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Introducción.
Los
primeros movimientos de lo que ha considerado una cultura proto-celta se
iniciaron hacia el 1.500 a.C. cuando aparecieron los primeros enterramientos
bajo túmulos (cultura protocelta), junto con una cerámica muy típica en sus
formas y con ornamentación de incisiones profundas muy artísticas. Esta
cultura protocelta desarrollada en la Edad del Bronce Medio, se difundió por el
Sur de Alemania, Alsacia-Lorena, Franco Condado, y Norte de Borgoña, con origen
en la meseta de Suabia, pasando después, hacia 1.300 a.C., al Este y Norte de
Francia.
Hacia
el 1.200 a.C. la franja galaico-portuguesa adquiere una personalidad
diferenciada por los contactos con tierras atlánticas septentrionales (Bretaña
e Irlanda) eclosionando una cultura con abundantes objetos de oro.
Hacia
el 1.200 a.C. se produjo la gran emigración indoeuropea que desplazo a los
grupos protoceltas hacia Francia Central y la cuenca del Ródano (1.200 a 900
a.C.), y a los grupos ilirios hacia el Norte de Italia y Provenza.
Los
Ilirios, que probablemente habían provocado la emigración de los Dorios hacia
Grecia, fueron a su vez expulsados de sus tierras en el Danubio Central, o
iniciaron un movimiento expansivo hacia Austria y la Meseta Suiza (y más tarde
hacia el Norte de Italia y el Mediodía francés), alcanzando la región del
Rhin, provocando la emigración de los grupos protoceltas cuyo centro estaba en
la meseta suaba, y que ejercían su influencia por parte de Francia oriental y
del Nordeste. En la zona del Rhin se mezclaron con los grupos de lengua
indoeuropea allí establecidos, por los que acabaron absorbidos, si bien es
probable que alguna influencia cultural iliria se trasladara a la futura cultura
de Hallstatt.
Se
inicia entonces el llamado periodo de la Cultura de los Campos de Urnas, en el
cual las culturas protoceltas que practicaban la inhumación en túmulos van
adoptando el sistema de la incineración practicada por los ilirios, y por otros
pueblos indoeuropeos, que acabará predominando, después de un periodo en que
la incineración convive con la inhumación en túmulos.
Las
culturas del bronce tardío persisten con la inhumación, mientras la mayor
parte de los grupos protoceltas y los grupos indoeuropeos practican la
incineración.
Ha
sido posible dividir el desarrollo de esta cultura en tres fases: preliminar,
colonizadora, y de estabilización.
Fase
preliminar.
Esta
fase constituye una etapa de transición entre el Bronce Medio y el Bronce
final. Es característica de esta etapa la mezcla en las necrópolis de los dos
sistemas de enterramiento, inhumación en túmulos e incineración.
Se
cree que tribus o grupos protoceltas, probablemente poco numerosos, se
deslizaron entre grupos de población con culturas neolíticas tardías, instalándose
en pasos estratégicos (vados de ríos y afluentes).
El
primer periodo o periodo preliminar (1.200 a 1.100 a.C.) da paso a un segundo
periodo (1.100 a 1.000 a.C.) que comprende una época de colonización y
apropiación de tierras y de inicio del cultivo de la tierra.
Es
en esta época cuando se produce un avance decisivo en la técnica del bronce:
se vierte el material fundido en moldes de núcleo reservado, batiéndolo y
endureciéndolo, logrando obtener chapas bastante delgadas que se usaban para
confeccionar recipientes complicados.
La
cerámica también alcanzó notable perfección, y aunque todavía no se conoce
el torno, las piezas de cerámica (inspiradas en las complejas piezas obtenidas
con laminas de bronce) son de gran finura en la superficie y de un pulido y un
acabado extraordinarios.
La
incineración se extiende y se hace casi general.
Las
excavaciones de poblados muestran unos “fondos de cabaña” (zona excavada de
uno a dos metros donde se localizan hallazgos) que por su densidad indican la
existencia de verdaderos poblados.
