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Sin duda alguna, Carl Gustav Jung fue uno de los más grandes psiquiatras y psicoterapeutas que ha conocido la ciencia, pero pocos tienen noticias del interés que despertaban en él los fenómenos paranormales. Sus ideas a este respecto llegaron a crearle fama de "místico" y con sus escritos, puso en juego su reputación, duramente adquirida, de capacidad de juicio científico.

El psiquiatra estaba sumamente interesado en conocer las opiniones de Sigmud Freud respecto a la precognición y ia parapsicología en general. Cuando lo visitó en Vienna, en 1900, no pudo resistir la tentación de preguntarle sobre ello. Freud rechazó radicalmente la cuestión, basándose en un materialismo tan infantil, que resultó muy difícil no responderle agriamente.

Mientras Freud exponía sus argumentos, la indignación de su interlocutor iba creciendo con cada palabra. De pronto, el hombre comenzó a sentir una extraña sensación. Le parecía que su diafragma era de hierro y estaba comenzando a calentarse hasta llegar a la incandescencia. En ese mismo momento sonó un fuerte crujida en la biblioteca.

Los dos médicos se asustaron, creyeron que el mueble estaba a punto de caer sobre ellos.

- Esto ha sido un fenómeno de exteriorización de los denominados catalíticos.

­ ¡Bah! -repuso Freud- ¡Esto sí que es absurdo!.

- Pues no -le respondió su colega-, se equivoca usted señor profesor. Y para probar que llevo razón, le prediga ahora que volverá inmediatamente a oírse otro crujido.

Efectivamente, apenas terminada la frase se oyó de nuevo el sonido proveniente de la biblioteca. Freud miró horrorizado, sin saber qué  hacer ni qué pensar. Estaba completamente perplejo.

En abril de ese mismo año, Freud remitía una carta al que había sido su invitado, negando en ella cualquier significado paranormal a la experiencia que habían observado en su propia domicilio. Tuvo que pasar un tiempo para producirse un drástico cambio en la mentalidad de Freud. En una nueva carta fechada el 15 de junio de1.911, afirmaba: "... me he vuelto humilde en cuestiones de ocultismo. Prometo creer todo lo que de algún modo pueda convertirse en racional".

La persona destinataria de las cartas, y que había efectuado una demostración de aparente psicoquinesia [influencia de la mente sobre la materia) delante del creador del psicoanálisis, fue uno de los pensadores más destacados de nuestro tiempo. Hoy en día no hay necesidad de presentar la figura de Carl Gustav Jung, cuya obra fue una continua contribución a la comprensión de nosotros mismos. Desde un principio sus escritos llamaron la atención por la originalidad de pensamiento que reflejaban. Su mayor preocupación era la de arrojar algo de luz sobre esa región oscura de nuestra psique, que él llamó inconsciente.

Sus investigaciones y experiencias le adentraron en el campo paranormal [denominada por aquellos años "oculto"), y le llevaron a formular su teoría de la sincronicidad. Una de las ideas más atrevidas para dar explicación a los hechos estudiados por la parapsicología, y a la que se le comienzan a unir en la actualidad varios científicos dé muy diversas ramas, tales como la física y la biología.

Junto a su formación médica, Jung era un gran humanista y un gran estudioso de otras disciplinas. Era un hombre sencillo, espontáneo, con gran sentido del humor y con un interés genuino por lo que los demás pudieran enseñarle.

No resulta posible considerar a Jung como un autor popular, algunos de sus libros se leen con dificultad. Esto no debe extrañarnos, ya que muchos de sus descubrimientos respecto a la naturaleza están en oposición con el deseo de una inmensa mayoría de personas. Conociendo muy bien la complejidad y la obstinación de la mente humana, rehuyó la formulación de leyes y las conclusiones dogmáticas, manteniendo una posición siempre abierta.

LA BÚSQUEDA DE LO INTANGIBLE

Carl Gustav Jung nació en Suiza en 1.875. Su padre era párroco en la iglesia del salto del Rhin de Schffausen, más tarde, la familia se trasladó a Basilea. En 1.895 comenzó sus estudios de medicina en la Universidad de esta ciudad.

