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"La
física no trata de cómo es el
mundo,
sino de qué podemos decir sobre el mundo"
(Niels
Bohr, 1885-1962)
Recientemente
he leido "Agujeros Negros y Tiempo Curvo" (Crítica, 1995), una
fascinante y extensa obra de Kip S.
Thorne, titular de la cátedra Feynman de Física Teórica en el
California Institute of Technology. Thorne es, sin duda, una de las mentes más
brillantes en todo lo relacionado con la Teoría de la Relatividad, y uno de
los científicos que más ha ahondado, de forma rigurosa y precisa, en
cuestiones tan fantásticas y profundas como los agujeros negros, los
agujeros de gusano, las singularidades cósmicas, la distorsión del tiempo,
los universos paralelos, etc. De todos estos asuntos fronterizos de la física
trata "Agujeros Negros y Tiempo Curvo", considerado por muchos
como uno de los mejores libros de divulgación científica.
Según Kip S. Thorne, "de
la misma forma que entre todos los experimentos físicos reales que un
experimentador podría hacer, los que con mayor probabilidad darán lugar a
nuevas ideas profundas sobre las leyes de la física son aquellos que llevan
las leyes a su límite, también
análogamente, entre todos los experimentos mentales que un teórico podría
estudiar cuando pone a pruebas leyes que están más allá del alcance de la
tecnología moderna, aquellos que con más probabilidad dan lugar a nuevas
ideas profundas son los que los llevan al límite".
La verdad es que la física contemporánea plantea determinadas
cuestiones que están transformando de forma radical la imagen que teníamos
sobre la naturaleza del espacio y el tiempo. De hecho, han sido dos grandes
teorías físicas las que han revolucionado la Ciencia del siglo XX: la Teoría
de la Relatividad y la Teoría Cuántica. Ambas han logrado agrietar los
cimientos de la física clásica de Newton, al establecer, entre muchas otras cosas, que el Universo no
se comporta como una gigantesca máquina gobernada por leyes inmutables, que
el espacio y el tiempo no son conceptos absolutos sino relativos, que
existen otras dimensiones ajenas a nuestra realidad cotidiana y que el mundo
subatómico es alterado al ser medido u observado (lo que convierte al
observador en participante). El físico Paul
Davies reconoce este profundo cambio cuando dice, en el prólogo de su
obra "Los Mitos de la Materia" (McGraw-Hill, 1995), que "la
ciencia actual se está despojando de los grilletes de tres siglos de
pensamiento en los que un paradigma particular -llamado
"mecanicismo"- ha dominado la visión del mundo de los científicos
(...) Este cambio en el paradigma está acarreando una nueva perspectiva de
los aspectos humanos y su papel en el gran drama de la naturaleza".
A
través de la teoría relativista y la teoría cuántica han emergido un
sinfín de interrogantes. Gracias a físicos como Stephen
Hawking, Roger Penrose, Igor Novikov, John Wheeler, David Bohm o los
mencionados Kip Thorne y Paul Davies, que con enorme audacia e intuición se
han atrevido a hurgar en esos derroteros, hemos podido conocer y comprender
algunos de los secretos mejor guardados del Universo. Repasemos los más
sorprendentes...
ABISMOS
COSMICOS
En 1967, el reputado físico John Wheeler acuñó el término de "agujero
negro" para designar el objeto residual creado por la implosión de
una estrella. Su campo gravitatorio es tan intenso que nada, ni siquiera la
luz, puede escapar de él. En las fronteras de estos enigmáticos objetos
estelares, que están siendo estudiados con gran interés por los actuales
astrofísicos, el espacio-tiempo se deforma drásticamente (el espacio se
curva mientras que el tiempo se ralentiza). Cualquier cuerpo que se
aproximase a esa región -conocida como "horizonte
de suceso"-, sería absorbido hacia el interior del agujero negro,
donde la densidad de la materia es infinita, y acabaría completamente
destruido. Pero ¿existiría otra posibilidad?... Algunos físicos han
sugerido la idea de que un agujero negro podría tener una salida
-denominada "agujero
blanco"- por donde toda la materia y energía engullida sería
expulsada, bien en otra región del Universo o bien ¡en un "universo paralelo"!. Hasta ahora nada de esto ha podido
ser demostrado. Incluso la existencia de los agujeros negros solo se apoya
en evidencias indirectas, no en evidencias observacionales. Sin embargo,
como sostiene Stephen Hawking, "hay
buenas razones para predecir la existencia de los agujeros negros, y los
testimonios apuntan inequívocamente a la presencia de agujeros negros en
nuestra propia galaxia y en otras". De hecho, en 1972 se detectó
a través de rayos X el primer agujero negro: Cygnus X-1, a 14.000 años-luz
de nosotros.