La
economía pasa de un predominio pastoril del final del bronce a una economía
predominantemente agrícola. El uso de la hoz de bronce, y la invención de los
carros con ruedas contribuyen al desarrollo de la agricultura y la población
que la practica tiende a volverse sedentaria.
La
tercera época (1.000 a 900 a.C.) supone una nueva época de estabilización y
de traslados locales de poblaciones, reapareciendo los enterramientos en túmulos
(quizás hechos por las poblaciones que se liberaban de la presencia protocelta
o por las poblaciones recién sometidas) y la decoración cerámica de
incisiones profundas.
No
cabe duda de que la cultura de los campos de urnas se difunde en esta época por
toda la Galia y penetra en la península Ibérica, probablemente por los pasos
centrales del Pirineo. Quizás con anterioridad habían penetrado elementos del
grupo ilirio, antes del año 1.000 a.C., procedentes de Italia o Provenza, como
sugieren Martín Almagro o Santaolalla.
Entre
el 900 y el 800 a.C. se produce un cambio climático decisivo. De un clima cálido
y seco se pasa a uno que ocasiona lluvias persistentes e inundaciones en serie.
Las poblaciones del Sur de Navarra (entre otros lugares) abandonan sus hábitats
en las zonas bajas a orillas de los ríos.
La
penetración protocelta y celta al Sur de los Pirineos.
La
penetración celta en la Península Ibérica la dividiremos en cuatro Fases:
1)
Fase ilírica probablemente alrededor del 1.000 a.C., dudosa y en todo
caso muy escasa. Algunos grupos ilíricos pudieron llegar a la Península y
remontar el Ebro. En todo caso quedaría circunscrita a Navarra y tal vez a
Catalunya.
2)
Fase Protocelta, desarrollada hacia el 950 a 700 a.C., con incidencia en
Catalunya desde allí pasó a Navarra por el Valle del Ebro, y se extendió
también hacia el Levante.
Se subdivide en cuatro periodos:
a)
Periodo Catalán I, 950 a 850 a.C. en que los protoceltas se asientas en
parte de Catalunya y parte de Aragón.
b)
Periodo de extensión 850 a 750 a.C. en que los protoceltas se extienden
por el Valle del Ebro y llegan a Navarra.
c)
Periodo de asimilación 750 a 650 a.C. Introducción de la cultura
Indoeuropea en la población local de las zonas en las que se han establecido
los protoceltas.
d)
Periodo Catalán II, 650 a 500 a.C. Considerado bien una nueva oleada de
emigrantes indoeuropeos, o bien un periodo de decaimiento de la religión de los
celtas.
3)
Fase de la Cultura de Hallstatt, 700 a 500 a.C.
Se subdivide también, en este
caso en tres periodos:
a)
Periodo de llegadas a Navarra.
b)
Periodo de llegadas a la Meseta.
c)
Periodo de llegadas al Norte y Noroeste.
4)
Fase post-hallstattica y de La Tène, 500 a 300 a.C.
Se divide en tres periodos:
a)
Llegada de los galos, 500 a 450 a.C.
b)
Perduración de la cultura de Hallstatt, 500 a 450 a.C.
c)
Periodo de La Tène, 400 a 300 a.C.
Los
protoceltas en la Península Ibérica.
Probablemente
alrededor del 900 a.C. los primeros grupos protoceltas, cruzaron los Pirineos y
se establecieron cerca del Ebro en las actuales provincias de Lleida y Zaragoza,
construyendo poblados cercanos a manantiales y ríos, aunque a menudo situados
en pequeñas alturas. Algunos historiadores sostienen que algunas oleadas de
protoceltas, aun en la tradición de la Cultura de los Túmulos, cruzaron los
pasos Pirenaicos occidentales hacia el 950 a.C. (o quizás antes) y alcanzaron
Navarra, pero lo cierto es que la mayoría de los protoceltas que penetraron (o
tal vez todos) ya pertenecían a la cultura de los Campos de Urnas. Los grupos
protoceltas que alcanzaron la Península no constituían grupos numerosos, y difícilmente
alteraron el status étnico en caso de alcanzar Navarra al principio del periodo
(900-850 a.C.); pero después la emigración de los grupos protoceltas
establecidos en Aragón y Catalunya, (junto a la posterior aportación de los
grupos indoeuropeos de la cultura de los Campos de Urnas y de la Cultura de
Hallstatt o celtas de los que después hablaremos), si que incidieron en la
composición racial de diversas regiones, y es perceptible en la Baja Navarra
(en cambio no debió ser significativa en la zona más cercana a los Pirineos).
