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3.Los
comienzos del psicoanálisis.
Freud nació el 6 de mayo de 1856 en Freiberg (Moravía), pocos años antes que Darwin publicara su obra sobre el origen de las especies. Esta obra fue considerada como una aberración durante mucho tiempo y como nos señala Kriz el maestro de escuela Scopes fue llevado ante los tribunales por difundir las teorías darwinianas de la evolución.
En esa época muchos de los “criterios científicos” eran mediatizados por las diversas interpretaciones de la Biblia, así en algunos medios se interpretaban las diferencias raciales sobre la base de los grados de degeneración que se habían producido a partir del estado original de perfección. Todos los pueblos descendían de Adán y Eva, pero unos habían degenerado más que otros. Los blancos se encontrarían entre los más próximos a la situación original, no así los negros que habrían degenerado más.
Este planteamiento pretendía confirmarse en pretendidas pruebas científicas extraídas de la aplicación de métodos cuantitativos, como los trabajos de S.E. Morton que en 1850 publicó varios volúmenes con mediciones y tablas de volúmenes de mediciones cerebrales, nos dice Kriz:
Para ello se basó en su completisima colección de cráneos, que midió primero con granos de mostaza y luego con municiones. Desde el supuesto general de la época, de que el volumen del cerebro era indicio del estado de desarrollo o de las capacidades intelectuales innatas, pudo corroborar el prejuicio de que los blancos se situaban en la cúspide de la jerarquía, los amerindios hacia la mitad, y los negros, en el escalón inferior ( y, dentro de los blancos, los teutones y anglosajones aparecían en lo alto, los judíos, en el medio, y los hindúes, en la posición inferior).[1]
Siguiendo esta lógica también se formulo que las mujeres “eran un poco más tontas que los hombres”, como formuló Broca en 1861. Un discípulo suyo Gustave Le Bon, argumenta, nos señala Kriz:
En las razas más inteligentes, como la de los parisinos, existe gran
cantidad de mujeres cuyo cerebro, por su tamaño, se aproxima más al del
gorila que al de los cerebros masculinos más desarrollados (... ) ellas
representan una de las formas inferiores del desarrollo de la humanidad.[2]
Cuando Freud tenía ya 20 años prevalecían las teorías de Lombroso acerca de la tendencia innata de los criminales, pudiendo ser diagnosticada sobre bases anatómicas. Las teorías de este psiquiatra de Turín y sus discípulos prevalecieron durante un tiempo, culminando en un trabajo que se llamó el hombre delincuente, publicado en 1876.
La época en que Freud estudio medicina en Viena se puede decir que se encontraba en un punto de transición de lo que había sido una “fe eclesiástica” que había inundado todos los dominios de la ciencia a una fe en una imagen del mundo determinista, mecanicista y materialista.
El siglo XIX estuvo dominado por la revolución científico-técnica, cuyo progreso promovía una cosmovisión materialista, por eso se negaba la existencia de todo lo que no se pudiera demostrar con métodos fisico-químicos, y en los modelos explicativos y clasificatorios de enfermedades mentales se recurrirá al esquema somatogenético con toda naturalidad.
Las afecciones psíquicas se consideraban casi exclusivamente enfermedades del encéfalo, la psiquiatría era en lo esencial una neurología. Estas concepciones monocausales se vieron reforzadas por algunos de los progresos de la medicina general; L. Pasteur (1822-1895) introdujo la teoría de los gérmenes como agentes patógenos, en 1882 se descubrió el bacilo de la tuberculosis por R. Koch, así como una pretendida enfermedad mental, la parálisis general, era consecuencia de la sífilis, cuyo agente, la spirochaeta pallida, se descubrió en 1905.
