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VIDA
Y AVENTURAS DE JOSEPH CAREY MERRICK
Arturo Sandoval
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¿Por qué el Hombre Elefante sigue asombrándonos tras tantos años? Desde luego su fama no se la debe ni al cine ni al teatro, pues ya en vida fue una leyenda y un ejemplo para el resto de los mortales. Merrick nos enseñó que pese a su horripilante aspecto físico el interior humano es lo más importante. Y que el esfuerzo personal, la dedicación y el respeto a los semejantes son pautas que debemos seguir para comprendernos unos a otros. Joseph Carey Merrick nació el 5 de agosto de 1860 en Lee Street, Leicester. En el momento de nacer fue un bebe normal, sólo comenzaron a desarrollarse extraños bultos y tumores a la edad de 5 años. Acudió a la escuela hasta los 11 o 12 años de edad. En esa época murió su protectora madre a la que adoraba. El padre volvió a casarse. Su nueva madre y hermanos no lo admitieron con facilidad, así que Merrick se fugo de casa. Sólo volvió tras ser localizado por su padre y convencido de que no le abandonaría nunca. En los siguientes meses su tío, hermano del padre, fue su mejor amigo. A los 13 años consiguió un empleo en una fabrica de puros. Allí permaneció dos años hasta que la deformidad de su gigantesca mano derecha le impidió seguir liando las hojas de tabaco. La mujer de su padre le hizo pasar malos tragos cuando faltó el dinero que aportaba a la familia, así de Merrick intentó conseguir trabajo como pregonero de mercancías. Ya en esa época su deformidad era tal que la gente no le escuchaba, sino que lo rodeaba horrorizados por aquel ser deforme. Los médicos de la enfermería de Leicester intentaron ayudarle, aunque sus operaciones y tratamientos sólo resultaron un martirio. Allí permaneció cerca de tres años. Constantemente la gente quería verlo, entonces a Merrick se le ocurrió la idea de cobrar por exhibirse. Escribió a Sam Torr, un director de circo que buscaba novedades para mostrar en su pista. Nada más lo vio comprendió el gran negocio que significaba Merrick. Torr le buscó una habitación en la Posada de la Colmena, propiedad de su amigo Ellis, quien lo trató con aprecio y simpatía. Durante ese tiempo Merrick fue feliz, pues, según sus propias palabras: “Ahora estoy cómodo con lo que antes era incómodo para mí”.
El
cirujano había visto muchas deformidades en durante su carrera como
médico, pero el Hombre Elefante le impresionó y repugnó al mismo
tiempo, haciéndole escribir en su diario: “Es el espécimen más
repugnante de la humanidad, degradó y pervirtió en su forma”. Su
profesionalidad superó su repulsión y lo invitó al hospital donde
quería analizar sus malformaciones. En este punto se produjo un
aparente hecho insignificante que cambió la vida me Merrick; Treves
le dio una tarjeta personal para que no le pusieran impedimentos
cuando fuera al hospital. Tras
realizar toda clase de exámenes médicos Traves llevó a cabo una
conferencia en la Sociedad Patológica de Londres apoyado por sus
fotos y notas, intentando conseguir un diagnóstico. Nadie pudo
explicar el origen de las terribles deformidades. Merrick fue tachado
de incurable y abandonó el hospital. Dos
años más tarde el Hombre Elefante viajó a Bélgica, pero su
exhibición fue prohibida por las autoridades. No siendo de ningún
valor para el circo fue enviado de nuevo a Inglaterra. Poco se sabe de
esta fase de su vida. Sumido en la desesperación y una profunda
depresión reapareció en la estación de Liverpool. La policía no comprendía sus palabras y
estuvieron apunto de enviarlo para ser internado como loco, pero
entonces Merrick mostró la tarjeta personal del doctor Treves. Cuando
el médico lo vio su aspecto era lamentable y su estado emocional
cercano a la auténtica locura. Merrick comenzó a llorar; aquello
desconcertó a Treves, el monstruo tenía sentimientos. Pronto,
más calmado y acomodado en el ático del Hospital de Londrés,
empezó a hablar con su protector, quien quedó impresionado por la
afable e inteligente personalidad de aquel ser de físico deformado
por la naturaleza. Treves,
junto a su amigo Carr Gromm, publicaron un artículo en el Times
pidiendo ayuda y donaciones para el cuidado de Merrick. El auxilio
comenzó a llover de todos lados. Muy pronto creció una profunda
amistad entre el Hombre Elefante y el médico. Merrick deseaba ir a un
hospicio para ciegos donde nadie podría ver sus deformidades.
Pese a todo Treves no estaba contento, sabía que su amigo necesitaba hablar con otras personas, especialmente con mujeres que le apartaran de médicos y científicos. Merrick adoraba al sexo contrario y sólo su madre no había mostrado repugnancia al acercársele. Aquello era más patente cada día, pues devoraba, una detrás de otra, las novelas románticas. Treves preparó una cita con una hermosa viuda. La mujer únicamente tenía que darle la mano y sonreírle. Un plan aparentemente sencillo si no fuera por el horroroso físico de su amigo. Cuando aquello sucedió Merrick comenzó a llorar de emoción. Por primera vez una mujer que no fuera su madre lo había tocado. La historia corrió pronto de boca en boca y el Hombre Elefante comenzó a recibir visitas de muchas mujeres, que deseaban conocer a aquel ser humano tan sensible. No faltó la flor y nata de la nobleza, aunque la más famosa de todas ellas fue la Princesa de Gales, quien le tomó por la mano y habló un buen rato con él. Su visita se repitió en numerosas ocasiones. En una de ellas le regalo una fotografía firmada. Ese verano Merrick fue a vivir con el guardabosque local. Un hombre que no se asustaba del aspecto de su invitado. Durante mes y medio fue el ser más feliz sobre la tierra paseando y observando las plantas y animales de la zona. De regreso a su casa de Londres la vida parecía sonreírle al sentirse valorado y querido. Entonces ocurrió lo inesperado. Una mañana fue encontrado muerto en su cama. Por las notas de Treves los síntomas parecían de asfixia. Hoy al examinarse el esqueleto la hipótesis más admitida es que se quedó durmiendo sentado en la cama, su cabeza se inclinó de golpe desnucándole.
El propio Merrick alentó la idea que durante un desfile de animales del circo cercano su madre, estando embarazada de él, había sido empujada por la muchedumbre cayendo bajo un elefante. El terror que le causó la experiencia era el origen de sus deformidades. Esta versión fue la que adoptaban los jefes de pista cuando lo presentaban al públicó. Durante años se ha supuesto que Merrick padeció neurofibromatosis, un raro mal todavía conocido como la enfermedad de Hombre de Elefante. Se trata de un desorden genético que afecta a uno de cada 4000 recién nacidos. El primer problema para aceptar esta afirmación radica en diversos síntomas muy concretos de la enfermedad que Merrick no tenía. Recientemente, sin embargo, algunos médicos especulan sugiriendo que Merrick padeció el síndrome de Proteus; más raro todavía y del que sólo se conocen 100 casos en todo el mundo. Una extraña proliferación de las células causa el crecimiento del hueso anormal en el cráneo y en varios tejidos del cuerpo. Aunque, de nuevo, ningún caso conocido es tan llamativo como el del Hombre Elefante. Esta enfermedad se descubrió a finales de los años setenta y, debido a la falta de casos, quedan muchos puntos por aclarar todavía. Por impensable que nos parezca, nadie sabe con exactitud, después de tanto años, diagnosticar el mal que deformó el cuerpo de Joseph Carey Merrick. |
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