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6 Conclusiones:

6.1 Representación, emoción y mito.

 Tanto el inconsciente freudiano, cuyo contenido se articula en referencia a la representación, como el inconsciente reichiano, cuyo contenido se articula en referencia a la emoción, se configuran a partir de un concepto básico, la represión. A partir de la colisión de intereses, que aparece entre la realidad cultural y el mundo pulsional, surge el conflicto que lleva a que el sujeto se defienda, “reprima”.

 La dinámica psíquica del sujeto (también la somática para el discurso reichiano) se articula a partir de “la realidad”(sea esta entendida como fenómeno cultural global propio de la especie humana o la de un sistema productivo e ideológico particular). El psicoanálisis y el análisis reichiano dan cuenta de esa realidad y de como interactua con el ser humano. En definitiva dan cuenta de procesos que pueden ser objetivados, procesos que reflejan “la realidad”.

 El inconsciente jungiano, en un nivel importante, hace referencia a un inconsciente emergente, en cuanto no tiene que ver con la represión, sino con el legado de un inconsciente colectivo . La expresión básica de este inconsciente colectivo la podemos encontrar en el mito, configurándose éste como un elemento fundamental de la construcción de la realidad.

 Así pues, desde el discurso jungiano podemos hablar de una cierta “creación” de la realidad, creación que se configura como el legado colectivo de la especie humana.

6.2. Psique y soma, el cuerpo en ambas tradiciones.

 Antes de finalizar este trabajo de investigación quiero hacer referencia a un punto que se va a convertir en uno de los objetos de mi tesis doctoral, el cuerpo en estas dos tradiciones terapéuticas, la reichiana y la jungiana.

 Para Reich el cuerpo, forma parte de una unidad funcional junto con la psique. Siguiendo lo que fueron los intentos de su maestro, S. Freud, de dotar de una base neurofisiológica al modelo psicodinámico que había construido, Reich lleva a últimas consecuencias el papel del sistema nervioso vegetativo como motor del substrato orgánico que permite el que la patología psiconeurótica surja. El trastorno neurovegetativo, provocado por la represión de la emoción, acaba convirtiéndose en una coraza muscular, cuya cronificación, no solo favorece el problema psicosomático, sino también la enfermedad somática (Navarro,1988).

 Es clara la importante influencia que tubo en Reich estudios como los de Müller (1900), donde la importancia del denominado sistema nerviosos autónomo para el buen funcionamiento de variables vitales para la vida era puesta en clara evidencia. También podemos citar alguno de los trabajos que tuvieron una importante influencia en los primeros trabajos de Freud, trabajos que servirían como sustento teórico para el posterior desarrollo de la obra reichiana, este el caso de S. von Exner(1894), donde plantea la importancia de las excitaciones cualitativamente variables de segmentos de vías nerviosas, como intento de la explicación de los fenómenos psíquicos.

 El trabajo que se realiza en el análisis reichiano concibe al cuerpo como un sistema de señales, señales que nos pueden orientar en el diagnostico diferencial de la estructura del sujeto, y a su vez facilitar, con la utilización de los actings adecuados la descarga de la emoción reprimida, descarga que favorecería la flexibilidad de la coraza muscular.

 El sistema reichiano utiliza el concepto de estasis energético para definir el estancamiento que se produce en el cuerpo, por ese gran dique que es la coraza muscular, estancamiento que daría pie a la enfermedad biopática, producida por el encogimiento del sistema vital (Reich,1948).

  Desde un punto de vista jungiano existiría, también, una relación fundamental entre la psique y el cuerpo, pero esta relación no se llegaría a formular en términos de unidad funcional, sino más bien en la interacción de dos planos que mantienen un diálogo fundamental en el desarrollo del sujeto humano. Geneviève (1994) utiliza un símil que nos pude ser útil a la hora de relacionar la psique y el cuerpo, este autor habla de la conciencia como el centro de una formidable red de información, y el cuerpo como un emisor-receptor de los más complejos y gracias al cual podemos sentir la cualidad de estar vivos entre la infinidad de muchos otros organismos.

 El programa arquetípico sería algo que podríamos entender como incrustado en el cuerpo, en cuanto legado de una genética que podría justificar la predisposición a vivir determinadas experiencias y en este sentido podríamos entender el papel emisor del cuerpo, pero también sería el receptor de múltiples  sensaciones y estados emocionales que aparecen de forma sincrónica ante la activación de las figuras arquetípicas que pueblan nuestro inconsciente.

 En la clínica jungiana se intenta aislar las sensaciones corporales, junto con el sentimiento o la emoción que las acompaña, al mismo tiempo que se observan las representaciones e imágenes que acompañan al proceso, intentando personificarlas y establecer un diálogo con ellas. El partir del cuerpo, como materia prima para el trabajo con el inconsciente , sería uno de los fundamentos esenciales del “opus terapéutico”, algo así como la retorta alquímica donde se cuece el proceso.

