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CRÁNEOS QUE GIMEN
Alfonso Real
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Existen extrañas creencias sobre el poder de las calaveras. EL cráneo humano ha inspirado un temor supersticioso a numerosos pueblos primitivos. Se creía que albergaba el alma del difunto.
Los cazadores de cabezas conservaban los cráneos de sus adversarios como trofeos de guerra. Los guerreros escandinavos bebían en cráneos, con el fin de heredar el valor de sus enemigos. Los antiguos celtas decoraban con cráneos sus templos. En las islas Trobriand, al sudeste de Nueva Guinea, la viuda empalaba el cráneo de su esposo fallecido, que a modo de señal hacía respetar la intimidad de su morada. Otras veces lo usaba como cazuela.
El cráneo siempre ha desempeñado papeles importantes en la brujería y en la magia negra. Figuró en un juicio de gran relieve celebrado en Inglaterra el año 1612, cuando Anne Chattox, dirigente de un clan de hechiceros en Lancashire, fue acusada de haber desenterrado tres calaveras en un cementerio y de haberlas utilizado para algún ritual o brebaje demoníaco. Fue colgada.
Pero los cráneos no han sido siempre instrumentos pasivos en manos de brujos. También en Lancashire, en la localidad de Wardley Hall, puede verse el cráneo de un mártir católico del siglo XVI, el padre Ambrose BarJow, al comienzo de una escalera. Según una vieja leyenda, si se le molestara de algún modo, emitiría gritos espeluznantes.
En el siglo XVII, Anne Griffiths, una muchacha inglesa de Yorkshire, fue atacada y golpeada salvajemente por unos ladrones.
Cuando agonizaba a causa de sus heridas, expresó el deseo de que se enterrara su cabeza en su propio hogar que tanto había amado. No obstante, recibió sepultura en el cementerio del pueblo.
Después del funeral se oyeron en la casa unos quejidos terroríficos y golpes y portazos misteriosos. La cabeza de la muerta fue exhumada y ocultada en el interior de un muro cercano a la escalera. Desde entonces reina la paz en aquellos lugares.
Pero aún existe en Gran Bretaña otra curiosa leyenda en torno a un cráneo. Se trata de la calavera que gime en Bettiscombe Manor, ancestral caserón de la familia Finney en el condado de Dorset. Cuenta la historia que durante el siglo XVIII, un Pinney después de haber vivido en las Antillas volvió a su casa de Inglaterra con un esclavo negro. Poco más tarde moría el esclavo, después de hacer jurar a su amo que le enterrarían en su tierra natal, la isla de Nevis en el Caribe. Mas, al parecer, el noble no cumplió su promesa y enterró al negro en el cementerio de la localidad. Quienes pasaban por las inmediaciones quedaban horrorizados por unos gritos procedentes de la tumba, que helaban la sangre de las venas. No obstante, algunos propietarios del caserón, como los señores de Michael Pinney, opinaban que se cumplió el deseo del esclavo y que la leyenda fue inventada por el juez J. S. Udal, anticuario del siglo XIX.
La señora Pinney afirmaba: «Creemos que el cráneo de nuestra casa fue hallado en un santuario celta existente detrás del edificio y que nuestra familia conserva como amuleto desde 1690 o 1694. El juez Udal visitó la isla de Nevis en 1897, donde oyó la historia del esclavo que partió para Inglaterra. AI volver supuso que este cráneo pertenecía al negro y consignó su opinión ante los anticuarios de la localidad». El misterioso cráneo de Bettiscombe fue examinado por un experto, quien afirmó que su antigüedad era de 2.000 años y que había pertenecido a una muchacha.
Pero aún se conserva la leyenda de que si se retira de la casa el cráneo prorrumpirá en lamentos y la persona que lo retire morirá antes que el año concluya.
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