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A pesar de haber aparecido más de 25 000 publicaciones sobre una cierta isla, ningún hombre a se puede jactar hasta ahora de haberla visto o pisado. El promotor de esta marea literaria fue el filósofo griego Platón (427-347 a, de C.), quien por su parte se basó en antiguos informes egipcios. Se trata de la legendaria isla de la Atlántida, de la que él escribió que era más grande que «Asia y Libia juntas».

Sin embargo, no daba datos exactos sobre su situación y lo único que decía es que se encontraba delante de las columnas de Hércules (Gibraltar). A consecuencia de su hundimiento se levantó tanto barro, que el mar de aquella zona ya no fue apto para «recorrerlo o navegarlo».

Sobre la situación y la causa del hundimiento de la isla se han presentado incontables y atrevidas teorías, que han sido desechadas una tras otra. Las especulaciones no han dejado tranquila ni siquiera a la Luna.

Se ha investigado el suelo marino del Atlántico, en el que se suponía se encontraba. Pero ni allí, ni en otros lugares se ha podido encontrar material de prueba. Algunos han buscado la Atlántida en las Spitzbergen, en el Mar del Norte, e incluso en las cercanías de Ceilán. Otros vieron en los mayas centroamericanos a los descendientes del pueblo de la Atlántida y suponían que la isla misma se encontraba en las cercanías del Mar Caribe.

Últimamente se ha defendido la teoría, con motivos plausibles, de que la Atlántida es idéntica al archipiélago de las Santorin, en el Egeo. En esta zona de las Cícladas griegas meridionales, ocurrió hace unos 3500 años una catástrofe volcánica de grandes dimensiones

Sin embargo, según Platón, la Atlántida debió de haberse hundido hace ya más de 10.000 años.

Otros investigadores supusieron que se encontró en la España meridional, relacionándola con la legendaria ciudad de Tartesos. Este centro comercial, incomparablemente rico, de la Edad de Bronce presenta un interés muy particular.

Frecuentemente, la técnica ha sido la que ha introducido en la Historia los períodos de esplendor cultural. Y así, hacia el año 2500 a. de C. un desarrollo técnico casual preparó una de las mayores transformaciones culturales, al tiempo que económico-políticas, del antiguo Occidente. Esta transformación se basó en una sencilla fórmula de aleación: una parte de estaño y nueve partes de cobre. Con el bronce así obtenido, la humanidad recibió un metal de muy diversa aplicación que podía ser forjado y fundido con la misma facilidad y que era igualmente utilizable para la economía doméstica, como adorno, arma o instrumento manual de trabajo.

Lógicamente, los países y comarcas en los que había cobre y estaño se convirtieron en los centros de máximo interés: Inglaterra y la España más tarde andaluza.

Para los pueblos mediterráneos, las costas meridionales de España eran las más apropiadas para construir puertos y ciudades por dos motivos: como estaciones de transbordo intermedias en el camino hacia Inglaterra y como lugares de embarque de los minerales locales.

Tartesos, la pecadora Tarshish de la Biblia, estuvo situada en el Sur de España. Hasta ahora no se sabe su emplazamiento concreto. Pudo haber sido la desembocadura del Guadalquivir, un lugar en las cercanías de Sevilla, o la zona de la posterior Jerez de la Frontera. Tampoco se sabe nada sobre la época de su fundación. Ningún arqueólogo ha tropezado todavía con los restos de esta enigmática ciudad, de cuya existencia no se puede dudar. La ciudad está abundantemente documentada por numerosos testigos de los diversos pueblos de la zona mediterránea. Se sospecha que una «pre-Tartesos» ya sirvió a los cretenses como punto de apoyo durante la época culminante de su poder, en el año 1600 aprox.