Cuando llegó la hora de especializarse, no logró decidirse por ninguna de las posibilidades que se le ofrecían. Le atraía la cirugía, mas los estudios superiores que ésta requerían estaban fuera de sus posibilidades económicas. La psiquiatría se encontraba completamente apartada de su interés. No esperaba nada de ella. Por aquellos años era una especialidad digna de desprecio. La psicología del enfermo mental no desempeñaba en absoluto ningún papel. Simplemente se diagnosticaba, sin intentar ningún tipo de recuperación del paciente. Sin embargo Jung leyó el libro de Krafft-Eding titulado "Manual de psiquiatría". Ya en el prologo el autor denominaba a la psicosis "enfermedad de la persona".

Una gran excitación se apoderó de él había encontrado el campo común de las experiencias, de los hechos lógicos y espirituales, que por todas partes había buscada sin encontrarlo. Su decisión estaba tomada. Cuando se lo comunicó a sus profesores y compañeros de estudio le tomaran por loco al rechazar la oportunidad de hacer carrera como médico internista. Pero para Jung, por fin, había encontrado el lugar de cruce entre la naturaleza y el espíritu.

Pero debemos retroceder en el tiempo, para poder llegar a comprender por qué Jung quedó maravillado ante el libro de Krafft-Eding. No sólo su padre era sacerdote, sino también dos de sus tíos paternos y seis familiares más por parte de su madre, por lo que escuchó durante su infancia y juventud muchas conversaciones religiosas, discusiones teológicas y sermones.

Poseyendo una gran vida interior, su inquietud no pudo acallarla con lo que oía de sus mayores, ni con la lectura de los libros de la biblioteca de su padre. Tampoco encontró la respuesta a sus preguntas trascendentales en la Biblia. Con el paso del tiempo sus lecturas de los clásicos griegos y religiosos, dieron paso a los libros de los pensadores profundos modernos; Nietzsche y Schopenhauer entre otros. Sus inquietudes le hicieron enfrentarse con los conceptos de Dios y de la VERDAD. Sus ideas sobre lo humano y lo divino provocaron numerosas discusiones con su padre.

Corrían las vacaciones del verano de 1.898, cuando se produjeron en el domicilio de Jung unos sucesos que le marcarían muy profundamente. En dos ocasiones se escuchó una explosión acompañada de la rotura de objetos. No pudiendo encontrar una explicación racional a los hechos, pensó que se trataban de sucesos extraordinarios. Algunas semanas más tarde se enteró de que unos parientes suyos mantenían relación con una joven médium, de poco m s de 15 años. Picado por la curiosidad y esperando poder comprender los fenómenos que había observado en su casa, comenzó a asistir los domingos por la tarde a las sesiones espiritistas. Jung fue testigo de transmisiones de pensamientos, golpes en las paredes y en la mesa. Comprendiendo que los fenómenos físicos eran difíciles de controlar con los medios de que disponía, centró su atención en las comunicaciones telepáticas.

Jung empezó a escribir una relación, minuciosa de cada sesión. Tropezó con innumerables problemas en la investigación. Sus catedráticos le aseguraron que perdía el tiempo tratando de descifrar semejante disparate. Leyó muchos libros sobre espiritismo, investigación psíquica y otros temas similares. Jung no se dejó convencer por las ideas de los demás. Amplió sus lecturas abarcando la epilepsia, la histeria y la neurastenia. Se familiarizo con los estados alterados de consciencia, con la hipnosis y con el sonambulismo.

Tras dos años de trabajo, las facultades de la médium comenzaron a decrecer. Un día Jung sorprendió a la muchacha mientras utilizaba el fraude para producir las manifestaciones. Dejó las sesiones, pero algo dentro de él había cambiado. Su filosofía de la vida jamás volvió a ser la misma. Por primera vez, no sólo había estudiado de cerca la formación de la doble personalidad y había experimentado algo objetivo sobre la psique humana, sino que en su presencia se produjeron fenómenos extrafísicos difíciles de explicar. Pero no conocía a nadie al que pudiera comunicar lo que había aprendido, tuvo que esperar a poder exponer los resultados de sus observaciones en su tesis doctoral (Sobre la psicología y patología de los fenómenos denominados ocultos) escrita en 1.902.