AUTOPISTAS
SIDERALES
De similar naturaleza que los agujeros negros, aunque diferentes en
ciertos aspectos, son los "agujeros
de gusano". Se trata de hipotéticos "atajos" para viajar
más rápidamente entre puntos distantes en el Universo. El agujero de
gusano tiene dos entradas ("bocas"), conectadas entre sí por un túnel
a través del hiperespacio. Fueron descubiertos matemáticamente en 1916,
como una solución a la ecuación de campo de Einstein. Partiendo de la
gravedad cuántica, una de las más recientes teorías surgida de la mecánica
cuántica, nuestro universo estaría formado en sus niveles más profundos
de "espuma
espacio-temporal". En esa escala, las regiones aisladas del
universo estarían conectadas a través de múltiples y minúsculos agujeros
de gusano.
El físico teórico Paul
Halpern, autor del libro "Los
Agujeros de Gusano Cósmicos" (Ediciones B, 1993) ha especulado con
la posibilidad de que estos misteriosos objetos celestes, en caso de que
existan, pudiesen usarse en el futuro como ¡máquinas del tiempo!: "Estos agujeros de gusano no
solamente se podrían utilizar para viajar por el espacio: la teoría
pronostica que asimismo se podrían utilizar para viajar en el tiempo".
¿Realidad o ficción?... Para ciertos físicos como Kip Thorne, Michael Morris o Ulvi
Yurtsever el tema es suficientemente serio, a pesar de las
desconcertantes paradojas que traería asociado un viaje temporal. Estos
tres científicos han desarrollado en equipo un sugestivo modelo teórico
según el cual, cabría la posibilidad de que una civilización
infinitamente avanzada que hubiese desvelado las leyes de la gravedad cuántica,
pudiera encontrar, aislar y aumentar de tamaño un agujero de gusano microscópico
y utilizarlo como un eficaz medio para los viajes espaciales y temporales.
Sin
embargo, Kip Thorne nos aclara que "si
las máquinas del tiempo están permitidas por las leyes de la física,
entonces están mucho más allá de las capacidades tecnológicas actuales
de la raza humana que lo que el viaje en el espacio estaba de las
capacidades de los hombres de las cavernas".
MULTIDIMENSIONES
¿Habitamos un espacio multidimensional? ¿Qué dice la Ciencia sobre
los universos paralelos?... Desde que surgió la Mecánica Cuántica a
comienzos de este siglo -trayendo consigo el indeterminismo y las
propiedades ondulatorias de la materia-, un gran número de físicos vienen
discutiendo la probabilidad de que existan otros niveles de realidad
diferentes al nuestro. Uno de los principios básicos de la teoría cuántica,
elaborado por los físicos John Wheeler y Hugh
Everett, sugiere que el mundo está contínuamente dividiéndose en un número
indefinido de realidades paralelas, en las que tienen lugar todos los
resultados posibles de un acontecimiento. "Al
llevar la teoría de los universos múltiples a su conclusión lógica -señala
Paul Davies-, nos permite suponer que infinitas veces, cada segundo, cada
ser humano se divide en copias duplicadas, cada copia habita un universo
ligeramente diferente. Forzosamente, cada copia sólo percibirá un
universo, y se enterará de un sólo yo".
El eminente físico David Bohm (1917-1992), profesor de Física Teórica
en el Birbeck College de Londres, consideró por su parte que el mundo subatómico
no puede ser entendido sin la existencia de otras dimensiones. En 1971, y
basándose en determinados cálculos matemáticos, Bohm diseñó una
revolucionaria teoría según la cual, en un nivel más profundo de la
realidad -que denominó el "orden implicado"-, las partículas subatómicas están
interconectadas entre sí y todas las cosas forman parte de una totalidad. "Tenemos
que contemplar cada una de las "partículas" que constituyen un
sistema, más como la proyección de una realidad "de más de tres
dimensiones" que como una partícula separada que existe junto con
todas las demás en un espacio tridimensional común", propone
Bohm en su libro "La Totalidad y
el Orden Implicado" (Kairós, 1987).
La existencia de los "mundos
múltiples" ha sido también apoyada por la "Teoría de las Supercuerdas", mediante la que se pretende
unir la gravedad y la mecánica cuántica. Según predice esta teoría,
formulada en 1974 por los físicos John
Schwarz y Michael Green, las
partículas elementales no serían puntos, sino cuerdas que vibran en un
espacio-tiempo de ¡diez u once dimensiones!.
En suma, el nuevo modelo que describe el
Universo como un "holograma
multidimensional" ha obligado a revisar muchas de las ideas que teníamos
sobre el mundo físico. No hay duda de que este cambio de paradigma está
teniendo implicaciones muy profundas en la Ciencia de hoy, modificando
extraordinariamente nuestra comprensión de la realidad y de nosotros
mismos. ¿Qué otros nuevos postulados nos planteará la Física del siglo
XXI?...
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