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La segunda fase de la Edad del Hiero es conocida como cultura de La Tène y abarca un periodo entre el 500 y el 200 a.C.

Se caracteriza por una mayor unidad cultural de los “celtas”, y un sentimiento de unidad racial y sobre todo religiosa a través de los druidas o sacerdotes.

 

Penetración de los Galos.

 

Unos nuevos pueblos indoeuropeos, los llamados galos, penetraron en la Península hacia el 500 a.C. Aunque la cultura Hallstattica perduró, los galos dejan abundantes rastros de su penetración. La toponimia nos muestra su paso por Aragón con nombres como el río Gallegos y el río Arva, ciudades como Mallén, Gallur, Mogallón, Munebrega, Gallocanta, Forum Gallorum, Galicum, Gorum, Arcobriga etc... y otros numerosos topónimos menos conocidos. Con los galos penetro la cultura de la Tène.

No parece que la penetración de los galos afectara demasiado a la zona Navarra. Quedó bastante circunscrita a la zona aragonesa y al Valle del Ebro Central. Su incidencia en Navarra no impidió que la cultura de Hallstatt (en una fase que llamaremos Post-Hallstattica) pudiera mantenerse aun algún tiempo.

Con los galos se introduce la llamada Cultura de la Tène de la que después hablaremos. Los celtas de la cultura post-hallstattica quedan influidos por esta cultura a la cual no tardan en asimilarse en muchos aspectos, y dan origen a una serie de clanes (los cum) agrupados en una tribu, en cuya capital confederal (que desconocemos) llegará a emitirse moneda.

La Cultura de La Tène.

 

Con la llegada de la oleada de población gala, los rasgos físicos, de carácter y culturales de los celtas adoptan características ya muy marcadas.

Aunque los celtas tenían buena estatura los galos eran aún más altos.

Todos los pueblos celtas, y los galos no eran excepción, eran valientes. En esta época era característica su irritabilidad. También se les consideraba exaltados. Desafiaban a la muerte en los combates y mataban a sus familias si las veían en peligro. Eran austeros y leales. Aun vencedores en combate respetaban al enemigo. Tenían gran afición a la bebida. Eran arrogantes, pendencieros y crédulos.

Los hombres se afeitaban la cara pero se dejaban grandes bigotes y los cabellos largos.

Las mujeres cubrían su cabeza con un velo, montado sobre un aparato de hierro.

Vestían túnicas con mangas, hasta por encima de las rodillas, y encima colgaban el “sagum” (sayo) o capa de lana, de abigarrados colores. Calzaban zuecos y se adornaban con brazaletes y collares.

Practicaban la salazón de la carne, sobre todo de cerdo, tejían la lana, curtían pieles, hacían trabajos de alfarería, trabajaban el cuero, hacían tapices, bordados y esmaltes, y trabajaban los metales.

Para la agricultura empleaban el arado de dos ruedas.

Bebían vino, hidromiel, cerveza y sidra. Comían pan y carne.

Se cree que pudieron descubrir el jabón, cuyo nombre procede de la palabra celta “sapo”. También se les atribuyen otras invenciones: la mezcla de estaño y cobre, los toneles y las sierras movidas por agua.

La cerámica no ofrece gran variación. Sigue siendo sin decorar o decorada con pintura roja, quizás de influencia ibérica (aunque siempre más sencilla que la cerámica ibérica). Las urnas suelen ser esféricas igual que los vasos (esféricos con el pie alto). También se encuentran vasos dobles cónicos de derivación hallstattica. Se empieza a usar el torno y la pasta usada es del color del ladrillo.

Las espadas de la época eran largas, y las ceñían al lado derecho. También usaban escudos de cuero de la altura de un hombre, y usaban arcos y flechas, hondas y carros y lanzas largas con puntas de hierro. También usaban cuchillos (puñales), casco, rodilleras y cotas de mallas. La espadas se acortaron en relación al periodo anterior y las bolas terminales se hicieron mayores, atrofiándose las antenas que derivaron en simples botones terminales. El puñal es una pieza característica del periodo, apareciendo el puñal doble globular (es decir que tiene en el mango dos ensanchamientos circulares) y la espada curva llamada falcata.