Aunque tomada repentinamente la decisión de ser psiquiatra era la culminación de una serie de preguntas que habían permanecido en la mente de Jung. Algunas de las cuales se remontaban hasta su niñez. Entre sus primeros recuerdos, figuraban algunos sueños cargados con tanta fuerza que no había podido olvidarlos. Siendo muchacho escuchó con tar, a los campesinos de su localidad, extraños relatos e historias sobre hechos aparentemente sobrenaturales.

Cuando leyó el libro de Krafft-Eding, Jung recordó todo esto y a la joven médium que había investigado en su época de estudiante, supo a ciencia cierta que la psiquiatría podría proporcionarle la clave de algunos de los enigmas que se planteaba: ¿Qué podían significar los fenómenos pararnormales? ¿Tenían algún sentido trascendental? ¿Hasta qué punto estaba involucrada la mente humana en todo esto?

Nunca se volvería atrás o lamentaría haber tomada la decisión de ser psiquiatra.

UNA MIRADA A LO OCULTO

Como psiquiatra y psicoterapeuta, Jung tuvo a menudo oportunidad de entrar en contacto con diversos fenómenos paranormales, llegando a convencerse de su realidad.

Ya en 1.905, cuando ejercía de médico jefe en la clínica psiquiátrica de la Universidad de Zurich, pudo comprobar coma mediante la hipnosis se producían sanaciones sorprendentes. Uno de sus primeros casos fue el de una mujer de 58 años que padecía una parálisis dolorosa en su pierna izquierda desde los 17, y que quedó completamente curada después de una sesión hipnótica dirigida por él. Trabajó durante un tiempo con la hipnosis, llegando a adoptarla en su consulta privada, pero la descartó al percatarse de que jamás sabía cuánto duraba un progreso o una convalecencia. Ante esta incertidumbre prefirió realizar cuidadosos análisis de los sueños y de otras manifestaciones del inconsciente.

Su interés por los sueños no sólo se limitó al análisis psicológico. En sus estudios pudo comprobar como las facultades extrafísicas de sus pacientes aumentaban cuando se veían sometidas a estados no ordinarios de consciencia. Vio en los sueños una posible vía de la percepción extrasensorial (PES); si bien llegó a afirmar de los sueños premonitorios:

-No son más proféticos que un diagnóstico médico o una predicción meteorológica. Son meramente una combinación anticipada de probabilidades que puede coincidir con el desarrollo real de las cosas, pero que no concuerda necesariamente con estas en todos los puntos"

No mantuvo esta opinión el resto de sus días, al poder comprobar par sí mismo y por las diversas investigaciones de los parapsicólogos de aquellos años, como las personas eran capaces de recibir, par medio de PES, mensajes y visiones de acontecimientos imposibles de ser captados por los sentidos físicos del ser humano.

Al ocuparse de la psicología de los procesos inconscientes chocó con la existencia de fenómenos psicológicas paralelos que no estaban relacionados entre ellos de modo causal, tales como la aparición simultánea de pensamientos, símbolos o estadas psíquicos idénticos. En muchos de sus escritos, Jung comenta veladamente este tipo de observaciones sin darles una explicación, ni intentar esclarecerlas.

Durante décadas rehuyó el enfrentamiento con los prejuicios de los escépticos. Pero para el psiquiatra suizo no bastaba con la mera observación de los hechos, procuró buscarles una explicación. No es hasta 1.952, cuando con la publicación de su obra "La interpretación de la naturaleza y la psique", se atreve a afrontar el problema que había pospuesto durante tanto tiempo. En ella utiliza la expresión “sincronicidad” para definir la coincidencia temporal de dos o más acontecimientos con un contenido idéntico o semejante, conectados mutuamente de manera significativa y de modo que no existe relación entre la causa y el efecto.

