera opción, la que defendería que la realidad es creada por nuestro sistema cognitivo, encontraríamos teóricos de la psicología Cognitiva como Bruner (1990) o Coulter (1983), teóricos del desarrollo como Piaget (1970) y de la psicología Transpersonal como Wilber (1981) y Vaugan (1984). Dentro de los que definirían la objetividad, y por tanto la posibilidad de aprehender la realidad, encontrariamos conductistas como Watson (1913) o Lazarus (1973) y el mismo padre del psicoanálisis Freud (1895).
Mi asistencia a los cursos de doctorado de la Dr. Rosa Pastor, “ Representación de la sexualidad “, y el Dr. Juan Carlos Pastor “ historia de la psicología dinámica”, donde el constructivismo ha sido un punto de referencia importante, junto con mi formación clínica dentro del Psicoanálisis, el Análisis Reichiano y la Psicología Analítica Jungiana, hace que el binomio constructivismo-realismo se configure en un punto de reflexión importante en mi que hacer clínico y un estímulo para este trabajo de investigación.
Resumiendo podríamos decir que en este momento nos encontrarnos con una polarización a la hora de planteamos que es eso que llamamos realidad, posturas que van desde la defensa de una realidad objetiva a ultranza a posturas que hablan de la construcción de la realidad, haciendo imposible hablar de una realidad de forma independiente del conjunto de observadores, que darían sentido a esa realidad. En definitiva visiones Realistas o Constructivistas.
Ante este planteamiento mi posición se alinea cerca de las hipótesis constructivistas, aunque con un cariz ciertamente moderado, que se expresaría en el planteamiento donde la dialéctica construcción y reflejo de la realidad formarían un par indivisible del cual podríamos extraer mapas pero nunca desarrollar territorios.
Uno de los objetivos de este trabajo pasa por señalar que el mundo de las psicoterapias esta inmerso en esta problemática, desde el hecho innegable de que se venden psicoterapias como rosquillas (dentro de esa concepción vaga que ha sido denominada crecimiento y desarrollo personal) al hecho de toda la discusión epistemológica a cerca de estas disciplinas implica alinearse con tesis de corte realista o constructivista.
Cuando hablamos de los presupuestos epistemológicos de determinados modelos, como los que aquí vamos a desarrollar, se establece como uno de los criterios básicos, en cuanto su definición, la idea que se tiene de lo inconsciente, el discurso freudiano habla de “representación”, el reigiano de “emoción” y el jungiano de “mito”, y esto se configuraría como un elemento fundamental a la hora de estar alineado con una visión realista o constructivista del acontecer clínico.
1.1
Psicoterapias
Para Laplanche y Pontalis el termino psicoterapia lo podemos definir como:
En
sentido amplio, todo método de tratamiento de los desórdenes psíquicos o
corporales que utilice medios psicológicos y, de manera más precisa, la
relación del terapeuta con el enfermo: hipnosis, sugestión, reeducación
psicológica, persuasión, etc.; en
este sentido el psicoanálisis es una forma de terapia[3]
El hombre, como ninguna otra especie, depende en sus necesidades más elementales de sus prójimos, en un primer término de sus padres, tanto en lo físico como en lo psíquico. Las estructuras que hacen posible su experiencia están socialmente dadas mucho antes de que él pise el escenario de la vida. La específica constelación histórica, geográfica y socioeconómica existente en el tiempo de su nacimiento y desarrollo determina su vida por lo menos en la misma medida que la experiencia filogenética del Homo Sapiens. Otra característica del ser humano es su conciencia reflexiva, la conducta humana no estaría determinada tanto por los instintos y los estímulos naturales del medio ambiente, como por una estructuración significativa de su experiencia y la posibilidad de obrar intencionalmente.
Para Kriz (1990), esta inserción “en pautas sociales de rol ha traído siempre por consecuencia un que hacer psicoterapeútico”[4] Por un lado la particular sensibilidad del ser humano a la diferencia que nos hace introducir el término “normalidad” y plantearnos a cerca de la desviación de esa normalidad (con las distintas tolerancias que marcan épocas y culturas diferentes). Por otra parte siempre existieron en la comunidad social hombres que intentaron aliviar menoscabos psíquicos, somáticos o conductales. Encontramos en un primer término a los familiares que adoptaban una función de asistencia y a personas con roles específicos como los chamanes.
