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La
ciudad sobre la que vamos a hablar aquí no se puede buscar en los mapas porque
nadie conoce su nombre. Junto a Jericó, es la ciudad más antigua del mundo, y
se encuentra situada a unos 1.000 metros de altura, sobre una colina doble de la
altiplanicie de Anatolia, en el sur de Turquía. Las primeras casas fueron
construidas hace aproximadamente 9.000 años. En la actualidad, sus restos son
un testigo de una cultura agraria, altamente desarrollada, de la Edad de Piedra.
Los arqueólogos la llaman por el nombre turco del lugar: Çatal Hüyük. Para
nosotros es una ciudad muy importante ya que de aquí partió el impulso para la
extensión de la agricultura por Europa.
La colina oriental de Çatal
Hüyük, cuya superficie ha sido descubierta en parte por el continuo viento del
sudoeste, permitía reconocer antes de que James Mellaart comenzara la excavación
de la ciudad en 1961 los restos de un muro de adobe rojo cocido, así como
huesos, cerámicas rotas, instrumentos y armas de obsidiana, un cristal volcánico
muy duro y quebradizo. La colina tiene forma ovalada y ocupa una superficie de
unas 13 ha. siendo por lo tanto el mayor yacimiento arqueológico del Cercano
Oriente. Hasta ahora se han investigado 15 de los 19 metros de sedimentaciones
neolíticas. De este modo, han aparecido a la luz del día los restos de 12
diferentes niveles superpuestos de la ciudad.
En algunas capas se han
conservado las paredes de las casas hasta una altura de 2 m. Tanto los suelos
como los techos y paredes se revocaban con una fina arcilla blanca, un
procedimiento que todavía se usa actualmente en Anatolia. Como quiera que se
pueden contar las capas del revoque, se puede leer en ellas la edad por cada
nueva capa anual, y se sabe que ninguna casa fue habitada más de l00 a 120 años.
La determinación del tiempo de la ciudad de la Edad de Piedra de Anatolia, que
ha sido efectuada con ayuda del método del radiocarbono y utilizando madera
carbonizada o ceniza de los fogones, indica que la capa más baja descubierta
hasta ahora fue construida en el VII milenio a, de C.
Todas las casas de la ciudad
estaban construidas con ladrillos de barro, secados al sol, rectangulares, de
colores verdosos o marrón-amarillentos, así como con cañas y revoco. El
mortero negro era aplicado con ceniza y restos de huesos.
Los techos planos estaban
compuestos de haces de cañas cubiertos por una gruesa capa de barro. A las
casas y santuarios sólo se podía entrar por el techo -la escalera, hecha
mediante un tronco de árbol adecuadamente cortado, se apoyaba sobre la pared
sur-, y, por lo tanto eran fáciles de defender. La ciudad estaba compuesta de
complejos de edilicios, grandes y situados unos junto los otros, sin ninguna
separación a base de calles; se podía diferenciar el barrio sacerdotal y el
artesano. Cada casa poseía una habitación propia de culto, adornada con ricas
pinturas murales, relieves en escayola y esculturas.
Unas plataformas situadas a
lo largo de las paredes y cuidadosamente encaladas, servían para trabajar,
sentarse y dormir. Bajo ellas se enterraban incluso a los muertos. Esta
costumbre también se utilizaba en los santuarios, aunque éstos estaban
reservados a la clase sacerdotal y sus familiares.
La luz no solamente se
conseguía mediante lámparas de piedra colocadas en los nichos de los muros,
sino que entraba también por pequeñas ventanas situadas bajo los cantos del
tejado. Los patios o los edificios derruidos servían como instalaciones
sanitarias y basureros; la basura era cubierta inmediatamente con ceniza, de
igual manera que tanto las casas como los santuarios se caracterizaban por una
extraordinaria limpieza. La mayor parte de las habitaciones poseían una
despensa con provisiones de grano conservadas en recipientes de arcilla seca.
Cada familia cocía el pan en su propio horno, y algunas disponían incluso de
hornos apropiados para la fabricación de cacharros de alfarería.
En Çatal Hüyük debió de
predominar un estilo de vida multiforme y agitado. Una gran aplicación en el
trabajo, así como un alto grado de desarrollo de la artesanía y unas profundas
concepciones religiosas pueden haber contribuido a formar esta imagen. Las
excavaciones han proporcionado uno de los testimonios más antiguos del paso de
la forma de vida rural a la urbana, una transformación que se realizó con
increíble rapidez y que se condensó en una mezcla de agricultura y lujo, de
bien fundados conocimientos sobre la ganadería y la agricultura, y de un
bienestar ciudadano.
Mellaart considera que uno de
los fundamentos del espectacular desarrollo del neolítico de Çatal Hüyük fue
la obtención y conservación de los alimentos, tan prácticamente organizada.
La población de esta ciudad consiguió asegurar así los frutos de su «revolución
neolítica», lo que significaba liberarse del hambre. Hacia el año 6000 a. de
C. se cultivaban no menos de 14 plantas distintas, entre otras la escanda, la
escaña menor, la cebada de seis carreras, los guisantes, las habas, las
lentejas y varias plantas oleaginosas. Se importaban almendras, bellotas,
terebintos, manzanas y almecinas, el fruto del almez. La vid y el olivo parecen
haber sido cultivados por primera vez en los milenios IV o III a, de C. Se conocía
la miel, así como una sustancia dulce de la corteza de los árboles.
Junto a este brillante
muestrario del genio neolítico, la ciudad posee una singular cantidad de
santuarios y lugares de culto, que nos permiten formarnos una idea de su mundo
religioso. Se adoraba a una diosa como divinidad principal.
No sólo parecen haber
existido sacerdotes, sino también sacerdotisas. Los innumerables santuarios
estuvieron al servicio de un culto a la fertilidad. Las costumbres funerarias
también debieron ser de naturaleza religiosa. En cientos de tumbas se
encontraban esqueletos que, al parecer, ya fueron enterrados de esta forma, o
sea tras la supresión de todas las partes blandas del cuerpo. La duración máxima
de la vida humana era de unos 40 años.
Mellaart dijo que la cultura
de Çatal Hüyük es un «fenómeno único» en la historia del afán humano: «Es
el miembro de unión entre el ya olvidado cazador del Paleolítico superior y
una nueva sociedad, productora de alimentos, que creó la base de nuestra
civilización.»
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