Carlos Castilla del Pino(1984) en el prólogo de la edición en castellano de la biografía oficial de Freud, llevada a cabo por su amigo y discípulo E, Jones, nos dice:
Entrado
el siglo XIX las pasiones son dejadas a un lado y la locura, todo tipo de
locura, es concebida como una enfermedad del cerebro, Griessinger, uno de
los más representativos e influyentes psiquiatras de mediados del XIX,
emite el siguiente aforismo: “las enfermedades mentales son enfermedades
del cerebro”, y la alteración de la personalidad trata de ser detectada
en las modificaciones patológicas de la sustancia cerebral.[3]
Pero desde determinados planteamientos filosóficos podríamos ver lo que fueron los antecedentes del psicoanálisis. P. Ej. , los filósofos S. Kierkegaard ( 1813-1855), y F. Nietzsche (1 844-1900), aún partiendo de posiciones distintas compartían el hecho de la importancia de determinados sentimientos subconscientes, también en los escritos de A. Shopenhauer (1788-1860) se registran experiencias psicológicas de la vida cotidiana y observaciones inconscientes, e incluso en su obra se hace mención de sueños, hipnosis compulsión de la repetición, deseo de muerte, represión, racionalización y un buen número de términos que nos recuerdan de forma directa a la obra Freudiana.
Incluso algunos escritores como Goethe (1749-1832) y Schiller (1821-1881) describieron el influjo de factores sociales y psíquicos en la génesis de conflictos y enfermedades mentales.
También podríamos encontrar entre los antecedentes de la obra freudiana los trabajos del ilustre filósofo valenciano L. Vives (1493-1541), donde su doctrina de la asociación de ideas y los temas relacionados con el olvido pueden tener alguna relación con el inconsciente y la asociación libre psicoanalítico. Nos dice H. Carpintero(1994):
Zillborg
llegó a verle como el “ primer antecesor verdadero de Freud (... ) cuyas
contribuciones a la psicología sobrepasan a las de todos sus contemporáneos
y a las de muchos de sus descendientes científicos en más de tres
siglos” (Zillborg y Henry, 1968 ).[4]
Pero antes de Freud todo este conjunto de teorías no ensambló una visión coherente del acontecer psíquico, ni mucho menos se aplicaron de forma sistemática en el tratamiento de cualquier problema psicopatológico.
Más influencia pudo tener el precursor de la hipnosis, el médico de Viena, F. A .Mesmer (1734-1815), cuya metodología sirvió después para el tratamiento de determinados síntomas histéricos, llevado a cabo por quienes serán maestros de Freud, Breuer, Charcot, Janet, Liebault y Berheim.
3.2
Conceptos Fundamentales del psicoanálisis.
Los conceptos básicos que configuran la infraestructura psicoanalítico no sólo se convierten en fundamentales para el desarrollo del trabajo psicoanalítico sino para cualquier trabajo de corte psicodinámico. En este sentido, para conocer el desarrollo que posteriormente tuvo la obra Reichiana y la Jungiana es necesario conocer la obra psicoanalítico.
Soy consciente de la dificultad de resumir algunos de los presupuestos básicos que configuran el psicoanálisis (con el riesgo de una excesiva simplificación), debido a que el viejo profesor cambió el centro de gravedad de su obra en diversas ocasiones, pero aún así voy a intentar seguir una cierta lógica en su evolución.
1) La teoría del trauma y el método catártico. En sus primeros trabajos ( con Breuer, 1882-1895), Freud utilizaba la hipnosis, como método sugestivo que permitía calmar la sintomatología neurótico que se apreciaba en muchos de sus pacientes. Breuer en su tratamiento con Ana 0. comprobó como en estado hipnótico la paciente asociaba espontáneamente con determinados contenidos que parecían estar en el origen de la enfermedad. Era entonces claro que las asociaciones conducían a determinados núcleos responsables de la enfermedad. Parecía coherente buscar la causa de los síntomas en un trauma temprano. La hipótesis central fue que la causa genuina del efecto terapéutico se situaba en el recuerdo y la revivencia de experiencias traumáticas.