Las ciudades celtas tenían nombres terminados en “dunum” (Castillo) y “briga” (fortaleza).

Los celtas del periodo de la Tène tenían como base la familia sobre la cual estaba el cum o reunión de familias emparentadas con un jefe común (institución similar al clan de los escoceses) y un emblema diferenciador (un objeto natural que dibujado en piedras marcaba los limites de sus dominios). Cada cum gobernaba sobre una comunidad, con centro en la “vertcum” (villa del clan) consistente en una fortaleza en el centro de un recinto fortificado generalmente circular construido sobre una elevación alrededor de la cual, en el llano, vivían los adscritos al clan. De varias cum nacía la tribu.

Las tribus eran meramente divisiones generales (cada tribu tenia un castillo central, quizás un lugar común de culto) pero cada cum era absolutamente independiente. El jefe del cum disponía de un cuerpo especial de devotos, que le asistía en la guerra y que se suicidaba al morir aquel. El jefe tenia un poder absoluto.

En caso de guerra podían unirse varias ciudades o más de un cum, eligiéndose un jefe de guerra o caudillo. Excepcionalmente las tribus podían confederarse con fines bélicos.

Para la guerra disponían de unidades de infantería y de caballería perfectamente adiestradas en su función.

Las prácticas religiosas habían ido aumentando su complejidad. En el periodo de La Tène adoraban a los animales cobrados en las cacerías, a algunos animales domésticos o de pastoreo (caballo, toro, asno, carnero, etc...), a arboles, bosques y frutos, a divinidades femeninas agrarias (las labores agrícolas eran propias de mujeres), a la fertilidad de las plantas, a los dioses del comercio, la música, la guerra, el mar, los ríos, las fuentes y otros; daban culto a las armas (martillo, hacha, mazo y espada); los jefes de cum eran considerados dioses, condición a la que también accedían algunos héroes.

Se prohibía comer a ciertos animales (la gallina, la oca y la liebre). Eran supersticiosos. Creían firmemente en otra vida después de la muerte.

Algunas de sus prácticas religiosas se cree que exigían sacrificios humanos.

Se conocen algunos de sus dioses, siendo los principales: Neto (dios del Sol), Endovélico (dios de la bondad) y Atecina (la diosa llamada Proserpina por los Iberos).

Los habitáculos de la población habían mejorado, y la casa típica en la época será de tres habitaciones: vestíbulo, cocina y dormitorio, con una bodega o almacén bajo el suelo.

 

El Periodo de La Tène en Navarra.

 

Del periodo post-hallstattico o de La Tène se localizan asentamientos en Navarra en los cerros de Leguin, Leguin Chiqui y San Quiraco en Echávarri, Santo Tomas en Ibero, el Castellar de Javier, Edorre de Artajona, la necrópolis de la Torraza de Valtierra y el poblado de la Peña del Saco en Fitero. Este último, por su emplazamiento estratégico, parece un asentamiento militar en la tradición ibérica, y parece que con anterioridad estuvo habitado por una población de pastores que conocían el bronce.

Una necrópolis del periodo se localiza en Echauri, y otras en las cercanías de Navarra (Miraveche en Logroño; Alar del Rey en Burgos). Todos los asentamientos del periodo se han localizado en la Navarra Media y Meridional.

Hacia el 400 a.C. se llevo a cabo la iberización del Valle del Ebro. La extensión de los iberos, cultural sobre todo al principio, parece haber derivado después en una sociedad militar que, formando grupos confederados, pretende extender sus territorios (en las pinturas de los iberos solo aparecen guerreros) y alcanzan la zona de Navarra como veremos en el próximo capitulo.

Pero en las zonas montañosas aun permanecen, quizás ajenos a todo este movimiento político-militar y cultural, los restos de los Pueblos Pirenaicos, que pueblan también Aquitania.

 

Fuente: Revista Keltoi, de estudios celtas


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