 Pero al hablar de cuerpo y mente, desde un punto de vista jungiano, es necesario hablar de las relaciones de la psique con la materia. En este sentido es importante señalar como desde la física teórica hubo algunas aproximaciones, como la de Pauli(1959) que comenzaron a estudiar el papel del simbolismo arquetípico en el reino de los conceptos científicos. Pauli creía que debíamos establecer un paralelo entre nuestras investigaciones  de los objetos exteriores y una investigación psicológica del origen interior de nuestros conceptos científicos. Este físico descubrió que la psicología analítica se había visto obligada, por las investigaciones en su propio campo, a crear conceptos que luego resultaron asombrosamente análogos a los creados por los físicos cuando se encontraron ante fenómenos microfísicos (von Franz, 1959). De hecho el inconsciente solo podría describirse de forma aproximada, al igual que las partículas de la microfísica, por medio de conceptos paradójicos.

 Desde este punto de vista vemos el importante sentido que tiene la proyección psíquica sobre la materia, y como la ciencia, en cuanto traductora de “ la realidad objetiva”, no escapa ha esta suerte de proyección, convirtiéndose el diseño experimental en una construcción.

 Por lo tanto si hablamos de cuerpo, aunque este valla presidido de un discurso científico- objetivo, tenemos que hablar de mitos y de cómo la proyección de estos mitos, tiene su resonancia en el plano de la materia, en el plano del cuerpo.

 En interesante señalar como las investigaciones de Pauli llegaron a cuestionar el papel del azar en el proceso de evolución de nuestros organismos y como, según este autor, la sincronicidad jungiana podría ser un mejor principio explicativo(von Franz, 1959).

6.3 ¿ Posibilidades de diálogo?. Un proyecto de integración.

Este artículo, que incluyo como anexo en este trabajo de investigación, va a ser publicado en la revista del Colegio Oficial de Psicólogos y expuesto en la Universidad de verano de la Facultad de Psicología de las Palmas de Gran Canarias. Para el autor es de vital importancia que la comunidad científica que estudia, investiga y trabaja en el mundo de la psicología pueda valorar este trabajo, y con su crítica contribuir a que pueda surgir un material con más profundidad y mejor elaboración.

Resumen

En el presente trabajo he intentado establecer relaciones entre tres modelos terapéuticos que han teniendo una importancia vital en mi desarrollo, tanto personal como en mi profesión como psicoterapeuta.

 La teoría psicoanalítico del desarrollo infantil, la visión funcional que desarrolla W. Reich y la teoría de los Arquetipos que se articula en la psicología profunda jungiana puede formar parte de una visión global, donde la clínica psicoterapeútica puede verse enriquecida con el análisis de los diversos planos que estructuran estos enfoques terapéuticos.

 Soy consciente de la complejidad del trabajo y de la necesidad de no forzar la cohesión, pero como planteo en  mi artículo en relación con la necesidad de mantener una tensión adecuada entre la estrategia terapéutica y la espontaneidad del material que va surgiendo, podemos hablar, también, de establecer una tensión adecuada entre el material que podemos compatibilizar y el que no, siendo cada vez más receptivos al establecimiento de modelos integrales, donde las diversas partes se complementen en vez de contradecirse.

Quiero hacer especial mención al desarrollo de la psicología transpersonal, como una forma de entender la psicología, donde la integración se configura en uno de sus supuestos básicos.

Introducción.

 El motivo de este breve trabajó es empezar a sistematizar una labor que he ido desarrollando durante estos últimos años, sistematización que surge de la necesidad de integrar determinados periodos de mi practica psicoterapeútica.  Durante este tiempo he podido ir relacionando un material aparentemente contradictorio pero, desde  mi punto de vista, susceptible de ocupar diversos planos dentro de una visión coherente y más integral del acontecer clínico.

 Mis primeros años de formación fueron de orden psicoanalítico, durante este periodo descubrí la gran importancia de la infraestructura psicoanalítico para la psicoterapia moderna, conceptos como el de inconsciente, sexualidad infantil, libido, transferencia..., se configuraron en fundamentales para el desarrollo de mi trabajo.  Hoy aún considero que cualquier psicoterapia de corte dinámico, mínimamente seria, necesita de una base psicoanalítica para poder organizar y dar un sentido al material que va surgiendo en la práctica clínica El estudio de la tradición psicoanalítico me acercó al conocimiento de la obra de W. Reich. Mi formación como terapeuta Reichiano me llevó a experimentar(durante mi análisis personal)la importancia del Análisis del Carácter y la introducción del trabajo directo con el cuerpo.  Varios años de trabajo clínico dentro de la metodología de la Vegetoterapia-Caractero Analítica fueron consolidando mi sentir a cerca de la importancia de decodificar el inconsciente a través del trabajo directo con el cuerpo y aunque mi evolución me llevó a apartarme de la clínica reichiana ortodoxa, en la actualidad, sigo pensando que para cualquier proceso terapéutico de corte psicocorporal es necesaria una buena fundamentación Reichiana. Mi curiosidad por determinados cultos arcaicos, como el Charnanismo, abrió en mi el interés por el estudio de los estados no ordinarios de conciencia y toda la mitológico que podemos encontrar alrededor de ellos. Mis experiencias en la selva Amazónica y en la sierra Mazateca Mexicana, junto con la lectura y estudio de Castaneda, Grof, Wilber, Capra, Washburn y otros teóricos del Chamanismo, la espiritualidad oriental y la psicología transpersonal han amplificado considerablemente mi forma de entender el inconsciente, llegando a ver éste como una instancia compuesta de planos distintos, planos que necesitan ser cartografiados de una forma coherente(siendo en la actualidad una de las investigaciones básicas de la psicología transpersonal).De estas experiencias fue surgiendo, también, la posibilidad de aumentar las herramientas técnicas que utilizaba en mi labor clínica.

