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Cuando
hablamos de la aparición de extrañas criaturas nos parece que semejantes cosas
sólo pasan en lugares remotos, sin embargo en más de una ocasión estos raros
animales se presentan cerca de nuestros propios domicilios. La bestia de
Borbotó fue uno de estos seres que merodeó durante largos meses por los
pueblos cercanos a Valencia (España).

A pocos kilómetros de la ciudad de Valencia y en plena comarca de
L´Horta se encuentra el pequeño municipio de Borbotó, una apacible localidad
que vio rota su tranquilidad cuando durante 1.990 un raro animal merodeó por
campos y naranjos. Al principio las marcas en los árboles y las extrañas
huellas no preocuparon demasiado a los vecinos, hasta que poco a poco fueron
multiplicándose al mismo tiempo que eran también observadas en los pueblos
vecinos de Moncada, Burjasot y Godella.
La gente comenzó a tener verdadero miedo. Los propietarios de los campos
no estaban tranquilos cuando iban a trabajar, sobre todo teniendo en cuenta que
el riego debía ser nocturno. La intranquilidad aumentó todavía más cuando
las garras del animal "despellejaron" un limonero en la entrada misma
de Borbotó y el temor de los vecinos a sufrir ataques hizo intervenir a la
policía de la zona.
Un día la Bestia de Borbotó,
como la llamó la prensa, desapareció dejándonos un misterio que todavía
sigue pendiente de ser aclarado. Hoy tras seis años desde que el extraño
animal vagara por el lugar los vecinos todavía niegan rotundamente la versión
"oficial" que habla de un perro semisalvaje.
¿PERRO, GATO, OSO?

Además de
la preocupación principal que suponía el posible daño físico a las personas,
el animal estaba produciendo graves daños a los árboles. Sus potentes garras
causaban formidables heridas en los troncos, e incluso rompían gruesas ramas.
Los árboles dañados se contaban por docenas. El miedo a las burlas había
impedido hablar a muchas personas, pero viendo que los incidentes aumentaban se
presentó una denuncia ante la policía local de Burjasot, que la tramitó
oficialmente a instancias superiores dado que carecían de los medios adecuados
para capturarlo.
La mejor oportunidad no tardó en producirse en pleno día. Una mañana,
a la hora del almuerzo, un grupo de trabajadores se encontraba en la terraza del
bar del matadero de Burjasot cuando de pronto la bestia apareció saltando la
tapia del depósito de coches propiedad del Ayuntamiento, y se fue caminando
pausadamente hacia la semiderruida alquería del Pino. Los hombres le gritaron
pero ni siquiera se volvió. La policía local acudió al ser llamada pudiendo
ver las huellas dejadas por el animal. Se estimó que se trataba de un felino
entre 40 y 50 kilos de peso.
Primeramente se hablaba de un perro salvaje; ahora se hablaba de una
pantera. Después de todo los testigos describían un gran animal de color negro
muy oscuro, que andaba con el lomo hundido muy pegado al suelo y que poseía una
larga cola. Pero contra esto las personas que lo habían visto afirmaban que su
cabeza era como la de un perro, y sus movimientos no eran como los de un gran
gato. Algo que desde luego no encajaba con las huellas de felino que se
estudiaron tras su aparición. De todas formas, pese a los relatos, las
descripciones de numerosas personas y el tipo de marcas que dejaba en los
árboles, se añadió a los existentes el nuevo rumor de que un oso negro se
escondía en la huerta valenciana.
ACTUACIONES OFICIALES
En el diario Las Provincias del 24 de junio de ese año pudimos leer un
amplio reportaje sobre las andanzas del animal, y ese mismo día nos acercamos a
la zona. En un bar de Borbotó localizamos a varias personas que si bien no
habían visto directamente a la bestia la habían oído por la huerta, o eran
propietarios de árboles que habían sufrido los ataques del animal. Ante
nuestras dudas sobre lo que contaban del animal nos acompañaron al limonero
"despellejado" que se encontraba en el mismo pueblo. Desde luego las
profundas heridas de la corteza nos impresionaron. También nos aseguraron que
la policía nacional o la guardia civil habían rastreado la alquería del Pino
con la ayuda de perros.
El siguiente paso fue acercarnos a la alquería que presuntamente era la
guarida de la bestia. Numerosas huellas de perros se podían ver en el
polvoriento camino y en el barro. Entremezcladas también se encontraban otras
ya casi borradas que no pudimos identificar. Lo sorprendente era contemplar
tanta cantidad de naranjos dañados por lo que parecían ser unas más que
poderosas zarpas.
A continuación fuimos a hablar con los respectivos puestos de policía
de los pueblos cercanos. La policía local de Godella aseguró que eso eran
historias de campesinos sin fundamento, y la guardia civil de Moncada negó
haber llevado a cabo cualquier intento de atrapar al animal. Aunque uno de los
guardias, sensiblemente nervioso, reconoció a regañadientes que habían
intentado cercarlo sin éxito en la propia Moncada tras el aviso de un vecino.
La policía local de Burjasot no tuvo tantos reparos a la hora de hablar.
