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LA
CORNUDILLA Y SU ENTORNO
La Cornudilla, que apenas
aparece en ningún mapa, forma parte del término municipal de Requena y está
circundada por las aldeas de los Marcos y los Ruices, cuyos únicos habitantes
conocen su peculiar historia. Caminar por esta aldea no despierta hoy día la más
mínima sospecha de lo que pudo haber ocurrido en el pasado, siendo un lugar
tranquilo y silencioso, roto tan sólo por el balar de las ovejas de algún
pastor vecino o el ocasional tránsito de los tractores que pasan por su,
actualmente, allanada calle principal que divide la aldea en dos mitades. El
lugar es apacible en su conjunto, está rodeado de montes y viñedos y a tan
solo treinta metros se encuentra la rambla de los caballeros procedente del río
Cabriel, que ofrece un panorama ideal para cualquier campista. En la actualidad
existen pocas viviendas sanas, dos o tres a lo sumo, que forman lo que se podría
llamar, el núcleo principal de la aldea, las restantes diseminadas por los
alrededores, solo mantienen su estructura, excepción hecha de un enorme corral
usado antaño para cobijar el ganado y que
se ha sustentado incólume al paso de los años. A unos 25 metros del resto de
la aldea, existe una pequeña casa, deteriorada en su mayor parte, que se nos
antoja, al mirarla, ajena a la
Cornudilla, esta casa llamada por los marqueños y jaragueños, la "casa
del ruido" desempeña, como veremos más adelante, un papel principal en la
leyenda maldita de ésta aldea.
Conocer la historia exacta de la Cornudilla no resulta tarea fácil, como
tampoco entrevistar a los testigos o situar los acontecimientos en una fecha
determinada. Los rudos lugareños a los que
tan difíciles son de
acceder por considerar todos los temas paranormales como asuntos que deben
respetarse o bien ocultarse por temor al ridículo, suelen mantener un absoluto
mutismo o simulan no conocer nada referente a todo ello.
La actitud más frecuente con la que nos encontramos es la de remitirnos
a otras personas que quizás supieran algo y estas a otras, con la intención,
suponemos, de quitarse el bulto de encima y
no ser ellos los que dieran a conocer lo sucedido. Buscamos entre las
personas de mayor edad que pudieran haber vivido directamente lo que allí pasó
pues lo jóvenes más dispuestos a hablar, poco conocían ya de la Cornudilla,
excepto vagas anécdotas distorsionadas por el tiempo, oídas a sus mayores. Se
nos relató que en la Cornudilla, a mediados de los cincuenta, cuando la aldea
todavía estaba habitada y ya al final de su existencia, los
"duendes", pues así se les sigue llamando por estas latitudes a las
apariciones, hicieron una visita a sus moradores, alterando la pacífica vida de
estos agricultores y provocando un miedo considerable entre estas gentes
endurecidas por la existencia en el campo. Los testigos que por aquel entonces
no eran más que niños y con los que pudimos entrevistarnos, aunque bien es
cierto que no de manera muy abierta, dicen recordar como era frecuente escuchar
en el interior de sus casas, en las poco iluminadas noches de aquellas fechas,
murmullos procedentes de no se sabe dónde, sombras que deambulaban de un sitio
para otro y ruidos nocturnos de extraña naturaleza, todo ello acompañado del
natural miedo que se creó entre sus habitantes. Nadie
se supo explicar, ni siquiera hoy, que motivó aquel episodio. Se llegó
incluso a sospechar que la aldea estaba construida sobre "tierras extrañas"
aunque nada, excepto árboles, existía en aquel suelo hasta entonces. Lo cierto
es que estas misteriosas
manifestaciones se esfumaron del mismo modo en que aparecieron, sin previo
aviso, aunque no fue este el caso de esa pequeña casa, que como antes decíamos,
se halla a uno pocos metros de las demás viviendas, conocida como "la casa
del ruido", de la que hoy sólo
quedan dos muros, pero en la que todavía se puede apreciar su estructura
interna, que parece poseer, al contemplarla, una personalidad propia extraña al
resto del conjunto, o al menos así nos lo dicta la imaginación.