 La obra de C. G. Jung es una de las pioneras en la amplificación de la noción de inconsciente con su concepción del Inconsciente Colectivo y sus elementos básicos, los Arquetipos. Mi análisis con un terapeuta jungiano y la profundización en la psicología analítica Jungiana ha hecho que preste una atención especial al mundo onírico como la “vía regia” que nos puede llevar hacia el inconsciente(tanto personal como arquetípico). Otro aspecto en el que ha influido de forma definitiva mi experiencia jungiana ha sido el de la valoración del Mito como un elemento fundamental en la formación de la psique humana.

 A partir de este pequeño esbozo de mi experiencia personal voy a describir mínimamente algunos de los conceptos básicos para entender este proceso de integración.

El inconsciente.

 Podemos decir que el inconsciente adquiere el rango de instancia fúndante para la psicoterapia con el desarrollo del psicoanálisis por S. Freud. Después de un tiempo de practica clínica con el denominado método catártico Freud se dio cuenta que el sujeto neurótico quería resolver sus síntomas pero no quería recordar, había elementos en el desarrollo del ser humano que entraban en conflicto y una parte de ellos eran reprimidos y por tanto olvidados, estos elementos se configuraban en el material básico que nutría al inconsciente. Con el desarrollo de la segunda tópica Freud va dando mayor coherencia a la dialéctica que interviene en el desarrollo y relación del mundo consciente con el inconsciente.  Existen fuertes tendencias pulsionales en el ser humano (Ello) que necesitan ser reguladas con el principio de realidad existente (Yo) y al mismo tiempo son inductoras de fuertes sentimientos de culpa (Super Yo).  El sujeto resuelve su conflictividad reprimiendo, haciendo inconscientes los elementos pulsionales que no pueden ser desarrollados, así como los mecanismos defensivos que intervienen en el proceso de represión.

 El inconsciente Freudiano se configura en un inconsciente básicamente personal(aunque reconoce ciertos vestigios del pasado colectivo)que analógicamente, podemos comparar con un basurero donde el sujeto “tira parte de sí”, esa parte que no se puede digerir, aunque, por otro lado, ese material pueda volver en forma de síntomas.

 Pero ¿de qué materia prima esta hecho el inconsciente?.  Para Freud “los sentimientos, emociones y afectos carecerían de toda posibilidad de inconsciencia”, el inconsciente estaría ligado a la “representación” de estos hechos.  Las emociones se pueden diseccionar de su contenido ideacional primitivo y pueden “cargar” otros contenidos ideacionales, caso de las neurosis obsesivas, o bien adquirir la forma de somatizaciones en el caso de la histeria.

Este desarrollo conceptual ha sido ampliado e incluso cuestionado por algunos psicoanalistas (Fenichel) y llevado a últimas consecuencias por otros (Lacan), pero se puede decir que el psicoanálisis, genéricamente, sigue sustentando esta visión. ,

La experiencia del “psicoanalista” W. Reich fue otra, muy pronto sintió la necesidad técnica de favorecer que el sujeto “viviera su inconsciente”.  Su trabajo le llevó a plantearse el riesgo que suponía para el psicoanálisis el convertirse en un puro cúmulo de racionalizaciones y por tanto postulo la necesidad de que apareciera la emoción como elemento indispensable dentro de la elaboración terapéutica.

 La toma de contacto con lo emocional es lo que realmente permitía la disolución neurótica para Reich y por ello comenzó a diseñar toda una estrategia que fue configurando lo que hoy conocemos con el nombre de Análisis del Carácter.  El inconsciente se configuraría, contrariamente a los planteamientos del psicoanálisis, a partir de los sentimientos y emociones reprimidos.

 El tránsito a la Vegetoterapia supuso un camino lógico, pues la experiencia clínica que fue desarrollando Reich le marcaría el hecho de como el acorazarnientp del cuerpo es uno de los medios indispensables para que el sujeto pueda reprimir la emoción.  Desde este planteamiento carácter y cuerpo formarían una unidad funcional.

 Después de años de practica clínica me parece fundamental resaltar la importancia de la emoción dentro del proceso terapéutico y la necesidad de trabajo directo con el cuerpo como una de las grandes puertas al inconsciente, pero este elemento no contradice la necesidad de un encuadre analítico, donde la interpretación juegue un papel importante.