Los incrédulos -tanto los de entonces como los de ahora- se refugian en la poco científica escapatoria de afirmar que todo se trata de coincidencias casuales. Jung no pensaba que el azar fuera capaz de producir concordancias en ocasiones verdaderamente asombrosas. Comprendiendo que el método adecuado a la naturaleza del azar es el matemático, encontró una confirmación a sus ideas en los experimentas llevados a cabo por J. B. Rhine en la Universidad de Duke, Carolina del Norte. El biólogo norteamericano, mediante tets efectuados con las ya famosas cartas Zener, había conseguido demostrar estadísticamente las facultades paranormales de muchos sujetos.

El hecho de que la distancia, tanto de espacio como de tiempo, no plantea ninguna dificultad a la hora de manifestaciones PES le hizo pensar que no se trataban de fenómenos energéticos, puesto que en ese caso el espacio a superar y la difusión a la que se vería sometida cualquier energía, produciría una disminución en el efecto, una función psíquica parecía ser la causante de la eliminación de los factores tiempo y espacio, ya que en ocasiones estos factores pueden dejar de existir para la psique humana.

Viendo en todo esto una posible relación entre los fenómenos sincrónicos y los descubrimientos de la física subatómica, no dudó en tratar el tema con otros científicos, entre los cuales se encontraba Niels Bohr, uno de los pioneros de la revolución cuántica.

A Jung le resultó difícil no encontrar una explicación trascendental, todo parecía confirmar la hipótesis de que la existencia tiene un significado por sí misma. No debemos entender a la sincronicidad como una simple explicación a la telepatía o a la clarividencia.

Un ejemplo narrado por el propio Jung puede abrir nuestros ojos. Cuando compruebas que tu billete de tranvía lleva el mismo número que la entrada para el teatro que has comprado, y luego recibes una llamada de teléfono durante la cual se te da un número telefónico idéntico a los anteriores, no parece que semejantes casualidades sean debidas al simple azar. Si son fenómenos causales ¿Qué causa puede producir semejantes efectos?. Y de tener algún significado trascendental ¿Cúal es éste?.

Actualmebte muchos científicos plantean teorías capaces de hacer que la idea junguiana de la sincronicidad cobre un nuevo significado. Las teorías holográficas de Karl Pribram, Paul Pietsch o la "resoriancia mórfica de Rupert Sheldrake, entre muchas otras, han conseguido hacernos pensar en un universo completamente diferente al que solemos imaginarnos, en el que todo estaría en contacto y reflejado en todo.

Ante la idea de la totalidad, el espacio y el tiempo no serían tan reales como nos parecen, por lo que le resultaría factible a nuestra psique obtener información del universo que nos rodea, sin la necesidad de que intervengan nuestros sentidos conocidos.

DIVERSOS ASPECTOS DE LA REALIDAD

Jung sabía muy bien como el prejuicio del escéptico, bastante extendido por desgracia, pasa por alto premeditadamente que la parapsicología se basa en hechos observables y no en especulaciones filosóficas. Entre los hechos de la vida cotidiana y los de la fenomenología paranormal existe un contraste tan pronunciado que estos son desechados como enteramente irracionales y sin sentido, siendo excluidos, de forma evidentemente injustificada, de la investigación y de la consideración científica, exactamente como si no existieran. Pero existen fenómenos de este tipo, y si nos parecen absurdos, eso sólo demuestra que no los comprendemos.

A Carl Gustav Jung, ningún tema dentro del campo de la paranormal dejó de interesarle. Estudio astrología y alquimia, investigó la filosofía oriental en busca de una explicación a los hechos desacreditados por la mayoría de la comunidad científica, pero que él sabía que eran ciertos. Durante su vida llevó un registro cuidadoso de sus experiencias paranormales personales.

Merece la pena hacer un pequeño recorrido por ellas, para que podamos comprender por qué Jung estaba tan convencido de la existencia de otras realidades.

Corría el año 1.913 cuando viajó a Rávena. En compañía de una amiga se le ocurrió visitar la tumba de Gala Placidia. En ella se sintió particularmente interesado en un mosaico de Cristo, en el que éste ayudaba a Pedro cuando se hundía en el agua. Al salir del recinto quiso comprar una fotografía del mosaico, pero no pudo encontrarla entre los recuerdos para turistas. Nunca olvidó aquella obra de arte.