2) La teoría sexual. La proliferación de contenidos íntimos sexuales en las asociaciones de algunos de sus pacientes, que demostró el importante papel que se debía atribuir al vínculo del cliente con el terapeuta (transferencia), lo llevó a esbozar su teoría de la libido (ruptura con Breuer). En un principio pensó que en la base del conflicto histérico había una seducción real, padecida en la temprana infancia, y el síntoma reflejaba un compromiso entre el recuerdo y la defensa frente a ese síntoma. Con posterioridad (hacia 1897), modificó esta hipótesis, ya no se trataba de vivencias reales sino de fantasías del paciente.
3)
La génesis del psicoanálisis. El
trabajo con la hipnosis demostró bastantes deficiencias, no todos los
sujetos eran hipnotizables y muchos de los síntomas parecían retomar después
del influjo sugestivo (a esto podemos sumar la mala fama de hipnólogo que
tenía Freud). Hubo un periodo
de transición donde utilizó la técnica que denominó Coerción
Asociativa, que consistía en establecer una presión sugestiva para que el
sujeto recordase, pero pronto comenzó con el método de la asociación
libre, donde el paciente se acostaba sobre el diván y declaraba todo lo que
se le ocurría sin ejercer ningún tipo de censura sobre ello (regla básica
del psicoanálisis) Este desarrollo técnico, junto con la aparición del
trabajo La interpretación de los sueños
(1900), donde Freud empezó a diseñar su modelo tópico (la
diferenciación del aparato psíquico en sistemas parciales, consciente,
preconsciente e inconsciente) configura lo que serían los comienzos del
psicoanálisis.
4)
La resistencia y la transferencia. Uno
de los temas centrales que se fue configurando en el trabajo psicoanalítico
fue el de la “resistencia”. El
paciente se resistía a hacer consciente lo inconsciente.
La elaboración de estas resistencias pasó cada vez a ser más
importante en la clínica psicoanalítico.
Otra idea fundamental fue la de la “transferencia” que venía a
indicar como el paciente actualizaba determinados prototipos de relaciones
pasadas (básicamente relaciones familiares) en la figura del terapeuta, lo
que vendría a decir que se transferían vivencias efectivas y pautas de
conducta del cliente sobre el terapeuta (para Freud, el sujeto transfería
para no recordar, por lo que la transferencia se convertía en una
resistencia, pero al mismo tiempo permitía la actualización del material
inconsciente y por tanto se convertía en un requisito básico para el análisis.
5)
La teoría de la libido. Antes
de 1900, Freud hablaba de una energía psíquica de fuentes fisiológicas,
esta energía afectiva se caracterizaba como “cantidad de excitación”,
Freud puso de relieve de manera cada vez más clara el origen sexual de esta
energía de excitación (donde sexual no se reducía al ámbito
genital),denominando a esta energía libido.
En este contexto Freud trazó una distinción entre neurosis actuales
y psiconeurosis de defensa, las primeras se producían por la acumulación
de excitación sexual, Freud pensaba en una intoxicación por los productos
del metabolismo de sustancias sexuales.
En cambio, la formación de síntomas en la psiconeurosis era debida
a la expresión simbólica de conflictos de la temprana infancia en conexión
con el desarrollo libidinal.
6)
Fases del desarrollo psicosexual. En
su trabajo, Tres ensayos para una teoría
sexual (1905), Freud da cuenta de una teoría elaborada del desarrollo
psicosexual. Para Freud la
sexualidad abarca la organización total de la libido, y el modelo de fases
postula que diferentes órganos, en una secuencia ordenada, entran en escena
unos después de otros. Primero
nos encontramos con la fase oral, que se extiende más o menos todo el
primer año de vida, su zona erógena es la boca y la satisfacción se liga
a la toma de alimento y al chupeteo del pecho materno, se distingue una fase
oral temprana (mamar) y una fase oral-sádica (morder).
Del segundo al tercer año comienza la fase anal, en este periodo es
fundamental la función de la excreta, y toda la lucha que aparece en relación
con esta función. El juego con
los excrementos, el placer en la retención, al mismo tiempo que la imposición
por parte de los padres de las normas
de limpieza, va generando una suerte de satisfacciones y al mismo tiempo de
agresividad con los progenitores que le exigen control, dando pie a la
aparición de pulsiones sádicas en el niño.
