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HANUSEEN, EL VIDENTE DE LOS NAZIS QUE NO ACERTÓ NI UNA
Francisco Máñez


En todos los tiempos ha existido grandes videntes que han hecho predicciones, se les ha podido ver en los teatros, delante de las cámaras de televisión y los brillantes focos, o dedicándose a adivinar el destino por poco dinero desde el fondo de un oscuro cuartucho.

Un gran conocimiento del mundo, facultades nada corrientes para toda suerte de combinaciones y una inteligencia muy por encima de la normal, eran los recursos de los que se valían, antes, los más significados profetas y videntes.

Hoy ni eso es necesario, basta con comprarse una baraja de tarot y montarse una consulta en casa. Si tiene más aspiraciones económicas, simplemente creará un servicio telefónico de videncia, cobrando por no adivinar nada.

En otros tiempos por lo menos trabajaban en sus fraudes y aparentaban realizar profecías aparentemente extraordinarias. Los trucos muy bien pensados y de gran refinamiento les aseguraban el favor de las masas que se traducía en grandes cantidades de dinero.

Erich Steinschneider, o bien, como se hacia llamar profesionalmente, Erik Jan Hanussen, fue uno de los representantes más interesantes de su gremio. En los cinco años que mediaron entre 1928 y 1933 brilló de manera especial en una Alemania necesitada de esperanza.

La videncia y la predicción fueron tan productivas que le permitieron comprar un palacio en Berlín. Las empresas de cine, el teatro, la política y la gran industria figuraban entre los clientes que mejor le pagaban.

Sabía perfectamente cómo valerse de la técnica: había instalado micrófonos en todos los rincones; en su mesa escritorio de cuatro metros de largo tenía un aparato receptor. En la sala de espera, incluso durante su ausencia, un discreto espionaje le servia para sus fines. Un servicio de información que habría hecho honor a una agencia de detectives le tenía al corriente sobre cuanto le convenía saber.

Contaba entre sus clientes a los políticos nacionalsocialistas Hess, Röhm, el conde Helldorf y Ernst. En especial Hess creía en él, pero ni con su apoyo el genial charlatán pudo cumplir su aspiración de llegar hasta Hitler, que pese a su afición de la juventud al ocultismo era ya muy reacio al esoterismo.

Hanussen se desenmascaró a sí mismo trágicamente, cuando sin vérselo venir siguió a dos hombres que fueron en su busca después de una representación en el Scala de Berlín para asesinarlo. ¿Por qué Hanussen no pudo escapar a su muerte, si poseía la facultad de la videncia?

Una mirada retrospectiva a las profecías políticas de Hanussen nos permite formarnos un juicio de sus facultades como profeta. En 1932 predijo para el año siguiente:

A Alemania le serán asignadas algunas colonias (no recibió ni una sola).

El bolchevismo hará en 1932 un avance desesperado y su sistema actual se desmoronará (ocurrió algo muy distinto).

Francia y Alemania se darán la mano económicamente en 1932; de esa unión resultará un gran incremento en el comercio (sucedió lo contrario pues se denunció el tratado comercial franco-alemán).

Pese a su indudable inteligencia, Hanussen fue un infeliz que engañó a algunos nazis y pagó el precio con su vida.


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