Una vez se encontraba de nuevo en su casa de Zurich se enteró de que un buen amigo suyo pensaba dirigirse a Rávena, así que le pidió que hiciese una fotografía del mosaico. Cuando su amigo regresó del viaje, sorprendió y desconcertó a Jung al decirle que tal obra no existía y que nadie tenía referencias de ella.

Tanto Jung como su compañera de viaje se negaron a creer que la visión que habían tenido juntos se tratase de una alucinación ¿Qué fue en realidad lo que habían visto? Nunca consiguió encontrar una explicación lógica a lo sucedido.

Durante un tiempo, Jung llevó a cabo consigo mismo trabajos sobre el inconsciente. En sueños y trances se le aparecieran dos figuras humanas. Una era la de una anciana que se presentó con el nombre de Elías, la otra se trataba de una muchacha ciega que decía llamarse Salom. A estos dos personajes les solía acompañar una serpiente negra. Pronto dieron paso a otra figura, la de Filemón. Con él mantuvo largas conversaciones. A veces se le aparecía casi de modo real y los dos paseaban por el jardín mientras hablaban de cosas que Jung desconocía. Más tarde apareció una nueva a la que designó can el nombre de Ka.

Siempre se refería a ellas como meras fantasías. Pasaron unos 15 años cuando le visitó un viejo indio amigo de Gandi. Trataron el problema de la relación entre gurú y alumno. El indio le explicó a Jung que existen gurús espirituales, aunque la mayoría tienen por maestro a un hombre vivo, hay siempre quienes tienen por gurú a un espíritu.

Esta conversación le resultó tan consoladora como aclaratoria, después de todo no se había apartado de lo que les sucede a las personas que se dedican a este tipo de estudios.

H. Jantz y K. Beringer habían descrito, en 1.944, algunas experiencias cercanas a la muerte (ECM), llegando a definirlas como "vivencia de ascensión al cielo". Jung conocía las ECM por su propia experiencia clínica, algunos de sus pacientes habían estado cerca de la muerte y le llegaron a relatar lo que sintieron y vieran. El interés que despertó en él la obra de Jantz y Beringer se debía a una visión que había experimentado a principios de ese mismo año (1.944)

Después de la fractura de un pie sufrió un infarto cardiaco. Cuando se encontraba en peligro de muerte vivió una ECM que le marcó muy profundamente. Vio la Tierra desde el espacio. Al cabo de un rato se volvió, una gran mole de piedra negra flotaba en el universo, en ella se encontraba un indio sentado en un trono de loto, y más allá un palacio.

Al acercarse a los peldaños de una escalera, Jung tuvo la sensación de revivir todas las experiencias que había sufrido durante su vida. Una extraña impresión le invadió, le parecía que dentro de una sala del palacio se encontraban las personas con las que en vida mantuvo una verdadera relación. Mientras pensaba sobre lo que le estaba ocurriendo, de pronto, vio surgir la imagen de su médico desde Europa, cuando se encontraron cara a cara tuvo lugar entre ellos una muda transmisión de pensamientos, en la que se le comunicaba en nombre de toda la humanidad que no abandonara la Tierra y que regresase. Transcurrieron tres semanas hasta que decidió reincorporarse a la vida. Desilusionado, pensaba:

­ Ahora debo volver a insertarme en el sistema de los "cajoncitos"

La vida y el mundo le parecían una cárcel y le costaba acostumbrarse a la idea de regresar. Sentía antipatía por el médico que le había vuelto al mundo. En un momento le vino a la cabeza la terrible idea de que era él el que iba a morir. Pese a las recriminaciones de su mujer, Jung intentó comunicárselo al médico y hablar de la experiencia por la que había pasado. Pero el hombre no le hizo el menor caso. El 8 de abril de 1.944, el médico cayó enfermo. Poco después moría de septicemia.