 Quizá a la altura de nuestros conocimientos no podemos hablar de una sustancia prima que configura el inconsciente(significantes, emociones, imágenes...), a lo mejor nunca podremos hablar de una sustancia, pero si de determinadas manifestaciones de esta instancia que no tienen que ver con puras racionalizaciones o con la simple fascinación sentimental.  El encuentro con el inconsciente pasaría por la emoción, así como por su raíz simbólica.

Arquetipos e inconsciente colectivo

 Hasta el momento he descrito aspectos que pueden configurar la dinámica del inconsciente personal pero llegado este punto es necesario cambiar de plano y empezar a describir el inconsciente colectivo, el inconsciente transpersonal, como forma de ampliar de forma considerable la visión de esta instancia.

 Debemos la introducción de este concepto a los planteamientos de C. G. Jung, psicoanalista que a partir de su experiencia personal y su labor clínica, fue demostrando como junto con los aspectos específicos del inconsciente personal aparecía un material que se configuraba como colectivo, yendo este material más allá de los aspectos que se vinculaban a una comunidad específica, configurando, por contra, un legado patrimonio de toda la humanidad y presente a través de todos los tiempos. El material simbólico que los pacientes de Jung llevaban a sus sesiones, producto de sus visiones y mundo onírico, así como las importantes experiencias que el propio Jung tuvo a lo largo de su vida, en este sentido, coincidían con muchos de los motivos mitológicos que la antropología, la prehistoria y la historia de las religiones describen a lo largo de su desarrollo.

 Una vez llegado a este punto es necesario hacer una especial incidencia en el concepto jungiano de arquetipo, como el elemento fundamental en el desarrollo de la teoría del inconsciente colectivo.  Aunque la noción de los arquetipos ya fue usada por los antiguos filósofos griegos, debemos su aplicación actual al desarrollo de la psicología profunda jungiana y podemos definirlos como modelos y estructuras de comportamiento impersonales e intemporales que se dan en el seno de inconsciente colectivo.  Podríamos comparar los arquetipos con los instintos biológicos de los seres vivos y Jung también los compara con los modelos estructurales preformados de los cristales que deben estar presentes, en estado latente, cuando un cristal se forma de un líquido madre hipersaturado.

 Entre los arquetipos más destacados encontramos el de la divinidad, el del padre, el de la madre, el héroe, el salvador, el huérfano, el guerrero, el ánimus, el ánima, el sí mismo etc.  Existiría un número finito de arquetipos, aunque pueden expresarse con distintos emblemas.

 Esta visión nos plantea la importancia de ver que tipo de arquetipos están activados en nuestra vida, que mitos nos mueven y como se relacionan a su vez con los materiales provenientes del inconsciente personal.  Ya no solo vamos a hablar del inconsciente ligado a la represión(la sombra), podemos hablar de un inconsciente emergente que surge en un proceso de diferenciación de los materiales colectivos.

 A La hora de llevar a cabo un Análisis con profundidad, desde mi punto de vista, se trataría de llevar la escucha desde lo inconsciente personal a lo transpersonal, ver como se articula el universo simbólico de lo personal con las formaciones arquetípicas que preexisten a la propia formación de la psique individual, en definitiva tomar conciencia del inconsciente en los diversos planos que configura la realidad humana.

La estrategia terapéutica y la escucha de lo inconsciente.

Cuando comienzo cualquier proceso terapéutico parto de un principio fundamental, el inconsciente no se puede encapsular.  Con esto quiero expresar que por muy acertado que sea el diagnóstico de la problemática que el sujeto nos trae, en sus diversos planos, y buena sea la planificación que llevamos a cabo, dentro del encuadre terapéutico, siempre existirá un cierto componente relativo y una dosis de imprevisibilidad.

 Esto no excluye que desde el principio me plantee la necesidad de una estrategia terapéutica (siendo fiel a mi formación reichiana) y esta estrategia se lleve a cabo dentro de un proceso que sigue un cierto orden.

 Pero ¿cómo articular estos dos principios dentro de una misma concepción terapéutica?. ¿Cómo conjugar un material nuevo, que puede surgir por ejemplo a raíz de interpretar un sueño, con el material al que estamos dando una especial importancia, siguiendo un orden dentro del proceso terapéutico establecido?.  M experiencia clínica me ha ido demostrando la riqueza de poder mantener una tensión adecuada entre la necesaria planificación terapéutica y el margen de espontaneidad que surge durante el proceso cuando aparece ese material novedoso, apareciendo, a veces, de forma bastante imprevisible y no solo vinculado a los procesos oníricos del paciente sino también estimulado por la “intuición” del terapeuta.

 Este hecho general que rige la práctica clínica se iría concretando en la medida que mantengo el principio de atender, de forma prioritaria, el material nuevo que va emergiendo y al mismo tiempo voy creando las condiciones que permiten integrarlo dentro de la estrategia global del proceso terapéutico.