Ha mi entender es muy importante resaltar el papel de guía espiritual que han jugado los primeros “medicine men”, puesto que desde tiempos inmemorables se le ha dado a la enfermedad un sentido simbólico, conectado a una determinada forma de entender la vida en su sentido mayúsculo, podríamos decir religioso.
El chamán orienta a los demás, da consejos, interpreta sueños y visiones que le dan datos a cerca de lo que es bueno para su comunidad, afirma comunicarse con el mundo de lo espiritual del cual recibe información que le es imprescindible en los procesos curación, en definitiva el chamán relaciona varias áreas, médica, social y religiosa-simbólica, que le permiten ubicarse en el lugar de lo que podríamos señalar como un psicoterapeuta primitivo. Yo mismo he podido presenciar el importante rol psicoterapeútico que juega el chamán:
En
el Platanal entramos por primera vez en contacto con un xapori (chamán
Yanomani). Como otros chamanes,
cumple una doble función, defender y atacar para beneficio de su familia y
de su clan. Por una parte cura
las
enfermedades producidas por espíritus dañinos
y las malas artes de otros colegas y envía el mal a sus enemigos.
El mundo yanomani es totalmente animista, la
diferenciación entre lo material y lo espiritual, la pérdida del alma y la
enfermedad no tienen sentido.[5]
Así podríamos encontrar vestigios de estos psicoterapeutas primitivos aún en algunas culturas como la amazónica.
Pero sería un error ligar psicoterapia al mundo espiritual solo como vestigio de nuestro pasado, en la actualidad se podría decir que un importante sector de la psicología habla de la necesidad de ese reencuentro con lo espiritual, así Moore (1993), representante de la corriente arquetipal, nos dice:
El gran mal del siglo XX, que forma parte de todas nuestras angustias y nos afecta a todos individual y socialmente, es la “pérdida del alma”. Cuando se la descuida, el alma no se va precisamente, sí no que se manifiesta en forma de obsesiones, adicciones, violencia y pérdida de sentido.[6]
Para este planteamiento algún tipo de vida espiritual sería necesario para alcanzar la salud psicológica. El alma tendría que ver con la profundidad y autenticidad necesarias para este reencuentro con lo espiritual.
Pero aún viendo la incorporación de determinados planteamientos a la psicoterapia moderna que tienen que ver con practicas y creencias verdaderamente ancestrales podríamos situar el origen de la psicoterapia profesional, como se la entiende hoy, a finales del siglo XIX, con los primeros trabajos de S. Freud. El caso de Ana 0, Estudios sobre la histeria y La interpretación de los sueños se configuraron como en textos básicos que darían pie a los primeros materiales que constituirían una de las psicoterapias más importantes, el psicoanálisis.
Es cierto, como plantea Kriz (1990), que en el siglo XIX hubo precursores de los abordajes pedagógicos de terapia de conducta, pero lo prominente en ellos era el aspecto justamente pedagógico, mientras que el psicoanálisis de Freud se propuso desde el principio la psicoterapia de los enfermos psíquicos.
Una vez la psicoterapia fue asentándose como una práctica clínica y si tomamos al psicoanálisis como su matriz más importante se puede ir viendo como, de forma temprana, fue desgajándose en fracciones que cuestionaron los principios básicos que el viejo profesor había ido diseñando a lo largo de su experiencia clínica, así como muchos de sus aspectos técnicos fundamentales.
Podemos decir que la psicoterapia entró en el mercado de realidades y creencias y no porque surgiera una suerte de adulteración, sino porque de forma evidente el psicoanálisis mostraba algunos límites. Algunos problemas psicopatológicos eran difícilmente tratables con la técnica que Freud había ido diseñando(con las aportaciones de un buen nutrido grupo de discípulos), los cuadros clínicos cercanos a la psicosis, así como algunos de los problemas psicosomáticos importantes encontraban múltiples restricciones a la hora de poder ser tratados. Además la larga duración de la terapia psicoanalítico junto con otros problemas como la necesaria capacidad de introspección que necesita de un cierto nivel cultural, generó una continua búsqueda para ir ampliando el margen de esta primera configuración psicoterapeútica.
Sería una suerte de ingenuidad pensar que las múltiples divergencias dentro de la historia del movimiento psicoanalítico se han debido exclusivamente a un afán desinteresado en la búsqueda de la verdad, cuestiones vinculadas al poder, la necesidad de encontrar una cierta coherencia con determinados presupuestos ideológicos que han supuesto un condicionante en la vida del psicoterapeuta, intereses puramente materiales y a veces la expresión de la propia patología del psicoterapeuta junto con otras muchas motivaciones personales se pueden configurar en motores que lleven a la constitución de modelos alternativos a los que en un principio se identificaba el psicoterapeuta.