La ECM, y las vivencias que la acompañaran le parecieron a Jung completamente reales, no una serie de alucinaciones y visiones producidas por la enfermedad. Su visión de la vida y del mundo cambió, haciendo que sus obras principales surgieran después de contemplar otras realidades.

ANTE OTROS ENIGMAS Y PREGUNTAS

En un libro publicado en 1.958, titulado "Un mito moderno. Objetos que se ven en el cielo" Jung abordó el problema OVNI desde dos perspectivas diferentes. Una como la realidad de objetos físicos que surcan nuestros cielos, dejándose ver por los seres humanos. Y otra, como objetos de una posible procedencia del inconsciente colectivo.

No le resultaba fácil decantarse por una de las dos opciones, veía pruebas tanto en un sentido como en otro. Sin embargo, consideraba el fenómeno como síntoma de una crisis espiritual del hombre y de la tensión colectiva que ésta producía.

Indudablemente la humanidad es propensa a crear nuevas religiones cuando las viejas desaparecen. Jung vio esta sombra en dos cuestiones diferentes: la adoración a la ciencia y a los OVNIS.

No le pasó desapercibida la forma circular de los objetos que recordaban al circulo mágico llamado mandala. Los mandalas se presentaban según su propia experiencia, en situaciones confusas y de carácter enigmatico. Mediante el circulo guardián y protector evitamos todo lo que tiende a dispersarse. Es un símbolo universal, que no sólo encontramos en oriente, sino que sabemos de su existencia entre nosotros, como mínimo, desde la Edad Media.

¿Puede deberse parte del fenómeno OVNI a efectos sincrónicos del inconsciente? Jung apuntó esta teoría sin descartar su posible realidad extraterrestre.

Encontró una preocupación en el cambio de dioses arquetipo en la humanidad, ya que estaba convencido de que se acercaba una gran transformación del hombre. El advenimiento del fin del milenio se uniría al paso astrológico de Piscis a Acuario, para producir una revolución en el ser humano como no hemos conocido hasta ahora. Este aspecto tan poco científico de Jung no debe extrañarnos, no debemos olvidar que su teoría de la sincronicidad deja una puerta abierta a la astrología, el I Ching y otras ciencias adivinatorias.

Jung se mantenía informado de las investigaciones parapsicológicas. Contempló los intentos de algunos científicos, como Crookes, Tiyers o Wallace, por indagar sobre las posibles pruebas de una vida después de la muerte. El materialismo occidental había intentado reprimir las ideas de la existencia se seres espirituales, que moran a nuestro alrededor ejerciendo una influencia invisible en nosotros.

Jung sabia que en los pueblos primitivos se producían muchas más manifestaciones paranormales, debida a que no habían sufrido ninguna represión, y que un europeo, por ejemplo, cuando poseía un estado psíquico fuera de lo común tenía insólitas percepciones. Lo único que cambiaba era la interpretación que un hombre u otro hacia de ellas.

Todo esto hizo que se preocupara por la reencarnación, el karma y cualquier tipo de posible continuación de la vida psíquica tras la muerte física.

Quizás si sobrevive algo cuando fallecemos es esa parte inconsciente del hombre a la que Jung estudió tan bien. Buscó respuestas en los sueños, y en todo lo que pudiera ser una representación de esa parte tan profunda del ser humano.

El mayor mérito de Carl Gustav Jung fue el de acercarnos a nosotros mismos, sin identificarse con una "verdad" absoluta. Viendo en tales identificaciones una verdadera catástrofe, pues en lugar de conocimiento se tiene entonces convicción, lo que a veces es más cómodo y por lo tanto más atrayente, pero que nos aleja de esa "verdad" que tanto se busca.

Durante su vida y en los años transcurridos desde su muerte -falleció en 1.961- fue acusado de "místico", de alejarse de la realidad y de animista. Pero Jung demostró sobradamente que sólo el estudio y la investigación de los hechos, pueden descubrir qué se oculta detrás de los acontecimientos tachados de sobrenaturales, y desestimados por una inmensa mayoría de personas, que sin analizar las pruebas y las vivencias de otros sujetos niegan todo lo que no pueden comprender.


  Si quieres saber más sobre Jung: Trabajo de investigación


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