 Desde un punto de vista reichiano ortodoxo se ha dado prioridad al análisis de resistencias, la necesidad de flexibilizar la coraza caractero- muscular, antes de entrar a elaborar los contenidos emocionales inconscientes. Se ha alertado de los peligros de la interpretación y se ha planteado una suerte de elaboración espontánea. Mi practica clínica me ha demostrado lo equivocado que ha sido este principio, y aunque es evidente la necesaria flexibilización de la coraza esta se puede llevar a cabo de forma paralela a la interpretación y elaboración de materiales inconscientes, incluso, a veces, el mismo material onírico nos puede sugerir como seguir trabajando con las resistencias, en vías de su flexibilización.

 A todas luces sería una suerte de ingenuidad pensar que las secuencias temporales que rigen la vida del ser humano son válidas para la realidad del inconsciente, y esto marca un límite claro a la hora de planificar el trabajo con esta instancia.

 Sin embargo este pequeño trabajo va a tratar de planificación, va a hacer especial incidencia en como en las secuencias del desarrollo humano aparece la predominancia de determinadas zonas corporales que relacionan al sujeto con su mundo y como estas, a su vez, se relacionan con determinados arquetipos, como la experiencia personal del sujeto va generando un inconsciente personal y como este va moldeando importantes aspectos del mundo arquetipal colectivo.

 Esta planificación, a mi entender, será de poca utilidad sino entendemos que el inconsciente es algo que no podemos “atrapar”, solo podemos aspirar a convocarlo haciendo uso de esa paradoja, una buena estrategia y una escucha que a veces nos cuestione la estrategia misma.

El Desarrollo como proceso dinámico: Etapas

 En el desarrollo y evolución del sujeto humano nos encontramos con dos fuerzas sumidas en un proceso dialéctico la de expansión ligada al desarrollo del potencial instintivo en el proceso de individuación y las de conservación ligadas al desarrollo de las defensas yoicas El niño va descubriendo su cuerpo, el cuerpo de los otros y generando una actividad exploratoria que poco a poco va asumiendo de forma más individualizada, al mismo tiempo necesita de un marco apropiado que le dote de la suficiente seguridad y calidez, marco al que puede “regresar” si sus necesidades de protección son acuciantes.  Dentro del marco evolutivo el sujeto va desarrollando su yo, siendo capaz de articular sus propias defensas, rompiendo cada vez más con las necesidades de buscar amparo en su medio original.  Es claro que este proceso evolutivo cuenta con etapas clave, como los primeros meses de la fase oral o la resolución edípica de los cuatro a seis años, aún siendo un proceso plástico donde cada etapa sería influenciada por el desarrollo de la anterior y compensada por las condiciones contextuales actuales.

 Desde un punto de vista psicoanalítico es clara la relación de numerosos rasgos psicológicos con la fijación a determinadas etapas del proceso de desarrollo, Reich complementa esta visión demostrando como estas fijaciones se plasman en el cuerpo, dejando una serie de señales posibles de objetivar en forma de bloqueos musculares y la psicología profunda Jungiana describe la realidad de determinados arquetipos que, a mi entender, son básicamente activados en determinados momentos del desarrollo humano.

 Estos últimos años he ido asentando esta interacción conceptual y a partir de ahí configurando un mapa que permite la integración de estas visiones dispares.

 Para empezar a desarrollar este punto me he centrado en la descripción del desarrollo de determinadas etapas que vive el infante, en el lento y costoso camino hacia su maduración, etapas que vienen señaladas por la importante aportación de estos tres autores.

*Narcisismo primario, piel y telerreceptores, el arquetipo del Inocente(situación intrauterina, parto y primeros meses de vida).

 El trabajo Freudiano, con el desarrollo y amplificación de este llevada a cabo por autores como Searles, Mahler o Winiccott, permite plantear que al principio del desarrollo no existe diferencia entre sujeto y objeto, pudiéndose hablar de narcisismo primario.  Esta situación de simbiosis inicial sería casi como la continuación de la vida intrauterina, siendo propio del desarrollo tardío que el sujeto humano lleva a cabo a partir de su nacimiento(ya que su desarrollo instintivo es progresivo y lento), siendo justamente esto lo que le permite la modulación de lo instintivo por parte de la cultura(aparición del concepto pulsión). Muy tempranamente el sujeto humano empieza a mantener relaciones parciales de objeto(M. Klein las ubica desde el mismo nacimiento), relaciones que permiten de forma muy incipiente introducir una primera diferenciación del yo con el no-yo, aunque, como he señalado, de forma parcial.  Este sería el comienzo del camino hacia la autonomía, aunque como vemos partiendo de una total indefensión.

 En esta etapa del desarrollo sería fundamental el papel de “una buena madre” como diría Winiccott.  El contacto global con la piel del bebé sería un elemento básico en la consecución de la calidez necesaria para que el neonato siga sintiendo sus necesidades cubiertas.  Reich resalta el papel fundamental de los telerreceptores en el desarrollo ya que permiten el contacto con las primeras relaciones objetases aunque de forma muy parcial.  Los ojos, la nariz y los oídos se configuran en órganos fundamentales de estos primeros contactos con el mundo(aunque sabemos que los oídos ya juegan un papel importante en la etapa intrauterina y junto con los otros telerreceptores en el mismo parto) y por tanto los trastornos que se puedan producir por un entorno hostil dejaran su huella en este primer segmento reichiano.  Es de especial mención el bloqueo ocular porque podemos considerar al mamífero humano como “ocular” debido a la importante especialización de las fibras nerviosas que configuran este telerreceptor.

