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Emilio
Atienza
El
doctor Stuart A. Kingsley cree en la posibilidad de hallar señales ópticas
de una hipotética civilización extraterrestre. Su convencimiento es tan
elevado que ha iniciado una verdadera cruzada en busca de un signo, una
pista, que acabe con el tradicional aislamiento humano.
Por el momento no están teniendo éxito. Dicen que es cuestión de tiempo, que hay que tener paciencia, pero a pesar de todo, los representantes de la nueva ciencia, la astrobiología, insisten en su actual metodología.
Quieren detectar señales de procedencia extraterrestre y para ello emplean grandes radiotelescopios que se pasan el día "escuchando" en un buen número de frecuencias, con la esperanza de captar algún signo de inteligencia procedente de los confines de nuestra Galaxia.
La selección de dichas frecuencias se basa en parámetros de probabilidad fuertemente establecidos, anclados en la más pura lógica científica. La estrategia a seguir es algo así como "si yo fuera a enviar un mensaje a otra estrella, ¿cómo lo haría?".
Así pues, y a pesar de la enorme amplitud del espectro electromagnético, nuestras antenas buscan y rebuscan en una ventana muy estrecha. Debe hacerse así, de todos modos: la gran cantidad de frecuencias disponibles haría imposible, por el momento, su rastreo simultáneo.
UNA
INICIATIVA “CASERA” ¿Por qué insistir buscando señales de radio que quizá
hace mucho se tornaron obsoletas para una hipotética civilización
extraterrestre?. Kingsley cree que la búsqueda de señales ópticas debería
gozar de una mayor prioridad, y para demostrarlo, ha iniciado su propio programa
de observación.
Sus métodos, al mismo tiempo, son revolucionarios. Por ejemplo, el buen doctor cree que este tipo de actividad se encuentra al alcan-ce de cualquier aficionado, y para apoyar esta teoría, ha construido en el patio de su casa todo un complejo formado por elementos de modesta procedencia.
Así, Kingsley se ha hecho con un telescopio astronómico de moderada apertura, una cámara CCD, un monitor, un video registrador y un ordenador, y ha construido un analizador de espectro a partir de la efectiva combinación de ciertos dispositivos electrónicos.
Kingsley sueña con una red de aficionados repartidos por todo el globo, escrutando de forma continua todo el cielo, llevando a cabo un programa de búsqueda global o individual, y todo ello gracias al impulso personal y al deseo de contribuir desinteresadamente, no sólo al avance de la ciencia, sino también de toda la especie humana como integrante de las infinitas comunidades inteligentes que pudieran existir en nuestra Galaxia.
A través de su propio observatorio, el Columbus Optical SETI Observatory,
Kingsley está siendo también importante, poniendo a disposición de todos los
interesados los detalles de su sistema telescópico y aceptando contribuciones técnicas
de otros que permitan mejorar el diseño.
¿Es posible que los esfuerzos de un aficionado serio puedan ser los que, algún día, detecten los primeros signos de inteligencia extraterrestre? Algunos de ellos, en otros ámbitos, han tenido ya el honor de ver sus nombres inmortalizados en el cielo, gracias al descubrimiento de pequeños o grandes cometas, y han pasado a la historia de la ciencia por esta razón. Pero, ¿qué lugar espera a aquél que logre el primer contacto?
Lo importante de todo ello es que el descubrimiento ya no reside sólo en la pericia de los profesionales, sino que también el resto de los mortales podemos llegar a hacer una contribución de mérito a esta fascinante cuestión. Para esto dependeremos de nosotros mismos y de nuestros propios medios, no de las periódicas inclinaciones investigadoras de gobiernos, institutos y organizaciones.
Para saber más: O.S.E.T.I.
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