Los
primeros protoceltas construyeron poblados con cabañas. Estas cabañas eran de
madera y de forma circular, con una sola cámara y una única puerta de acceso,
y con el tejado en forma de cúpula hecho con ramaje y paja.
Con
los protoceltas llegó la técnica de la fundición del hierro, pero su uso fue
muy escaso. De hecho objetos de hierro anteriores a la llegada de los
protoceltas ya existían en la península y no parece que la llegada de pueblos
que dominaban su fundición incrementara notablemente su numero.
Los
protoceltas establecidos en la Península cultivan el trigo y la cebada y se
dedican al pastoreo de ganado vacuno y lanar, y seguramente al comercio.
Probablemente coincidiendo con los cambios climáticos, estas poblaciones
remontan el Ebro buscando nuevos asentamientos (hacia el 850 a.C.) y alcanzan
Navarra donde aun pervive una cultura neolítica con escasa penetración de los
metales, habitada por la raza Pirenaica extendida desde Aragón a la cornisa
Cantábrica.
Conocemos
varios establecimientos protoceltas, y entre ellos el de Cabezo de la Cruz, en
Cortes, en medio de una llanura aluvial del Ebro. Este establecimiento nos
muestra una población de agricultores y ganaderos, cuya cultura perduro hasta
el 700 a.C. en que fue sustituida por otra oleada indoeuropea caracterizada por
la fabricación de cerámica de cuello cilíndrico, destinada a perdurar hasta
al menos el 400 a.C.
Estos
primeros establecimientos protoceltas, introducen la agricultura como actividad
principal en el Valle del Ebro, donde hasta entonces se había practicado muy
limitadamente. Sus técnicas les permiten no solo el cultivo del trigo y la
cebada, sino que introducen también el mijo y otros cultivos hortícolas como
el nabo. Crían además ovejas, vacas y cerdos y se dedican a la caza sobre todo
de ciervos. Sus asentamientos son permanentes. En todos los establecimientos
estudiados se localizan numerosos enterramientos en la necrópolis del poblado,
en la tradición de los Campos de Urnas, sin que se conozcan túmulos o estelas
indicadoras.
En
la misma época (hacia 850 a 700 a.C.) se constata la utilización de cuevas
artificiales, una de las cuales, bastante notable, es la Valtierra, ocupada sin
duda por población indígena, y cuyo uso perduro durante todo el periodo
llamado de Hallstatt, lo que no constituye un hecho aislado.
La
vida en Navarra a la llegada de los Protoceltas.
El
hombre de Cro-Magnon evolucionado y receptor de influencias culturales foráneas
había dado origen al hombre del Mesolítico y este a su vez al del Neolítico
que aun pervivía en Navarra a la llegada de los indoeuropeos, a pesar de una
limitada penetración de los metales.
En
la Edad del Bronce la cultura neolítica existente en Navarra no había dado
lugar aun a una homogeneización del pueblo en sus diversos aspectos, pero a
través de los intercambios culturales y comerciales empezaba a existir un
cierto sentimiento de colaboración. Las tribus vivían generalmente en paz y
conservaban cada una su autonomía completa. Era necesario un elemento exterior
que sirviera de aglutinante para que pudiera pasarse a un estadio superior de
pueblo (en el sentido nacional y no político) con amplias características
homogéneas, dentro de la variedad de las diversas tribus.