Uno de sus coches patrullaba constantemente la zona intentando detectar la
presencia del animal. Creían que se movía por las cercanías del matadero
municipal buscando comida, aunque le resultaría difícil pues los desperdicios
no eran arrojados sin más a la basura. Les había llamado la atención la
desaparición de los gatos del lugar, pero al no encontrar sus cadáveres
pensaban que debían haber huido por miedo. Algunas personas les habían
comunicado la desaparición de sus perros, sobre todo los de pequeño tamaño.
MÁS DATOS SOBRE LA BESTIA
Una de la posibles explicaciones se basaba en que se había escapado de
algún chalet o alquería, y su dueño no se atrevía a denunciar su fuga por
miedo a la sanción, pues la posesión de los animales que se basaban las
explicaciones se encontraba prohibida. Sin embargo los vecinos no habían
escuchado nunca los ruidos o los enormes rugidos que normalmente delatan la
presencia de estos animales en domicilios particulares. Tampoco se había
localizado a ninguna persona que comprara despojos cárnicos en cantidad o que
en su basura hubieran visto los empleados de la recogida restos sospechosos
(envoltorios, residuos de sangre, trozos de huesos). Para la policía podría
tratarse de un animal salvaje bajado desde el monte y que ahora le resultaba
imposible salir de una zona rodeada por la vías, carreteras, casas y
urbanizaciones.
Los testigos del bar del matadero nos repitieron las descripciones que
habían dado a la prensa. Algunos de ellos, en especial una mujer, aseguraron
que nunca habían visto animal semejante ni siquiera en los documentales de
televisión. Dos sujetos sin identificar que se presentaron como biólogos
habían almorzado en el cafetería. En la conversación que mantuvieron con la
camarera aseguraron poder capturar a la bestia, y para ello preguntaron todos
los detalles que la mujer conocía, pues pese a haber visto las huellas y las
marcas en los árboles no sabían de que animal se trataba.
Varias personas nos indicaron que fuéramos a la alquería del Rosario ya
que un empleado había tenido un enfrentamiento con la bestia. De este modo
conocimos a Teo, un hombre acostumbrado a participar en batidas de caza, experto
en seguir rastros e identificar huellas y las diversas señales dejadas por los
animales. Teo se había criado en Sierra Morena, en una finca de los marqueses
de Urquijo. Una noche los perros comenzaron a gruñir amenazadoramente. Ante su
extraña actitud quiso salir, pero el ruido de unas fuertes pisadas y una
profunda respiración le frenó. De repente el sonido de garras rascando contra
la puerta y los postes de madera que sostenían el sombraje le asustó hasta tal
punto que aunque todo volvió a la calma no salió hasta la mañana siguiente.
Cuando lo entrevistamos, aunque semiborradas, todavía podían verse
algunas huellas dejadas por el animal. Teo, pese a su experiencia, no las
reconoció cuando todavía estaban frescas. Para él no se trataba de un lince
(menos todavía de un oso), pues el lince no tenía la potencia que poseía este
animal en sus garras (hubo un momento en que pensó que rompería la puerta), y
tampoco conocía otro animal que tuviera las costumbres de esta rara bestia. No
la pudo ver pero estaba seguro de que aquello no era "nada normal".
SIN EXPLICACIONES
Como en tantos otros lugares Valencia ha recibido la visita de esos
"animales imposibles" a lo largo de su historia, y como en todos estos
casos las preguntas se amontonan sin que podamos contestarlas. El animal
desapareció sin que llegara a existir ninguna indicio que pudiéramos seguir.
La prensa se hizo eco del rumor de que varias personas en un coche rojo estaban
buscando a la bestia; pero lo que parecía una pista resultó ser precisamente
nuestro coche moviéndose de un lugar a otro durante la investigación.
En mucha gente, tanto policías como vecinos, vimos ese miedo irracional
que sólo se tiene ante lo desconocido. Ninguno de ellos había oído hablar de
criptozoología o de cualquier tema relacionado con los "animales
imposibles". No faltó ocasión para que en las conversaciones apareciera
la palabra demonio, no obstante
siempre la evitamos con intención de no orientar a los testigos hacia ideas
supuestamente fantásticas.
En muchas ocasiones estos animales coinciden con varios fenómenos
anómalos que van desde tormentas con gran aparato eléctrico a luces inusuales
en el cielo, pero nadie parecía haber observado nada raro. Si exceptuamos
nuestra propia experiencia de esos días no existió ningún avistamiento OVNI (1),
pero nada relaciona, aparentemente, a los aparatos que vimos con la presencia
del animal.
"¡Ah!, el perro ese...", dijo un vecino del pueblo cuando
reinvestigamos el caso en 1.996, a lo que añadió cambiando el tono de voz,
"... el perro ese o lo que fuera". ¿Qué fue la Bestia de Borbotó?, transcurridos más de nueve años es todavía
imposible responder a este interrogante.
Si quieres saber más sobre bestias extrañas: La bestia de Reus
(1) EXTRAÑOS AVIONES TRIANGUALES
El 24 de junio de 1.990 pudimos ver a las 3,30 horas una aeronave de forma triangular en los montes cercanos a la localidad de Segart; avistamiento que se repitió a la misma hora del día 30 del mismo mes sobre la autopista A-7 en las cercanías de Puebla de Farnals. Siempre en dirección norte-sur los dos aparatos portaban luces irregulares de posición (una luz roja en la punta y dos a cada lado), más un potente foco inferior con el que parecía examinar el terreno.
Para mayor información: 1.000 horas de alerta OVNI
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