 Para la escuela reichiana es fundamental el miedo que esta en la base de este bloqueo, indicando un trastorno muy primitivo del sujeto producto de situaciones traumáticas muy primarias, producidas tanto en la situación intrauterina (estrés y angustia maternal), como en el parto(problemas que puedan derivarse de la mecánica de este)y los primeros contactos con el mundo externo(importancia de la calidez del contexto y en especial de la figura materna).   Siguiendo este esquema podemos decir que una vez que el feto ha llegado a un punto de desarrollo existe una línea de contigüidad con el posterior bebe, en tanto uno como otro necesitan de este “paraíso” que los envuelve energéticamente, nutriéndolos y dándoles la vitalidad necesaria.

 Encontramos un buen número de mitos donde se nos describe que el “Inocente” vive en un mundo paradisíaco, un maravilloso Edén donde todas las necesidades son cubiertas.  Para los Inocentes la tierra existe para complacerlos y pueden hacer uso de ella de la forma que se les antoje.  La única razón de la existencia de Dios sería satisfacer sus deseos.  Vemos la importante similitud de las necesidades del “Inocente” con las de nuestro neonato, necesidades que les hace depender de forma total de su “paraíso”.

*La etapa oral, la boca, el arquetipo del Huérfano(de los primeros meses hasta los dos primeros años y medio).

 Como nos demuestra el psicoanálisis en la fase oral (básicamente en su segundo tiempo) el bebe empieza a reconocer a su madre como un objeto total, objeto imprescindible para satisfacer cualquier tipo de necesidad pero que en algunos momentos empieza a estar ausente. Esta ausencia le pone en contacto con una cierta depresividad (posición depresiva, que precede a la esquizo-paranoide, desarrollada por M. Klein) así como con la ambivalencia hacia ese objeto que empieza a marcar unos ciertos límites en su disponibilidad.  En esta etapa, que me gusta denominar de transición ya que es el principio de una cierta toma de contacto con la individualidad, el niño se relaciona con el mundo a través de la boca y no solo de forma física sino introyectando ese mundo que le circunda.

 Los trastornos en este periodo generan un bloqueo en el segundo segmento reichiano, la boca, bloqueo que permite al sujeto defenderse de su depresividad, así como de su importante ambivalencia(situaciones por otro lado universales pero que adquieren proporciones desmedidas como respuestas a entornos poco adecuados).La fijación a esta etapa, como demuestra el psicoanálisis, genera determinados rasgos de carácter como la pasividad y la demanda de que sea el Otro el que nos resuelva los problemas.  El contexto circundante deja de ser el Edén y el mundo se toma peligroso.

 Desde la psicología profunda podemos argumentar que muchas culturas narran la existencia de una edad de oro de la que la humanidad se precipitó.  El mito de la Caída da pie a que podamos hablar de un Arquetipo, el del Huérfano.  Los Inocentes se transformarían en Huérfanos cuando descubren que Dios ha muerto o es indiferente y el mundo nos parece peligroso, hay maleantes y obstáculos que nos podemos encontrar por todas partes.  La sensación de abandono e impotencia así cómo la búsqueda de protección y un cierto rencor son continuos en los personajes que aparecen en estas mitologías.

*Narcisismo secundario, El cuello y la parte alta del pecho, el Arquetipo del Explorador.(De los dos años y medio hasta los cuatro)

 En la etapa anterior hemos ido viendo como se empieza a desarrollar ese camino, a veces tortuoso, hacia la individuación.  El infante va comenzando a descubrir un mundo independiente de su ser, empieza a romper esa célula narcisista (Lacan) que le mantenía en una unión no diferenciada con su madre, accediendo al mundo de lo simbólico.  La función paterna se empieza a configurar como fundamental en cuanto lleva a cabo una castración necesaria, la castración simbólica, así como se configura como núcleo de identificaciones (desarrollo del complejo de Edipo).

 En definitiva, el infante va renunciando a su situación privilegiada y explorando un nuevo mundo.

 Se va desarrollando un narcisismo secundario, que permite una libidinización de su propio yo sin que este configure situaciones fusiónales, reconociendo un mundo de objetos independiente de su propio ser.  Es una etapa donde la erotización de la zona anal tiene suma importancia y el control de los esfínteres(pasaje al control muscular) se configura como un elemento educativo importante.

 Como se desprende del desarrollo que estoy llevando a cabo esta fase del desarrollo englobaría lo que para el psicoanálisis es la etapa anal y los comienzos de la situación Edípica.  La excesiva rigidez llevada a cabo por los progenitores y el medio educativo en la transición hacia ese proceso de individuación, necesario en el niño, iría generando una tendencia a la regresión y facilitaría bloqueos secundarios en el cuello y la parte alta del pecho, que fijarían al infante a una posición defensiva narcisista que les impediría una exploración espontánea de su medio circundante.