No hace falta profundizar en nuestra civilización para ver la confusión que se puede generar entre el necesario desarrollo de la creatividad y la necesidad de remarcar la diferencia como algo que nos constituye en cabezas visibles (Complejo de Poder).
En la actualidad nos encontramos con la oferta de un buen cúmulo de “psicoterapias”, y no sólo con un tipo de procesos que conllevaban una cierta complejidad, sino con la “extracción” del pretendido corazón de estos procedimientos que conlleva a una suerte de simplificación y aplicación pragmática, encontrando una especie de recetarlo donde bajo la denominación de centros de desarrollo personal, técnicas de la nueva era, gabinetes para el desarrollo de la creatividad, técnicas de relajación para ejecutivos, y un largo etc. aparece un revuelto de técnicas sin un modelo teórico coherente que realmente las sustente y de coherencia.
De donde podemos deducir que la oferta consumiste de nuestra civilización incluye entre sus paquetes “las psicoterapias”. No hace mucho leyendo un periódico de bastante tirada en el estado español aparecía en su dominical un pequeño resumen de técnicas de crecimiento personal, como ejercicios de bioenergética, de reeducación postural y hasta fundamentos psicoanalíticos aplicables en la vida cotidiana.
Es claro que el proceso psicoterapeútico no tiene que ver con esto, de ahí mi entrecomillado al hablar de las psicoterapias, el proceso psicoterapeútico(incluyendo el mundo de las psicoterapias breves) no es una o el conjunto de varias técnicas aisladas, es un proceso coherente que conlleva necesariamente una justificación epistemológica, el pragmatismo de sus objetivos no puede ser independiente del modelo que justifica sus intervenciones, dando coherencia a éstas.
Pero aún, dentro de la seriedad de la psicoterapia hemos de referirnos a la gran oferta existente en nuestros días y como, efectivamente, no es independiente de las creencias que bañan nuestro mundo.
Sin embargo, poco a poco, va surgiendo un movimiento que se plantea el diálogo entre modelos, la posibilidad de ir creando un mapa que permita la integración. No se trataría de forzar las bases epistemológicas que, en muchos aspectos, hacen en la actualidad imposible la síntesis de psicoterapias, sino ir a esos conceptos de base y establecer un diálogo que permita ver lo que de común puede haber y si es posible ubicarlo dentro de un mismo plano de análisis o por el contrario se pueden ir configurando planos complejos, donde podría existir una coherencia al encontrar niveles distintos que justificarían la integración. Un importante trabajo en esta dirección es llevado a cabo por este teórico de la conciencia y la psicología Transpersonal que es K. Wilber(1990), en su trabajo sobre psicología integral nos dice:
Pero, una vez que comenzarnos a contemplar la
totalidad del espectro del crecimiento y del desarrollo del ser humano,
aparece una cantidad extraordinariamente rica en material para el trabajo
meta-teórico y surge todo tipo de conexiones nuevas y de hipótesis para
futuras investigaciones. Por
otra parte, este tipo de enfoque permite que sistemas analíticos, psicológicos
y espirituales, antes incompatibles e incluso contradictorios, parezcan
hallarse más cercanos a la posibilidad de una síntesis y una reconciliación
mutuamente enriquecedora.[7]
Es clara la complejidad del mundo de la psicoterapia, como desde la importante disgregación producida a partir de ese nexo común de partida que es el psicoanálisis hasta los últimos intentos de modelos integrales, nos encontramos con una disciplina fuertemente inmersa en polémicas que vendrían a justificar o negar su condición de científicas.
[1] La Realidad Emergente. W. T. Anderson. Libro Guía, 1992, 25
[2] En Lynn Segal. Soñar la realidad. Paidós, 1994, 93
[3] J. Laplanche, J. B.
Pontalis. Diccionario de psicoanálisis. Labor,1986,
324.
[4] Jürgen Kriz. Corrientes fundamentales en psicoterapia. Amorrortu editores, 1990, 21
[5] J. M. Poveda, J. Castillo y otros. Chamanismo, el arte natural de curar. Temas de hoy, 1997, 364
[6] T. Moore. El cuidado del
Alma. Urano, 1993, 11
[7] K. Wilber. Psicología integral, Kairós, 1994, 159.
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