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ESCRITOS REMOTOS
José Ferrer


El 2 de agosto de 1799 un desconocido soldado napoleónico que realizaba trabajos de fortificación a 7 km al noroeste de Rosette, en el delta del Nilo, tropezó con una piedra pulimentada de basalto negro. Era tan grande como un tablero de mesa, finamente granulada y extraordinariamente dura. Además, estaba cubierta de signos y esto la convirtió en una de las piedras más famosas del mundo.

El soldado no podía imaginar el tesoro que había encontrado. Y como no sabía nada de escritos ni de lenguas, tanto más se le tiene que agradecer que no destruyera la piedra con su pico y que informara a Bouchard, su superior, de lo que había encontrado. Y Bouchard, por su parte, pasó el informe a Dhautpoul, el jefe de las tropas de ingenieros. La cuestión siguió su curso por vía oficial. Un general napoleónico, buen conocedor de Grecia, vio de cerca la piedra. Pudo comprobar que los signos estaban grabados en tres lenguas.

Una de ellas era la griega. El general también descubrió que el texto griego era una dedicatoria del sacerdotado de Memfis que enaltecía a Ptolomeo V en el año 196 a. de C. por beneficios recibidos. Esto ya causó una verdadera sensación. Pero ¿que ocurría con los demás signos? Junto a una columna ocupada por 54 líneas de letras griegas, la piedra contenía otra columna con 32 líneas de escritura demótica y 14 líneas con jeroglíficos. ¿Se trataba del mismo texto? Desde el principio se creyó en esta hipótesis. El desciframiento de los misteriosos jeroglíficos ya no parecía presentar dificultades especiales. ¿Acaso no se había encontrado la clave, partiendo del texto griego?

Sin embargo, no se consiguió el desciframiento. Los mejores cerebros de la época se esforzaron inútilmente para encontrar una solución al problema, que no se conseguía con la repetida comparación de los textos. Además, las investigaciones seguían los datos de Horapolón (400 d. de C.) quien había dejado una detallada descripción de la ininteligible escritura de los antiguos egipcios, citada ya por Herodoto, Estrabón y Dionidoro, pero que siempre había hablado de una «escritura ideográfica» (o de símbolos), y estos signos no eran tales.

Por fin, F. J. Champollion consiguió en el año 1822 identificar los jeroglíficos como signos plurigráficos (símbolos, letras y signos auxiliares) del antiguo Egipto, consiguiendo también leerlos.

Al mismo tiempo, pudo demostrar que no se trataba de un verdadero «alfabeto» pues sus 24 signos solamente representaban las consonantes. Al leer el texto, había que completarlo con las vocales.

Así se encontró el acceso, no sólo de una escritura enigmática, sino también el de todas las puertas cerradas de Egipto.

Desde entonces, la historia del desciframiento de los jeroglíficos se convirtió en algo clásico y ampliamente conocido. ¿Existen todavía en nuestro mundo escritos de pueblos extinguidos o desaparecidos que no podamos en tender? La antigua escritura cuneiforme persa fue descifrada con grandes dificultades. Las fases de este desciframiento no son menos interesantes que las de los jeroglíficos egipcios.

Igualmente se solucionaron los enigmas presentados por la escritura cuneiforme mesopotámica y los jeroglíficos hititas. La escritura chipriota por sílabas y la lineal cretense-micénica tampoco ocultan ya muchos secretos. ¿Y la escritura de la civilización hindú?

Su desciframiento ha sido uno de los grandes logros modernos. Siguiendo caminos lógico-matemáticos, un equipo finés de investigadores consiguió descifrar la mayor parte de los signos de esta escritura después de cuatro años de trabajo, poniendo al descubierto el misterio que rodeaba a sus creadores.

Se tuvieron que investigar sistemáticamente casi dos mil inscripciones de sellos, y se tuvieron que registrar decenas de miles de combinaciones de signos.