Precisamente
antes del 800 a.C. se produjo un cambio climático que hizo pasar de un clima cálido
y seco a uno de lluvioso que originaba inundaciones, obligando a las poblaciones
a abandonar sus hábitats en los llanos y en las cercanías de los ríos y
poblados lacustres y a refugiarse en zonas mas altas.
Este
hecho coincidió aproximadamente con la aparición de los protoceltas y ambos
hechos conjuntamente pudieron ser el detonante que sirviera de aglutinador de
estas poblaciones.
Con
los celtas llega a los pastizales del Norte Pirenaico la técnica de la
incineración de los cadáveres, que hasta entonces no solo no era practicada,
sino que era desconocida en la zona.
Los
primeros celtas que aparecieron en la zona de Navarra procedían del Este.
Seguramente algunos grupos pudieron usar estas tierras como lugar de paso hacia
el Sur, cruzando los Pirineos por todos los pasos, para seguir su camino mas
hacia Mediodía; mas tarde se establecieron en el Oeste y centro de España,
donde impusieron su cultura y su lengua.
Los
celtas que se establecieron en Navarra no lo fueron en numero suficiente como
para alterar el status étnico y lingüístico de la zona. Pero su mayor
desarrollo cultural, su dominio del hierro, su dinamismo expansivo, les hacía
superiores a los elementos autóctonos sobre los que sin duda ejercieron algún
tipo de influencia.
Los
autóctonos vivían en paz y la llegada de unos invasores que a veces ocupan sus
tierras o que cuando menos necesitan abastecerse sobre el terreno, que
seguramente saquean aprovechando su superioridad, y que imponen costumbres foráneas
que al principio hubieron de chocar a los nativos, hubo de provocar una reacción
de los pueblos de la región, que tendieron a agruparse y unirse.
Podemos
establecer ciertos paralelismos entre la invasión de los celtas y la de los bárbaros
en el Siglo V: la invasión es poco numerosa, espaciada en el tiempo, y
efectuada por grupos diversos; no imponen su lengua, aunque si muchas costumbres
y leyes.
Se
ignora si los protoceltas (y los celtas después) gobernaron sobre parte de la
población autóctona de Navarra, pues nada permite afirmarlo o negarlo, pero a
lo largo de la historia existen muchos ejemplos de que cuando un pueblo domina a
otro militarmente, lo gobierna también políticamente, si bien al ser
minoritario llega un día en que vuelve a haber solo un pueblo: es el invasor
quien queda absorbido. Esta fue probablemente la situación en Navarra: una
población autóctona que es sometida a una clase dirigente protocelta o celta;
la población autóctona adopta las costumbres de los dominantes, pero la etnia
y la lengua de estos acaba difuminada entre una población mas numerosa.
La
llegada de los grupos protoceltas primero y después los indoeuropeos agrupados
en la denominación de celtas, se desarrolla a los largo de muchos años, entre
el 900 a.C. y el 600 a.C.
Los
hallazgos arqueológicos permiten establecer diferencias temporales y otras de
matices, que indicarían diferencias nacionales.
Los
poblados de este periodo son pequeños y de estructura rudimentaria. Los indígenas
se adaptaron a ellos a lo largo de varias generaciones, mientras duro la
penetración protocelta y durante mucho tiempo siguieron viviendo en cuevas. Las
casas tenían las paredes de piedra con cámaras rectangulares. No se emplazaban
en sitios de fácil defensa lo que nos permite suponer que los protoceltas habían
sometido fácilmente a los indígenas, y que no temían a los que no estaban
sometidos, si es que los había.
Los
protoceltas labraban la tierra y se dedicaban también al pastoreo. Fueron ellos
quienes introdujeron probablemente el arado. Se sabe que cultivaban el trigo, la
cebada, el mijo y los nabos y que criaban cerdos, ovejas y vacas.
En
cambio la población autóctona, tanto la que fue sometida como la que pudiera
haberse mantenido libre, conservo la costumbre de vivir en cuevas, costumbre que
fue desapareciendo lentamente.
