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UN ESTUDIO A LA ARMONÍA DE LO CELTA

Tras la atracción ejercida por la nueva ola musical de mano de autores irlandeses, escoceses, franceses o españoles, se esconde un mensaje mucho más importante que trasciende la pasividad del consumista feliz, una llamada a la forma más íntima de sentir la propia vida en el interior de cada cual. Es el celtismo latente, vivo y dispuesto a mostrarse a quien profundice más allá de la oferta cultural.

 

Una forma de vivir

Sobre el significado del sentimiento céltico se pregunta el recién llegado a esta parcela cultural que simpatiza con ciertos aspectos como el musical o el folclórico, que siente realmente algo especial y distinto cuando se vincula a este fenómeno pero que no comprende muy bien qué significa realmente ser celta y hasta siente cierta vergüenza proclamarlo en voz alta. Superada ya la etapa de pensar en el celta como en un guerrero con cascos astados y sabiendo que los celtas de hoy somos gente de a pie (empresarios, estudiantes, funcionarios, ociosos, protestantes, católicos, altos y morenos o rubios y regordetes) el siguiente paso es no ocul­tarlo para, finalmente, concretar conscientemente las bases morales que la memoria genética se ha encargado de transmitir a lo largo de las generaciones. Tenemos, por tanto, una parcela cultural a la que pueden allegarse todos aquellos que deseen disfrutar de las condiciones lúdicas y de las actividades sociales del celtismo. Pero tenemos también algo más. Algo con lo que algunos pueden identificarse de forma más íntima, algo que se siente de otra manera porque parte de las mismas raíces del espíritu, esto es, la celticidad misma,  una forma de vivir de aquellos que tarde o temprano acaban descubriendo que toda su vida han estado moviéndose en círculos alrededor de un propósito o, para ser más descriptivos, recorriendo una espiral que le llevaría a su posesión más preciada: conocer el paisaje donde su ser se desarrolla. A partir de ahí deberá comenzar la búsqueda de su finalidad ahora que conoce su origen, sus raíces. Este sentimiento siempre ha existido entre estos seres aún ignorando su propia historia porque el celta nunca ha dejado de existir. El resto de la gente puede simpatizar o no con esta oferta cultural. Los que no lo hagan pierden la oportunidad de disfrutar con acontecimientos de una calidad excepcional. Los que participen, van a crear el marco apropiado y necesario para que en él se geste un renovado impulso del sentimiento del celta.

 

La oferta actual

Los estudiosos en solitario deben dejar paso a la demanda masiva, a los colectivos que van a participar del celtismo, se ajuste éste o no a las ideas fijas de los anacoretas celtistas en vías de extinción. La visión de un celtismo actual, vivo, lleno de música y color se va a popularizar y acabará por sofocar los empolvados conceptos históricos de aquellos que no se han reciclado sino que siguen forzando las fuentes de sus estudios para adaptarlas a su particular realidad. La "Nordouria", la región peninsular actualmente más céltica está resurgiendo y no es basándose en elementos históricos o lingüísticos que lo único que provocan es la escisión en lugar de la unión, sino apoyándose en un sentir que parte del reconocimiento de unos valores innatos y la identificación de estos valores con las premisas célticas. Quien así lo sienta puede proclamarse celta y habrá descubierto sus raíces. La civilización celta siempre ha tenido algo que ofrecer dada su enorme capacidad de adaptación a los tiempos que le tocase vivir. Es especialmente esto lo que ha mantenido su unidad y así, mientras que otros pueblos, culturas o civilizaciones basaban su hegemonía en una política imperialista, en el expansionismo y dominio de los pueblos vecinos o en un elaborado y complicado sistema de leyes, los celtas han optado siempre por ofertar algún elemento con el que pudiesen obtener ventaja sobre sus coetáneos. Así, en los siglos -VII y -VI comerciaron con la sal, elemento de primer orden para la conservación de los alimentos; en los siglos -V y -IV lo hicieron con el hierro, que desbancaría definitivamente las herramientas y armas de bronce; en el siglo -III comerciaron con el mercenariado, tan excelentes se mostraban como tropas auxiliares de choque y como caballería; en los siglos -II y -I se especializaron en la artesanía y asombraron al mundo con la belleza y minuciosidad de sus obras de arte en joyería, orfebrería y manufacturados; en la edad media ofertaron la literatura de su extenso e inigualable patrimonio legendario y mitológico. Finalmente, en la época actual, el celta ofrece su música y, como siempre, asombra a todos. Hay que reconocer su adaptabilidad y su inagotable creatividad. Estos dos elementos son típicamente célticos a la vez que un tornasol donde poner a prueba el celtismo de cada uno. Existen muchos más elementos celtas.

FUENTE: KELTOI


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