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¿CUANDO SE CONSTRUIRÁ EL PERPETUUM MOBILE?
José Ferrer

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Contestemos inmediatamente la pregunta: nunca. El ingeniero F. M. Feldhaus escribió hace mucho años: «Cuanto más lejos se haya llegado por la senda del error, tanto más instructivo será el regreso y tanto mejor nos ayudará a encontrar el camino correcto.

Cualquiera que crea todavía en el aparato de movimiento continuo lo puede ver así por su larga historia, durante la que ninguno de sus constructores ha conseguido alcanzar el objetivo, a pesar de que no ha quedado ningún medio sin investigar.»

Desde entonces, la técnica ha aprendido mucho. Se han hecho descubrimientos asombrosos, los inventos han hecho vacilar las concepciones, se ha conquistado el espacio. Pero no se ha cumplido el antiguo sueño de la humanidad de crear un aparato de movimiento continuo.

El aparato de movimiento continuo es una máquina (o por lo menos debe serlo) que realiza un trabajo continuo sin necesidad de energía exterior que la impulse. Una máquina de esta clase que, por así decirlo, daría rendimiento sin contrapartida, creando energía de la nada, sería la fuerza de trabajo más barata que uno pudiera imaginar. Así pues, es comprensible el deseo de fabricar una máquina semejante.

Sin embargo, los esfuerzos de producir energía de la nada se oponen a importantes leyes físicas, sobre todo al principio de conservación de la energía. Este principio dice que la energía no puede desaparecer o ser creada en ningún proceso natural. Lo único que puede hacer es trasladarse de un cuerpo a otro, o bien una clase de energía puede ser transformada en otra, como ocurre por ejemplo con la electricidad.

Como quiera que el hombre no podía modificar el principio de la energía, intentó alcanzar su objetivo siguiendo otros caminos y construyó una máquina que obtenía del calor que la rodeaba la energía necesaria para realizar su trabajo continuo. Pero también en este caso la Física puso un cerrojo bajo la forma del segundo gran principio de la Termodinámica. En éste se dice que el calor nunca puede transmitirse de un cuerpo más frío a otro más caliente si al mismo tiempo no se lleva a cabo la operación contraria.

Así pues, no sirve de nada no tener en cuenta esta ley e intentar engañar a la Naturaleza. A pesar de todo, siempre se construyen nuevos aparatos de movimiento continuo, lo que hizo afirmar a los especialistas que toda la historia sobre el problema del aparato de movimiento continuo era una locura que no tenía lugar en la ciencia.

La primera noticia sobre una máquina de movimiento continuo procede de la época de San Luis. Por aquel entonces, un hombre llamado Wilars viajó por el mundo para estudiar la construcción de iglesias góticas. Entre sus dibujos se encontró un boceto de un aparato de movimiento continuo de 1245. Wilars había escrito la siguiente nota:

«Más de un día, los maestros han discutido sobre si se puede hacer girar una rueda por sí sola. He aquí una de ellas que se puede hacer girar por medio de martillos impares o por mercurio».

El boceto mostraba una rueda situada sobre un eje. De la circunferencia de la rueda colgaban siete martillos. Wilars debía pensar que si se conseguía mantener continuamente cuatro martillos en la mitad de la rueda, esta mitad tendría que elevar los otros tres, y así sucesivamente.

Estaba muy bien pensado, pero el dispositivo no podía funcionar. Después de algunas oscilaciones a un lado y otro, la rueda se detendría, ya que un reparto proporcional de tres martillos y medio a cada lado establecería el equilibrio. Y para ponerla nuevamente en movimiento se necesitaría la ayuda de cualquier fuerza misteriosa, que no llegaba porque no existía. Así pues, el invento de la rueda que se moviera por sí sola constituyó un fracaso.

Jacopo de Strada intentó la suerte en 1575 con una máquina hidráulica. Desde un depósito superior hizo caer agua sobre una rueda de paletas que impulsaba las muelas de un espadero, un dispositivo para arrastrar las cuchillas. El agua se recogía en un depósito interior de donde, mediante un tornillo que ejercía el principio de Arquímedes y que estaba en conexión con toda la instalación, volvía a subir al depósito superior para ser utilizada de nuevo.

Es notable que ya en los manuscritos de Leonardo da Vinci se encuentre la descripción de una «rueda de agua eterna». Esta idea vuelve a aparecer en 1607 en el libro de máquinas del italiano Zonca: un gran sifón absorbe agua y la hace caer sobre una rueda de paletas para impulsar un molino. Naturalmente, Zonca no podía suponer que con esta construcción entraba en conflicto con las leyes de la presión atmosférica que impedían el movimiento de su máquina, puesto que en su tiempo nadie las conocía aún.

En el año 1817 un mecánico llamado Geiser, de La-Chaux-de-Fonds, llegó en su emigración hasta Frankfurt del Main con un reloj de movimiento continuo construido durante largos y laboriosos años de trabajo. Pero la suerte le fue adversa: se endeudó, enfermó y murió. Después de su muerte el misterioso reloj que había causado tanto asombro fue desarmado en presencia de representantes de la Sociedad Industrial de Frankfurt para solucionar el misterio del «siempre en marcha». Pero, aunque fue investigado cuidadosamente pieza por pieza, no se encontró nada sospechoso que hiciera suponer la existencia de un engaño. Y cuando ya estaba a punto de volver a ser montado, uno de los técnicos se dio cuenta de que en el árbol de transmisión situado bajo el segundero se habían limado cuatro pequeñas superficies de forma que se pudiera colocar allí una llave de reloj.

Y, efectivamente, tras la esfera del reloj se había colocado un fino muelle de reloj con muchas torsiones que tenía la fuerza suficiente para mover todo el mecanismo.

Con máquinas que utilizaban la fuerza de la gravedad se perpetraron toda una serie de fraudes evidentes. El aparato de movimiento continuo inventado por 0rffyreo en 1712 «por la gracia de Dios», atrajo incluso el interés de Augusto II de Polonia, así como el del landgrave Karl von Hessen-Kassel. En realidad, no se trataba más que de un fraude.

En nuestros días aún se inventan aparatos de movimiento continuo. Todavía no ha terminado la historia de la máquina que se mueve sin fuerza exterior. Y como quiera que el hombre no se aparta tan fácilmente de los sueños queridos, será una historia todavía muy larga.


Seis maquinas famosas    
Máquina afiladora

Aparato de Schróter

Máquina de Víctor Quignon

El fraude de Orffyreo

Máquina "Motus"

"Autogeneratore"


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