 Es claro que en este momento del desarrollo hay la activación de otros segmentos musculares(como el diafragma, importante en cualquier proceso de contención) y es difícil no mantener una posición más global pero he preferido resaltar los segmentos reichianos que configuran las realidades psíquicas fundamentales en ese periodo.

 Así como la historia del Huérfano empezaba con la salida del paraíso, la del explorador comienza en el cautiverio. En los cuentos de hadas el futuro Explorador puede hallarse atrapado en una torre o una caverna siendo prisionero de una bruja o de alguna bestia espantosa. El explorador consigue escapar y a partir de ahí empieza su travesía.  Este importante arquetipo marca la necesidad de salir del mundo conocido y empezar a explorar una nueva realidad, realidad que va surtir de nuevas experiencias, vitales para el desarrollo autónomo del ser humano.  El explorador tiene miedo y eso pone bajo un cierto riesgo su continuidad, pero si sigue adelante seguro que llega a buen puerto,

*La salida del Edipo.  El pecho, diafragma-abdomen y la pelvis.  El arquetipo del Guerrero y del Mártir (después de los cuatro años).

 En esta etapa evolutiva se configuraría la posibilidad de resolución del complejo de Edipo. Como vimos anteriormente, el niño empieza a descubrir un mundo independiente de sí mismo, un mundo que le puede seguir produciendo satisfacciones pero también lleno de riesgos, un mundo al que tiene que ir aprendiendo a enfrentarse solo. El reconocimiento mayúsculo de los objetos por parte del niño es a su vez un estimulo positivo, en cuanto puede posar su deseo en estos, pero también una fuente de puniciones, el niño puede ser castigado por no cumplir la norma. En este momento evolutivo, donde hay una importante libidinización de la zona genital, el poder desarrollar “la fuerza instintiva” se torna en básico y por tanto la tolerancia y el respeto de los progenitores hacia las manifestaciones genitales de los niños es crucial.  Buena parte de las tendencias expansivas y exploratorias se verán reforzadas por este respeto.

 Al mismo tiempo es claro que en esta fase se consolida una renuncia, la omnipotencia del yo es puesta en jaque.  El niño empieza a hacer un uso consciente de la represión, configurándose esta en un elemento fuertemente estructuraste.  Este cierto control le va ubicando frente a la posibilidad de postergar la satisfacción y por tanto la capacidad de asumir la frustración.

 La represión excedente(concepto que utiliza Marcuse,1954, para describir la represión no necesaria) llevada a cabo por los progenitores y el medio social próximo provocaría un bloqueo en la zona torácica (incluyendo los brazos y manos),zona básica para la expresión de la afirmación (agresividad), en la zona diafragmática, vinculada básicamente a la capacidad de abandono y en la zona pélvica, donde la sexualidad genital quedaría constreñida.

 Para el niño es necesario expandirse en su medio y aprender a enfrentarse directamente a los problemas, rompiendo la posición de pasividad oral y esto se verá reforzado si no se favorece la regresión al constreñir las manifestaciones pulsionales de éste.  Es un momento donde el niño empieza a guerrear con su medio, así como con las tendencias internas (dinámica pulsional) que tiene que empezar a dominar.

 La capacidad de “dar” de forma altruista se va desarrollando en el niño, en gran medida desarrollada por su capacidad de sublimar, configurándose en un elemento de importancia básica para consolidar las relaciones sociales.

 El explorador se podía encontrar con el dragón pero evitaba enfrentarse a él, el guerrero se queda y combate. En múltiples mitos y cuentos aparece ese figura heroica que se enfrenta a los malvados, hombres o animales y acaba venciéndolos. Las historias nos dirían que cuando las personas tienen el coraje de luchar por sí mismas, pueden cambiar su mundo. El Guerrero se sentiría como responsable y capaz de mejorar su vida y además mejorar la de los demás.

 Lo esencial en todas las religiones de la fertilidad y en múltiples ritos chamánicos es la comprensión de que la muerte y el sacrificio son requisitos previos al renacimiento.  Así como los Huérfanos buscan refugio en el sufrimiento, el Mártir los abraza creyendo que trae consigo la redención.

 En muchos casos ese Mártir necesita ser un buen guerrero para tolerar el sufrimiento que implica enfrentarse a los múltiples Dragones.

 Otra de las características básicas de nuestro mártir es su capacidad de dar, capacidad que en buen número de ocasiones le conlleva mucho sacrificio.

 Sin duda, el niño en su lento caminar tiene que ir desarrollando esa capacidad de pelear y de tolerar-reconvertir el sufrimiento.

Arquetipos centrales

 En la exposición anterior he querido mostrar como en determinadas fases del desarrollo humano hay la activación de determinados arquetipos, y quiero hacer especial incidencia en el termino activación pues queda claro que los arquetipos no se crean, están.  La fijación o regresión a estos estadios del desarrollo activaría de forma considerable estas imágenes arquetípicas, que podrían tanto poseer el yo, caso de que se diera un proceso identificativo o bien ser desplazadas a otros objetos, caso de la proyección.  En los dos casos el sentido del arquetipo sería inconsciente.

