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Conocíamos
los asesinos del claro de luna y diversos personajes horribles surgidos de
la niebla. Pero nunca habíamos oído hablar de “carreteras asesinas” en
noches de luna llena y niebla conjuradas. Pues bien, eso existe. Las
pariciones de ese tipo nuevo de fantasma se producen con relativa frecuencia
en una carretera secundaria del Condado de Kent, que comienza en la salida
Sevenoack de la autopista 21 y conduce a la pequeña aldea de Tombridge.
Parece
ser que, hasta hoy, han pagado ya con su vida nueve personas ese encuentro
con el espejismo nocturno.
La
señora Babs Davidson, por su parte, fue más afortunada y gracias a ella
esas muertes inexplicables acaban de encontrar... un principio de explicación.
Esta
empleada de correos toma a menudo dicho itinerario para ir a su trabajo y
volver. Recientemente, hacia las 23 h., recorría una vez más ese trayecto.
Era en periodo de luna llena, y una ligera niebla envolvía el campo. De
pronto se vio obligada a frenar bruscamente: acababa de presentarse ante su
vista un cruce. Pero la Sra. Davidson sabía mejor que nadie que en ese
lugar no existe ninguna bifurcación. Incluso los pocos caminos que conducen
a campos o a bosques de los alrededores se hallaban antes o después del
lugar en el que ella se encontraba.
La
empleada de correos reanudó su marcha a velocidad reducida. No. No soñaba,
una carretera había nacido espontáneamente para cruzarse con la suya en ángulo
recto.
Pero
pronto supo dominar su desconcierto. Atravesó el “cruce que no tenía
derecho de existir” y prosiguió su camino normal, cada vez más
intrigada.
Pronto
estuvo junto a William, su marido, en su quinta de Shoreham. Y le contó su
pesadilla.
“Es
sin duda un efecto de la luna sobre una capa de niebla a ras del suelo”.
Fue la respuesta de William.
Pero
no parecía tan sencillo. De hecho pocos instantes antes de la
desconcertante visión, la Sra. Davidson se había encontrado sumergida en
unas tinieblas profundas, y sólo sus faros le habían permitido distinguir
en ese momento el asfalto de la carretera. Eso sólo había durado dos o
tres segundos, e inmediatamente después fue cuando se encontró en pleno
claro de luna con la “falsa carretera” frente a ella.
La
pareja, más intrigada que nunca repitió el trayecto cuando llegó el día.
A derecha e izquierda del lugar sospechoso no había sino prados mal
nivelados y bordeados de zanjas. Si la conductora se hubiera aventurado por
allí, hubiera volcado irremediablemente.
Un
poco más tarde, todavía en luna llena, la automovilista, todavía más
estupefacta, volvió a encontrarse exactamente en la misma situación. Pero
le pareció que la “carretera fantasma” no estaba exactamente en el
mismo lugar.
Habló
de ello a los servicios locales de calzadas y puentes, aceptando con filosofía
la desagradable eventualidad de que se le rieran en las narices.
Pues
bien, en lugar de burlarse de ella, los inspectores escucharon su relato con
infinita atención. Uno de ellos dijo finalmente:
“¡Esa
sería pues la causa de tantos accidentes inexplicables!”
Y
recordó a la Sra. Davidson , quien lo había ya olvidado, que desde 1977
cuatro automóviles, con un total de nueve personas, habían virado
bruscamente en ese trecho de la carretera, por decisión deliberada, según
parecía, cuando esa maniobra los lanzaba obligatoriamente al vacío. Todos
los desdichados ocupantes encontraron instantáneamente la muerte.
El
primero de esos accidentes se remonta a 1977. Entre las víctimas se contaba
un niño de 12 años. El lugar era exactamente el de la primera “aparición”
de la señora Davidson. El segundo, que se cobró la vida de tres jóvenes
en mayo de 1978, había tenido lugar 100 metros más allá. El tercero, en
el mes de agosto, en un lugar situado a igual distancia de los dos
precedentes. En febrero de 1979, el cambio brusco e imprevisto de dirección
(siempre dentro de ese tramo de 100 metros) había provocado una colisión
con otro coche que venía en sentido inverso, y dos personas habían
perecido también en ese segundo vehículo.
Los
informes de esos cuatro dramas han vuelto a abrirse. Y se ha observado que
todos tenían, como punto en común, el haberse producido de noche, en luna
llena y con niebla. Los racionalistas buscan desesperadamente una explicación
física, otros hablan de hacer exorcizar la carretera.
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