Del cuarto al sexto año de vida aparecería la fase fálica, donde
el genital masculino jugaría un papel fundamental, siempre en relación con
perderlo (caso de los hombres) o al envidiarle, caso de las mujeres.
Luego aparecería una fase de latencia y con la pubertad volvería a
activarse plenamente la vida sexual, denominando a esta fase genital.
7)
El
complejo de Edipo. El ser
humano después de su nacimiento sigue mostrándose en una actitud de fusión
con su
madre, fusión que empieza a quebrarse a partir de la fase fálica, donde a
partir de la función paterna, el niño y la madre han de renunciar a esa célula
narcisista. Esto facilita que
el niño se identifique a su padre, aceptando una cierta dosis de castración
y al mismo tiempo produciéndose la posibilidad de desear a otros objetos.
En la niña el Edipo tiene una suerte de complejidad, el hecho de
tener que ser llevado a cabo en dos tiempos, el pasaje de la madre al padre,
pero esto no nos lleva a hablar de un complejo de Electra, termino que Freud
desautorizó desde un primer momento.
8)
La segunda tópica. Antes de la
aparición de su artículo El Ello y
el Yo (1924) ya Freud había ido virando hacia la consideración
estructural del aparato psíquico. Distingue
tres instancias; el ello que recibe toda su energía de los órganos
interiores y podemos considerarlo como el receptáculo del mundo pulsional,
el yo que es la instancia que regula el marco pulsional con la realidad
externa, a saber procuraría a las necesidades básicas emocionales y a los
impulsos pulsionales un cumplimiento acorde con la realidad y al mismo
tiempo tendría en cuenta las restricciones provenientes del superyo,
tercera instancia que haría referencia a la interíorización de normas y
valores pertenecientes al mundo exterior que acabarían perteneciendo al
fuero interno.
9)
Libido del yo versus libido objetal. En el texto escrito por Freud en 1914, Introducción al Narcisismo, se plantea una oposición entre la
libido del yo y la libido objetal. Cuanto
mayor es la primera, tanto más pobre es la segunda, y sólo la carga de
objetos haría posible distinguir una energía sexual, la libido, de una
energía de los instintos del yo. En
un principio Freud utilizó el término autoerotismo para indicar esa fase
inicial del desarrollo donde la libido está dirigida sobre el propio cuerpo
y encuentra satisfacción en la misma zona erógena sin necesitar de un
objeto exterior, el narcisismo, por el contrario se trata de libido yoica,
de la investidura del yo propio con libido.
En los trabajos posteriores ( 1920) Freud introduce un cambio, la
diferencia entre “autoerotismo “ y “narcisismo” pasa a ser la
diferencia entre “narcisismo primario “ y “narcisismo secundario”.
El primero indica un estadio de desarrollo que es anterior a la
formación del yo, y cuyo modelo sería la vida intrauterina.
Por “ narcisismo secundario “ Freud entiende la libido retirada
de la investidura de objeto.
I0)
Eros y Tánatos. En 1920 Freud
escribe un importante texto para el desarrollo posterior del psicoanálisis,
Más Allá del Principio del Placer.
Durante mucho tiempo la teoría psicoanalítico supuso que el
curso de los procesos anímicos estaba regulado automáticamente por el
principio del placer. EL Psicoanálisis postulaba el origen del conflicto en el
sujeto a partir de la problemática suscitada entre las pulsiones vinculadas
al placer y lo que denomino el principio de realidad.
Este elemento pulsional en el cual se corporeizaba el placer fue
denominado por Freud Eros (pulsión de vida). Algunos aspectos del
desarrollo del trabajo clínico del fundador del psicoanálisis (como el
desarrollo del concepto de la compulsión a la repetición) le hicieron
dudar de esa regulación automática por parte del principio del principio
del placer e introdujo otra pulsión, Tánatos (pulsión de muerte), esta
pulsión aspira a la resolución total de las tensiones, es decir, a
retrotraer el ser vivo al estado inorgánico, y por ello se convierte en una
pulsión autodestructiva. Esta energía destructivo dirigida hacia fuera se exterioriza
como agresión y destrucción. La
meta de Eros es producir y conservar unidades cada vez más grandes por
medio de ligazones, la de Tánatos es disolver conexiones y de este modo
destruir las cosas. Estas dos
pulsiones básicas se conjugarían en diversas combinaciones, en forma de
diversas pulsiones subordinadas, produciendo la variedad de fenómenos de la
vida.