La
religión de los recién llegados fue adoptada con cierta rapidez hecho
contrastado por la vinculación de las prácticas religiosas a las prácticas
funerarias, habiéndose hecho general la incineración introducida por los
protoceltas a partir del 600 a.C., ya en pleno periodo celta.
Los
protoceltas poseían armas de hierro, cuya técnica de fundición aprendieron de
los hititas hacia el 2.500 a.C., quienes también la difundieron en Egipto y
Mesopotamia. Pero a su llegada la mayoría de sus armas e instrumentos era aun
de bronce y el hierro se introdujo con cierta lentitud.
Se
conocen espadas de bronce de este periodo, que no son muy diferentes de las del
periodo posterior.
Parece
seguro que los protoceltas llevaron consigo a los caballos, animales que había
existido en Navarra en el Paleolítico, pero que después habían emigrado y
desaparecido de la región con los cambios climáticos. Lo utilizaban para sus
desplazamientos y como animal de carga. El uso del caballo hubo de suponer un
cambio trascendental para la vida cotidiana: permitía desplazarse con bastante
rapidez y en distancias largas, facilitaba los desplazamientos y las
comunicaciones y sustituía con ventaja al buey y al asno como animal de carga.
El disponer del caballo combinado con la tenencia de armas de hierro daba a los
celtas una indudable superioridad militar sobre las atrasadas poblaciones autóctonas
y les permitía moverse en grandes espacios geográficos, con notable rapidez, y
constituir una fuerza hegemónica.
Otras
novedades aportadas por los protoceltas fueron la cerveza de cereales y el vino.
La
cerveza de cebada u otros cereales fue introducida por los primeros emigrantes,
y tomo el nombre de celia o ceria (en Francia fue llamada cervisia). Seguramente
por influencia de las costumbres locales, la cerveza de la península Ibérica
era distinta a la de Francia y se elaboraba con trigo y agua fermentada. Pronto
aprendieron a elaborarla con gran habilidad y se conservaba largo tiempo. Se
sabe que la cerveza de cebada fue usada por frigios, tracios, armenios e
ilirios; entre estos últimos era de consumo frecuente hacia el 1.200 a.C.
El
vino era conocido de los pueblos indoeuropeos desde tiempos remotos, quizás
antes de desgajarse del tronco indo-ario (hacia el 3.000 a.C.), y también era
conocido en Egipto y Oriente Medio. No esta claro si los indo-arios lo
aprendieron en la zona durante su paso por ella. El vino se difundió hacia el
2.000 a.C. por Grecia y los Balcanes, difundiéndolo especialmente los Ilirios
(1.500 a 1.000 a.C.) y después los grupos protoceltas y celtas (1.000 a 600
a.C.) con los cuales llego seguramente a Navarra. No obstante, puesto que el
vino era conocido de los fenicios, y había sido introducido por ellos en el Sur
de la península, pudo también haber llegado por esta vía.
El
final de la cultura de los Campos de Urnas.
La
Cultura de los Campos de Urnas (1.200 a 725 a.C.) que se extendía por gran
parte de Francia y el Sur de Alemania, parte de Italia y el Valle del Ebro en la
Península Ibérica, entro en decadencia y acabo desapareciendo bajo el influjo
de la emigración de pueblos extranjeros, empujados a su vez por los jinetes
tracio-cimerios procedentes de Ucrania y el Sur de Rusia, y estos a su vez
empujados por los escitas.
La
presión ejercida por los pueblos escitas en el Siglo VIII a.C. obligo a los
pueblos establecidos en las estepas de Ucrania y el Sur de Rusia, del grupo
tracio-cimerio, a emigrar, remontando el Danubio, llegando a Hungría y luego a
Baviera, desplazando a los poblaciones de estas zonas, agrupados en el grupo
“celta”.
Estos
emigrantes, en contacto con los orientales, dieron origen a la llamada cultura
de Hallstatt.
Fuente: revista Keltoi de estudios celta
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