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Los antiguos textos deparan, a los estudiosos modernos, innumerables sorpresas. Quienes los tradujeron en primera instancia no supieron ver la magnitud de conocimientos que contenían. Por eso, durante siglos, los hombres lo interpretaron como relatos míticos y teológicos, donde la realidad se mezclaba con la fantasía y el lenguaje vulgar con el metafórico. Ciertos pasajes, incompresibles para la mente de los hombres hasta hace pocos años, fueron interpretados como trozos literarios en donde se había dejado volar la imaginación o como expresiones simbólicas y metafóricas.

Sin embargo, a la luz de los nuevos descubrimientos científicos y de los conocimientos que hoy se poseen, estos textos adquieren una dimensión de realidad que asombra. Hay en ellos tanta sabiduría que no cabe menos que admirarnos. ¿Cómo es posible que aquellos hombres poseyeran conocimientos que a nuestra humanidad le llevó siglos lograr? Pensamos que es bastante significativo que los libros sagrados de todas las religiones y los textos más antiguos coincidan en el mismo relato. Si hiciéramos un análisis comparativo, veríamos que, con pequeñas diferencias, todos nos relatan lo mismo. Y que hay pequeños de talles que se mencionan entre ellos y que el hombre prefirió pasarlos por alto porque no podía interpretarlos.

Sin embargo, si bien es posible que en algunos de estos libros la imaginación exceda a la realidad, no podemos pensar que hombres tan distintos, de pueblos diferentes, y cuyos testimonios se encuentran en las partes más alejadas de este mundo, hayan podido imaginar idénticas cosas.

Pensemos en el origen: ¿cómo surgió el hombre en la faz de la Tierra? La Biblia (Génesis, cap. 2)nos dice: "Mas subía de la tierra un vapor que regaba toda la faz de la tierra. Formó, pues, Jehová, Dios, al hombre del polvo de la tierra y alentó en su nariz soplo de vida: y fue el hombre alma viviente"

Hasta hace poco tiempo esta explicación sólo podía ser interpretada como la manifestación de un poder divino. Por eso  es que los científicos buscaron explicar de formas muy distintas la aparición del hombre en la Tierra. Hasta hace unos años la química aseveraba que de materia inorgánica (la tierra) no podía haber surgido materia orgánica (vida) salvo por el empleo de poderes sobre, naturales o divinos.

Tal afirmación se vio refutada por una experiencia realizada en 1953 por el doctor Stanley Miller. Se basó Miller para su experimento en la composición de la atmósfera terrestre cuando todavía no existía sobre ella la vida. Los elementos fundamentales que componían la atmósfera eran: metano, hidrógeno, amoníaco, vapor de agua, acetileno y ácido cianhídrico. Supuso Miller que la atmósfera permitía que los rayos ultravioletas se filtraran con mayor facilidad. Dice la Biblia que luego de la creación del cielo y de la tierra, y antes de la aparición del hombre sobre la misma, hizo Dios llover. Siguiendo esta explicación, introdujo Miller dentro de la campana de cristal -donde había creado la atmósfera primitiva- dos electrodos que arrojaban chispas de 60.000 voltios. Provocó esta tormenta artificial. Rayos y truenos estallaron en la campana. El vapor de agua se condensaba y subía en forma de nube. Al enfriarse nuevamente la atmósfera, llovía, y así sucesivamente durante una semana (siete días duró la creación. Al finalizar el experimento pudo comprobarse que donde antes había materia inorgánica habían aparecido ahora aminoácidos. Debemos aclarar que los aminoácidos son los principales componentes químicos de los seres vivos.

La Biblia nos dice: "Y Jehová Dios hizo caer sueño sobre Adán, y se quedó dormido: entonces tomó una de sus costillas y cerró la carne en su lugar, y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre hizo una mujer, y trájola al hombre."

Hay quienes sostienen que Adán y Eva fueron en un principio gemelos, procedentes de la misma célula, unidos entre sí por la costilla. Bien puede ser que lo que aquí se relata sea simplemente una operación como las que se realizan actualmente para separar los gemelos unicelulares que comparten el mismo órgano. El sueño que Dios hizo caer sobre Adán puede ser una especie de anestesia. "Y cerró la carne en su lugar” puede ser la sutura luego de la operación. La mitología persa nos dice que los primeros hombres, Jima y Jimeh, fueron hermanos gemelos. También la mitología india se refiere a estos primeros seres, a quienes llama Jama y Jami. Ambas mitologías afirman que eran inmortales. Bastante significativo es también el relato del pecado original. Dios dice al hombre que puede comer de todos los árboles del huerto: "Mas del árbol de la ciencia del bien y del mal, no comerás de él, porque el día que de él comieres, morirás" Poco tiene que ver la advertencia que Dios les hace sobre el árbol con el sexo, pues por otra parte dice al hombre que crezca y se multiplique. El árbol del que el hombre no debía comer era el árbol de la ciencia. ¿Qué se entendía por ciencia del bien y del mal? ¿Qué quería Dios que los hombres no supieran?

El pecado de los hombres trae como consecuencia la mortalidad ala raza humana. Esto hace pensar que los hombres fueron en un principio inmortales.