11)
Conflicto y Neurosis. La
perspectiva del conflicto es vital para la teoría psicoanalítico, desde su
comienzo aparece una pareja antitética que marca la pauta fundamental del
discurso analítico. En un
principio encontramos la disyuntiva “principio del placer “ “principio
de realidad” , luego pasa a “libido objetal”
“libido del yo” y acaba con
“Eros” y
“Tánatos”. El proceso neurótico tendría su origen en este par
de demandas opuestas originadas en distintos ámbitos de la interioridad del
individuo. Se podría entender
tanto como un conflicto entre pulsiones o como entre las instancias del
aparato psíquico (es de especial importancia señalar el conjunto defensas
que se articulan alrededor del yo con el objetivo de preservar la integridad
del sujeto frente a la
conflictividad que le lleva el asumir su deseo dentro de la dinámica
pulsional que se articula en su Ello). El síntoma neurótico sería una
suerte de transacción, donde lo reprimido y la represión irían de la
mano, siendo un proceso que intenta restablecer un equilibrio de fuerzas.
12
La Terapia Psicoanalítica.
A la hora de dar cuenta de algunos de los presupuestos básicos que
configuraron la técnica psicoanalítico en su origen nos encontramos con
que su iniciador no configuró una forma de trabajo sistemática, más bien
esbozó algunos de los planteamientos fundamentales que sirvieron a sus discípulos
como un importante estímulo para el desarrollo posterior del psicoanálisis.
Hay que tener en cuenta que la obra de Freud tubo una continua
evolución conceptual y eso fue marcando formas de trabajo distinto a lo
largo de su recorrido (dando pie posteriormente al establecimiento de
escuelas psicoanalíticas distintas, dependiendo de los aspectos
conceptuales que estas tomaran como básicos). Freud, en 1905, en su artículo
sobre psicoterapia, nos describe
dos tipos de intervenciones terapéuticas; “per vía di porre “ “y per
vía di levare”(oposición que utilizó Leonardo de Vinci para diferenciar
la pintura de la escultura).
La primera vía sería la de la sugestión, no se preocuparía del
origen, la fuerza y el sentido de los síntomas, solo pretende tapar los síntomas
psicopatológico, la segunda por contrario, sería, analítica no querría
agregar ni introducir nada nuevo sino quitar y extraer algo, y con este fin
se preocuparía de la génesis de los síntomas patológicos y de las
conexiones de las ideas patógenas que se propondrían hacer desaparecer.
El desarrollo del psicoanálisis iría íntimamente ligado a esta
segunda vía, la vía analítica.
Habría varios ángulos del desarrollo psicoanalítico por los que
podríamos empezar a hablar de presupuestos técnicos, quizá uno de ellos
podría ser tomar la segunda tópica como hilo directriz.
En algunos de los pacientes que Freud analiza, como podría ser El caso Dora (1905), vemos en la técnica una predominancia de la
escucha e intervención sobre el Ello.
El hábil psicoanalista escucha a su paciente viendo como los
entresijos de su deseo se articulan entre diversos recuerdos encubridores
(defensas) y la realidad transferencias, cuya interpretación permite ir
recuperando una cierta verdad oculta para la paciente.
Y si bien es verdad que el sistema defensivo de la paciente es muy
tenido en cuenta no es analizado de forma sistemática.