Cuando los fenicios fueron expulsados por los griegos de la zona del Mediterráneo oriental, ocuparon todo el sur de España partiendo desde su colonia de Cartago. Es posible que en esta ocasión quisieran eliminar la onerosa competencia que significaba Tartesos para Gades, y destruyeran la ciudad por completo. De este modo se habrían cumplido las predicciones de Isaías: «Llegará un día del Señor sobre todas las naves de Tarshish.» Se cree que este día llegó alrededor del año 530 a. de C., cuando el bronce ya hacía tiempo que había sido sustituido por el hierro.

La situación de Síbaris, fundada por colonos griegos en el sur de Italia, permaneció ignorada durante más de dos milenios. Recientemente, los arqueólogos tropezaron con las reliquias de esta metrópoli que debió de haber dejado en la sombra a la misma Atenas. La localizaron en el golfo de Tarento, entre dos antiguos cursos fluviales, a una profundidad de cinco metros bajo el nivel de las aguas. Probablemente la ciudad, construida sobre la arena de la costa, fue hundida por un terremoto.

Los investigadores utilizaron un magnetómetro para encontrarla; se trata de un instrumento electrónico de sondeo que había sido proyectado originalmente para las sondas espaciales. Con este instrumento se pueden diferenciar los ladrillos cocidos de la piedra natural hasta una profundidad de siete metros.

Los muros y las columnas de Síbaris pudieron ser localizadas exactamente en un círculo de diez kilómetros.

Pero, más que Tartesos y Síbaris, fueron otras dos ciudades desaparecidas, cuyos nombres se habían convertido en sinónimo de perversión y depravación las que finalmente atrajeron sobre sí la ira divinal Sodoma y Gomorra. En el capítulo 19 del Génesis se dice: «Entonces Yavé hizo llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego desde el cielo. Y destruyó estas ciudades y toda la llanura, todos los habitantes de las ciudades y toda la vegetación del suelo. Pero la mujer de Lot se volvió para mirar atrás y se convirtió en una estatua de sal.»

No hay duda alguna sobre la autenticidad de los acontecimientos, ocurridos hacia el año 1900 a. de C. Todas las descripciones y testimonios de otras épocas sobre la situación de las ciudades destruidas indican la zona del Mar Muerto. ¿Fueron estas ciudades víctimas de una catástrofe volcánica? Es improbable. Los volcanes están apagados en un amplio círculo desde hace decenas de miles de años.

La explicación nos la ofrece el mismo Mar Muerto. Estas aguas singulares en las que desemboca el Jordán, llegan hasta a 399 m de profundidad en su parte norte, la mayor. En la parte sur, no lejos de la península de El Lisan, mide por el contrario unos pocos metros por debajo del nivel del mar. Sin embargo, esta elevación sur del lago sólo apareció en el año 1900 a. de C. a causa de un fuerte terremoto que arrastró hacia las profundidades de las aguas las localidades del valle, entre ellas Sodoma y Gomorra. Según exactas informaciones geológicas, el terremoto estuvo acompañado de la emanación de gases sulfurosos que todavía aparecen en la actualidad en el valle del Mar Muerto, así como por enormes llamaradas. Se confirmó incluso la fecha dada por la Biblia: 1900 a. de C., que también fue la época de Abraham y de su sobrino Lot.

Vineta pertenece también al grupo de ciudades famosas desaparecidas, y, aún siendo de las más modernas, los especialistas siguen discutiendo mucho sobre ella. Parece haber aparecido en el año 980 d. de C. como colonia venda, habiendo sido atacada a menudo por los vikingos, hasta su destrucción por los daneses en el año 1098. Se está de acuerdo en la opinión de que debió de ser una ciudad marítima situada ante la desembocadura del Oder. No obstante, ¿dónde se encontraba exactamente, en Wollin, en las cercanías de la ciudad del mismo nombre, o bien en Usedom?

Richard Hennig, en cuya opinión la ciudad debió de estar en el saliente de Usedom, afirma que la mayor de todas las mareas conocidas del Mar Báltico, la correspondiente al día de Todos los Santos de 1304, arrasó parte de la costa, incluyendo la punta noroccidental de la isla de Usedom con las ruinas de Vineta.


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