 Este planteamiento no excluye la aparición de estos arquetipos a lo largo de la vida aunque no exista ni fijación ni regresión.  Una serie de acontecimientos pueden estimular su presencia, como cuando una buena causa necesita de nuestro “dar” como es común en el Mártir, o bien nuestro desgaste nos coloca en una posición  pasiva con una gran necesidad de recibir, como le ocurriría al Huérfano. Lo que marcaría la positividad del contacto con el mundo arquetípico es la conciencia y confrontación que conllevaría a un camino de no unidireccionalidad, imposible cuando el arquetipo posee o es proyectado(aunque una cierta dosis de proyección es inevitable).

He querido utilizar el término arquetipos centrales para señalar un número de arquetipos que no cumplirían el presupuesto que me ha llevado a estructurar este trabajo, presupuesto que se basaría en la correlación de determinadas etapas del desarrollo y la activación de determinados arquetipos.  La presencia de estos arquetipos no tendría correlación directa con las etapas históricas que he descrito, aunque evidentemente podrían ser moldeadas por el momento histórico donde se encuentra el ser humano(es importante citar la segunda mitad de la vida como un momento de transición). Dentro de este conjunto de arquetipos encontramos El Anima, El Animus, El Doble, El Héroe, El Mago, El Sí Mismo..... . Un ejemplo de cómo pueden ser moldeados por el momento histórico es el del Anima que aparece como una anciana en una conciencia juvenil, como un soror (hermana) en la conciencia de un adulto o como una muchacha en una conciencia senil.

 La escucha de estos arquetipos empieza en el mismo comienzo del Análisis, sabiendo que aunque en determinadas etapas predominan determinados arquetipos, estos que he denominado centrales podrán presentarse en cualquier momento, contribuyendo a seguir profundizando en los misterios del alma humana.  Es en este punto donde la dialéctica entre espontaneidad y planificación se toma en básica, pudiendo ver la necesidad de que nuestro paciente viva el arquetipo del Huérfano pero al mismo tiempo estando muy atentos a lo que su Anima le quiere decir.

El despertar de lo transpersonal.  El arquetipo del Mago

 Cuando estamos tratando del mundo arquetípico entramos de lleno en lo transpersonal, en cuanto que las imágenes arquetípicas son un legado colectivo y por tanto transcenderían lo meramente personal.  Pero he querido hablar del despertar de lo transpersonal como la toma de conciencia de nuestra identidad con el universo.  La toma de contacto con un fundamento dinámico que nos bañaría(como diría Washburn), o la presencia del Nagual que nos introduciría en la magia Tolteca.   Un universo lleno de significados, del que formaríamos parte, siendo nuestro mundo interno esencial en el desarrollo y comprensión de éste.

 El arquetipo del mago nos enseña la creación, nos habla respecto a nuestra capacidad para hacer que exista algo que antes no era, respecto a afirmar nuestro papel como co-creadores del universo.  Este hecho nos hace participes de un universo simbólico donde nuestro mundo interno y la relación con lo exterior se articula bajo fundamentos que van más allá de la ley de la causa y el efecto, apareciendo sincronicidades solo explicables bajo ese ordenamiento de significados que transcienden la individualidad y nos ponen en contacto con el inconsciente colectivo.

  El Mago iría más allá del porque y se plantearía el para que. Que es lo que mi inconsciente pide de mí, que es lo que me indica, como me orienta en mi vida exterior, serían preguntas no muy diferentes a las que puede realizar el místico cristiano a Dios o el Sabio hindú a su guía interno, y muy posiblemente estas preguntas encontraran sus respuestas.

  Es claro que la activación de este arquetipo (para que no se un seudo-arquetipo) pasa por haber pasado por una serie de fases que nos permiten que el Yo halla adquirido la suficiente solidez para no verse devorado por este mundo de significados y la gran carga energética que encontramos en ellos, así como, la suficiente flexibilidad para que el Yo no sea un puro consumidor de racionalizaciones. Una buena profilaxis ante esta problemática pasaría por un análisis psicocorporal, donde la consistencia del Yo y la flexibilidad de la coraza caractero-muscular se convierten en objetivos prioritarios del proceso terapéutico.

Conclusiones

 El objetivo de este breve trabajo ha sido contribuir a la integración de tres modelos terapéuticos, el psicoanálisis, el análisis reichiano y la psicología profunda jungiana, que aunque parten de una misma raíz, el psicoanálisis freudiano, han llegado a puntos de desarrollo muy dispares.

 Es claro que a la altura de nuestros conocimientos hay una serie de diferencias que se han de respetar, pero no menos cierto es que el dogmatismo de las diversas escuelas hace hincapié en las diferencias, sin preocuparse por establecer un lenguaje que nos permitiera el contraste y la aproximación.

 Espero que trabajos como el mío contribuyan a estimular la visión integral del acontecer psicoterapeútico.


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