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     Desde tiempos inmemoriales se han realizado exorcismos, originariamente eran los brujos, hombres de poder o chamanes que intentaban expulsar los demonios de una persona e incluso de un hogar determinado. Posteriormente algunas religiones también realizaron este tipo de prácticas, sobre todo la cristiana, que oficializó el exorcismo a través de un rito perfectamente reglamentado. Pero hay un exorcismo diferente, inhabitual y del que pocas veces se ha hablado, se trata del exorcismo realizado a la ciudad de Roma. Para poder comprender mejor por qué se llegó a realizar, tenemos que retroceder en la historia e irnos a los primeros años de la época cristiana en la ciudad eterna.

     Allí nos encontramos con un hombre, Nerón (37-68 d.C), emperador romano de la familia Julio-Claudia. Hijo de Cneo Domicio y de Agripina la Menor. Se casó con Octavia, hija del emperador Claudio I. Debió su subida al poder a las intrigas de su madre, y contó en un principió con el apoyo del prefecto pretorio, Burro, y del filósofo Séneca. Pero pronto comenzaron los desmanes y excentricidades de Nerón, primero con el envenenamiento de Británico (55) y culminaron con el asesinato de su madre (59). Se convierte en uno de los emperadores más sangrientos y arbitrarios de la historia. Asesinó a sus esposas Octavia y Popea, a Séneca y a Burro. En el 64 quemó Roma y los cristianos fueron acusados de este hecho, aprovechando la ocasión para comenzar un aniquilamiento feroz de los seguidores de Jesucristo. En el 68, el gobernador de Aquitania, Julio Víndex, se sublevó en nombre del pueblo. El Senado declaró al emperador enemigo público y Ninfidio Sabino sublevó a los pretorianos. Loco de terror y abandonado por sus amigos, se suicidó.

    Ni con su muerte Roma quedó tranquila, la tumba de Nerón pasó a ser el centro de reuniones de hechiceros y brujas de toda la ciudad, buscaban inspiración a sus conjuros a través del espíritu de Nerón. Parece ser que nació un nogal en el lugar y en él encontraban refugio todo tipo de espíritus y demonios. E incluso el fantasma del difunto comenzó a ser visto por los alrededores, aumentando el temor de unos y la alegría de otros, en aquel lugar se realizaban auténticos akelarres.

     Hubo que esperar más de 1.000 años para ver cambiar la historia de la tumba del emperador, fue Pascual II, recientemente nombrado Papa, el que decidió dar el paso. En primer lugar impuso a la ciudad un ayuno de 3 días, en la noche del tercero se le apareció la Virgen, indicándole como debía llevar a cabo el exorcismo para liberar a Roma del poder diabólico de Nerón.

     Al día siguiente se llevó a cabo la espectacular ceremonia, entre los rezos de los cardenales y el terror de la muchedumbre, Pascual II desenterró los restos del emperador de debajo del nogal, que fueron arrojados inmediatamente al Tíber. Para dar gracias a la Virgen por la ayuda prestada, mandó erigir una capilla, consagrada a Santa María. Desde ese momento el espectro infernal de Nerón dejó de manifestarse para tranquilidad y descanso de los habitantes romanos, y los brujos tuvieron que trasladarse a otro lugar, más concretamente al Monte Sacro, aunque hay quién aún asegura poder ver el espectro de Nerón rondando por el lugar, quien sabe......

David Garcés Sánchez. 2001.

edavid.g@teleline.es


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