Aunque se contó con la valiosa ayuda de una computadora, dos «conclusiones intuitivas» debidas al profesor Aalto y a su hermano fueron las decisivas para el éxito.

Resultó que la escritura de la civilización hindú es puramente logográfica -en contra de las primeras suposiciones-, o sea una escritura pictográfica en la que cada símbolo significa una palabra. Existen unos 300 símbolos diferentes, además de signos complementarios en forma de rayas o líneas, así como combinaciones de signos que permiten cierta diversidad de significado.

Si en principio se ha conseguido descifrar la escritura, todavía quedan numerosos signos desconocidos, y se necesitarán muchos años de difícil trabajo para solucionar hasta la última cuestión.

La civilización hindú tuvo su época de esplendor en el III milenio a. de C. en el actual Pundjab. Los restos arqueológicos descubiertos hasta ahora trazan amplios arcos alrededor del curso bajo y medio del Indo. Las capas más profundas y probablemente más ricas todavía se encuentran enterradas en el lecho del río. La población de la zona, que se supone practicaba el comercio y disfrutaba de cierto bienestar, mantuvo relaciones con la antigua Sumeria, en la baja Mesopotamia, y también con la zona heládica-egea.

Por lo que se ha podido descifrar hasta ahora de los escritos, resulta que los pueblos de la civilización hindú fueron los drávidas actualmente desplazados hacia la zona central de la India, y que éstos también fueron los creadores del posterior sistema hinduista de castas, que, de esta forma, demuestra partir de una época anterior a la dominación aria. El sistema tuvo su origen en la religión tabuista, de acusadas ideas de pureza, que se referían tanto a lo físico como a lo anímico.

¿Qué conclusiones permitirá extraer el sensacional descubrimiento hecho en Bulgaria? En una colina llena de ruinas, situada en las cercanías de la aldea de Daranowo, se descubrió una pequeña tablilla de arcilla con un mango cónico cuya edad se calculó en 5000 años. Se diferencia de todos los descubrimientos similares realizados anteriormente en que no contiene figuras geométricas, sino signos escritos.

El antiguo director del departamento prehistórico del Instituto Arqueológico de la Academia de Sofía, Georgi Georgieff, dijo de este descubrimiento que se trataba del más antiguo documento escrito de Europa. Procedía de una capa cultural que pertenecía a la segunda mitad del IV milenio y a principios del III milenio a. de C. ¿Una verdadera sensación? ¿Qué pueblo que vivió en Europa varios miles de años a. de C. disponía ya de una escritura propia?

También por esa época apareció la noticia de otro descubrimiento. En las laderas del monte Barbaro, en Sicilia occidental, se descubrió el primer documento escrito de un antiguo dialecto griego, llamado Eiini por los especialistas y que debe proceder de Anatolia. Los signos escritos se encuentran sobre fragmentos de cerámica. Los lugares de excavación se hallan en la zona de la antigua ciudad griega de Segesta, de la que actualmente todavía se conservan un templo antiguo y otras ruinas.

¿Y la escritura de la gente de la isla de Pascua en el «rongo-rungo»? Un sacerdote fanático hizo quemar la mayor parte de las tablas de madera, impidiendo así aclarar el destino de este pueblo y el significado de las estatuas gigantescas.

Tampoco está aclarado el misterio de la escritura etrusca. Los etruscos sólo dejaron escasos restos de escritura que no son suficientes para permitir una interpretación definitiva.

¿Y dónde se encuentra la cuna de la escritura? Se supone que los primeros signos parecidos a una escritura fueron desarrollados en Uruk, la Erech bíblica, en el actual Irak. ¿Desde cuándo sintieron los hombres la necesidad de «comunicar» algo por escrito, de dejar a sus descendientes una información importante, tallada quizás en la piedra?

¿Y cómo se llamaba el primer pueblo europeo que utilizó por primera vez una escritura? Quizás un día lo sepamos.


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