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Al
hablar de los callaeci o los kallaikoi, diferentes historiadores como Menéndez
Pidal y Martínez de Padin, les definen como un pueblo ubicado en el noroeste de
la Península, que vive en las montañas y que es difícil de vencer. Estos callaeci
constituyen para dichos escritores una unidad superior, similar a la de los
lusitanos, cántabros, vascones o satures. Pero este es un tema en el que las
diversas investigaciones no han logrado determinar con precisión si los callaeci
eran un pueblo que sobresalía sobre los otros que habitaban el territorio de la
actual Galicia, o si con este nombre se pretendía ya designar a los habitantes
de una región constituida por varios pueblos. Pero lo que más nos puede
interesar son las características generales de estos pueblos: la unidad básica
era la familia. Sobre esta existía una organización superior territorial. Tenía
dos jefaturas: una colegial de los ancianos, y otra personal de los que eran más
significativos en la guerra o por su astucia y prudencia. Vivían en castros que
eran lugares elevados, dominando un valle o sobre la costa, con una clara posición
estratégica.
Por
encima de la familia estaban los populi, que eran los que poseían la organización
jurídico militar.
Por
esto podemos, con cierta certeza, afirmar que su grado de organización era
altamente elevado por sus esporádicas vinculaciones con los lusitanos o los cántabros,
para luchar contra los romanos, y estos al romanizarlos equipararon a sus
gobernantes con sus duces o magistratus. COSTUMBRES REFERENTES AL CICLO VITAL
Un
hecho muy curioso que se practicaba antes, y del que todavía gente anciana nos
puede dar fe de su existencia, es el del famoso bautismo prenatal, que tenía
todo un protocolo. Se efectuaba cuando una mujer no conseguía un parto normal.
Cuando iba ya a dar a luz se la llevaba a un puente, a ser posible que tuviera
un cruceiro. El bautismo se tenía que realizar a medianoche y se prohibía el
paso a toda persona que intentara cruzar el puente antes de esa hora. A las doce
se requería al primer transeúnte para que actuara de “ministro”, y se le
entregaba agua y sal. En la lengua de la parturienta depositaba la sal y sobre
el vientre derramaba el agua, al tiempo que se pronunciarían en el sacramento
bautismal: Yo te bautizo... Luego cenaban invitando al que había hecho
de ministro, y al terminar arrojaban al río las sobras de la cena.
De
herencia céltica es la obsesionante inquietud del gallego por la muerte, que lo
domina todo. Según las creencias celtas, el mundo de los vivos está más próximo
al de los muertos durante las horas de la oscuridad. Una persona nacida por la
noche podía ver fantasmas, y quien se aventuraba a salir de casa por la noche
se arriesgaba a ver “gente pequeña” entre las que podía encontrar a sus
familiares difuntos. Los druidas que existieron en la Galicia de Maeloc eran
miembros de la clase sacerdotal heredera en la tradición celta. Eran
educadores, jueces y sacerdotes y creían en la inmortalidad y en la
metempsicosis, es decir en la trasmigración del alma.
Pero
quizá el hecho más interesante dentro de la obsesión gallega por la muerte
sea la Santa Compaña o Estedea. Deambulaban por los caminos, eran las ánimas
que vagaban por la noche y atemorizaban a aquel intrépido que anduviera a altas
horas de la noche por calles solitarias. Se sigue con la macabra idea de que
quien se la encuentra es que le queda poco tiempo de vida.
OTRAS
CREENCIAS POPULARES DE ETIMOLOGÍA MÍTICA
Una figura representativa dentro de estas fiestas es el cigarrón, piliqueiro o felo; dependiendo del lugar de Galicia donde nos encontremos recibe diferente nombre, aunque sus acciones y festejos sean similares a todas las regiones. Se dice que estas fiestas recuerdan la fecundidad de la tierra y de la mujer, tan importante en el mundo celta. También se asocia con las Saturnales romanas y a festejos anteriores. Este felo o piliqueiro recoore el pueblo dando trallazos con el látigo, que pueden recordarnos ritos analógicos de tipo fertilizantes. También relacionado con el Entroido es la quema del Meco, con el entierro de la sardina... en definitiva era quemar un muñeco que luego tiraban al río. Son ritos de expulsión en donde el muñeco representaba el invierno. Así en Roma las Vestales arrojaban muñecos de paja al Tíber, con fingido llanto, como en muchos lugares de Galicia. El culto de las piedras aparece documentado desde la prehistoria. Tienen funciones diversas: funerarias, curativas, adivinatorias, fertilizantes... Las encrucijadas poseen asimismo, carácter mítico. En la religión celta las Matres o Matronae, númenes romanizados de la fertilidad, llevan tras el nombre de la divinidad, a veces, las palabras biviae, triviae, que demuestran su carácter accidental de diosas de las encrucijadas. En estos lugares se enterraban a los niños muertos sin bautismo, los entierros se paraban aquí para rezar el responso. Lo más curioso es la creencia en seres fantásticos, que son pequeñas divinidades de diferente origen que irrumpen en la vida diaria. Ejemplo deeste tipo de seres son: el Canouro, espíritu del campo y de los bosques, las Ouvas en las que pueden reconocerse a las Ouvanas célticas, las Sereniñas do mar, que son ninfas marinas, los trasnos o demos, son demonios que podrían tener alguna similitud con los demonios asirio-babilónicos de acción poco eficaz.
EL ARTE QUE NOS DEJAN ESTOS
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