LA
CASA DEL RUIDO
Uno de los testigos con el que afortunadamente logramos conversar y que
vivió en primera persona todo lo ocurrido en la Cornudilla, siendo ya una
persona adulta, nos habló de la "maldición" de la casa del ruido,
siendo él uno de los protagonistas. Este hombre, hoy de unos setenta años de
edad, al que llamaremos Tío F. para respetar su intimidad tal como nos lo pidió,
cuenta cómo viviendo en esta casa de su propiedad familiar, se oían al caer la
noche, ruidos estruendosos de todo tipo procedentes del pozo interior de la
vivienda, y cadenas que eran agitadas contra el suelo del piso superior. También
eran frecuentes los fenómenos de poltergeist donde cubiertos y platos eran
arrojados contra las paredes sin ningún motivo aparente, parece que acompañados
de susurros (no nos dijo si eran inteligibles). Los animales también parecían
notar lo que en aquella casa se cernía. Tanto los perros como la caballeriza,
se inquietaban y agitaban estando en los abrevaderos. Se llegó a un extremo en
el que los propios moradores, presas del más absoluto terror, se vieron
obligados a abandonar la vivienda y trasladarse a las vecinas aldeas de los
Marcos y los Ruices, que ya reclamaba a los cornudilleros abandonar tan pequeño
núcleo poblacional.
Todo esto motivó que se
hicieran apuestas entre los aldeanos vecinos de unas pocas "perras",
para comprobar quién era capaz de vivir en esta casa y soportar todas sus
manifestaciones; según nos indicó el tío F., y otras personas testigos de las
apuestas, pocas de las varias familias que por allí pasaron, lograron estar más
de dos semanas seguidas.
Tanto la casa del ruido, como el resto de la aldea, fue abandonada, como
hemos indicado, en los últimos tiempos de los años cincuenta. Sus habitantes
marcharon, en parte por asentarse en pueblos de mayor expansión (la Cornudilla
no tendría más de cuarenta habitantes) y en parte por la soledad que inspiraba
esta pequeña aldea. Aunque creemos que su condición mágica tubo también algo
que ver, lo cierto es que en la actualidad sólo quedan los muros y tejados de
ese centenario pueblo y los pocos murciélagos que han ocupado las casas como
buenas mantenedoras del misterio, y en el lugar más apartado, donde la casa del
ruido todavía se erige misteriosa y oscura, reclamando aún a algún atrevido a
pernoctar en su interior, pese a que actualmente a perdido toda su fuerza y
maldad ...o no, porque en una zona llena de extrañas historias y leyendas que
los lugareños dicen "del tiempo de los moros", siguen sucediendo
raros acontecimientos. OTROS
CASOS OTRAS COSAS
Eran aproximadamente las 10 de la noche, cuando se produjo el incidente. G., regresaba de Requena a los Marcos, lugar en el que vivía en aquel año 79, con dos de sus sobrinos, los cuales no superarían los 8 años de edad, cuando al llegar al cruce de carreteras que une Venta del Moro con los Ruices, las Monjas y los Marcos, notó que su coche se paralizaba sin razón alguna y todas las luces, tanto interiores como exteriores, quedaban apagadas. Intrigado por aquello, salió del coche y fue entonces cuando vio el causante de la "avería". Una esfera luminosa se acercaba hacia ellos posándose al instante, a unos 30 mts., en la cuneta justamente enfrente de donde G. estaba. Aún se quedó un rato observando "aquella cosa" preso de un miedo que le impedía moverse. Era una bola completamente circular y de la que irradiaba una luz que circundaba todo el objeto. Sus dimensiones no le quedaron demasiado claras, pero le parece que mediría unos 2 mts. de alto por 5 de diámetro. En ese momento oyó como el coche volvía a ponerse en marcha, y en un esfuerzo por no quedar hipnotizado por su extraordinaria visión, que no duró ni 5 minutos, se subió en él, y como pudo, marchó de allí en la dirección fijada.
Creíamos, aunque no sabríamos decir por qué, que G. nos ocultaba algo
sobre su aventura, por lo que buscamos a aquellos dos sobrinos pequeños, que
hoy ya tendrían unos 19 o 20 años, testigos junto a G. del extraño suceso.
Era probable que no recordaran nada, pero aún así nos animamos. Dimos tan sólo
con uno de ellos, J. L. quien recordaba perfectamente, pese a lo joven que era,
todo lo ocurrido. Recordó para nosotros cómo estando él en el asiento trasero
con su hermano, vio como tres pequeñas siluetas de aspecto infantil salían del
OVNI, e inmóviles, dirigían su mirada hacia los ocupantes del coche, en el
momento en que su tío G. montaba en el coche y marchaba de allí. No recordaba
haberles visto ningún rasgo, pues la luz del objeto lo impedía, pero sí llegó
a ver que eran bajitos y muy delgados. Al día siguiente G. se presentó
nuevamente en la zona, no encontrando nada salvo su propio recuerdo. |
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