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Incontables han sido los autores que se han inspirado en la cultura celta a la hora de crear sus obras.

Si remontamos el vuelo hasta el siglo III a.C. podemos imaginar al bardo legendario Oissin componiendo su obra con melancolía y añoranza por los buenos tiempos, cuando Fin MacCumhal, su padre, conducía gloriosamente a los guerreros defensores de Irlanda, la Fianna. De este modo y muchos siglos más tarde, se demostraría a través de la sutileza del Romanticismo, que en el espíritu guerrero celta también estuvo ligado, desde sus comienzos, la poesía, la delicadeza y la pasión. De hecho, en la Europa central, cuna de lo celta, concretamente en Alemania (“todo queda en casa”...) fue el Romanticismo, el cual al verse con tanto que querer expresar desde sus ardientes entrañas, que escogió entre otras cosas lo celta y su mítico pasado.

Como precedente, contribuyó en gran medida, entre 1760 y 1763, el escritor escocés James MacPherson, quien publicó dos libros: “Fingal” y “Temora”. Estas dos obras en la melancolía celta (y otras como la colección de poemas gaélicos “Fragmentos de Poesía Antigua”) gozaron de gran admiración entre el inspirado público. Sin embargo, muchos pusieron en duda la veracidad de sus obras, pues no creían posible que fuesen auténticas traducciones hechas a partir de las obras del mismísimo Oissin.

Así, en 1774, la principal figura de la literatura alemana, Goethe, en su libro “Werther”, retomó los “Cantos de Oissin” como válvula de escape a la desesperada aflicción que envolvía a su personaje, utilizando fragmentos del mismo en su libro tal que así:

 

“Estrella del atardecer,

hermosa centelleas por poniente,

asomas la cabeza refulgente tras tu nube

y caminas firme hacia la colina.

¿Qué busca tu mirada en el Heide?

Los tiempos tempestuosos

se han apaciguado,

de lejos llega el murmullo de la cascada;

las rugientes olas juguetean

con las rocas en la lejanía;

el zumbido de insectos vespertinos

llena los campos.

¿Qué es lo que tú miras, hermosa luz?

Pero tú sonríes y avanzas,

las olas te rodean jubilosas

y bañan tu graciosa cabellera.

¡Adiós, rayo placentero!

¡Asoma tú,

luz maravillosa del alma de Ossian!”

 

¿Y en el término del siglo XIX, qué podríamos decir de William Butler Yeats? Queda patente el amor que sentía este autor irlandés por la cultura y la patria de sus antepasados, y si hay dudas solamente hay que leer en su “Crepúsculo Celta” (donde hace un recorrido por zonas gaeltach irlandesas) el fragmento que describe la suave hierba junto a la rueda del molino o de nuevo la incomparable figura del bardo en “The Wanderings of Oissin”.

Qué menos que nombrar también al genio de la literatura fantástica de este siglo, Tolkien, autor de una joya como “El Señor de los Anillos”, con el druídico Gandalf, los bosques llenos de magia oscura, los elfos, los guerreros cantando viejas odas, o “El Silmarillion”, como obra épica y mítica de dioses y tierras lejanas...

Pero tampoco hay que irse muy lejos de casa para encontrar referencias celtas en obras de grandes escritores. Aquí en España tenemos el legado de Béquer, quien admiró y se inspiró en las obras de MacPherson para componer algunas de sus “Rimas”.

Los Celtas siempre han tenido mucho que decir... y la seguirán teniendo para el consuelo de todos nosotros, porque como dijo Tolkien:

 

“Para demasiados, tal vez la mayoría de la gente ajena a la pequeña compañía de los grandes eruditos del pasado y del presente, lo celta de alguna manera es... una bolsa mágica, en la cual se puede poner alguna cosa y de la que también puede llegar algo... cualquier cosa es posible en el fabuloso crepúsculo celta el cual, por consiguiente, no está tanto entre dos luces con los dioses como con la razón”. "

  FUENTE: KELTOI


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