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Se desvanece la fe en los ‘milagros de pared’
Jorge Enrique Rojas, Reportero de El País (Colombia)


El Sagrado Rostro que apareció en la casa de Patricia, en el barrio San Gabriel de Cartago, parece una mancha de grasa. Sin embargo, al tacto, la pared no revela nada extraño.
Áymer Álvarez | El País

El fervor por este tipo de imágenes es tan efímero,que ya en ninguna hay altares. Ni siquiera flores. Bajo el Sagrado Rostro de Cartago hay cuatro bolitas de alcanfor para espantar las cucarachas. El palo de mango de Tuluá, donde dicen que Jesús posó la cara, no huele a santo.

Sentado en una esquina del barrio Guayacanes, en Cartago, Pedro Jaramillo confiesa que está a punto de renunciar a la fe.

Lo dice sin inmutarse. Como si se fuera a despojar de una media sucia o una camisa rota y no de la única herencia que le pudo dejar su familia campesina.

Según él, ya dio el primer paso. Mueve uno de sus brazos temblorosos y muestra que en la caja de madera donde ofrece dulces y cigarrillos hace medio siglo, ya no está la estampita de San Porfirio, el patrono de los vendedores ambulantes. Sólo queda su sombra.

El anciano asegura que ya no tiene objeto seguir esperando favores del “altísimo”, pues se dio cuenta que Dios tiene brazos cortos. Tanto, que no alcanzan a tocarlo.

El hombre explica que empezó a perder la credibilidad desde que el Divino Rostro apareció en la pared de una casa del contiguo sector de San Gabriel.

Fue el 17 de enero pasado. Pedro recuerda que hubo romería y muchas veladoras. Que la gente rezó rosarios toda la noche y que él, de rodillas, encomendó el negocito hasta que le dolieron los huesos.

Igual, recuerda que vendió todo entre los curiosos y que en la madrugada, cuando caminaba hacia su casa con las ganancias en el bolsillo, dos hombres lo tumbaron al piso, le quitaron la plata y le dijeron que no fuera tan confiado porque a esa hora, Dios dormía.

El vendedor no volvió a visitar la aparición. Tampoco los vecinos. A ellos también se les apagó la fe. Sobre todo a los dos meses, cuando Javier, el esposo de la dueña de la casa, murió atropellado por un camión sin que el Divino Rostro pudiera hacer algo para salvarlo.

Por eso, en el cuarto que antes fue un santuario, hoy sólo queda el rastro de los velones que una vez alumbraron allí, una camándula de plástico y cuatro bolitas de alcanfor para espantar las cucarachas.

A Patricia, la viuda, no le gusta entrar. Dice que la da miedo. Sólo lo hace para cambiar la pagina de una biblia que mantiene abierta frente a la “bendita” imagen, que más parece una mancha de grasa. Bueno, también para comprobar el estado del rostro. La mujer dice que en los últimos días, el lado derecho se ha ido desvaneciendo. Esta semana, el libro está abierto en el salmo 94: “Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva”.

Milagros de pared. En los últimos tres años, Jesús y la Virgen han sido vistos en árboles, porcelanas, lavaderos y muros de casi todo el Valle.

Sólo entre el 2004 y el 2005, la Arquidiócesis fue notificada de imágenes registradas en las zonas rurales de Buenaventura, Tuluá, Palmira, San Pedro, Buga y Cartago.

Alberto José Hidalgo, filósofo de la Universidad Nacional, explica que, no en vano, los hallazgos han sido en el campo.

Según él, en esos sectores, donde la gente tiene mayores necesidades y menos acceso a información, “la ansiedad induce a buscar respuestas en el entorno más inmediato”.

Por eso mismo –explica Hidalgo-- es que la devoción les dura tan poco, pues al ver que en dos meses no se resuelven las dificultades, se van a buscar a otro lado.

“Así encuentran las otras apariciones. Una mancha de aceite se transforma en el Manto Sagrado o una humedad, en la Santísima Trinidad”.

Incluso, el filósofo dice que no es arriesgado pensar que algunos de esos milagros de pared sean promovidos por pastores de los cultos alternativos que ahora proliferan en los pueblos, “pues son los que están a la caza de insatisfechos, ovejas descarriadas y diezmos”.

Jesús Velázquez, párroco del barrio Bosques de Maracaibo, en Tuluá, coincide en que la mayoría de esos sucesos están atravesados por un cinturón de ignorancia.

En sus propias palabras

“Cada caso es diferente y no es raro que en unos haya intereses sanos, en otros intereses económicos y en otros, el poder de la mente y la sugestión”. Gonzalo Gallo González, ex sacerdote.

“Y también de mucha inmadurez. Alguien sólido en su fe no cree en cosas de ese tipo de la noche a la mañana. La prueba más palpable está en que a esa gente, el fervor que predica, se le apaga en dos semanas. La Iglesia no es milagrera”.

‘Señor del mango’. Las apariciones ya no tienen altares. Tampoco fieles que les lleven flores.

El palo de mango del corregimiento de Nariño, en Tuluá, donde dicen que Jesús apareció hace cinco años, huele a orines.

Eurit, un vecino de la zona, explica que el muro de cemento que le mandó a construir un concejal para protegerlo, se convirtió en el baño de los viciosos y que por eso, ya no hace milagros.

De hecho, el hombre cree que Cristo está enojado. Lo piensa porque en su corral nació un pato con patas de pollo, “y antes, una bestialidad de esas no se veía por acá”

En la vereda El Guayabal, en San Pedro, la fe en el Sagrado Rostro que hace dos años se ‘manifestó’ en un lavadero, también se ha extinguido.

Sólo los Bedoya, los dueños del estanque, conservan el fervor. Afirman que la imagen los ayudó a terminar su casa en ladrillo y zinc, a conseguir trabajo y a mantener la salud. Dicen tener la seguridad de que también les va a dar una mano para acabar de amoblar, pues ahora sólo tienen tres poltronas rotas y cortinas como puertas.

Pero Sandra, una vecina que conoce la imagen, lo duda. Asevera que si le dan cepillo y jabón, desaparece, “porque eso es puro moho”.

En Pradera, en el barrio Planeta Amarillo, la romería de hace seis meses también se acabó. Ya nadie visita el lavadero de Rosmery Hernández. Ese donde la mujer, que vive de hacer baños y curar ‘males de ojo’, asevera que “el de arriba” puso la cara.

Ni un solo cristiano, a pesar de que esa sea una de las imágenes más fáciles de reconocer. No hay que buscar ángulos, ni esperar a que el sol le pegue de frente para entender la mancha.

Nada de fieles, aunque aseguren que a Jairito, uno de los niños de la casa, el agua del estanque le quitó un sarpullido que ningún médico antes pudo y que desde que fue vista la aparición se han respirado mejores aires en esa, una de las zonas más ‘calientes’ del pueblo.

Ninguno, pese a que Rosmary advierta que en la pileta también se está formando la figura del Hermano José Gregorio y que, como si los ‘prodigios’ estuvieran de oferta, cuente que por estos días ha tenido revelaciones de números de chance que ya empezaron a caer en la cuadra.

Antecedentes

El pasado 21 de abril, los habitantes de Riofrío le hicieron romería a una acacia amarilla del parque central que, aseguran, está destilando agua congelada y milagrosa.

Diez días antes, en el barrio El Retiro de Cali, hubo peregrinación en torno a una taza de chocolate donde también habría aparecido el Sagrado Rostro.

Fuente: El País (Colombia)

http://elpais-cali.terra.com.co/historico/abr262006/REG/masalla.html#


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