La mitología de todos los pueblos alude a la existencia de estos seres de tamaño desproporcionado con respecto a los demás mortales. Se les atribuyen facultades superiores y hasta se dice que eran inmortales, si bien podían morir en una batalla o por muerte provocada.

Los hombres aceptan con más facilidad el gigantismo en las plantas o en animales que en el hombre. Sin embargo, hay pruebas en distintas eras geológicas de la existencia del gigantismo. En la era primaria hubo un gigantismo vegetal. En las eras secundaria y terciaria se observa la preeminencia de gigantismo animal.

Esas enormes plantas y animales prehistóricos fueron, a causa de la erosión, sepultados bajo enormes capas de tierra. Al entrar en descomposición dieron lugar a la hulla y al petróleo. Los museos de ciencias naturales de todo el mundo guardan los restos óseos de estos fabulosos animales: dinosaurios, mamuts, cliptosaurios, etc. También se han hallado restos que prueban la existencia, en la era terciaria, de gigantismo humano (como el de un hombre mono de cuatro metros de altura, hallado en 1946 por Von Koenigsvald) Si la existencia de estos gigantes fuera probada se aclararían unos cuantos misterios que rodean las construcciones primitivas que se encuentran en distintos sitios del planeta y que fueron realizadas con piedras de 600 a 1.000 kilos. El gran enigma que subsiste es: ¿Cómo se hizo para trasladar estas piedras? Aún hoy no podemos explicarlo, pues ni empleando los métodos más modernos lograríamos hacer una construcción de este tipo. Un ejemplo de lo que estamos diciendo es el basamento del Gran Templo de Baalbe.k en Siria. Este basamento fue encon, trado por los griegos y sobre él erigieron el templo. No se sabe cuál es el origen de este basamento, posiblemente sea una construcción que se abandonó antes de finalizarla (¿por qué?). Posiblemente algún pueblo que vivió en esa zona antes de la llegada de los griegos sea el autor de esta obra. Pero, ¿cómo lo hicieron? Cada bloque de piedra mide veinte metros y pesa un millón de kilos. Actualmente para trasladar esas piedras desde la cantera de origen harían falta 50.000 hombres, y aun así resultaría difícil. Sin contar con que luego habría que elevarlos hasta la altura de siete metros, donde están colocados. ¿Podían estos gigantes tener la fuerza de 50.000 hombres? ¿O poseían técnicas tan desarrolladas como aún se desconocen? De cualquier forma, aunque se probara la existencia de estos seres, muchas dudas quedarían aún sin resolver. ¿De dónde vinieron? ¿Eran seres de éste o de otro planeta? ¿Cómo alcanzaron ese grado de civilización? ¿Por qué desaparecieron?

La existencia de estos seres aclararía también la longevidad de los hombres antediluvianos. Según dice la Biblia Adán vivió novecientos treinta años, Seth ochocientos siete, Enoc novecientos cinco, etc. Tal afirmación no parecía tan absurda si pensamos que quizá Adán y sus descendientes fueran gigantes. ¿Por qué? La longevidad y el gigantismo se explican por la misma causa. Es posible que en aquella época haya habido en la Tierra un aligeramiento de gravitación, lo cual presentaría las condiciones necesarias para la existencia del gigantismo. La muerte natural es producida por el desgaste fisiológico y la aniquilación de las corolas del sistema nervioso. Esto está en estrecha relación con el peso de un cuerpo. Al ser la gravedad más ligera el peso es menos y, por lo tanto, se desgasta menos, lo cual permite una vida más prolongada.

La mitología germánica nos dice que el primer hombre fue un gigante, Ymir. De su sudor, mientras dormía, nacieron un hombre y una mujer que también fueron gigantes.

Los fenicios sostenían que los primeros habitantes del mundo habían sido gigantes y a ellos se debía la creación del fuego, los vestidos y las viviendas.

La mitología india reafirma esta creencia. Según cuenta, estos primeros gigantes que habitaban la Tierra fueron destruidos poco a poco por los hombres con ayuda de los dioses. Vemos nuevamente aquí una distinción entre hombres, dioses o gigantes como la que hace la Biblia.

En la mitología griega encontramos esa misma diferenciación y son abundantes las referencias a los gigantes. A algunos de estos gigantes se les atribuyen cualidades benéficas y otros en cambio son descritos como malvados y hasta antropófagos.

En Egipto se considera a Isis y Osiris como dioses supremos iniciadores del poderío egipcio. Isis y Osiris eran hermanos y esposos. Tenían un hijo, Horns. Eran justos y enseñaron a los hombres las artes de la labranza, les organizaron en una sociedad dirigida por leyes y principios religiosos. Seth, su hermano, envidioso de la felicidad de ambos, decidió tenderles una emboscada y acabar con Osiris. A tal fin organizó con sus secuaces un banquete al que invitó a su hermano. Todo hace suponer que Osiris era un gigante, pues para hacerle caer en la trampa Seth mandó construir un enorme cajón. Al fin de la comida, luego de haber bebido en abundancia, todos los invitados se hallaban alegres y Seth ofreció un premio para aquel que lograra con su cuerpo llenar aquel cajón. Los setenta invitados del banquete probaron, pero sólo Osiris logró llenarlo (lo cual nos da una muestra de su tamaño) Entonces Seth y sus cómplices cerraron el cajón y lo arrojaron al mar.


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