Posteriormente Freud iría avalando los cambios técnicos de algunos
de sus colaboradores más directos, como su hija Ana, que pondrían sobre el
tapete la importancia del análisis de los mecanismos de defensa(parte
integrante del yo) como elemento anterior a la elaboración de la dinámica
pulsional (esto queda claramente avalado por la toma de partido de Freud a
favor de su hija en la polémica con M. Klein). En los primeros tiempos del
psicoanálisis se consideraba que solo eran analizables los pacientes neuróticos,
pues sólo ellos poseían una parte intacta de su Yo, que les permitía
establecer lo que ha sido llamado posteriormente la Alianza Terapéutica.
13)
Los sueños y su interpretación. Desde
un principio Freud consideró los sueños como “ la vía regia hacia el
inconsciente”, convirtiendo el trabajo con ellos como uno de los
instrumentos básicos de la terapia psicoanalítico.
Para el psicoanálisis los sueños son alucinaciones que ocurren
cuando se duerme, y cumplen una función, permitir que el sujeto descanse. Al dormir acontece que las energías del Yo disminuyen de
intensidad, consecutivamente los deseos reprimidos pueden abrirse paso a la
consciencia, entonces pueden originar un sueño en que aquéllos se
satisfagan alucinatoriamente. En
definitiva podríamos definir los sueños como la realización enmascarada
de los deseos reprimidos. Freud
señala básicamente dos mecanismos que intervienen en este hecho: el
desplazamiento, que consiste en que un elemento de una situación es
sustituido por otro, casi siempre más neutro y la condensación, donde un
elemento del sueño manifiesto suele absorber a varios elementos de los
pensamientos oníricos latentes. En
el proceso de interpretación en general de los sueños se puede decir que
no existen interpretaciones universalmente válidas, aunque en la descripción
que Freud lleva a delante de la interpretación de sueños, con alguno de
sus pacientes, podemos ver la repetición de determinados símbolos que si
que parecen tener un significado común (por ej. los símbolos punzantes
como representación de los genitales masculinos ). En el proceso de
interpretación se tomaría básicas las asociaciones que el analizado va
realizando de su material onírico, dando sentido a un material cuyo núcleo
proviene, en su mayoría, de vivencias infantiles.
Junto con esta explicación, que hace referencia a la historia
individual del sujeto como elemento nuclear en la configuración del sueño
Freud siempre pensó en la presencia de un material colectivo, perteneciente
a la “herencia arcaica” de la humanidad (Kriz, 1985 y Montiel, 1997).
Concluyendo, podríamos decir que a pesar de las múltiples
incursiones que Freud realizó en el mundo de la literatura, el arte, la
filosofía y la antropología, su intento de dar al psicoanálisis el rango
de ciencia siempre se suscribió al paradigma de la medicina mecanicista-somática
y de la ciencia natural. A lo
largo de su obra encontramos estos intentos reflejados en algunos de sus
trabajos, como el fallido Proyecto de
una Psicología para Neurólogos (1895) y hasta su muerte alimentó la
esperanza de que finalmente su teoría se pudiera anudar a descubrimientos
fisiológicos y bioquímicos.
Como podemos observar, todo el desarrollo de la obra de Freud
parte de un postulado “ realista” , es posible traducir de forma
objetiva la realidad de la psique. Con
la inclusión del sistema de lo inconsciente damos cabida a una visión que
a menudo ha sido parcial, (solo ha tenido en cuenta las manifestaciones de
la conciencia), pero que puede ser coherente con un modelo de ciencia donde
la fisiología iría a la par con la energética de los afectos (hemos de
recordar la importante influencia que Freud recibió de la fisiología de E.
Von. Brúcke y de T. Meynert.
).
En
definitiva todo un intento de objetivación de la psique, aunque para muchos
de los detractores del psicoanálisis no dejó de ser una suerte de
especulaciones, teñido con un cierto tinte perverso, cuño de su precursor.
[1] Jürgen Kriz. Corrientes fundamentales en psicoterapia. Amorrortu editores, 1985, 23.
[2] Jürgen Kriz. Corrientes fundamentales en psicoterapia. Amorrortu editores, 1985, 24
[3] E. Jones. (1). Freud. Salvat, 1984, 13.
[4] H. Carpintero. Historia de la Psicología en España. Eudema Universidad, 1994, 34
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